jueves, febrero 28, 2008

Grafiti

Mi queridísima hermana Rishark me contó ayer una anécdota de ésas que sabe que me encantan:

Volviendo en moto a su casa desde el trabajo, pasó por un barrio habitado mayoritariamente por cierta etnia cuyo folclore enciende pasiones allí por donde va, y observó que en la pared de una de las viviendas algún intrépido pintamonas había estampado su firma con un pequeño grafiti. Y el propietario (bueno, al menos el que allí mora…) lo había tapado con una discretísima pintura plateada, que seguramente hacía el borrón mucho más llamativo que el birrioso churro que pretendía disimular, ya que resultaba cegador incluso a través de las lentes ahumadas.

Pero no conforme con eso, decidió dejar al lado un mensaje, quizás aprovechando que ya había destapado el bote de Titanlux; una velada amenaza, en una fuente y tamaño de letra que septuplicaba el del manchurrón invasor y que cubría casi toda la fachada. Con una deficiente ortografía grafitera y una caprichosa maquetación, decía:

ME CAGO EN LOS MUERTOS DEL DIBUJANTE

¿Evolucionamos? ¿Involucionamos? Hace 15.000 años ya pintábamos en las paredes de las casas-cuevas en Altamira, pero -a falta de serigrafías enmarcadas de Los girasoles de Van Gogh y esperando a que se inventara la alcayata- se decoraban las paredes con escenas cotidianas con un verismo más que aceptable para los medios al alcance de aquellas mano peludas, y teniendo en cuenta que aún no se había iniciado el curso en la facultad de Bellas Artes (y mira que por vivir en una caverna te daban un montón de créditos de libre configuración).

150 siglos después, se pintan muros como deporte de riesgo y para denunciar que te los han pintado.

martes, febrero 26, 2008

Perro mundo

La gran familia de Asís acaba de aumentar en un nuevo miembro. La historia, como corresponde al que esto teclea, ha sido carambolera desde el principio. Ya conté aquí la historia de la perra que se nos presentó un buen día de visita y sin avisar, y ha terminado viviendo con nosotros. La cosa, dicha así, parece simple, pero que va… porque, aunque soy una portera, no lo conté todo, pero por supuesto a mí las cosas se me tienen que complicar bastante, y esta vez no iba a ser menos.

Después de llevarla a la veterinaria, vacunarla, ponerle el chip a mi nombre, etc… y cuando el animalito ya formaba parte integrada de nuestra gran familia cuadrúpeda (entre los que me incluyo porque yo también me tiro los pedos de 4 en 4), habíamos organizado un sábado en casa una comida con los amigotes para presentar en sociedad a nuestra nueva amiguita peluda (cualquier excusa es buena para juntarse y montar una fiesta); pues justo el día antes, el viernes por la noche, después de varias semanas de intentar, sin lograrlo, no encariñarse demasiado con ella, por si pasaba exactamente eso: aparecieron los dueños.


Se presentó en casa una pareja joven, con el cartel que habían estado distribuyendo (por nuestra zona no, obviamente) en una mano y en la otra una correa de cuyo extremo tiraba la hermana de nuestra Lola. Nos contaron que se les habían escapado las dos juntas saltando la valla de su casa (que habían tenido subir tras aquello), que la otra (que sorprendentemente ellos habían bautizado precisamente Lola) volvió a casa al poco tiempo, pero nuestra Lola no. Y habían estado buscándola desesperadamente desde aquel día, y lo estaban pasando muy mal. Habían distribuido copias del cartel que llevaban en la mano por todos los alrededores, menos el nuestro (tiempo después descubriríamos de chiripa uno por nuestra zona, pegado en un contenedor de reciclaje de vidrio), y hacían batidas todos los días desde su huida, como la que esa noche los había llevado hasta nuestra puerta.


Obviamente, no había discusión posible en devolverles la mascota, pero nos la dejaron esa noche para que nos despidiéramos de ella debidamente.

Con gran disgusto se suspende el bautizo (que no la fiesta; siempre viene bien un trago para ahogar las penas, que son muy buenas nadadoras), pero esa misma noche (unas cuantas horas penosas después) nos telefonean diciendo que lo han meditado bien y que, como ven que está en muy buenas manos, han tomado una decisión salmónica (de salmón, que es un pez que toma muy sabias determinaciones; como la de surcar los ríos en dirección contraria, como los kamikazes de la autopista) y nos dejaban que nos la quedáramos nosotros, acordando que podrían venir a verla y para que jugaran las dos hermanitas siempre que quisieran (eso fue con la emoción del momento; poco después ya se estableció un horario de visitas, y ahora apenas vienen por allí).

Al final todos felices y todos contentos, y la perra tuvo su puesta de largo; pero, como siempre, y usando una expresión futbolística, sufriendo hasta el último minuto de partido.

La historia acabaría aquí si no fuera porque hace apenas unos días mi querido Ángel Ario me envía un correo electrónico con el enlace de una asociación protectora de animales, en cuya sección de animales perdidos y en búsqueda se encontraba nuestra Lola (una de las acciones que emprendieron los anteriores dueños, que me consta que se tomaron su localización muy en serio, fue dar parte a todas las “protectoras”).

Así pues, me pongo en contacto con ellos para explicar la historia, pedirles que retiren la foto (o, como han hecho, la marquen como encontrada), y agradecerles su labor. Y de paso les menciono mis sospechas de que algún cazador de la zona se esté deshaciendo de algunas camadas, porque es demasiada coincidencia que además de las dos Lolas (que los otros dueños encontraron abandonadas), entre los animales adoptables que ofrecen se hallaba un macho de la misma edad e idéntico físico y estampado del pelaje (que en el caso de este caprichoso cruce de múltiples razas, es más que una casualidad). Y eso deriva en la nueva criatura recién llegada al refugio: un cachorro, de idénticas trazas y pelaje que los mencionados. Como una imagen vale más que mil palabras y, si no me corto ya, me enrollo otras dos mil, pues mejor pongo dos imágenes del bichito:




















Pues nada... que ya está en casa también, en el Zoo de Nairobi.

lunes, febrero 25, 2008

Vuelapluma

Dos impresiones muy tontas, pero muy vivas, recibidas esta mañana en un corto paseo desde la parada fin de trayecto (qué bonito concepto) del tranvía hasta la mazmorra del androide; narradas igual que fueron captadas, a vuelapluma:

- Una ciega cantando los cupones que tiene a la venta. No sé si en todas partes será igual, pero por estos lares hace ya muchos años que el populacho le puso a los números que van del 00 al 99 su nombrecito rumboso para estas cuestiones del azar remunerado. Por poner algunos ejemplos: al 88 lo llamaron -obviamente- Les Mamelles; al 86 -no tan obviamente- La Merda; el 72 es La Figa; La Bacora, el 49; el 90, L’Agüelo; el 91, El Borratxo; el 41, El Negre (a La Negra la relegaron al 48; y ambos hay que evitar cantarlos justo antes del 86); el 99 es L’Agonia y el 00 La Mort. Y así hasta 100, y por supuesto todos los nombres seleccionados con ese buen gusto que muestra el vulgo en todas sus iniciativas. Pues ahí estaba la buena señora berreando sus boletos: “La Paeeellaaaa... L’Esplanaaadaaa... La Safanoooriaaa…” Y chico, justo cuando paso por delante de ella, cambia repentinamente el registro y parece decidida a ensordecerme ahora de este modo: “El Marraaanoooo... El Marraaaanooooo... El Cóoooleraaaa…”. Joder, tenía entendido que cuando a una persona le merma un sentido, los otros cuatro se agudizan. Pues que Dios le conserve el olfato... o el sentido del humor, porque si lo que anunciaba eran cupones terminados en 79, lo que procedía vociferar era El Porc, y no El Marrano, a menos que se tratase de una negligencia idiomática.

- La otra impresión la he recibido al doblar una esquina y encontrarme de bruces con una ración de gente, un grupo de unas 11 o 12 personas, de todos los sexos aceptados por la conferencia episcopal, elegantemente vestidos, y algunos de ellos arrastrando maletitas rodantes (quizás provenientes del hotel que hay en esa misma acera). ¡Todos fumaban! Absolutamente todos caminaban con un cigarrillo en la boca o en la mano en ese preciso momento, como pude comprobar conforme me iban pasando por ambos lados (que parecía que me hubiera adentrado en una lluvia de meteoritos). Mi cerebro enfermo, que aplica infatigablemente el daliniano método paranóico-crítico a todo lo que se le pone por delante, decide que es demasiada casualidad: 100% de fumadores en un grupo humano, en los tiempos que corren del cólera (como bien me recordó unos segundos antes la ciega; perdón, invidente, o avisual, o minuscapaz óptico... ¿qué eufemismo están empleando ahora?). ¿Sería una secta? ¿Sería una performance? ¿O un simple atajo de ejecutivas/os estresadas/os recién salidos de algún salón del hotel, tras recibir una charla de motivación que lo único que les ha incentivado ha sido el ansia de fumar?

viernes, febrero 22, 2008

Me buscan la ruina

Esta mañana el cajero automático me escupe otro disgusto en la jeta de la tarjeta: un nuevo embargo (y van…) de 80 y pico euros; del que, por supuesto, no tenía la más mínima información (no digamos ya: notificación formal). Y nueva peregrinación por todos los estamentos del Ministerio de la Usura, cagándome en todo menos en un váter.

Me da a mí, que el gorrino que tenemos por alcalde se ha empeñado en que yo contribuya a pagarle las putas y la farlopa de los pasados carnavales.

Que miren si enterraron bien la sardina, que ya huele demasiado a corrupto por aquí.

jueves, febrero 21, 2008

Homo sapiens

Anoche me reuní con mi querido amigo Juanma Agulles, talentoso escritor alicantino que el viernes presentará a lo grande su tercer libro publicado (si alguien de por aquí lee esto, si es que alguien de por aquí o de por allá todavía lee esto, y le apetece ir, que sepa que será mañana viernes 22.02.2008 a las 22:30 h. en la entrañable Tetería del Tábano, en la calle del Pozo de Alicante).

Aunque nos veremos en la presentación, nos citamos ayer para poder charlar con calma de nuestro proyecto conjunto. Nos pusimos al día mutuamente con nuestras respectivas investigaciones (se tronchaba de risa cuando le narraba cómo había logrado entrar en [y mantener] contacto con toda una eminencia internacional en la materia y cómo había terminado la cosa en desastre; como ya conté por aquí), me regaló un ejemplar de su nuevo libro y estuvimos charlando animadamente de una y mil cosas durante un par de placenteras horas, bien caldeadas por unos chatos de morapio y solo Philip Morris sabe cuántos cigarrillos.


Horas después, mientras leía en la cama esperando que me asaltara el sueño, me encuentro con este párrafo del libro que llevo entre manos estas noches:

“…, y nada había que yo ansiara con mayor intensidad que nuestro primer encuentro después de tantos meses en los que había tenido que prescindir de la cabeza de Paul y en los que, entre cientos de otras cabezas, en líneas generales y por desgracia totalmente estériles, casi me había asfixiado, porque no nos engañemos, las cabezas que tenemos a nuestro alcance la mayor parte del tiempo carecen de interés, no sacamos mayor provecho de ellas que si estuviéramos con patatas desarrolladas que llevasen una existencia miserable, por desgracia en absoluto digna de compasión, sobre unos cuerpos quejumbrosos con vestidos más o menos de mal gusto." Thomas Bernhard El sobrino de Wittgenstein

lunes, febrero 18, 2008

Homo ludens

Como buen homo ludens que soy, juego. Y entre otros muchos juegos inocuos, pues también hago mis apuestas. Nada serio: una columna semanal con mi pareja y otra de la oficina de eso que llamamos comúnmente “loto”, cuando en realidad nos queremos referir a “lotería primitiva”, “bonoloto”, “el gordo del domingo”, “euromillones”, o la que anuncie el bote más tentador en el momento de realizar nuestra apuesta. Y muy excepcionalmente, cuando el bote acumulado es una cantidad absurda (como las estrafalarias sumas que se han repartido recientemente), hacemos algún extra con la familia o los colegas. Pero al final de cuentas la cantidad global apostada sigue siendo despreciable estadísticamente y no supone ningún indicio de ludopatía; simplemente se trata de mantener un minimum de ilusión semanal, como la llamita de los calentadores.

Habitualmente, los boletos los compruebo en la administración en el mismo momento que renovamos los votos de fe (que suele ser a mediados o final de la semana, dependiendo de cuándo me acuerde del vicio), pero este lunes, o sea hoy, me ha dado un arrebato y nada más llegar aquí, lo primero que he hecho ha sido entrar, papeletas en mano, en la web de la organizadora nacional de estas timbas legalizadas. Así que ahí me tienes impaciente por descorchar mi mejor cava francés, cuando me sale un mensaje informando que la página está colapsada por la concurrencia de demasiados usuarios, que por favor lo intente más tarde (Too many concurrent users. Please try it again later, dice literalmente en la lengua de Oscar Wilde, un albañil de Suffolk).

Asqueado he descubierto que los albores del lunes se concitan allí todos los ilusos patrios, en una hora punta de miseria y desesperación, en la que la implacable e insobornable trituradora de sueños nos confirma una vez más que no; que mañana, de madrugada, tampoco te escaparás de escuchar de nuevo la banda sonora del fracaso: el ring, ring, ring de un despertador.

Enhorabuena a los agraciados, pero desconsuela saber que no estamos solos.

jueves, febrero 14, 2008

3 años ya...

...que llevamos dando la murga desde este púlpito virtual.

Un aciago día de principios de febrero de 2005, el gran Gilito decidía montar este chiringuito: simple engarce de unos y ceros.

Y 3 años después, seguimos tannnnnnnn cansados como el primer día.

martes, febrero 12, 2008

Blanco y negro = gris

Hoy nos ha salido un día, meteorológicamente hablando, de ésos tristones, con un diorama ceniciento por cielo y un viento antipático que susurra inconveniencias al oído. De esos días en los que casi todo el mundo pasea bajo sus paraguas con una curiosa expresión en el rostro, como de existencialista francés pasando una mala racha.

Pero el chirimiri no ha logrado disuadirme de mi paso al mediodía por la biblioteca pública (últimamente se ha convertido en cita diaria a causa de una lesión de rodilla que me mantiene alejado del gimnasio; no con demasiada nostalgia del acero, para ser sincero). Pero como hoy estaba tontorrón, como el clima, no tenía yo el cuerpo ni la cabeza para lecturas; vamos, que no me aclaraba yo con mis propios pensamientos, como para andar echándole otros ajenos al tarro de las esencias hediondas.

Así que, como buen aprendiz de impersonator de Elvis que soy, y siguiendo las enseñanzas de mi Rey, que cuando tenía el día tonto se iba de buying spree, o lo que es lo mismo, de compra feroz para rellenar con el asfalto de las cosas materiales algún bache espiritual; pues uno que por desgracia no tiene la cuenta corriente de una estrella del rock, se conforma con gastar un poco del dinero que gana en tratar de olvidar cómo lo gana.

Pero como resulta que el impersonator también tiene el cerebro tan frito (y por parecidos motivos) como su ídolo, pues abandona un edificio (jajaja, ¿lo pillan?) repleto de libros, donde te los prestan gratuitamente, para irse a una librería, donde te entregan las mismas obras pero previo desembolso de una cantidad nada despreciable de dólares europeos (a pesar de que procura cumplir su sagrada norma de adquirir ediciones de bolsillo, saldos y otras baraturas).

Mi misérrima emulación de las buying sprees presleyanas (dos libros = 17 dólares europeos; yo también quería una piscina con forma de guitarra, una cama con forma de Cadillac y una fuente de Pepsicola, pero no me ha llegado el saldo de la tarjeta) no hubiera pasado de ser [aún más] mediocre y olvidable anécdota, de no ser porque por el camino me he encontrado con una de las mejores amigas de mi señora, que casualmente se dirigía hacia el mismo destino y con idéntica intención.

Esta mujer tiene la clase y el misterio de una diva del cine en blanco y negro, y charlar con ella es como hacerlo con la protagonista de una novela negra, así que he aprovechado mi utillaje antilluvia (gabardina y paraguas) para caminar como un Bogart de suburbio (déjalo que se divierta, que no hace daño a nadie, el pobre…). Así que, a falta de un halcón maltés, nos hemos tenido que conformar con unos libracos portadores de ficciones que nos ayuden a evadirnos por unas horas de nuestras no-ficciones; y tras un paseo animado con interesante conversación (en realidad, daría igual el contenido de lo que dice, porque esa manera suya tan curiosa de hablar ya resulta interesante por sí misma), nos hemos despedido (hasta la vista, muñeca) para dirigirnos cada cual a su lúgubre mazmorra.

Y es que de un día gris, sólo podía salir algo en blanco y negro.

lunes, febrero 11, 2008

El ángel del Ángel

El sábado se celebró el Melrose Place la vuelta a casa del Ángel Ario tras unos días de hospitalización a resultas de un grave accidente ciclístico (provocado cuando su biciclo se convirtió súbitamente en monociclo, dejando a nuestro amigo vendido a su suerte; que acabó no siendo tan mala porque la cosa pudo terminar mucho peor). Casualmente esa misma semana un diario de esta provincia publicó una carta al director suya en la que reclamaba más facilidades (o por lo menos, menores dificultades y obstáculos) para los usuarios de ese medio de transporte.

Hubo cuchipanda durante la cual se le hizo entrega de la flamante bicicleta nueva que se le compró colectivamente. Supongo que una estancia cargada de humos de sabores no es el ambiente más adecuado para el reposo de un paciente con neumotórax, y que los efusivos abrazos de los olvidadizos casi le rompen alguna costilla más, pero me consta que agradeció la bienvenida; que no esperaba en absoluto porque los ganchos bordaron su papel.

Que te recuperes pronto, camarada, y espero que tras deshacerte de ese trasto que Paquito bautizó acertadamente como “Christine” (es la segunda vez que intenta desgraciárnoslo, como el coche aquel de la novela de Stephen King), no nos des más sustos, que ya estamos viejos para disgustos.

viernes, febrero 08, 2008

¿Quieres saber quién te tiene no admitido/eliminado en el MSN?

Pues no des tu contraseña a desconocidos.

Parece mentira que después de tanto tiempo (¡años ya!) del invento de este fraude todavía haya gente que siga cayendo en él. Es muy simple, y seguro que muchos lo conocéis, simplemente se trata de páginas que ofrecen el servicio de mostrarte quién te tiene como no admitido o te ha eliminado del messenger a cambio de que les des tu datos de conexión, es decir, tu usuario y contraseña. Creía que este negocio ya estaba más que muerto, pero hoy mismo un par de contactos míos me han saltado con la típica ventanita que me acceda a una de esas páginas para que me lea el futuro.

Como norma general, dar la contraseña de tu correo a alguien que no pertenezca a tu familia ya es un suicidio tecnológico, y en este caso sería como darle la contraseña de tu tarjeta de crédito a una persona desconocida para que te muestre el dinero que tienes. ¿Quieres saber qué es lo que hacen? La mayoría de páginas, después de mostrarte esa información, se conectan a tu cuenta varias veces al día para molestar a todos tus contactos con spam descarado. Lo que es peor, esto puede colapsar tu cuenta y no sería raro que la perdieras para siempre, o al menos que la conexión sea pésima. Así que ya sabes, no des tu contraseña a ningún sitio web, o atente a las consecuencias.

Pero claro, ¡tú quieres saber quién te tiene como no admitido! Sorpresa: esos sitios, además de ser peligrosos, no funcionan. Microsoft cambió hace tiempo el protocolo para que los servidores de msn no difundieran esta información. Antes sí podías, pero ahora mismo ni siquiera puedes saber el estado de otra persona sin que ella te invite/admite o sin saber la contraseña de la cuenta (sin cambiar la configuración de la cuenta). Sin rebuscar demasiado, algunos sitios fraudulentos que siguen esta práctica serían: blockoo.com, scanmessenger.com, detectando.com, quienteadmite.info, checkmessenger.net, blockstatus, etc… Todos ellos son potenciales phishing, y ninguno funciona más allá de recolectar cuentas de correo.

Disculpad los lectores avanzados que ya habéis dejado atrás este tipo de engaños facilones hace mucho tiempo, pero es que hoy me he vuelto a conectar al messenger por obligación y me he dado cuenta de que las cosas han cambiado muy poquito.
Fuente: Weblogs a través de Enrique Dans

miércoles, febrero 06, 2008

Tempus fugit... pues ¡compra!

Hoy me ha sorprendido gratamente leer el -muy recomendable- blog del camarada Guile (pinchen en Polvo en el viento de la columna de favoritos en la derecha de ésta su pantalla enemiga), al que de paso aprovecho para agradecerle sus gentiles comentarios. Sus reflexiones son siempre muy enriquecedoras, y la de hoy sobre la juventud no iba a ser la excepción.

Pero la razón de mi sorpresa es que precisamente hoy venía yo hacia mi mazmorra, cabizbajo y meditabundo sobre algo que él comenta también, entre otras cosas, en su última entrada: la maldición de nuestro tiempo, la falta de tiempo; sobre todo para destinarlo a lo que más debería importarnos y a lo que finalmente menos tiempo podemos dedicar, que es a desarrollarnos como personas. A eso que el matemático-suicida Henri Roorda definió como cultivar tu jardín privado, da igual que éste sea de orgullosas palmeras o de modestos geranios (así lo dejó escrito en su espeluznante libro Mi suicidio, en el que detalla con una desesperante clarividencia las razones, preparativos y pormenores de eso precisamente que indica el escueto, pero contundente, título. Por una vez y en este caso, la obra que acabo de mencionar no puedo en absoluto adjetivarla como recomendable; no porque esté mal escrita (que no lo está, ni mucho menos; ya quisieran muchos, empezando por mí mismo, esa claridad y contundencia en la exposición de sus razones), ni porque yo la haya releído tres veces (que ya es razón suficiente para desacreditar cualquier libro); es que resulta demasiado dolorosa de principio a fin, hasta para espíritus muy curtidos en las torceduras del alma. Y resulta un libro doliente porque sobre toda su lectura planea la certeza de su final, que es justamente el que se promete ya en el principio. Y el hecho de que se conozca de antemano el triste desenlace no alivia el desasosiego de seguir todo el proceso interior del cabal razonamiento (y peligrosamente convincente) que llevó a una persona inteligente y vital (sí, sí: vital) a apearse voluntariamente del mundo que le había tocado en suerte vivir. Porque si aplicáramos todos la lógica matemática a nuestros casos personales, la saga Mi suicidio superaría muy pronto a la de Harry Potter).

Volviendo al asunto de la moderna falta de tiempo, al que me veo obligado a volver con urgencia y no irme por los cerros de Úbeda precisamente por mi falta de tiempo (y es que pierdo demasiado tiempo en no tener tiempo)... creo sinceramente que hemos llegado al punto de saturación del tempo vital en el que nos desenvolvemos. Es como si DJ Dios hubiera ido subiendo paulatinamente los b.p.m. de nuestro ritmo de vida hasta colapsarlo en una muralla de ruido distorsionado que no tiene orden ni concierto. Que arroje el primer Valium el que esté libre de algún grado de estrés o ansiedad (malestares desconocidos e inimaginables en los tiempos de Cristo, y eso que también curraban como esclavos de sol a sol).

El problema actual es la plusvalía de culpa que han logrado añadir arteramente en nuestras conciencias los caciques que nos marcan la pauta desde sus poltronas, que no es otra que en este deleznable imperio de las finanzas, el librecambio y la especulación salvaje han logrado reprogramarnos las molleras para que entendamos nuestro escasísimo tiempo libre a semejanza de nuestro dinero (aún más escaso). Dándole admirablemente la vuelta a la tortilla han logrado convencernos de que no es que sean ellos los que nos dejan poco tiempo libre para nuestras cosas, no; lo que pasa es que el tiempo libre (que viene de libertad) es una cosa intrínsecamente escasa y, como todo lo que escasea, lo han convertido en un lujo que uno no se puede permitir derrochar sin sentirse mal, con una pegajosa sensación de estar malgastándolo en tonterías inútiles y un complejo de derrochón improductivo.

Estas ratas peseteras han invertido la ilógica de un proceso que nos ha convertido a casi todos en máquinas que venden la mayor parte de su escaso tiempo de vida en trabajos mal remunerados (lo mires por donde lo mires, porque si el tiempo es oro estamos todos muy infravalorados), y han logrado que esa alienación revierta hacia nuestro interior y nos entren remordimientos de estar despilfarrando el tiempo cuando te quedas mirando más de dos minutos embobado a las nubes, o que nos reconcoma la frustración de posibles alternativas desaprovechadas si pierdes veinte minutos más de lo que tenías pensado en esa visita fugaz a un familiar hospitalizado o a ese amigo que hacía tanto que no veías. (Con la de cosas útiles que podía estar haciendo yo ahora, piensa uno con esa absurda lógica que el gran Nietzsche bautizó como moral de esclavos).

Hemos tocado fondo en este sentido, porque hemos permitido que nos arrebaten lo único de lo que hasta no hace demasiado tiempo todavía éramos dueños: nuestro tiempo de ocio. Ahora en ese fugaz tiempo de ocio, como apuntaba en un espléndido escrito mi querido amigo Juanma Agulles, es muy probable que sigamos produciendo para los que al final del organigrama acaban siendo los mismos: o bien pagando una entrada por ver sus espectáculos, o bien haciendo una excursión al aire libre (previo paso por sus surtidores de combustible), o bien comprando en sus grandes almacenes.

Hoy la mayor rebeldía que uno puede permitirse es desperdiciar (invertir) su tiempo libre en cosas improductivas (enriquecedoras).

lunes, febrero 04, 2008

Maginot 2 - Español 0


El belicoso título me viene que ni pintado, porque hay que ver cómo me espeso para contar cualquier tonta batallita, al más puro estilo Abuelo Cebolleta narrando sus hazañas en Cipango, o el abuelo Simpson recordando su pertenencia a Los Peces Voladores durante la 2ª guerra de los mundos.

Y tanto rollo para contar que el tranvía nos llega tarde todos los días y que hemos protestado, a diferencia del resto de usuarios que se suben al vagón en la misma parada que nosotros. Se suben al vagón, porque no al carro de batalla. Y eso que ya les he dicho por activa y por pasiva que menos despotricar acaloradamente allí (a menos que eso les ayude a combatir un poco el frío matutino) y más protestar formalmente contra los responsables del engaño. Pero nada, todas las mañana hace allí su corrillo el conciliábulo de criticones de fogeo, pero luego, con la excusa (hasta cierto punto comprensible) de que ya llegan demasiado tarde a sus galeras como para tener que pararse aún a poner por escrito sus quejas, éstas se las lleva el viento helado de las madrugadas invernales.

Total, eso es lo que hicimos nosotros y para nuestro asombro nuestras protestas estaban numeradas con unos bajísimos 16 y 17 en el libro de reclamaciones de la empresa. Es decir, de miles de usuarios cabreados solamente 15 antes que nosotros hicieron patente su enfado ante la empresa responsable. Alguno puede estar pensando que quizás se trataba tan sólo de uno de los muchos libros repletos de quejas, o que era el correspondiente a lo que llevamos gastado de 2008, pero no...

Y esos 15 incautos cometieron un error al parecer muy extendido: hacer la reclamación y llevarse su copia coloreada y autocalcada a casa, en lugar de presentarla en Consumo, dando por hecho que la empresa denunciada cumplirá su parte del trato y la hará cursar. Porque el funcionario de Consumo que nos atendió era la primera vez que recibía por allí ese formato.


Ni a mi pareja ni a mí se nos escapa que ese acto tiene más de venganza poética (pataleta, dicho en cristiano) que de protesta efectiva que vaya a cambiar las cosas, pero estoy convencido de que si en vez de 2 tristes tigres, protestara formalmente toda la manada (que tanto ruge y refunfuña en el andén, echando vaho por las feroces fauces) y les llegara diariamente un aluvión de reclamaciones, algo se lograría.

Yo no pido demasiado: me conformaría con que ataran al responsable de los retrasos a las vías; y tranquilo, que no tiene de qué preocuparse, porque mientras llega nuestro tren tiene tiempo de sobra de liberarse de las ataduras deshaciéndolas a lametazos, o de que se reencarne de nuevo el difunto Tom Tilét y acuda al rescate heroico a lomos de su caballo [en] blanco y negro.

viernes, febrero 01, 2008

La Línea Maginot

No sé si en la sangre portuguesa que corre por mis venas porto vestigios genéticos de Viriato, porque este ardor de pastor guerrero que me consume últimamente contra las injusticias me trae de cabeza, porque conlleva un derroche de energías francamente agotador. Y no se rían que no hace mucho unos científicos con demasiado tiempo libre hicieron un estudio de ésos que se sacan de la manga para justificar unos cuantos milloncejos de euros “gastaores” y demostraron que, por caprichos de las carambolas combinatorias de la herencia genética, casi todos los hombres europeos somos descendientes de Gengis Kan… ¡pero bueno! ¿otra vez riéndose de mí? No pongo aquí mismo el enlace a la noticia porque: A.- soy muy perro; y B.- (y más importante) no tengo ni puta idea de poner enlaces. Pero si les interesa denle faena al Sr. Google (que es ese enanito que corre por los pasillos del archivo de internet buscando sus solicitudes), porque la historia resulta muy curiosa. Ya decía yo que los machos de por aquí somos todos medio mongoles…

Venga, que me lío yo sólo con mis tonterías… decía que últimamente no doy abasto para combatir las tropelías de los titiriteros que manejan nuestras vidas como ciudadanos de La Unión (como les gusta llamarla a los periodistas, tan dados ellos a esos conceptos tan rimbombantes y como extraídos de alguna película de James Bond).

Y empiezo a sospechar que todos estos atropellos son efecto y no causa, como pudiera pensarse, de la desidia de los individuos a la hora de ejercer nuestro derecho a la réplica. Vamos, que como aquí el ciudadano ya ha asumido su rol de cabrón y –encima- apaleado pues los responsables de sus cabreos se sienten impunes y se crecen y se ensañan a la hora de majarnos con el vil garrote (que no hace tanta pupa como el garrote vil, pero jode mucho también). En países en los que a sus súbditos no les duelen prendas para denunciar la más mínima negligencia, y donde el nivel de exigencia a los responsables de cualquier ámbito es elevadísimo, y los errores no se los lleva el viento sino que éste ayuda a rodar las cabezas de los incompetentes; pues no entienden el grado de relajación de costumbres y paupérrimo servicio al que nos hemos acostumbrado por estos lares. Nosotros nos consolamos pensando que ellos, los suizos, japoneses, etc… que sí, que les llegarán puntuales los trenes balas y que no ves una puta colilla en sus aceras, pero que luego son todos unos sosos, unos amargados y unos suicidas.

Contaba el otro día que por la estrafalaria estratificación administrativa me embargaron el importe de una multa por una infracción de la que no sólo no había sido informado, sino que ni siquiera era consciente de haberla cometido. Pero hoy me he tenido que “querellar” contra el servicio de tranvía de esta ciudad. Resulta que hace un tiempo mi pareja y un servidor decidimos hacer uso de este transporte público por varias razones (la principal económica, pero también de otra índole: sacar 2 vehículos de una circulación demasiado colapsada, con su consiguiente estropicio medioambiental; la tranquilidad de ser llevado mientras uno lee o charra de sus cosas, etc…). Pero incomprensiblemente no ha sido puntual ni un día (bueno, en honor a la verdad: desde junio 2007 que hacemos uso, hemos contabilizado sólo 4 ocasiones en que nos ha recogido de nuestra parada a la hora estipulada). Y digo que esa puntualidad resulta incomprensible porque, a diferencia de las grandes ciudades donde una intrincada red de vías y túneles tienen que comunicar todos los confines de una gran metrópoli, en nuestro caso se trata de una única línea cuya dirección discurre paralela a la costa, que los trenecitos se limitan a recorrer en un sentido y su contrario. Pues no hay manera. Yo no sé qué coño hacen estos tíos que no se aclaran y -a pesar de lo dicho- se estorban e interceptan desde primeras horas de la madrugada.

Esta única línea que yo llamo Línea Maginot, en homenaje a la fortificazión que hicieron los franceses de toda su frontera oriental para mantener a raya a los fascistas italianos (sobre todo) y a los emergentes nazis alemanes, y esta escuálida línea de tranvía Maginot se la han sacado de la manga los fascistas de por aquí para mantenernos alejados de sus carreteras a los afrancesados de toda la comarca (sólo hay que hacer un recorrido matutino sobre sus raíles para ser testigo de cómo el vagón atraviesa suntuosas zonas residenciales recolectando a su paso pequeñoburgueses madrugadores con pocas ganas de conducir sus monovolúmenes y todoterrenos).

Y ya seguiré otro año, que me enrollo como una persiana veneciana.