martes, febrero 12, 2008

Blanco y negro = gris

Hoy nos ha salido un día, meteorológicamente hablando, de ésos tristones, con un diorama ceniciento por cielo y un viento antipático que susurra inconveniencias al oído. De esos días en los que casi todo el mundo pasea bajo sus paraguas con una curiosa expresión en el rostro, como de existencialista francés pasando una mala racha.

Pero el chirimiri no ha logrado disuadirme de mi paso al mediodía por la biblioteca pública (últimamente se ha convertido en cita diaria a causa de una lesión de rodilla que me mantiene alejado del gimnasio; no con demasiada nostalgia del acero, para ser sincero). Pero como hoy estaba tontorrón, como el clima, no tenía yo el cuerpo ni la cabeza para lecturas; vamos, que no me aclaraba yo con mis propios pensamientos, como para andar echándole otros ajenos al tarro de las esencias hediondas.

Así que, como buen aprendiz de impersonator de Elvis que soy, y siguiendo las enseñanzas de mi Rey, que cuando tenía el día tonto se iba de buying spree, o lo que es lo mismo, de compra feroz para rellenar con el asfalto de las cosas materiales algún bache espiritual; pues uno que por desgracia no tiene la cuenta corriente de una estrella del rock, se conforma con gastar un poco del dinero que gana en tratar de olvidar cómo lo gana.

Pero como resulta que el impersonator también tiene el cerebro tan frito (y por parecidos motivos) como su ídolo, pues abandona un edificio (jajaja, ¿lo pillan?) repleto de libros, donde te los prestan gratuitamente, para irse a una librería, donde te entregan las mismas obras pero previo desembolso de una cantidad nada despreciable de dólares europeos (a pesar de que procura cumplir su sagrada norma de adquirir ediciones de bolsillo, saldos y otras baraturas).

Mi misérrima emulación de las buying sprees presleyanas (dos libros = 17 dólares europeos; yo también quería una piscina con forma de guitarra, una cama con forma de Cadillac y una fuente de Pepsicola, pero no me ha llegado el saldo de la tarjeta) no hubiera pasado de ser [aún más] mediocre y olvidable anécdota, de no ser porque por el camino me he encontrado con una de las mejores amigas de mi señora, que casualmente se dirigía hacia el mismo destino y con idéntica intención.

Esta mujer tiene la clase y el misterio de una diva del cine en blanco y negro, y charlar con ella es como hacerlo con la protagonista de una novela negra, así que he aprovechado mi utillaje antilluvia (gabardina y paraguas) para caminar como un Bogart de suburbio (déjalo que se divierta, que no hace daño a nadie, el pobre…). Así que, a falta de un halcón maltés, nos hemos tenido que conformar con unos libracos portadores de ficciones que nos ayuden a evadirnos por unas horas de nuestras no-ficciones; y tras un paseo animado con interesante conversación (en realidad, daría igual el contenido de lo que dice, porque esa manera suya tan curiosa de hablar ya resulta interesante por sí misma), nos hemos despedido (hasta la vista, muñeca) para dirigirnos cada cual a su lúgubre mazmorra.

Y es que de un día gris, sólo podía salir algo en blanco y negro.

1 comentario:

Guile dijo...

Ayer por motivos laborales me acerqué a tu tierra un poco, (me quede en Almansa, que está un poco lejos, pero más cerca que Madrid), y el día era como lo describes, aquí en Madrid, ya no llueve casi nunca. Pero centrándonos en lo que comentas, es cierto, hay personas a las que me pasaría el día escuchando, no por lo que dicen, si por como y de que forma lo dicen. Son personas que tienen la capacidad de hacerte ver la vida desde otra óptica, sólo con su simple presencia.

Por otro lado, que bonito es, de vez en cuando, vivir la vida como si estuvieramos en una peli, yo algunas veces soy: Steve Mcqueen, otras Harrison Ford, otras bourne, y algunas Nacho Vidal (cuando tengo la cobertura apropiada, ;)).

Un abrazo Micro.