lunes, febrero 04, 2008

Maginot 2 - Español 0


El belicoso título me viene que ni pintado, porque hay que ver cómo me espeso para contar cualquier tonta batallita, al más puro estilo Abuelo Cebolleta narrando sus hazañas en Cipango, o el abuelo Simpson recordando su pertenencia a Los Peces Voladores durante la 2ª guerra de los mundos.

Y tanto rollo para contar que el tranvía nos llega tarde todos los días y que hemos protestado, a diferencia del resto de usuarios que se suben al vagón en la misma parada que nosotros. Se suben al vagón, porque no al carro de batalla. Y eso que ya les he dicho por activa y por pasiva que menos despotricar acaloradamente allí (a menos que eso les ayude a combatir un poco el frío matutino) y más protestar formalmente contra los responsables del engaño. Pero nada, todas las mañana hace allí su corrillo el conciliábulo de criticones de fogeo, pero luego, con la excusa (hasta cierto punto comprensible) de que ya llegan demasiado tarde a sus galeras como para tener que pararse aún a poner por escrito sus quejas, éstas se las lleva el viento helado de las madrugadas invernales.

Total, eso es lo que hicimos nosotros y para nuestro asombro nuestras protestas estaban numeradas con unos bajísimos 16 y 17 en el libro de reclamaciones de la empresa. Es decir, de miles de usuarios cabreados solamente 15 antes que nosotros hicieron patente su enfado ante la empresa responsable. Alguno puede estar pensando que quizás se trataba tan sólo de uno de los muchos libros repletos de quejas, o que era el correspondiente a lo que llevamos gastado de 2008, pero no...

Y esos 15 incautos cometieron un error al parecer muy extendido: hacer la reclamación y llevarse su copia coloreada y autocalcada a casa, en lugar de presentarla en Consumo, dando por hecho que la empresa denunciada cumplirá su parte del trato y la hará cursar. Porque el funcionario de Consumo que nos atendió era la primera vez que recibía por allí ese formato.


Ni a mi pareja ni a mí se nos escapa que ese acto tiene más de venganza poética (pataleta, dicho en cristiano) que de protesta efectiva que vaya a cambiar las cosas, pero estoy convencido de que si en vez de 2 tristes tigres, protestara formalmente toda la manada (que tanto ruge y refunfuña en el andén, echando vaho por las feroces fauces) y les llegara diariamente un aluvión de reclamaciones, algo se lograría.

Yo no pido demasiado: me conformaría con que ataran al responsable de los retrasos a las vías; y tranquilo, que no tiene de qué preocuparse, porque mientras llega nuestro tren tiene tiempo de sobra de liberarse de las ataduras deshaciéndolas a lametazos, o de que se reencarne de nuevo el difunto Tom Tilét y acuda al rescate heroico a lomos de su caballo [en] blanco y negro.

1 comentario:

Guile dijo...

Ese es el problema, estimado compañero via servidores cisco, que todos nos quejamos, pero no actuamos, nos auto-convencemos de dios sabe qué para justificar nuestra apatía vital contra los poderes establecidos, pero yo incluso llegaría y he llegado más lejos, en ocasiones, no creo ni en las reclamaciones, hay que dar más caña, no obstante en muchas otras ocasiones soy uno más de esos que se quejan en voz alta en grupo y no son capaces después de hacer algo real.

Sólo me queda la tranquilidad de haberla liado, con inteligencia y cabeza, alguna vez, pero eso es una historia para el blog, demasiado larga para un comentario, que no está en mi intención robar protagonismo a mi mentor de blog.

Un saludo Master.