martes, febrero 26, 2008

Perro mundo

La gran familia de Asís acaba de aumentar en un nuevo miembro. La historia, como corresponde al que esto teclea, ha sido carambolera desde el principio. Ya conté aquí la historia de la perra que se nos presentó un buen día de visita y sin avisar, y ha terminado viviendo con nosotros. La cosa, dicha así, parece simple, pero que va… porque, aunque soy una portera, no lo conté todo, pero por supuesto a mí las cosas se me tienen que complicar bastante, y esta vez no iba a ser menos.

Después de llevarla a la veterinaria, vacunarla, ponerle el chip a mi nombre, etc… y cuando el animalito ya formaba parte integrada de nuestra gran familia cuadrúpeda (entre los que me incluyo porque yo también me tiro los pedos de 4 en 4), habíamos organizado un sábado en casa una comida con los amigotes para presentar en sociedad a nuestra nueva amiguita peluda (cualquier excusa es buena para juntarse y montar una fiesta); pues justo el día antes, el viernes por la noche, después de varias semanas de intentar, sin lograrlo, no encariñarse demasiado con ella, por si pasaba exactamente eso: aparecieron los dueños.


Se presentó en casa una pareja joven, con el cartel que habían estado distribuyendo (por nuestra zona no, obviamente) en una mano y en la otra una correa de cuyo extremo tiraba la hermana de nuestra Lola. Nos contaron que se les habían escapado las dos juntas saltando la valla de su casa (que habían tenido subir tras aquello), que la otra (que sorprendentemente ellos habían bautizado precisamente Lola) volvió a casa al poco tiempo, pero nuestra Lola no. Y habían estado buscándola desesperadamente desde aquel día, y lo estaban pasando muy mal. Habían distribuido copias del cartel que llevaban en la mano por todos los alrededores, menos el nuestro (tiempo después descubriríamos de chiripa uno por nuestra zona, pegado en un contenedor de reciclaje de vidrio), y hacían batidas todos los días desde su huida, como la que esa noche los había llevado hasta nuestra puerta.


Obviamente, no había discusión posible en devolverles la mascota, pero nos la dejaron esa noche para que nos despidiéramos de ella debidamente.

Con gran disgusto se suspende el bautizo (que no la fiesta; siempre viene bien un trago para ahogar las penas, que son muy buenas nadadoras), pero esa misma noche (unas cuantas horas penosas después) nos telefonean diciendo que lo han meditado bien y que, como ven que está en muy buenas manos, han tomado una decisión salmónica (de salmón, que es un pez que toma muy sabias determinaciones; como la de surcar los ríos en dirección contraria, como los kamikazes de la autopista) y nos dejaban que nos la quedáramos nosotros, acordando que podrían venir a verla y para que jugaran las dos hermanitas siempre que quisieran (eso fue con la emoción del momento; poco después ya se estableció un horario de visitas, y ahora apenas vienen por allí).

Al final todos felices y todos contentos, y la perra tuvo su puesta de largo; pero, como siempre, y usando una expresión futbolística, sufriendo hasta el último minuto de partido.

La historia acabaría aquí si no fuera porque hace apenas unos días mi querido Ángel Ario me envía un correo electrónico con el enlace de una asociación protectora de animales, en cuya sección de animales perdidos y en búsqueda se encontraba nuestra Lola (una de las acciones que emprendieron los anteriores dueños, que me consta que se tomaron su localización muy en serio, fue dar parte a todas las “protectoras”).

Así pues, me pongo en contacto con ellos para explicar la historia, pedirles que retiren la foto (o, como han hecho, la marquen como encontrada), y agradecerles su labor. Y de paso les menciono mis sospechas de que algún cazador de la zona se esté deshaciendo de algunas camadas, porque es demasiada coincidencia que además de las dos Lolas (que los otros dueños encontraron abandonadas), entre los animales adoptables que ofrecen se hallaba un macho de la misma edad e idéntico físico y estampado del pelaje (que en el caso de este caprichoso cruce de múltiples razas, es más que una casualidad). Y eso deriva en la nueva criatura recién llegada al refugio: un cachorro, de idénticas trazas y pelaje que los mencionados. Como una imagen vale más que mil palabras y, si no me corto ya, me enrollo otras dos mil, pues mejor pongo dos imágenes del bichito:




















Pues nada... que ya está en casa también, en el Zoo de Nairobi.

2 comentarios:

Guile dijo...

Enhorabuena, en mi familia, mi familia de antes, no la de ahora tenemos un guapísimo Pastor Alemán que alguién abandonó incompresiblemente, es una máquina en todos los sentidos y desde el primer día nos está eternamente agradecido.

A disfrutarlo y a que disfrute.

Un saludo.

Silviqui dijo...

¿Y a este sol de cachorrete también lo habeis adoptado? Tened cuidado que eso crea adiccion, por experiencia. :-)