lunes, febrero 25, 2008

Vuelapluma

Dos impresiones muy tontas, pero muy vivas, recibidas esta mañana en un corto paseo desde la parada fin de trayecto (qué bonito concepto) del tranvía hasta la mazmorra del androide; narradas igual que fueron captadas, a vuelapluma:

- Una ciega cantando los cupones que tiene a la venta. No sé si en todas partes será igual, pero por estos lares hace ya muchos años que el populacho le puso a los números que van del 00 al 99 su nombrecito rumboso para estas cuestiones del azar remunerado. Por poner algunos ejemplos: al 88 lo llamaron -obviamente- Les Mamelles; al 86 -no tan obviamente- La Merda; el 72 es La Figa; La Bacora, el 49; el 90, L’Agüelo; el 91, El Borratxo; el 41, El Negre (a La Negra la relegaron al 48; y ambos hay que evitar cantarlos justo antes del 86); el 99 es L’Agonia y el 00 La Mort. Y así hasta 100, y por supuesto todos los nombres seleccionados con ese buen gusto que muestra el vulgo en todas sus iniciativas. Pues ahí estaba la buena señora berreando sus boletos: “La Paeeellaaaa... L’Esplanaaadaaa... La Safanoooriaaa…” Y chico, justo cuando paso por delante de ella, cambia repentinamente el registro y parece decidida a ensordecerme ahora de este modo: “El Marraaanoooo... El Marraaaanooooo... El Cóoooleraaaa…”. Joder, tenía entendido que cuando a una persona le merma un sentido, los otros cuatro se agudizan. Pues que Dios le conserve el olfato... o el sentido del humor, porque si lo que anunciaba eran cupones terminados en 79, lo que procedía vociferar era El Porc, y no El Marrano, a menos que se tratase de una negligencia idiomática.

- La otra impresión la he recibido al doblar una esquina y encontrarme de bruces con una ración de gente, un grupo de unas 11 o 12 personas, de todos los sexos aceptados por la conferencia episcopal, elegantemente vestidos, y algunos de ellos arrastrando maletitas rodantes (quizás provenientes del hotel que hay en esa misma acera). ¡Todos fumaban! Absolutamente todos caminaban con un cigarrillo en la boca o en la mano en ese preciso momento, como pude comprobar conforme me iban pasando por ambos lados (que parecía que me hubiera adentrado en una lluvia de meteoritos). Mi cerebro enfermo, que aplica infatigablemente el daliniano método paranóico-crítico a todo lo que se le pone por delante, decide que es demasiada casualidad: 100% de fumadores en un grupo humano, en los tiempos que corren del cólera (como bien me recordó unos segundos antes la ciega; perdón, invidente, o avisual, o minuscapaz óptico... ¿qué eufemismo están empleando ahora?). ¿Sería una secta? ¿Sería una performance? ¿O un simple atajo de ejecutivas/os estresadas/os recién salidos de algún salón del hotel, tras recibir una charla de motivación que lo único que les ha incentivado ha sido el ansia de fumar?

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