lunes, mayo 26, 2008

Jevirulo (4 Sigue Sigue Sputnik...)

En el relato de aquí abajo cometí una imprecisión: comentaba que al llegar las fechas de mi comunión, tuve que decidir entre moto o batería. Estaba convencido de que así era, pero no terminaba de cuadrarme ya que la comunión la hice con 9 años, demasiado pronto para pensar en motos (que no en batería, que me rondaba desde muy pequeño, según testigos presenciales). Ayer, mi madre me sacó de dudas. El regalo especial que mi madrina quería hacerme era por haber aprobado la E.G.B. (aunque fuera en Septiembre) y pasado al B.U.P., y mi terca argumentación para conseguir la moto era que la necesitaba para poder desplazarme hasta el instituto (que estaba a 6 manzanas de casa).

Hecha esta aclaración, que realmente no tenía la más mínima importancia, seguiré revelando mi rollo Kodak.

Me quedé en cuando me incorporé a una banda que buscaba batería. Pero para ser exactos, aquella no fue mi primera banda de rock, ya que, antes de eso, y usando como local para los ensayos la casa de campo ya mentada, estuve tocando unos cuantos meses con mi querido Juancho (quien, por cierto, se haya inmerso ahora mismo en dar la vuelta al mundo con su guitarra, y las últimas noticias recibidas son que ha triunfado como músico a su paso por la exrepública soviética de ¡Georgia! Para más información pueden visitar his-space www.myspace.com/redmoondance donde aparte de conocer sus andanzas en el blog incorporado al espacio, que actualiza cuando dispone de conexión a la red por esos mundos de Dios, también podéis escuchar su música y contemplar sus originales videoclips). Al dúo dinámico se nos unió Antonio, que acababa de comprarse una guitarra y no tenía nada mejor que hacer, y nos pusimos el ridículo nombre de Orgasmus (y no me preguntéis por qué, que ya resulta bastante duro tener que recordar estas cosas, que ya tenía semiolvidadas).

Con semejante plantel y un nombre con tanta garra, la cosa no podía durar más de lo que duró, y cada mochuelo volvió a su olivo. Como mi olivo estaba plantado en la casa del pantano, pues allí seguí tocando solo, como un energúmeno, practicando los ejercicios que me enseñaba mi profesor durante nuestra escasa hora de clase semanal.

Al incorporarme a la otra banda, también empezamos usando la casa de campo como local, pero sólo unos pocos fines de semana, hasta que encontramos un local de ensayo donde trasladarnos (el de la foto del anterior post donde salgo haciendo el ganso).

Ese local era uno de los muchos que se alquilaban a grupos musicales dentro de una nave industrial, rehabilitada a tal efecto. Y el negocio funcionaba bien porque tenían hasta lista de espera. Pronto brotaría la competencia, ofreciendo mejoras y avances, pero los auténticos locales, los que tienen solera y que todo grupo de esta zona que se precie ha debido pisar al menos durante un mes eran aquellos. Había un rollo muy canalla allí, y la verdad es que pasábamos más horas en el bar que practicando con los instrumentos (que buena falta nos hacía, la verdad). Encima el bar hacía las veces de sede social del club motociclístico que presidía uno de los hermanos propietarios de la nave.

Aquellos fueron tiempos extraños. Pertenecer a cualquier grupo humano suele ser complicado, por la propia idiosincrasia de la especie de los integrantes, pero pertenecer a una banda de heavy metal (donde algunas idiosincrasias son extraterrestres) puede resultar agotador para el espíritu. Y, ojo, que no estoy escurriendo el bulto, porque reconozco que por aquellos tiempos si había alguna idiosincrasia inaguantable, ésa era la mía.

La cuestión, es que resultaron unos años un poquito convulsos. Constantes cambios de formación. Deserciones, abandonos y expulsiones, no siempre amistosas, con la consiguiente búsqueda de recambios, que siempre he detestado (anúncialo o llama a los que se anuncian, quedar, probar, ejercer de cutre jurado de OT, aceptar o rechazar, hacerte a la idiosincrasia del nuevo miembro, sorpresitas no detectadas en la primera toma, expulsar, anunciar...).

Recuerdo muchas juergas y risas, pero también muchos bajones y piques. Un día sois los nuevos Metallica y al siguiente una mierda pinchada en un palo. Uno que llega con un contacto que nos va a hacer famosos, otro que viene a amenazarnos porque le debemos tres meses de alquiler del local.

Pero en todo ese vaivén, el núcleo permaneció inalterable desde el principio. Ese núcleo éramos Almax y un servidor, con el que he tocado desde mis inicios hasta que me corté la baqueta. Con dos excepciones. Una, al principio, que después de una movida me largué y me incorporé, junto con Juancho, a una banda pseudo-punki llamada Padre Karras, que daba vergüenza ajena; y de la propia, durante las semanas que aguanté allí. (Sólo decir que meaban dentro del propio local de ensayo, en una esquina, así que imaginad qué acogedor resultaba aquel ambiente). La segunda separación provisional, fue una expulsión que me gané a pulso por mi conducta... digamos, poco profesional y respetuosa con el resto de la banda. Pero las birras volvieron a su cauce y todos tan amigos.

Continuará.

5 comentarios:

Guile dijo...

He estado de viaje una semana y madre mía todo lo que has escrito, me pondré al día durante la semana.

Un saludo tronnnnn.

xavalin dijo...

Los locales eran la Nave Iguana?

Yo estuve en los otros durante dos años.

Seguimos en antena y esperando la invitación

Harry dijo...

y te echaron por mala conducta aquellos que meaban en un rincón? Pero que demonios les hiciste, Satanás??

Silviqui dijo...

Jo casi la misma pregunta que harry, y mira que ya estoy acostumbrada a historias asi porque casi toda mi familia sigue siendo heavy metal sin melenas (bueno mi hermana la conserva, pero como trabaja en una agencia de viajes las camisetas de cannibal corpse no las puede usar)

Cripema dijo...

La pregunta es; Y tú? donde meabas?