jueves, mayo 22, 2008

Heavy Mental (2 de cien)


Así que, como desde siempre me han atrído las conductas aberrantes [RAE: aberrante. adj. Dicho de una cosa: Que se desvía o aparta de lo normal o usual], pues ahí me tenías a mí, ya en el colegio hecho un heavy garrulo y precoz, tomándome muy a pecho mi nuevo estilo de vida y metiéndome en follones y pequeñas escaramuzas, inherentes al estadio vital de inadaptado infantil.

Una de esas escaramuzas iniciáticas, por poner sólo un ejemplo, que llegó a tener su leve repercusión mediática, fue la siguiente:

Galerías Preciados organizó un concurso para bandas de música noveles y, entre toda la morralla, se presentó un único grupo heavy: Tatú, entre cuyos componentes estaba Salva, buen amigo de ese hermano mayor del que ya he hablado. Como la comunidad heavy es una piña muy unida, se corrió la voz y acudimos bastantes elementos a apoyar con nuestras pintas y nuestro escándalo a nuestros hermanos del metal. Por supuesto, no ganaron, y eso digamos que no fue recibido con buen talante por los melenudos allí concentrados. Para ahorrarme detalles escabrosos, resumiré con el sensacional titular con el que la prensa local decidió agriarle el desayuno a sus lectores de toda la comarca: “Los heavies arrasan Galerías Preciados”. Huelga decir que aquel encabezamiento exageraba, aunque no podría afirmarlo ante un jurado, porque de los pocos recuerdos que conservo de aquella extraña jornada (porque esas gilipolleces procuro olvidarlas lo antes posible), está que me vi encuelto en el comando encargado de redecorar los ascensores del centro comercial con un estilo menos sobrio y funcional, quizás dándoles algunas pinceladas de arte vandálico. Encima, mi furia de aquel día no estaba causada únicamente por la decepción del veredicto, ya que no hacía demasiado tiempo había recibido una severa reprimenda paterna precisamente por un turbio affaire con la seguridad de ese mismo centro (en cristiano: me pillaron robando; de ahí mi violento resentimiento contra el enemigo).

Pero volvamos a recuerdos menos irritantes. Como soy un enterado repelente, con este asunto no iba a serlo menos, y como quiera que cuando me da por algo me empecino obsesivamente y le doy tres mil vueltas, pues al poco tiempo ya era una enciclopedia sabionda del heavy metal (que, la verdad, por aquellos años aún no tenía demasiada historia andada) y me sabía al dedillo las discografías, los cambios de formación y los chismes de todas las bandas del ramo metálico. Cómo sería que mi hermana, que es unos años mayor que yo y ya iba al instituto, tenía en su clase un heavy que no salía de su asombro de las cosas que ésta le contaba sobre mí, y tenía mucho empeño por conocer a ese mequetrefe metalero y marisabidilla. Encuentro que no se llegó a producir nunca, no sé muy bien por qué.

Otra de los preceptivos rasgos de cualquier heavy que se precie es la decoración de su cuarto con pósters de sus ídolos, cosa que en un barracón compartido no resultaba fácil. Aun así logré ambientar la parte de pared que me correspondía, grapando al estucado los desplegables y fotografías que destripaba de las revistas musicales de mi pobre hermano mártir (que se tiene el cielo ganado ya sólo por soportarme en mis primeros años de vida pesada).

Para no hacerlo mucho más largo de lo imprescindible, diremos que pasaron los años y el renacuajo metálico se convirtió en una joven rana heavy, tal que así:

Así luce en su D.N.I. un miembro de la horda.


Pero ya seguiremos en otro momento, porque empieza a empacharme tanta nostalgia añeja.

We salute you, for those about to rock!

1 comentario:

xavalin dijo...

Impresionante documento gráfico, no tengo palabras.

El tiempo nos sienta tannnnn bien...