viernes, junio 20, 2008

A la llum de les fogueres...

Hoy 20.06 a las 00.00 horas comienzan en mi pueblo las fiestas mayores, mundialmente conocidas como Fogueres de Sant Joan, o como explica micropene a nuestros clientes y proveedores : “lo mismo que las Fallas de Valencia, pero con menos presupuesto y 200 km mas abajo”.
Tengo que decir que a mí, la comparación, me molesta levemente, y no porque no sea verdad, que lo es, ni porque no sean igual de divertidas unas fiestas y otras, que lo son, (de hecho en las fallas de Valencia me lo he pasado siempre muy bien); creo que me molesta porque las comparaciones son oidosas (dicen) y las fiestas del pueblo de uno, llevan inherentes muchas cosas emocionales dificiles de explicar (por ser sentidas).

Uno los actos mas caracteristico de “les fogueres de sant joan” son las “mascletás” de medio dia. Durante los 5 días de fiestas, y con una puntualidad mas propia de tierras ingleses que de “nostra terreta” al marcar el reloj las 14.00 comienzan a tirar una serie de “terremotos”, “baterias aereas” y “disparos digitales” en la plaza de los luceros delante de una multitud que aclamará (la mayoria de las veces) o silbará (a modo de decepción) dependiendo de si la mascletá ha sido o no del gusto del pueblo.

Desde un tiempo a esta parte (y me refiero a años) nosotros hemos pasado de disfrutar las juergas nocturnas de pachanga y borracheras a los mediosdias de cervezas, polvora y borrachera.
Hay quien dice que es porque nos hacemos viejos y preferimos el dia a la noche –que también, no lo voy a negar-, pero en gran parte se trata de que hace años, nos dimos cuenta, que cuando antes empiezas la juerga, más tiempo tienes por delante para disfrutarla.
Atrás quedaron aquellos años en los que de te levantabas el día 24 a medio día despues de 5 dias de juerga diciendo: ¿¿¿Ya se acaban hoy??? . Aquellos días en los que te entristecias porque seguías aún fresco tras 5 noches de juerga y querias más…

En los ultimos años, siempre hemos salido un día, y hemos estado enfermos los cuatro restantes.

Este año, sin embargo, no me pregunteis porqué, pero noto más ganas.
Noto ganas en el ambiente, me da la impresión que mis amigos tienen cuerpo de jota (en mi caso es cuerpo de ocho todo el año, pero tambien vale) por lo que me reafirmo en mi teoria de que por mucho que uno se quiera mentalizar, que no le apetecen las fiestas, o hacerse el raro o incluso decir que no le gustan las aglomeraciones o simplemente tener el día tonto, hay un sentimiento, “un” algo flotando en el ambiente durante las fiestas del pueblo de cada uno, que hace que las fiestas del pueblo de cada uno, sean, las fiestas de uno mismo.

Feliç plantá i Bacores Fresques!

Pd. No olvideis la coca amb tonyina i les bacores

miércoles, junio 18, 2008

A mí, poco hecho

Los depravados del mundo están de enhorabuena en estas fechas, porque pronto será puesto en libertad el camarada Armin Meiwes, más conocido como el caníbal de Rotenburgo. No sé si recordáis el caso, pero resultaba tan enfermizo todo lo implicado e implicados, que a mí me causó honda impresión. Y aún me dura.

Corría el año de desgracia de 2001, recién descorchado este extraño siglo XXI, que de seguir así no sé adónde coño nos llevará, y gracias a la magia de internet se ponen en contacto un roto y un descosido. El sueño de toda la vida del roto mental era ser asesino y caníbal, y el mayor deseo del descosido cerebral: ser su víctima voluntariosa.

No estamos hablando de seres primordiales salidos de una caverna, no; el comedor era (y sigue siéndolo aunque ahora no ejerza, o sólo lo haga en la prisión) técnico informático y el manjar humano era (éste sí que dejó de serlo en cuanto dejó de llegarle riego al disco duro) ingeniero. Yo no sé qué les darán en las facultades técnicas del eje austro-alemán pero parece que salen de allí todos medio tarados y lo primero que hacen es construirse un búnker debajo de su casa, por si tienen que encerrar durante décadas alguna niña secuestrada o a sus propios hijos/nietos. ¿O serán simples vestigios de un pasado belicoso no tan lejano, y se construyen estas cosas para resistir a los futuros aliados, que como de momento no llegan, pues le buscan al agujero una utilidad alternativa a su uso militar y le dan un toque más lúdico?

La cuestión es que estos dos enamorados (así se definían ellos en su correspondencia electrónica) deciden llevar a cabo su fantasía mutua y se citan el 9 de Marzo. Cator (nick con el que el comestible se anunciaba en chats canibalescos –sí, sí, yo también flipo- como Gourmet o Caníbal-café, ofreciéndose para ser comido vivo) se desplaza desde su Berlín natal hasta la casa de los horrores de Rotenburgo, e insiste ser devorado en esa primera cita, y para ello ha acudido a la cita con el estómago vacío (no sé, serán manías de caníbales...).

Y entonces empieza la que probablemente haya sido una de las primeras citas más ridículas (que ya es decir...) de la historia del amor, en este caso carnal (ji ji...). Se conocen al dedillo los detalles porque estos tortolitos se tomaron la molestia de registrar absolutamente todo en 3 cintas de video de 4 horas cada una, que la policía estudió cuando las tuvo en su poder. Cintas que, aunque estaban encerradas bajo siete llaves en la caja fuerte del juzgado, acabaron filtrándose al público; achacándolo, eso sí, a unas misteriosas copias piratas que circulaban por ahí.

El ritual del cortejo entre caníbales, bueno, entre antropófago y antropofagocitado, parece ser así: primero toman café (hasta aquí todo normal, si no fuera por el pequeño detalle de que el invitado al banquete, y plato principal del mismo, está desnudo y sentado encima de la mesa); pero en vez de comentar la horrible climatología alemana o el partido del domingo, aquí se comenta el deseo de la víctima de ser devorada mientras practican sexo salvaje. Y se ponen a ello, pero el caníbal que tanto se hacía el gallito en el chat, se arredra un poco y no muerde con la furia que Cator esperaba. Éste empieza a temer que la cosa no va a salir como él lleva fantaseando desde su infancia, y para facilitar las cosas un poco, decide ingerir un bote de pastillas para dormir. Pero ni así parece que se anime la fiesta y decide unilateralmente dejarlo estar, pero el aspirante a caníbal suplica otra oportunidad.

Deciden tranquilizarse y se tumban relajadamente (cómo para no estarlo con un bote de barbitúricos dentro) en la cama mientras suena música suave en el transistor que la víctima ha hecho traer para crear ambiente. Durante hora y media se acarician y besan acarameladamente, haciendo pausas para fumarse algún cigarrito tranquilizador (con lo peligroso que es fumar en la cama; ah, bueno, vale, se me olvidaba cómo se las gastan estos dos pájaros...), pero ni por esas se duerme el condenado, tal sería su estado de excitación. Y eso que ha ido sumando en su estómago a las pastillas dos frascos de jarabe (?!) y media botella de licor (¿orujen?).

Al final, desesperado y aprovechando que su amante le está acariciando el pene, le pide que se lo corte, así por las bravas. Pero parece que el informático nos ha salido un caníbal chapucero donde los haya y elige un cuchillo poco afilado con el que, a pesar de intentarlo con brío, no logra seccionar la pilila del otro (que ya estaría hasta un poco más abajo del cuchillo -los huevos- del partenaire tan cutre que se había agenciado para un momento tan decisivo en su vida: su muerte).

Le ordena que busque otro cuchillo, a poder ser de Albaceten, y por fin entre gritos (¿de dolor o de alegría?) consiguen la primera sangre de la tarde, y al matador le conceden el rabo. Se van juntitos y felices a la cocina a freírlo y se lo comen, compartiéndolo como buenos caníbales (uno de ellos autocaníbal, que ya tiene cojones la cosa). Pero entre la sangre que abandona su cuerpo a borbotones y el cóctel de fármacos, Cator respira con dificultad y empieza a boquear por lo que su amante, ya más lanzando tras este primer logro, decide apuñalarlo. Pero no con la saña esperada, por lo que el eunuco, harto de la impericia de su asesino, lo deja allí plantado y se marcha a la bañera a desangrarse tranquilo, disfrutando de ver por fin cumplido su anhelo de toda una vida: ser asesinado sangrientamente para ser devorado. Pasan horas (muchas) hasta que pierde la consciencia (¡lo que puede obrar un estado alterado de la ídem!) y otras (muchas) hasta que por fin muere (téngase en cuenta que la experiencia completa ocupa casi 12 horas de grabación magnetoscópica).

Resumiendo mucho, lo primero que hace es cumplir el pacto de decapitar el cadáver y colocar la cabeza sobre la mesa para que Cator pueda contemplar toda la acción desde el cielo de las víctimas de canibalismo (que está justo al lado del cielo de los gatos, y un poco más allá del de los perros). Descuartiza el cuerpo y debe quedar agotado porque, como ya ha quedado patente, nuestro caníbal no es muy previsor, y ha tenido que emplear para tan ardua misión la cubertería doméstica, que si ya se resiste muchas veces a trinchar un bistec que no esté tierno, imaginad el esfuerzo necesario para tronchar una columna vertebral o una cerviz humanas con unos cuchillos Ginzu desafilados.

Así que tuvieron que pasar aún dos días hasta que empiece a jalarse al colega (si exceptuamos la tapita de polla frita que se metieron ambos el día de autos), y no lo hace a lo salvaje, desgarrando como un zombi tiras de pellejo con manos y dientes, no; se lo curra mucho: fríe los trozos más tiernos con aceite de oliva, que se sirve con salsa de pimienta y una guarnición de patatas, acompañado todo ello del mejor vino tinto que su bolsillo de modesto caníbal le permite. Hasta decora el comedor para tan solemnes ocasiones y pone velas en la mesa. Pues así, a lo tonto a lo tonto, se zampa 20 kilos de chicha del amigo, en distintas sesiones, y el resto (que a juzgar por las fotos de Cator, no debía ser poco) lo guarda en la nevera.

Pero parece que le aburre repetir todos los días el mismo menú, y de visionar hasta la saciedad los vídeos (su favorita, confiesa, es la parte del destripamiento); así que empieza a tontear otra vez en los chats canibalescos en busca de nueva manduca humana. Para impresionar a la concuerrencia se va de la lengua más de lo necesario, hasta el punto de que un caníbal aficionado de Innsbruck (¿de qué me suena esta ciudad?) se raja y lo denuncia a la policía. Y ahí se acaba –de momento- la aventura de nuestro personaje y empieza el problema legal: ¿cómo condenas a alguien por un crimen en el que la víctima no sólo lo era voluntariamente, sino que encima participaba activa y exigentemente en su propio homicidio? Y todo perfectamente probado documentalmente. El abogado defensor solicitaba una pena leve por una modalidad de eutanasia ilegal (y chapucera, añado yo), y el fiscal iba a por la perpetua por homicidio con motivación sexual y perturbación del descanso de los muertos (?!). Al final, ni tú ni yo y lo dejan en 8 añitos y medio por homicidio con atenuantes, que, descontando las previsibles rebajas penitenciarias por buen comportamiento (se trata de una persona cabal y educada), se cumplen este verano, y lo mismo nuestro amigo decide venirse a pasar unos días en Mallorca para olvidar el talego. Lo digo por si alguien se anima a probar.

No os parezca tan raro, porque este señor confesaba haber compartido puntos de vista por internet con al menos 280 personas, de las cuales unas 200 se habían ofrecido como víctimas (que al final por hache o por be se echaban atrás; excepto 4 que llegaron a ir a su casa dispuestos a todo, pero la cosa acabó no cuajando, lo que no me extraña conociendo lo torpe que era el verdugo [por cierto, ese hecho también sirvió de atenuante en el juicio, ya que pudo probar (que útiles son las putas cámaras) que tuvo a cuatro posibles víctimas –también voluntarias- colgadas de los pies en su casa y los dejó marchar sin rematar la faena]); otros 30 estaban dispuestos a matar por/con/a él; y unos 20 se conformaban con ser espectadores en directo del crimen/suicidio.

Esta terrible historia me sumió en su día, y sigue haciéndolo, en tristísimas reflexiones sobre la naturaleza humana.

Como decía aquel sargento al principio de cada episodio de Canción triste de Hill Street: "Tengan cuidado ahí fuera".

[Los detalles del caso están extraídos del informe exhaustivo que en su día dedicó al caso el mítico fanzine madrileño Sickfun].


jueves, junio 12, 2008

Hasta los cojinetes

Al hilo del debate mantenido con Guile en su blog Polvo en el viento (pinchar en columna favoritos de la derecha) sobre la huelga de transportistas, y dado que no es ningún secreto que trabajo en una empresa del gremio, aquí va mi soflama al respecto:

Vale que es una putada que una minoría cabreada tenga a todo un país en un ay, pero parte de las molestias causándose, derivan de la borreguil respuesta del populacho a los mensajes apocalípticos de su exclusivo canal de información: la televisión espectáculo; donde parece que no valga la pena mostrar nada que no puedan ilustrar con imágenes de antidisturbios compartiendo goma y personas ardiendo o atropelladas. Por ese mismo mecanismo, no van a desplazar sus unidades móviles hasta un supermercado o una gasolinera si no es para acojonar a los televidentes con lejas vacías y surtidores cerrados; o la amenaza de su inminencia.

La respuesta es inmediata y el mismo día que comenzaba oficialmente la huelga, el lunes, ya podías ver gente en el Carrefour con el carro rebosante de productos de tercera necesidad y colas en las gasolineras. Es decir, que si han bloqueado la vía de suministro de nuevos abastos, lo que consiguen los histéricos acaparadores es tener la misma cantidad de conservas y agua embotellada (porque no puede llegar más), sólo que en lugar de expuesta en los lineales de los hipermercados, amontonada en sus despensas esperando su fecha de caducar; y los mismos galones de combustible, sólo que en lugar de almacenados en los tanques de las estaciones de servicio para ir abasteciendo paulatinamente y según las necesidades, pues rebosando en los depósitos de unos pocos coches impacientes.

Pues con unos medios de desinformación así y una ciudadanía que sigue sus agoreras amenazas a pies juntillas, resulta que cualquier acontecimiento social se magnifica hasta el desastre. Con la complacencia del sector más radical de los convocantes, que entiende que cuanto más daño cause su movilización, antes sentará al enemigo en la mesa de negociación.

Por otra parte, los medios empleados para lograr generalizar una paralización impuesta por una minoría (nada despreciable, pero minoría al fin y al cabo) son perfectamente discutibles. Sé de primera mano cómo “informan” los piquetes “informativos” (mi empresa aunque no secunda la huelga, la sufre en silencio como las demás; y el otro día me “informaba” por teléfono un camarada del sector que él tenía 56 años y era un padre de familia honrado y legal, pero que a partir del domingo se convertía en un “terrorista” (sic) y le importaba tres cojones llevarse a quien hiciera falta por delante. Y a los hechos me remito...).

Pero esto no nos debe hacer perder de vista que espabilados hay en todos los estamentos, y en este sector tan “achuchao” más, y lo que algunos no quieren consentir es que mientras ellos arman el follón para exigir unas reformas necesarias (en este punto, ya imprescindibles), parando su medio de sustento, haciendo guardias “informativas” mientras podían estar en su casa tranquilitos y no jugándose un porrazo (o un atropello); otros listos, que bien que también se beneficiarán después de lo poco o mucho que logren rascarle al gobierno para el sector, aprovechen para hacer su Agosto en Junio.

Y digo que las reformas son imprescindibles porque si cualquiera de los que leéis esto ha tenido que notar necesariamente cómo se ha encarecido irracionalmente el precio del combustible cuando llena el depósito de su coche, pues haceos una idea que éste (el gasóleo) es nuestra materia prima y que, por poner un claro ejemplo, cualquiera de nuestros autónomos que realizan con su trailer la línea Barcelona-Estambul, y que cada vez (de las muchas durante una sola ruta) que llenan su tanque les cuesta ¡el doble! que hace apenas 4 años, cuando ellos cobran los mismo y poco más (el IPC y vas que te matas, porque no se pueden subir las tarifas). Es fácil entender la desesperación, porque con las habichuelas de la gente no se juega, así de simple.

Por supuesto el precio del barril no lo marca el gobierno, eso depende de cómo vaya la partida de Risk que juegan sobre el mapamundi los Cowboys de Dallas y los jeques del turbante (que por cierto, huele a quemar las últimas naves, bueno los últimos yacimientos, que están constatados científicamente tener los años contados; antes de hacer el cambio a otros combustibles alternativos que, oh sorpresa, aparecerán milagrosamente cuando estemos al borde del colapso petrolero), pero sí los gravámenes a cargar sobre ese bien, ya escaso. Y aquí no me pronuncio ni entro a profundizar si es esa la solución.

Decía arriba que no se pueden subir las tarifas porque las leyes del mercado no lo permiten. Precisamente la semana pasada asistí en Valencia a una reunión de lo nuestro, donde inevitablemente se trató este tema. Y claro allí estaba la facción de los “listos” que no ven dos palmos más allá de sus narices: que sube el petróleo, pues subamos nuestras tarifas, y arreglado. Pero si cuesta más transportar las cosas, se ve afectado el precio final del producto al llegar a los mercados, porque los que trincan desde arriba no van, ni muchísimo menos, a descontárselo de sus porcentajes (a los que se columpian por encima de la red trófica, les trae sin cuidado el mundo real y sus penurias y miserias, y pasan hasta el culo de desaceleraciones profundas). Esto quiere decir que si nos tiramos al camino fácil, subir las tarifas (que tampoco es tan fácil, porque están supervisadas por el estamento competente), el pato lo acabaría pagando el de siempre: el castigadísimo consumidor. Y como algo hay que hacer porque si no la cosa petará por algún lado, pues en vez de pegar el palo hacia abajo, se le quiere apretar los huevos a los de arriba, que tampoco tienen culpa, pero tienen mayor “colchón” para absorber el golpe.

En fin, que aunque joda mucho todo este follón que nos tienen liado unos pocos, en el fondo de la reivindicación se pretende proteger a la ciudadanía (sufrido estamento del que los mismos que cortan autopistas con neumáticos en llamas, y sus familias, forman parte).

viernes, junio 06, 2008

Estoy tannnn [Faemino y] Cansado

El politburó cansino al completo asistió ayer noche a la actuación de los inconmensurables Faemino y Cansado en el Teatro Principal de esta villa.

Qué hartura de reír, cielo santo. Qué bárbaro par de talentos para el humor desopilante. Qué disparate.

Ya amenazaron en la prensa de esa misma mañana que no pretendían hacer humor inteligente ni alta comedia, que lo que buscaban era la carcajada pura. Y vaya si lo consiguieron, que de tanto encadenar unas con otras me encané y atraganté varias veces, que si no llega a ser por las aguas que colamos en los bolsos, me hubiera dado un soponcio allí mismo. Hasta me picaba horrorosamente la barbilla, lo que suele ser mi manómetro para la congestión de cualquier fuente.

No hacía mucho que acababa de recibir una desagradable noticia respecto al agravamiento de la salud de un familiar muy cercano, y la velada logró evadirme de la congoja: cenita entre amigos con tropecientas cañas y estertores de risa en la platea.

martes, junio 03, 2008

Metalísimo (7º hijo de un 7º hijo)


Lo de cobrar por no tocar llegó a convertirse en una bonita costumbre. Es lo bueno de ser tan malo. O de ser un pintas, que fue la causa de mi ostracismo en el siguiente caso:

Cuando te mueves en un mundillo como el del heavy, casi cada persona con la que estableces contacto resulta ser un personaje, cuanto menos pintoresco (apropiándome del adjetivo con que me calificara en su día mi profesor de batería). Como dicen que la necesidad agudiza el ingenio, pues en esto del metal el que no corre, vuela, y quien más y quien menos en mi ámbito de actuación se buscaba la vida con chanchullos y trapicheos para ir tirando. Para ello nada mejor que contar con una buena red de contactos (lo que se llama tener amigos hasta en el infierno). Conocí auténticos cracks en la materia que siempre andaban enredados en mil fregados y que siempre conocían a alguien donde interesaba conocerlos. Estos colegas eran un tesoro porque siempre te colaban en algún garito o fiesta privada, o tenían pases para algún concierto, o te conseguían algún currillo esporádico. Son los buscavidas de toda la ídem, pero con la peculiaridad de desenvolverse en un ambiente un tanto espinoso, donde un paso en falso te puede costar un susto, si no un disgusto.

Uno de estos figuras era mi querido compadre Rata, vocalista de un grupo de Thrash (que no trash) Metal. [thrash = apalear / trash = basura]. Siempre andaba metido en movidas, como él lo llamaba, y conocía gente de lo más variopinta y en los lugares más insospechados.

Como él sabía que, a pesar de la leyenda negra, yo era bastante legal, pues contaba a menudo conmigo cuando le salían trabajillos puntuales en los que había que cumplir y dar el callo (eso da una idea de cómo debía estar de paupérrimo en su entorno el nivel de compromiso, porque éramos buenos amigos pero tampoco es que fuésemos uña y roña. Pero solía incluirme en sus movidas, accediendo generalmente a mis exigencias laborales, siempre que no fueran decabelladas).

Con él hice de pipa para algunos grupos medio famosos, a su paso por esta ciudad. Así, de pronto, recuerdo los servicios prestados a Raimundo Amador, La Oreja de Van Gogh, y a un grupo extranjero cuyo único mérito –aparentemente- era que les habían seleccionado un tema como fondo sonoro para un anuncio de Pepsi, y resultaba muy deprimente contemplar a la gente aburriéndose durante todo el concierto y volverse literalmente loca únicamente cuando interpretaron la dichosa cancioncilla del spot (que tuvieron que repetir como único bis, con nueva respuesta histérica del, por lo demás estático, público). Lo del guitarrista aflamencao, por unas oscuras gestiones que me consta que el Rata tuvo que hacer para su equipo (ignoro si él incluído); y lo de los ñoños vascos, porque me cayeron como el culo. Algunos confunden a un pipa con poco menos que un sirviente o esclavo (me dijo el guitarrista que fuera al camerino a por su instrumento y se lo llevara a la furgoneta [¿es que él no tiene manos?], y lo que hice en el camerino fue agenciarme una enorme bolsa de pistachos sobrante del catering, y la guitarra allí se quedó. Supongo que alguien se la rescataría al tontoelpijo ese, pero por mí ya le podían dar mucho por el culo con una caña rota).

Pero lo que trato de contar, y no dejo de interceptar con chuminadas, es cuando el Rata logró un chollito de trabajo para cinco días seguidos. En el recinto ferial de esta provincia se celebraba una convención del ocio, o algo así, y la cadena radiofónica 40 principales montó un escenario donde actuarían las estrellas que estuvieran promocionando por aquel entonces. Al Rata le encargaron llevar personas con un mínimo conocimiento musical para hacer de comparsas en los playbacks a las cantantes (porque todo fueron tías).

Bien, pues, a pesar de que le habían dicho que procurara buscar personas con buena imagen, no sé qué le pasaría por la cabeza cuando decidió proponérnoslo al bajista de su grupo, el Pocho, y a mí (él mismo haría el playback de la guitarra). Menudos tres mostrencos.

Llegamos allí el primer día y la primera en la frente. Nos mira todo el mundo con una mal disimulada mezcla de sorpresa y desprecio. Y nosotros allí, pasando de todo y arramblando con el catering, para variar; no había mucha manduca, pero tenían montada en el backstage una nevera de ésas de bar que se abren por arriba, muy bien surtida, y un botellero con espiritosas de buenas marcas. Y entonces llega ella, la tal Malú, sobrinísima de un genio de la guitarra flamenca, que por aquel entonces empezaba a abrirse camino hacia el estrellato; pero que los humos que ya se gastaba entonces eran dignos de una superestrella en toda regla. Nos presentan como los músicos contratados para acompañarla, nos mira de arriba abajo con expresión de no poder creer que existan seres así en su mismo planeta y se retira muy airada a su camerino a deliberar con su mánager. Y, al poco, sale ésta, la mánager, con una sonrisa forzada y nos dice como con miedo: “Qué bien, chicos, hoy cobráis sin tener que trabajar”. Jajajaja... Y así fue, salió ella sola, a pelo, con todo el equipo de atrezo montado detrás, apagado y muerto de pena sin los figurantes del infierno para hacer el paripé. Menos mal que no nos habíamos ni molestado en escuchar la cinta que los 40 Principales nos había proporcionado para que nos familiarizáramos con los temas que teníamos que fingir interpretar (de hecho, al día siguiente, el Rata ya había aprovechado la cinta para grabar encima no sé qué estruendo. La reconocí en su coche porque la cinta llevaba estampado el membrete de la cadena radiofónica, y mediante el clásico truco de la tira de celo había metido ahí unos sonidos demoníacos, desalojando para ello otros no menos horripilantes).

La verdad es que no me extraña que la diva rehusara nuestra presencia en escena, porque yo por aquel entonces gastaba estas pintas tan poco glamurosas de pordiosero (y eso que no tenía el dudoso honor de ser el que más grima diera del trío calavera...):


Así de asqueado y asqueroso lucía por aquel entonces el mismo miembro de la horda (los años no pasan en balde). Nótese que mi escasísimo archivo fotográfico de aquellos años se nutre casi exclusivamente de las fotos de carné; ya que las que sobraban del juego realizado para renovar el documento conforman mi pobre álbum de recuerdos gráficos, y poco más. Ya comenté por aquí que nunca he tenido cámara de fotos y desgraciadamente tampoco me molesté en su momento en conseguir una copia de los cientos, si no miles, de recuerdos inmortalizados por otros. Y es una lástima, porque hay por ahí algunos documentos que hubieran venido que ni pintados para ilustrar estas historietas.

La cuestión es que al Rata le dieron el toque los de la organización (les debió joder pagarnos por nada; y bastante bien, por cierto). Y para el día siguiente se le exigió que subiera un poco el listón del casting. Pero tampoco es que se estrujara mucho las meninges: largó al Pocho y puso en su lugar a su novia mulata (que no tenía ni puta idea de tocar el bajo, pero que, visto lo visto, eso era lo de menos y lo que importaba es que la muchacha fuera vistosa); él se afeitó, se adecentó y se recogió el pelo en una cola, y me volvió a llevar a mí, sin afeitar y sin cola, porque mi mopa de entonces no daba para un recogido (como se aprecia en la escalofriante imagen).

Pero el segundo día tampoco tuve suerte, ellos dos sí subieron al escenario, pero yo quedé de nuevo postergado por feo. La excusa de aquella velada fue que el batería verdadero siempre acompañaba a esta cantante (ni me acuerdo de su nombre), porque había entre ellos un rollito más que profesional. Sea como fuere, la cuestión es que, una vez más, cobré sin tener que alejarme del catering más que lo suficiente para poder hacer esta foto y alguna más con la cámara del Rata, que quería un recuerdo de aquel circo.

Por lo menos esta vez los instrumentos sí sirvieron para el paripé. Nótese que la puesta en escena ganó muchos puntos con el apuesto muchacho a las baquetas, dónde va a parar, mari. Total, para lo poco que se me veía detrás del armatoste...

Al final, de cinco días para los que fui solicitado, sólo toqué dos. La primera en no rechazarme como a un apestado fue una chica muy maja que, contra todo pronóstico, no hizo ascos a relacionarse con nosotros, y hasta me contó que como no triunfaba aquí se tuvo que ir a intentarlo a Méjico, para volver triunfal a casa como una reina tras el exilio. Y se comparó con Mónica Naranjo. Y yo le dije que ignoraba que Mónica se hubiera tenido que ir a Méjico para triunfar, y que, de hecho, ignoraba quién era la tal Mónica Naranjo (lo averiguaría algún tiempo después, como casi todos los españolitos), pero que precisamente esos días entendía muy bien cómo se sentía. Y debieron hacerle gracia mis tonterías porque gracias a ella por fin me pude estrenar en ese escenario (no es que estuviera mal lo de cobrar sin dar un palo al parche, pero ya que estaba allí y como experiencia... pues me apetecía saber lo que era tocar en un escenario de verdad).

¿Continuará...? (Lo dudo, porque estoy tannn cansado de escarbar en mi maltrecha memoria...).