jueves, julio 24, 2008

Mejor que espanglish, ingleñol riguroso


Ahora, en verano, cuando los informativos de todas las pantallas enemigas se quedan sin noticias jugosas, y, teniendo a media plantilla de vacaciones, los becarios medio analfabetos que los suplen volverán a tirar de archivo para poder rellenar todas esas medias horas en prime time que tienen por delante, con las clásicas noticias de sus terrores favoritos estivales. A saber: que si las motos de agua decapitadoras, las medusas del abismo, los surtidores de combustible autoexplosivos, etc... Este año, la tendencia parece apuntar a un revival de las piscinas infanticidas, del robo con escalo, los neonazis y puede que hasta se atrevan con la chica de la curva.

Pero hay un clásico imperecedero, que no hace falta resucitar porque nunca nos ha abandonado, verano tras verano, que es el de los perros asesinos. Volverán las oscuras golondrinas a comentar lo de las razas peligrosas y destripadoras, por lo que sugiero, en un intento de homogeneizar el lenguaje televisivo (tan depauperado por estos lares), que las redacciones de todos los noticiarios incorporen en sus manuales de estilo mi siguiente propuesta:

Cuando hablen de una hembra de dóberman, deberán llamarla dóberwoman; y a la del bulldog, cowbith.

¡He dicho!, que diga... que escriba: ¡he escrito!

miércoles, julio 23, 2008

Yo voté a Virginia

Pues si. Lo reconozco. Me gasté 1 euro y pico votando por sms a la niña azul.
No tanto por la fascinación que ejerce la chiquita sino por verles la carota a sus "compañeros" de promoción.

lunes, julio 14, 2008

Jubilación escalonada ¡ya!

El mes que viene cumpliré la edad de Cristo si hubiera vivido hasta los 37. Me siento viejo y muy cansado; tannn cansado... Veo tan lejana mi jubilación, que, mientras espero sentado algún golpe de suerte remunerada (“Oh, Fortuna, dominatrix mundi”, vocea un coro desesperado al inicio de Carmina Burana, y yo me uno a ellos desde la cola de la administración de lotería), en mi desesperación se me ocurren idioteces como la siguiente; que puede que no lo sea tanto y realmente se trate de una reforma necesaria en el sistema laboral imperante:

¿Por qué?, a ver, ¿por qué tenemos que trabajar como acémilas durante toda nuestra vida productiva, y llegados a los 65 años (o los que sean según el convenio colectivo o expediente de regulación correspondientes) parar en seco?

Desde hace años vengo manejando la siguiente teoría: dado el ritmo de vida desaforado que llevamos, apenas tenemos tiempo para ponernos enfermos. Caemos y recaemos, porque es inevitable, pero seguimos adelante como los jabalíes. Pero, ¿qué pasa cuando el jabalí ya ha llegado a la meta, ya ha cumplido consigo mismo, con la sociedad y con el estado, y dispone de todo su tiempo libre para escuchar atentamente la maquinaria de su cuerpo? Que nos sobrevienen todos los dolores imaginables; que lo mismo son eso: “imaginados”, o que lo mismo han estado acechándonos desde hace años pero no hemos podido atenderlos, porque para que un urbanita estresado del siglo XXI te dedique un segundo hay que pedir audiencia, como para ver al Papa.

La cuestión es que está mal montada la cosa. Que no se entiende que uno tenga que pasar sus mejores años pringando en la galera, para que le obliguen a parar en seco cuando ya no es necesario obligarle porque ya no le quedan fuerzas más que para empezar la ronda de ambulatorios y hospitales de campaña, tratando de averiguar qué demonios son esas molestias que se han hecho sentir de un día para otro.

Por ello propongo, a esas misas autoridades europeas que pretenden ampliar la jornada laboral a 65 horas semanales, que se dejen de tonterías e impongan ya mi proposición (no de ley): la jubilación escalonada. Al igual que cuando se van cumpliendo trienios, las empresas los gratifican económicamente, pues conforme vayamos cumpliendo decenios, que nos vayan reduciendo la jornada laboral y nos vayan exonerando progresivamente de las tareas más pesadas o mortificantes; que recaerían claro está en los más jóvenes, que aún no se han quemado [tanto] y pueden soportar mejor esas gravosas cargas. Y ya en el 6º decenio (de vida biológica; de vida laboral correspondería al 4º o 3º, según lo tarde que se incorporase el interesado a su puesto) pues que te vayan predisponiendo para la jubilación; que apenas trabajes dos o tres horas, a lo sumo, para que te vayas enfrentando poco a poco a tanto tiempo libre. Y que te amplíen la media hora del café a una, o dos horas, para que puedas acercarte a las obras civiles cercanas, y así vayas aprendiendo la técnica del “Men-at-work watching”, que tanto predicamento tiene entre nuestros mayores .

No me parece tan descabellada idea el reivindicar que no se le puede exigir la misma entrega y energía a un/a joven pimpante de veinte y pico añitos, que a un señor de cincuenta que tiene los cojones ya negros del humo de las batallas. Y que nadie va a llegar vivo a los 65 años, trabajando esa misma cantidad de horas cada seman, como pretendena. A no ser que sea eso precisamente lo que pretenden, para ahorrarse más de una pensión...

martes, julio 08, 2008

Más superfetación estival

Y yo me pregunto: toda la vida los matemáticos con el rollo de que la cuadratura del círculo es un problema geométrico irresoluble; pero, ¿acaso cada vez que alguno nos vacila con los centímetros cúbicos del motor de su coche, no está ejercitando (sin saberlo, seguramente) una aplicación práctica de la cubatura del cilindro?

Ahora que vivimos inmersos en la era 3-D, ¿qué nos importan las imperfecciones y limitaciones de las aburridas dos dimensiones? Y ya no digamos de las (y los) figuras unidimensionales...


viernes, julio 04, 2008

Superfetatorio

[RAE: superfetación. 2. f. En una exposición oral o escrita, multiplicación de elementos innecesarios].

Recién vuelto (revuelto) de unas cortas (duración objetiva), cortísimas (percepción subjetiva) vacaciones me encuentro esto, el blog, desamparado. Después de tres años rajando por aquí de lo divino y de lo humano, quizás ya no nos quede mucho que decir; o lo que nos queda no merezca ser contado. Así que voy a hacer un ejercicio de pura y dura superfetación (ver arriba), o sea, de relleno, por poner algo y que no decaiga la cosa.

Por ejemplo contaré que durante un visionado serial y vacacional de los DVDs que componen la serie de películas gore Saw (vete tú a saber por qué; cuando me da por algo...), para ser exactos durante el visionado de la cuarta entrega, se nos fue la luz en casa por tres veces. Iberdrola no fue capaz de darnos telefónicamente una explicación convincente del incidente, pero nos regaló, sin venir a cuento, una accidentada velada de cine casero (expresión mucho más castiza que home cinema), que nos tenía en ascuas más ardientes por cuándo se nos volvería a joder el invento, que por la macabra acción que se mostraba en el filme (Serrucho, ya que nos ponemos castizos). Tantos sustos y apagones precipitaron mi mente a la siguiente conclusión:

Aún partiendo de la premisa de que lo que estábamos contemplando (intermitentemente) era pura ficción cinematográfica (la forma castiza para hollywoodiense resulta demasiado ridícula: bosque-de-acebos-ense) podemos estar todos muy tranquilos porque aquí, en Murphylandia (en castizo: España) un asesino así no podría existir nunca; jamás de los jamases.

Porque si a mí se me cruzara el cable (aún más) mañana y me diera por asesinar personas físicas mediante complicadísimos automatismos, mareando en el proceso a la policía con un goteo de crípticas pistas proporcionadas mediante sofisticados medios técnicos, que los agentes custodios deberán seguir atropelladamente, como si de una gymkana sangrienta se tratara; pues me comería dos mierdas como puños, porque a la primera de cambio se me desbaratarían los planes gracias a los excelentes estándares de calidad que nos brindan los oligopolios de este bendito país.

Imaginad (los que hayáis visto algunas de las pelis, supongo) que yo he dejado dispuesto en la escena del crimen que cuando la víctima/policía/puteado-a-secas abra una puerta, un sistema de argollas y poleas debe poner en marcha un televisor donde se emitirá en video mi mensaje para darle nuevas instrucciones o simplemente para angustiarlo aún más.

Bien, imaginad ahora que esa misma tarde-noche en que mi presa debe encontrarse todo el mantecao y pasarlo mal, Iberdrola, sin dar más explicaciones, ha cortado la luz tres veces en toda la manzana donde tengo oculta mi mazmorra de los horrores, y a resultas de su inoperancia se me ha desprogramado el canal del vídeo, o se me ha reiniciado la cuenta atrás que conecta la taladradora, o se me ha desconfigurado el chiringuito en general. ¿Qué pasaría? Pues que en vez de como un psicópata retorcido y sofisticado, quedaría como un chalado patoso y garbancero. Es decir, el psycokiller cañí, el depredador made in Spain.

Podemos dormir tranquilos, que aquí no nos despertaremos nunca encadenados en una lúgubre mazmorra, donde se nos hará pasar las de Caín high-tech (que le den por culo ya al casticismo), mediante móviles con cobertura hasta en el infierno, que no fallan en los momentos clave; cámaras con visión nocturna todavía en garantía; sensores de movimiento que no se averían por tenerlos en lugar húmedo y frío; etc...). No, amigos, aquí no despertaréis nunca en la suntuosa mansión de un caníbal refinado que os alimentará con finas porciones fritas de vuestro propio cerebro, regadas con carísimo Chianti, mientras resuenan en la estancia las Variaciones Goldberg de J.S. Bach Jr.Sr. (Johann Sebastian Bach, Junior porque descendía de músicos prestigiosos, y Senior porque engendró a su vez una piara de músicos prestigiosos).

No, aquí lo máximo que os puede pasar es que os pegue un navajazo el Jarabo o que os metan cuatro tiros traicioneros dos mostrencos de Puerto Hurraco.

Y ojo, que a lo mejor todos estos despojos iban para asesinos legendarios y con caché (en EE.UU. habría hostias entre ciertas mujeres por desposarse con ellos en el corredor de la muerte), pero los medios a su alcance no acompañaron para poder refinar su arte para la muerte de los demás.