miércoles, septiembre 24, 2008

Resonando

A las 07:30 h. de esta mañana le he dado por el culo al mismísimo Philips. Pero no es que le haya metido la polla en el culo, no, es que he estado yo enterito alojado en su enorme ano durante media hora de eternidad.

En el marco de las pruebas que me llevarán de nuevo a quirófano a no mucho tardar, esta madrugada, con los ojos todavía soldados con legañas, unas solícitas enfermeras me embutían un condón azul, me tumbaban en una camilla, y sin vaselina ni nada, me introducían en un enorme culo, propiedad de Philips. En concreto, el modelo Gyroscan Powertrack, que no dejaba de hacer unos ruiditos sospechosos. Sonidos que, proviniendo de un gigantesco recto metálico, resultaban muy poco reconfortantes.


A pesar de que me insistieron en una absoluta inmovilidad, no podía cesar de mirarme los pies, que, enfundados en unas puntiagudas calzas azules como de papel, remataban la impresión de condón bicéfalo (que sería el nombre del caballo del Cid, de haber tenido un par de... cojones, como el de Espartero).

Antes me trajo una enfermera una placa del tamaño de un cromo de fútbol, para que me cubriera, en caso de tener, algún tatuaje, porque resulta que no sé qué componente de la tinta se puede calentar con la resonancia. Cuando me he quitado el forro polar, ha guardado el cromo y, sin más comentarios, en su lugar me ha dado una perilla de alarma, para que la pulsara en caso de necesidad.

Me maravillan los avances tecnológicos, pero algunas veces aquello sonaba como si estuvieran picando el tabique de los vecinos.

3 comentarios:

Gilito dijo...

pues no se cómo no ha saltado el automático, a menos que los tatuajes sean con tinta sin metales pesados...

xavalin dijo...

En realidad, son calcamonías, el Tal Iván también se pone muchas.

Guile dijo...

¿Que se siente al ser pene?