miércoles, diciembre 31, 2008

¡BUEN AÑO!

A lo tonto a lo tonto, ya nos hemos cargado un añito más... ¿Os acordais cuando eramos pequeños y creiamos que en el año 2000 iriamos todos en naves espaciales? Pues ya han pasado 8 años desde el 2000 y a mi con esto de la crisis no me da para ni para un coche nuevo (claro que con mi cafetera me apaño a las mil maravillas)


Que razón tenían los mayores cuando te decían aquello de "en cuanto cumples los treinta, los años pasan volando"


Empezamos un año en blanco, llenadlo de buenos momentos!


No os atraganteis con las uvas y que los Reyes os traigan mucha SALUD!


Y por si os aburris durante estos días de vacaciones, aquí os dejo un dibujo para colorear.



jueves, diciembre 18, 2008

martes, diciembre 16, 2008

El día del zapato final


Me ha gustado mucho esta bonita foto de Karim Kadim (ganador de un Pulitzer en 2005 por otra foto no tan estética) que ha seleccionado hoy el diario Público para ilustrar el asunto del zapatazo a Bush. Tambien reseña la reacción de internet sobre el tema y aquí podeis ver las ocurrencias instantáneas del cibergraderío.

La foto me ha recordado a una de mis películas favoritas: Cortina de Humo de Barry Levinson, con Dustin Hoffman y Robert De Niro, en las que la realidad supera la ficción. Los que la habéis visto ya sabéis a qué me refiero. Los que no, bajaros la película o bajaros al videoclub.

martes, diciembre 09, 2008

Marisco crítico

Esto es lo más parecido a una langosta que voy a catar estás críticas Navidades.
Y aquí, las nécoras:


Cine, cine, cine, cine... menos cine, por favor...

Todos llevamos un director de cine dentro. Sentado en nuestro cerebro con su sillita plegable y su megáfono. Bueno, más que un director, unos grandes estudios enteros, construidos en el solar de nuestro inconsciente. Porque, ¿qué son los sueños sino una superproducción jolivudiense?

Bueno, vale, no todos los sueños son Ben-hur; también hay modestas cintas afganas, intimistas dramas lacrimógenos y algún porno gonzo. Pero todos con su correspondiente vestuario, su escenografía, sus castings perfectos... Y qué guiones. Y de todos lo géneros: terror, erótico, negro, fantástico, histórico... Y, salvo en los sueños recurrentes, no se repiten las tramas, los personajes ni los desenlaces sorpresa.

Entonces, como presidente de mis propios estudios onírico-cinematográficos, me permito hacer la siguiente observación: el cine actual es una PUTA MIERDA. ¿Todo? No, pero casi.

¿Qué es eso de hacer remakes (perdón, to make rehechos) de viejas películas? ¿Es que no estaban bien así, en blanco y negro? ¿Y los re-remakes? ¿Es que no te vale Donald Sutherland en technicolor setentero huyendo de las vainas, que hay que poner también a la Kidman?

¿Y por qué coño le hacen rehacer (make to remake) a Michael Haneke sus Funny games, pero con el hermano de Brad Pitt? ¿No estaba bien la original? Porque a mí me gustó mucho. Pero claro, el gran público si no lee en los carteles algún apellido de relumbrón, no compra su entrada. Si la protagoniza algún Jörgenson o Kazantakis, ya no va a gustar a la masa.

¿Y qué pasa con Rec, que la están rehaciendo también? ¿Acaso no acojonaba bastante así? Porque debe ser humillante que te digan: te compro los derechos de tu película, pero ahora voy a hacerla yo bien, y encima con buenos actores. Es decir, con efectos digitales y alguna estrellita del momento.

Y luego están las segundas, terceras, séptimas partes de sagas interminables a las que ya se les exprimió las últimas gotas de jugo hace mucho tiempo. O esas decepcionantes últimas producciones de realizadores que admiras, de trayectoria intachable hasta el momento; que después lees por ahí, de críticos que respetas, que es que no se ha entendido la jugada, que el film está plagado de referencias autoparódicas a sus primeras creaciones, que si patatín , que si patatán... Y yo me pregunto: ¿esos pequeños guiños para iniciados compensan que el resultado global sea un pestiño insoportable?

Conclusión: se gastan millones de dólares en darle mil vueltas a lo mismo, cuando seguro que hay guiones excelentes cerrados con llave en algunos cajones.

Lo que resulta del misérrimo estado actual del séptimo arte es que cuando descubres alguna cosa medio aceptable, mínimamente original, te acaba pareciendo poco menos que una obra de arte, por puro mecanismo de compensación. Aunque sólo sea por quitarte el regusto a dejà-vú.

viernes, diciembre 05, 2008

Hígado grande, ande o no ande

En mi entorno se hacen oír algunas hipótesis que apuntan a que mi penoso estado de salud actual es efecto de los excesos pasados. No es descabellado inferir que cuando vivía de kermés heroica en kermés heroica, mi cuerpo sufriera algún estado anestésico generalizado que me impidiera escuchar las alarmas de mi organismo. Que es lo único que escucho ahora que la música ha cesado.

Esta mañana me han dado cita para hacerme una ecografía del hígado, porque por lo visto lo tengo “grande”. A eso en mi pueblo lo llaman cirrosis. [Joder, ahora que había aprendido a decir “candelario”, van y lo llaman “almenaque”].

También me van a hacer una radiografía de los riñones, para ver por dónde va la piedra nefrítica. Hay que esperar a que se autoexpulse con la orina, como si estuviera en un parque acuático, tirándose por un tobogán de meados y sangre, la jodía. Pues si tiene que salir por el pene, sí que le está costando para lo poquito que tiene que recorrer...

El photoshop de dios


Con esta definición me sorprendió una tarde el sr. Micropene, en un viaje en coche a nosedónde. Él lo aplica a esos espectaculares atardeceres, con nubes y brillantes colores.

Como sabéis, y él no se cansa de predicar, Micro no es aficionado ni a dioses ni al fotochops, pero me parece que he encontrado su photoshop home edition ideal:


Esto es un pantallazo real del photoshop:

martes, diciembre 02, 2008

Esta vida me va a matar

Joder, cada mañana, mientras engullo mis rondas de medicamentos, me acuerdo más del Elvis versión Las Vegas. Yo creo que, a excepción del Vicodín, nos podríamos intercambiar los pastilleros sin que acusáramos efectos secundarios.

Empiezo mis días con los antiespasmódicos y los regeneradores de cartílago, luego una ronda de painkillers y de postre, si la noche ha sido propicia, unos miorrelajantes. Tras eso, y previa desconexión de la manta eléctrica, desenchufado del respirador (también eléctrico), colocación de prótesis ortopédicas, y meter barriga, ya puedo mínimamente enfrentarme al mundo y sus ocupantes.

Es inconcebible que mi abuela tomara en toda su vida menos medicamentos que yo en un solo mes. Vivió sana hasta los 93 años, edad en que la aquejaron los grandes males, penó y murió.

Quizás este hecho esté relacionado con que se crió y vivió en el campo y yo nací en -y aún no he logrado escapar de- una mediana ciudad. Mientras yo sufro el acoso y derribo de las mafias farmacéuticas que, en connivencia con los matasanos, a la mínima oportunidad me atiborran de naturaleza procesada químicamente, mi abuela tenía remedios caseros para casi todo. No en vano, estas viejas prácticas naturópatas las conocemos ahora como “Los remedios de la abuela”, como algo exótico de una vida pasada que nos estuviera contando el guía de un museo, o Bender en Futurama.

Mientras yo me hincho de paracetamol o ácidos de apellidos muy largos, ella se ponía una cataplasma de aceite de ricino, o del ungüento que fuera, y solucionado. Para los nervios tila, o valeriana, pero no ansiolíticos, diazepam, Valium, lobotomías. En vez de fluoxetina, Prozac, Xanax... paseos por el monte y siestas del borrego.

Y sólo nos separa la generación de mi padre/su hijo.

Con 90 años lavaba a mano y se asustaba al viajar en coche, y yo apenas llego al final de las jornadas aunque viajo a lomos de caballos de vapor, ADSL, y suplementos químicos.

Tengo 37 y años y confieso que estoy hecho una piltrafa, física y espiritualmente. Desecho de tienta. Me siento vapuleado como un luchador de wrestling que se enfrentara en el ring a la mismísima Vida, por hacerse con el cinturón de vencedor. La Vida me está pegando un palizón de muerte y yo, maltrecho, miro a todos lados buscando desesperadamente a mi relevo en la lucha, pero no lo hay. Y mira que miro por los seis lados del cuadrilátero (los 4 laterales cordados; el suelo, por si hubiera una trampilla por la que escapar; y al cielo por si alguien escuchara), pero al único luchador que diviso esperando su turno es El Enterrador.