jueves, junio 25, 2009

Muerte laboral

Poco después de mi sepelio profesional, con el cuerpo aún caliente de trabajo, recibo a modo de responso mi vida laboral, que el ministerio competente tiene a bien remitirme por correo (postal).

Abro y leo, atónito, “días cotizados hasta la fecha: 5.873”.

Teniendo en cuenta que buena parte de mis desempeños laborales se han desarrollado en la alegalidad más absoluta, sin altas ni cotizaciones, y que otra buena parte han sido trabajos a media jornada, cuyas jornadas incompletas no puntúan como unidades en ese cómputo; me veo enfrentado a la mareante cifra de miles de despertares abatidos, venciendo a la acedia tras escuchar el maldito despertador, que no es otra cosa que la banda sonora del fracaso.

Ahora, gracias a la inercia de millares de días de esclavitud, no me hace falta escuchar ese electrodoméstico infernal para despertar temprano. Aproximadamente a la hora estipulada durante lustros, se levantan las persianas de mi espíritu sin necesidad de sentir los graznidos abominables de ese enemigo emboscado en la mesita de noche.

Y este Sísifo cañí se pregunta dolido: ¿quién me devuelve a mí esos 5.873 despertares? ¿Quién? Y sobre todo ¿para qué?

3 comentarios:

malaputa dijo...

¡¿Muerte laboral?!. Deja de pensar en el pasado y piensa que ahora comienza la vida!

vainilla dijo...

¿para cobrar el paro?

Mr.Celofan dijo...

Patilla azul o pastilla roja ?