martes, agosto 04, 2009

Abluciones

[RAE: ablución. 1. lavatorio ( acción de lavar). 2. Acción de purificarse por medio del agua, según ritos de algunas religiones].


Ahora, en plena chochez, le acabo de coger el gusto a eso de ir a la playa. Precisamente ahora, que no estoy para exhibiciones carnales, me ha dado por acudir, en cuanto tengo un rato, a remojarme como Fraga en Palomares.

Y todo porque un día, incidentalmente, me senté en una silla de playa y descubrí un nuevo mundo de placeres. Así que ahora acudo a la llamada del salitre cargado como un elefante maderero: toallas, sillas, nevera, cremas… Y de momento me resisto a la sombrilla, que todo llegará… Cómo será, que ya estoy tramando cambiar la silla por una tumbona.

Esto no es más que otra evidencia de que he pasado a la vida contemplativa. En lugar de llevar una colchoneta o una tabla de surf, para actuar sobre las olas, ahora me llevo elementos de confort para observar cómodamente a los que actúan.

Dado que soy un depredador de realidades (vamos, lo que toda la vida se ha llamado un cotilla), me aposto en mi atalaya portátil y, escudado tras las gafas de sol, escaneo el perímetro; para luego ponerle la cabeza como un bombo a mi pareja con mis elucubraciones y paparruchas derivadas de lo observado. En un grimoso alarde de autocomplacencia, le he llegado a afirmar que tras observar apenas unos minutos las evoluciones de las criaturas veraniegas en derredor, podría deducir cómo continúan sus jornadas desde que los perdemos de vista, equivocándome por muy poco. Ni las parabólicas que usa el SETI para encontrar vida extraterrestre podrían captar tal gama de matices en una simple bronca maternofilial o en el modo chulesco con que enciende su cigarrillo un Pepito Piscinas trasnochado.

Pero, dejándome de tonterías, sí que he empleado esas horas de guardia entrometida para entender y apreciar un bonito fenómeno: a las mujeres da gusto verlas así, en la orilla de una playa. No sólo porque vayan semidesnudas y bronceadas, sino porque van con la cara lavada por el mar y sin artificio ni engaños. Purificadas por el agua salada.

Porque qué son, sino engaños, los tacones (para falsear la altura y el contorno de la pierna), las medias (oscurecer el color de piel y, algunas, remodelar la forma), el maquillaje (enlucir y pintar), la peluquería (tintes y lacas, permanentes, alisados japoneses, extensiones y horquillas), los perfumes (encubridores de los efluvios biológicos), las fajas y wonderbrás, los esmaltes de uñas y las postizas, y toda esa gama de complementos que conforman el imaginario Cosmopolitan, puro falseamiento y disfraz de la naturaleza femenina que se muestra en todo su esplendor al borde del mar. Sin engañifas.

3 comentarios:

vainilla dijo...

Hazte con una sombrilla y los filetes empanados y acabarás escribiendo una tesis. Por cierto, teneis la cama hecha...así vamos a la playa

Mr.Celofan dijo...

Amén.

Aunque también las habrás visto pintarrajeadas y perfumadas bajo un sol de justicia.

Me gustaría saber cuando se lavan la cara esas mujeres.

¿ Alguna teoría ?

Cripema dijo...

Si encuentras "la hamaca" me lo dices...Creo que no existe ese perfecto equilibrio en cuanto a portabilidad y confortabilidad en el mundo de las hamacas. No se como puedes prescindir de sombrilla!! llevaras gorra al menos??