martes, agosto 11, 2009

No te pintes tanto, que me das espanto

Nuestro querido Mr. Celofán lanzaba el guante en su comentario, de si tenemos alguna teoría sobre el porqué algunas mujeres acuden a la playa pintarrajeadas y emperifolladas como si tuvieran una cita con el mismísimo Neptuno.

Y esto me ha recordado a la mujer de un antiguo jefe mío, que un día se pasó por el trabajo a recoger no sé qué, y no se dignó a entrar porque venía de la playa y, según su consideración, iba “hecha unos zorros”. Conociendo lo pija que era, me asomé a la ventana y comprobé lo que me imaginaba: que lo que ella estimaba impresentable, a mí me pareció arreglada para un cóctel. Nada de chancletas y camiseta raída. Pareo y complementos conjuntados, dignos de Stacy Malibú.

Y para estos comportamientos excéntricos sí hay una explicación, que no una teoría, pues se trata más bien de la observación empírica de una perversión evolutiva del desarrollo antropológico de nuestra sociedad. Y es que parte del boato femenino más que artificios de belleza, lo son del estatus. Del poderío económico. Es decir, invierten una considerable carga de trabajo en demostrar (o sólo aparentar, según los casos) que no se trabaja. Que no se necesita trabajar para vivir.

Antiguamente, en los tiempos de María Antonieta (por poner un ejemplo de antepasada y promotora de estas actitudes), los nobles demostraban que eran ricos y que no necesitaban dar un palo al agua, exteriorizándolo con ornamentos aparatosos, que no dejaran ninguna duda de que de aquellas guisas no se podía efectuar esfuerzo alguno. Cuidadas pelucas, zapatones ortopédicos, fajas y refajos, capas y colas, caras empolvadas, perfumes, etc… lo que exhibían realmente era un poder económico que eximía a sus portadores de cualquier tarea física. Y todo este ornato era unisex. Ellos también se enmascaraban enarbolando la bandera de la molicie y el dolce far niente.

Con el advenimiento del capitalismo y el auge de la burguesía, los advenedizos tratan de imitar el modelo aristocrático, pero como ellos (los machos burgueses) sí tienen que currar, aunque sea dirigiendo su empresa o terratenienteando el latifundio, pues desplazan toda esa ostentación sobre sus mujeres, redoblando el esfuerzo plástico. Mientras ellos se visten más "ponibles" para desenvolverse en el mundo empresarial, ellas no sólo no tienen que trabajar sino que además tienen que dejar clarísima constancia de que no lo hacen (ya se sabe que la mujer del César…), porque ahora toda la responsabilidad de la apariencia recae sobre ellas. Así que el mensaje estético femenino se radicaliza llegando al estrambote.

Y qué forma más evidente de demostrar, sin que quepa duda alguna, que una no va a labrar los viñedos, ni al muelle a descargar té, que emponzoñándola con adminículos, apósitos y tramoyas que casi la imposibiliten incluso para la vida contemplativa.

Los mandarines se dejaban las uñas tan largas que casi les inutilizaban las manos, sólo por dejar constancia de que no realizaban trabajo manual alguno para ganarse el sustento. Y uno de mis hermanos, que ha viajado a China seis veces, me contaba que ahora lo que hacen los nuevos mandarines de esa ávida burguesía china es, por ejemplo, ir a pasear o comprar en pijama (no en chándal raro o equívoco, sino en pijama puro y duro y evidente), para dejar patente que en horas laborables (y ya se sabe lo laboriosa que es esta gente menuda), tú te puedes permitir estar en pijama como un Hugh Heffner amarillento.

Así pues, lo que cometen esas mujeres que van incluso a la playa con todo el despliegue cosmético, no es más que una reivindicación de su pertenencia (real o no) a la burguesía. Lo que convierte su gesto en más patético, si cabe.

3 comentarios:

Cripema dijo...

Esa que iba a la playa emperifollada, ahora se pasa las tardes viendo telecinco (con lo que eso conlleva..) y en trapillo.. Será que ahora ya trabaja y ya no tiene tiempo ni ganas para estupideces..
Micro, explicame ahora porqué las italianas son las que más arregladas y maquilladas van a la playa (alguna conexion con su influencia por cercania del vaticano, tal vez?? seguro que lo sabes...cuentamelo que me ha quedado la duda)
Por cierto, es malisimo ir maquillada a la playa..se estropea muchiisimo la piel.

vainilla dijo...

Pues a mí lo andar todo el dia en pijama me huele más a Gran Hermano que burguesia y lo del maquillaje y el sol puede dar como resultado una preciosa urticaria que a ver quien es el guapo que se acerca luego a la moza...

Mr.Celofan dijo...

Gran teoría y muy coherente, como siempre.

Yo me atrevería a añadir una variante al grupo de mujeres que van pintarrajeadas a la playa;

La típica chalada de turno.

Algo así como una Bette Davis en ¿ Qué fue de Baby Jane ?