sábado, agosto 01, 2009

Sal gorda

Hay una cosa que llama mi atención. Cuando lees o escuchas alguna entrevista a modelos, misses y demás coristas, guapas oficiales y divinas del coño, al llegar a la pregunta que no puede faltar en esos interrogatorios sobre “cómo te gustan los hombres”, no suele fallar que tras la descripción física (según el gusto), todas insisten en que les gustan los hombres con sentido del humor o que “me hagan reír”.

¿Qué pasa, que las mujeres [guapas que se prestan a interviús; odio las generalizaciones injustas] no tienen sentido del humor y necesitan un bufón que las haga reír?

¿Por qué no se compran un tití, que hace mucha gracia, sobre todo si lo vistes con un tutú de bailarina, y después de las carcajadas no hay que soportarle los partidos de liga, ni andar bajando la tapa del váter porque seguramente mee en un periódico viejo?

O mejor y más barato, ¿por qué coño no se compran un libro de chistes, o una cinta de Eugenio en la gasolinera, y acaban antes? O se suscriben a los canales de televisión terrestre especializados en comedia, o se hacen un pajote, o yo qué sé… Pero resulta sospechosa esa pasividad de princesita de la belleza, que está acostumbrada a que todo su entorno pierda el culo en hacerla feliz y que espera, tras el polvazo (porque en público no refieren nada sobre los atributos sexuales esperables de su bufón, pero seguro que sueñan con gruesos rosbifs), poder ordenar cómodamente: “Y ahora entretenme, payaso”.

Y digo que llama mi atención pero no me sorprende, porque si uno se fija en ese espejo público que pretende ser la televisión, y más concretamente en sus series de humor (ya que hablamos del reír), los protagonistas masculinos pueden ser adefesios degenerados, siempre que resulten graciosos, mientras sus parejas femeninas deben cumplir con el canon de belleza impuesto en, y por, Occidente.

Si el protagonista es un juez negro de Bel-air enredado por un sobrino díscolo llegado de Filadelfia, da igual que sea una montaña de carne oscura, mientras la montaña sea graciosa. Pero su mujer, Vivian, y sus hijas, tienen que estar bien buenas. O si también eres negro, pero en vez de juez te has quedado unos escalafones por debajo en el poder judicial, y eres un policía de Chicago apellidado Winslow, y en vez de un sobrino lo que tienes es un vecino tocapelotas, qué más da que también seas feo, calvo y adiposo; mientras que tu esposa, cuyo nombre recuerda a un caza de despegue vertical, y el resto de hembras del espacio estén de buen ver (al menos para los cánones afroamericanos), si tú eres un crack del humor, todo va bien. Y el gurrumino rapero y el vecinito gafotas son dos claras muestras más de esto que refiero.

Y si eres un Matrimonio con hijos, si te llamas Al Bundy puedes ser todo lo desagradable que quieras física y moralmente, pero si te llamas Peggy no (y esto es extensible también a sus dos vástagos). Y Si te llamas Earl, tú y tu hermano retrasado podéis ser dos monstruitos en busca de líos, pero tu ex mujer y tu amiga latina tienen que estar cañón.

Y en los dibujos animados pasa igual: puedes ser tan poco agraciado física e intelectualmente como Homer Simpson o Peter Griffin, mientras hagas reír a unas estilizadas Marge y Lois. O puedes ser un pizzero tarado pelirrojo que ha viajado al futuro, o un robot broncas, o un viejo, o un crustáceo, pero las féminas -aunque sean amarillas, jamaicanas o tengan un solo ojo- tienen que estar en forma y tener morbo.

Es decir, lo de dar bien en pantalla parece ser cosa exclusiva de ellas.

Si me paro a pensar, ya desde los tiempos de Benny Hill, quien cumplía el canon él y toda su caterva rodeados de bomboncitos ligeros de ropa, la única gorda que ha triunfado en televisión ha sido Roseanne Barr en su serie homónima, y precisamente, y fue un secreto a voces, porque los productores supieron ver un nicho de espectadoras en los millones de obesas mórbidas que habitan la norteamérica real, que se identificaban con su heroína hidropésica.

2 comentarios:

Toro Mariposa dijo...

Jaja, cuánta razón tienes!

Sin embargo, yo esta vez voy a hacer de abogada del diablo (o de las diablesas)....y te diré que en mi caso valoro positivamente que sean capaces de hacerme reir porque eso me dará una pequeña esperanza de que exista algo de inteligencia...¿qué te parece?

Micropene dijo...

Bien.