jueves, octubre 29, 2009

Mamá, quiero ser artista

Dado que hoy me he levantado con la autoestima en unos niveles desacostumbradamente aceptables, he desayunado ego frito y ahora no me duelen prendas (bueno sí, la goma de los calcetines me aprieta un poco) en soñar que algún día acabaré convirtiéndome en un escritor superventas. El nuevo Larsson (por cierto, si algún lector de best sellers es tan amable de aclararme el siguiente misterio: ¿cómo es posible que se haya colado en la lista de más vendidos un título de otra escritora apellidada Larsson, que no tiene nada que ver -aparte del apellido- con el que firma la saga Millenium? ¿Acaso el saber que éste murió prematuramente sin dejar más obra conclusa ha empujado a sus desesperados fans a consumir los libros de su “prima”, o es que la gente compra este tipo de libros al tuntún, y no se dan ni cuenta que se han equivocado de Larsson? “Oye, que el libro de Larsson muy bien y tal, pero no sale ninguna chica que sueña con gasolina”).

Este arranque de autosuficiencia wagneriana me viene propulsado porque hace poco terminé mi segundo libro, y ahora estoy inmerso ya en la redacción del tercero. Me gustaría poder decir que me hallo en una etapa fructífera, pero más bien se trata de que los cago como churros.

Dicho lo cual, el experimento de hoy es el siguiente: dado que la gente gusta mucho de decir: “¿Estopa? Si a esos los vi yo actuar cuando eran unos pipiolos que no los conocía ni Dios…”; o: “¿Amenábar? A ese le dejé yo el tomavistas para que rodara sus primeras chorradas, que no tenía ni puta idea de cine ni nada, y yo le tenía que explicar lo que era un contrapicado…”. Pues para que vosotros, los pocos elegidos que aún os dignáis a leer este bodrio, podáis decir orgullosos de este inminente nuevo Dan Brown: “¿Micropene? Pero si a ese desgraciado ya lo leía yo cuando no lo conocía ni su puta madre, que no escribía más que gilipolleces en el blog…” (valeee, tampoco os cebéis); voy a legaros a continuación un microrrelato (jijiji, microrrelato de Micropene en un microchip), para que os lo imprimáis y si algún día me hago famoso, podéis vendérselo a cualquier publicación seria (el Pronto, Burda, La Farola,…) como un inédito, como una obrita corta inencontrable y de incalculable valor literario. Inencontrable porque tan pronto me saquen en la portada del Babelia lo daremos de baja aquí en la red, y pasará a convertirse en pura memorabilia; y de incalculable valor porque lo digo yo.

Aquí va, se titula HOSTIA y cualquier parecido con eventos recientes reales es pura coincidencia:

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Durante las exequias, el sacerdote no pudo evitar fijarse que la familia del difunto no secundaba la liturgia del rito cristiano. No coreaban los himnos, siquiera murmullando entre dientes compungidos, y ninguno se acercó a comulgar. Sin embargo allí estaban, en templo ajeno celebrando respetuosamente las honras fúnebres por su difunto marido y padre.

Una vez finalizada la misa, ya colgado el hábito y vestido de paisano, decidió colocarse al final de la cola de villanos que desfilaba ante la familia repitiendo la letanía del pésame. Llegado su turno, fingió acompañar en el sentimiento a toda la familia y se detuvo ante uno de los hijos, aquel que durante la ceremonia le pareció desde el altar que se mostraba más incómodo, y quien incluso le había dirigido miradas de patente hostilidad en algunos pasajes concretos.

Lo recibió con un nuevo pugilato de miradas, pero el sacerdote no se arredró y decidió seguir adelante con su intención de dirigirle unas palabras. No en vano había aprendido a superar dificultades en aquel pueblo, Villapenosa. En una aldea tan cerril había logrado hacerse respetar por los beatos, a pesar de su raza. Acabó haciéndoles entender que no era la oveja negra, sino su pastor.

Tras el frío apretón de manos y la consabida fórmula compasiva, le dijo con un cerrado acento de regustos coloniales:

- He observado que la familia no seguía las oraciones.

- Estamos aquí únicamente por no contravenir las creencias ultramundanas del difunto.

- Sé que resulta duro entenderlo, pero…

- Escúchame bien, curita. Hemos tenido mucho, pero que muchísimo tiempo para entenderlo todo perfectamente. Y si de verdad crees que, tras seis largos años viendo a nuestro padre, tan creyente él, padecer los insufribles designios de tu dios compasivo, vas poder engatusarnos con unos minutos de cháchara huera, es que sobreestimas demasiado el poder de la palabra de tu dios, o tus artes para difundirla.

Por Micropene Larsson (a ver si así suena la flauta)

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Hala, dadle al print, y así en la próxima feria del libro, cuando vengáis a mi caseta a que os firme mis superventas, los que presenten este texto impreso estarán invitados a una comilona y posterior tertulia en el café Pombo, o cualquier otro bar de artistas.

Y mejor lo dejo aquí, que ya noto cómo se me va desinflando el globo del autoengaño, y como me dé por leer lo que he ido pulsando por ahí arriba...

4 comentarios:

Gilito dijo...

Me alegro de que tu depósito de autoestima marque una rayita por encima de la reserva por una vez el la vida !!! Seguramente ya sabes que eres el motor de las sonrisas de muchos amigos que te quieren y te admiran.

El relato, como siempre, impecable y agridulce.

Cripema dijo...

Villapenosa....Pueblo profundo, tradicional y a veces hasta cruel.
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
He visto Millenium esta tarde.. uf.

vainilla dijo...

Hay cosas que no puedo decirte aqui, Ya hablaremos

Dr. Deferiensia dijo...

El relato está bien!