viernes, noviembre 27, 2009

Desinfórmame

Me comentaba hace tiempo mi muy querido primo Jesús (una de las personas más inteligentes que conozco, con quien resulta un adictivo placer conversar) que vivimos inmersos en la sociedad de la sobreinformación: al público se le satura de datos y no se le da (o él no se permite) tregua para reflexionar sobre lo que acaba de escuchar, ver o leer. Después de las atrocidades del noticiario, se le pasan los deportes, luego la actualidad rosa, o una telenovela, luego la película, el concurso, el late-show y así hasta la desconexión.

Mi problema es justo el contrario: puedo estar dándole vueltas durante horas a cualquier gilipollez vista u oída en algún desinformativo. Por eso prefiero no frecuentarlos, porque luego le pongo la cabeza como un moái a mi pareja: “¿Has oído eso? Pero, ¿cómo es posible, bla, bla, bla…?”, y así le puedo dar cincuenta vueltas al asunto hasta que lo dejo por imposible.

Anoche, mientras trataba de no prestar demasiada atención al busto parlanchín que contaba la versión de la actualidad interesada para su lobby de ventrílocuos, no pude evitar que me alcanzara las entendederas el siguiente sinsentido: por lo visto tras la celebración de la cena de acción de gracias, a la mañana siguiente (o sea hoy) empiezan en todos los Estados Unidos de América unas rebajas muy esperadas; pero este año las autoridades tratarán de evitar estampidas como la que le costó la vida a una persona el pasado año.

Muerte por rebajas. Bonito leitmotiv para llevarse a la cama, tras atascarse la velada en el sentido común.

1 comentario:

Dr. Deferiensia dijo...

La semana negra, creo que le llaman.

Me ha gustado lo del busto parlante. A veces me los imagino como muñecos del Jose Luis Moreno.