jueves, diciembre 17, 2009

Mi caaaasa, teléeeeefono

Desde siempre he sufrido una paralizante sensación de diferencia respecto a mis semejantes. Yo no sufro alienación, lo mío es una alien-nación, como la película aquella (¿o era una serie?). Tengo la sensación de haber caído en el planeta equivocado, o al menos de haberme teletransportado a la especie errónea.

Esta putada con forma de sentimiento se agrava con el solsticio hiemal. ¿Qué les pasa a mis congéneres? ¿Para qué se afanan tanto? De los cristianos doy por sentado que se habrán leído alguna vez ese libro que rige sus vidas (y las del resto, por muy aconfesional que se precie una sociedad; sólo hay que ver el calendario laboral). En el Eclesiastés ya lo explica todo el Rey Salomón (o su negro) . Que bien se puede resumir en ese eslogan tan fardón para un espot de sombrillas: Nihil sub sole novum = nada nuevo bajo el sol.

Ver, leer o escuchar un noticiario, con tanta majadería entre horror y horror; aguantar apenas unos segundos de esas series que pirran a millones de compatriotas, o esos concursos inefables; observar estupefacto los anuncios de politonos, perfumes, telefonías, bebidas isotónicas, derbis futboleros, y básicamente todos los bienes y servicios publicitados (al parecer no soy target de ninguna campaña, pues, lejos de incitarme al consumo, me producen una tristeza insondable); la inevitable toma de contacto en lugares públicos con otros seres pluricelulares y soportar estoicamente sus comportamientos aberrantes; las modas para vertebrados superiores; la nueva gastronomía para mamíferos; el arte para bípedos desagradecidos; la ignominia.

Por algún pálpito ignoto, últimamente me he estado interesando por algo a lo que nunca había prestado mucha atención: la astronomía. Y eso que mi abuelo, que era marino, dedicó infructuosamente varias noches campestres a intentar mostrarme las distintas constelaciones.

Pero, no hace mucho, mi querido amigo Óscar me hizo llegar un link a una web de astronomía para principiantes que resulta muy útil. La estoy estudiando atentamente para saber hacia dónde debo ir dirigiendo mis señales de solicitud de rescate, que envío al espacio exterior mediante un emisor casero que me he montado con unos canutos vacíos de Pringles y una palangana agujereada.

Hace un par de noches me desperté alertado por el jaleo de la jauría, y al escuchar un extraño ulular sobre mi ventana, creí esperanzado que ya estaban aquí, que por fin habían escuchado mi S.O.S. Y ya me dirigía ilusionado a por mi petate de emergencia cuando descubrí que se trataba de una simple lechuza.

Aquí tierra a Micropénida, aquí tierra a Micropénida, ¿me reciben?...

jueves, diciembre 10, 2009

7 metros

Nuestro queridísimo amigo Óscar (a.k.a. El Ángel Ario, nuestro enviado especial al sentido común), anda ahora mismo aportando su humilde granito de arena a www.sevenmeters.net

Esta web es obra de un colectivo artístico danés que, como ya hicieran en los pasados juegos olímpicos de Pekín contra la falta de libertades en China, realiza distintas actividades (todas ellas pacíficas y artísticas) para atraer la atención de la opinión pública sobre los problemas que nos acucian. En esta ocasión, aprovecharán la cumbre climática de Copenague, para alertar de las inminentes consecuencias del cambio climático. De hecho, el nombre de esta acción (7 metros) hace referencia a la altura que ganará el nivel del mar, una vez que hayamos terminado de derretir en el microondas Groenlandia.

Los no angloparlantes pueden buscar en alguna pestaña las excelentes traduciones de los textos al castellano que ha realizado nuestro amigo.

miércoles, diciembre 02, 2009

Cancerbero

Ya he comentado aquí que vivo perdido en el monte, más o menos por donde Cristo dio las tres voces. El otro día escuché desde el interior de la casa disparos demasiado cercanos. Mi pareja llamó a la nemetérica y le informaron que disparar aquí es perfectamente legal porque nuestra casa, como algunas otras, está construida en medio de un coto público de caza (?!).

Intranquiliza bastante saber que silban perdigones cortando el mismo aire que respiras. Y más teniendo animales despendolados por la parcela.

Así que, como quiera que hace unas semanas leí en la panadería (única actividad comercial del pueblo) un edicto informando de la obligatoriedad de inscribir a los animales de compañía en un censo municipal, decidimos cumplirlo por si sufríamos algún accidente cinegético poder tenerlo todo en regla para poder demandar a quien corresponda.

En un principio parecía todo muy fácil: rellenar una solicitud por cada animal, acompañada de fotocopia de la cartilla sanitaria en regla, con su microchip, vacunas y toda la mandanga. Y así se hizo, pero mira tú por donde, nuestro último rescate, Katy, resulta que por el tamaño de su raza (Mastín español, considerado perro gigante; de hecho tiene apenas 5 meses y ya es una mostrenca) se considera por su corpulencia y potencia de mandíbula como raza potencialmente peligrosa.

Y bien, entonces ¿qué? Pues nada, que estos son los requisitos para inscribir a tu perra como potencialmente peligrosa:

- Presentar un certificado de antecedentes penales.

- Hacer una declaración jurada ante el secretario del ayuntamiento de que no se ha tenido anteriormente problemas con tus animales de compañía, ni tienes causas pendientes al respecto.

- Hacerte un test psicotécnico que acredite que estás capacitado para tener esta clase de animales.

- Contratar un seguro de responsabilidad civil para el animal por una cobertura mínima de 120.000 euros.

- Presentar un croquis detallando las características de la finca donde estará confinado el animal, e informando si tiene posibilidad de acceder o escapar para entrar en contacto con fincas colindantes o la vía pública.

Y tres o cuatro exigencias más, que no resultan tan llamativas como las anteriores pero que te hacen pensar si realmente estás inscribiendo en un censo a una perrita cariñosa o es que vas a hospedar en tu parcela al mismísimo Hannibal Lecter.

Mira que uno se ha reformado y trata de hacer las cosas bien, por lo legal y tal, pero es que al final te quitan las ganas con tanta tontería.

Cuánto daño han hecho los noticiarios de verano con sus campañas de perros asesinos. Porque yo puedo entender que hay mucho flipado con razas peleonas que, intencionadamente adiestradas para el mal, pueden resultar muy peligrosas; pero es que las leyes simplifican los casos y excepciones recurriendo siempre al mínimo común denominador, arrasando por lo bajo y haciendo que paguen de antemano justos por pecadores.

Pues esta vez va a ser que no...