lunes, noviembre 30, 2009

Correos y telégrafos

El viernes fui a la oficina de Correos y, en apenas unos minutos, presencié dos tensos enfrentamientos interpersonales. Vale que yo me lo busco un poco, porque me ha dado por ir a una oficina en la que confluye un vecindario bastante conflictivo, simplemente porque se puede aparcar relativamente cerca.

Creo que no hace falta desplegar un gran dominio de la ingeniería social para incorporarse a una cola: uno llega y, si la gente está colocada físicamente en fila india, pues se coloca mansamente el último, y punto. Si las características arquitectónicas de la sala de espera no facilitan la fila y la gente está dispersa, pues preguntas quién es el/la último/a y le pides la vez. Sencillo, ¿no? Pues no, allí no. Allí se montan unas turbamultas impacientes desde primera hora (esa es otra de las desventajas, que, vayas cuando vayas, siempre hay mucha gente, y muy hostil; por lo que no me explico muy bien mi preferencia por esa oficina).

El primer combate se celebró cuando un señor mayor, en madrugador estado de borrachez, llegó y, sin hacer cola, se dirigió directamente hacia la ventanilla ignorando a la concurrencia. Le afearon la conducta haciéndole ver que tenía que hacer cola como todos, y su argumento ad hóminem fue: “Me suda los cojones”. Así las cosas, un muchacho abandonó la fila para encararlo, lo zarandeó, lo abroncó en horrísonos neologismos y mucha germanía, le arrebató de la mano el D.N.I. y se lo arrojó a la calle, y después lo lanzó a él como un pelele. Me impactó la metáfora: primero arrojar la identidad y después su encarnación. Y tras el tifón, el silencio; nadie comentó nada, cada cual se volvió a reconcentrar en su cascarón para poder recapitular mentalmente sus intendencias y miserias, y aquí paz y después gloria. Bueno, más bien guerra y después ruina, pero en fin.

El siguiente combate fue a tres bandas, entre uno de los funcionarios, un jubilado y un muchacho magrebí. Me atrevo a suponer que no habrán podido evitar el prejuicio de asignar a cada personaje su papel en la trama, pero ya les adelanto que se equivocan. La cuestión es que también se enzarzaron, esta vez sin llegar a las manos, en agrias descalificaciones y lugares comunes arrojadizos.

Y yo me preguntaba: ¿qué nos está pasando que ya no somos capaces de compartir media hora de cola sin acabar enzarzados?

El contrapunto fue que la funcionaria que me atendió me proporcionó una de las asistencias burocráticas más satisfactorias que recuerdo. Iba con algunas dudas sobre mis envíos (es que no puedo hacer nada normal, como Diablo manda) y quedaron más que resueltas. Y eso que acabé dejándole un euro a deber.

Ah, y descubrí sorprendido que aún hay gente que envía telegramas…

viernes, noviembre 27, 2009

Desinfórmame

Me comentaba hace tiempo mi muy querido primo Jesús (una de las personas más inteligentes que conozco, con quien resulta un adictivo placer conversar) que vivimos inmersos en la sociedad de la sobreinformación: al público se le satura de datos y no se le da (o él no se permite) tregua para reflexionar sobre lo que acaba de escuchar, ver o leer. Después de las atrocidades del noticiario, se le pasan los deportes, luego la actualidad rosa, o una telenovela, luego la película, el concurso, el late-show y así hasta la desconexión.

Mi problema es justo el contrario: puedo estar dándole vueltas durante horas a cualquier gilipollez vista u oída en algún desinformativo. Por eso prefiero no frecuentarlos, porque luego le pongo la cabeza como un moái a mi pareja: “¿Has oído eso? Pero, ¿cómo es posible, bla, bla, bla…?”, y así le puedo dar cincuenta vueltas al asunto hasta que lo dejo por imposible.

Anoche, mientras trataba de no prestar demasiada atención al busto parlanchín que contaba la versión de la actualidad interesada para su lobby de ventrílocuos, no pude evitar que me alcanzara las entendederas el siguiente sinsentido: por lo visto tras la celebración de la cena de acción de gracias, a la mañana siguiente (o sea hoy) empiezan en todos los Estados Unidos de América unas rebajas muy esperadas; pero este año las autoridades tratarán de evitar estampidas como la que le costó la vida a una persona el pasado año.

Muerte por rebajas. Bonito leitmotiv para llevarse a la cama, tras atascarse la velada en el sentido común.

martes, noviembre 24, 2009

Paseo estático

Este fin de semana me he visto en la obligación de crear una nueva modalidad deportiva: el paseo estático.

A semejanza del spinning, que se ejecuta sobre bicicletas estáticas, el innovador paseo estático, se parece bastante a su predecesor, el paseo clásico o ambulante, sólo que aquél se practica sentado, sin el engorro de tener que desplazar alternativamente las piernas, a poder ser en una terraza al aire libre (porque yo siempre he preferido los deportes outdoor), con una cerveza helada entre las manos, y la proximidad de algún avituallamiento hipercalórico (preferiblemente olivas y patatatíviris).

Como quiera que este invento tuvo lugar como casi todos los descubrimientos científicos, es decir, en defensa propia, mi pareja en un principio se mostró reticente a la práctica de la nueva modalidad, pero pude convencerla pronto de sus bondades y mejoras técnicas. Aunque, aturdida, no tardó en descubrir que el estatismo favorece la proliferación de esas majaderías que, esporádicamente y entre resuellos, le soltaba durante nuestras caducas paseatas itinerantes.

miércoles, noviembre 18, 2009

Camps se pelea con un ciudadano: "No, no, ven y cuéntamelo"

Bulimia intelectual

Escribo esto mientras hago tiempo esperando a mi profesor de alemán. Es un señor mayor, suizo, vecino de la zona, que por un muy módico precio (no es profesional de la enseñanza) se desplaza a domicilios de estas urbanizaciones a enseñar particularmente español a los extranjeros, o cualquiera de las otras seis lenguas que domina a la perfección a los aborígenes.

A mí me ayuda con la lengua de Goethe y Rammstein. Viene un par de veces al mes y me obliga a repasar lo poco que aprendí en su día y me da conversación.

Todo empezó por una más de esas carambolas que conforman mi devenir. Resulta que muy poca gente sabe que probablemente en su nómina le retengan todos los meses un pequeño porcentaje en concepto de “Formación”. Una formación que la empresa se supone que ofrece al trabajador, para reciclar sus conocimientos o incrementarlos, pero no suele ser así.

De algún modo, Cripema y yo descubrimos esto y se lo exigimos a nuestra empresa; y ésta, aunque a regañadientes, no tuvo más remedio que brindarnos un listado de cursos de formación. No me convencía mucho ninguno, pero, con tal de hacer el gasto, encontré uno que podía estar bien: alemán para principiantes.

La verdad es que siempre me ha atraído ese idioma y sigo convencido de que su enrevesamiento propicia unas estructuras de pensamiento insólitas; lo que explicaría el porqué la inmensa mayoría de grandes músicos, filósofos y científicos provengan de esa zona idiomática tan concreta. Ahora, que para hacer chistes parece que no funciona la cosa, porque no se me ocurre así, de pronto, ningún humorista germano insigne.

La cuestión es que me apunté al cursillo y me encantó. Y debido a mi incorregible bulimia intelectual hice lo de siempre cuando me da con ganas por algo: pegarme un atracón desaforado de conocimientos lingüísticos que, así, tan a lo bruto y con un estómago tan pequeño, acabaron sentándome fatal, cortándome la digestión mental, y terminaron todos en el retrete del olvido.

Así pues, tras vivir todo lo largo y ancho del curso, medio obsesionado y bulímico de alemán, llegó la pausa veraniega, y con ella la indigestión del atracón y las arcadas vomipurgantes.

Resultado: que cuando reemprendí las clases con este caballero (fue una enorme suerte encontrarlo, porque al no seguir en mi puesto de trabajo ya no me podía permitir seguir con el curso original pagándolo de mi bolsillo) descubrí que lo había vomitado casi todo durante el estío; salvo, curiosamente, una frase que quizás mi cerebro consideró que convenía conservar por si resultaba útil en un futuro: “Ok, aber morgen zahle ich” (Vale, pero mañana pago yo).

Auf wiedersehen!

lunes, noviembre 16, 2009

Metaresaca

o Jet lag hepático, como prefieras llamarlo. Así me he levantado todavía hoy lunes. La juerga: el sábado. El motivo: celebrar cumpleaños de nuestra queridísima Aprilia. El arma: destilados etílicos varios (bueno tres: cerveza, pacharán y gin-tonic). La causa: maquinaria incompleta.

Y es que se me olvida muy fácilmente que ya no tengo vesícula (ni 20 años) y que en cuanto tonteo un poco me descompongo. Y eso que estuve muy comedido para mis estándares, pero ni por ésas.

Ya se me olvidó aquella conversación con el cirujano tras colecistectomizarme:

- Cirujano: Moderación con la comida y el alcohol ni olerlo. A lo sumo un par de cañas o una copa de vino.

- Micropene: Y si un día...

- C.: No puedes.

- M.: Bueno, digamos que se me olvida que no puedo...

- C.: Pues te dará un cólico.

Y me ha dado. Un cólico alcohólico.

Me vuelvo al baño.

jueves, noviembre 12, 2009

Va a ser eso

Leyendo un libro sobre cómo funciona el cerebro humano, descubro horrorizado que nuestro órgano acorazado dedica una inmensa parte de su funcionamiento a la intendencia interna, en entendérselas con el resto del cuerpo: tú, respira; tú, circula; tú, metaboliza.

Si tengo en cuenta que de la energía sobrante que pone a mi disposición, una vez aclarada la logística endógena, otra inmensa mayoría se me pierde en intendencia externa: vestirme, poner el lavavajillas, ir al cajero automático, lavarme los dientes… ¿qué me queda para trances analíticos y pajas mentales? Pues , un chorrillo exiguo de sinapsis residuales, que apenas dan para rellenar esta cuartilla.

No quiero irme sin enviar sendos mensajes a dos artistas a quienes, por lo visto y oído, sus cerebros sí les permiten disfrutar de suficiente caudal de creatividad, tras el dispendio mental en el mayordomear fisiológico:

Jesús Lara: quien este pasado sábado presentó a lo grande su tercer disco, Serie media. Una delicia de álbum que no me canso de escuchar. Ahora Gilito, apiadándose de mi negligencia operativa (a mí no me culpes, es por el embargo neuronal) se debería enrollar y poner aquí un enlace a la página donde se puede adquirir el disco y conocer más detalles sobre este enorme artista alcoyano. Gracias, compadre. Y muchas gracias, Jesús, por el inmerecido agradecimiento en los créditos (me quedé alucinado al leerme, junto a mis camaradas Cripema y Gilito, en cuyos casos sí está justificada su presencia).

Ángel: aunque con retraso, por fin hoy me ha llegado el enlace a tu página de fotografía. Es ésta: www.fotografiadecallejon.com Me ha encantado tu obra, y ahora ya te puedo seguir la pista. A ver si Gilito se tira el rollo, él que también va sobrado de caudal cognitivo, y te enlaza por aquí de algún modo; que para mí todo eso son hechicerías.

viernes, noviembre 06, 2009

Això ho pague jo !!! PoT de PLoM TV


Fuente: PoT de PLoM Tv

Murphy & Company

Mi querido amigo Pobre Diablo me regaló hace tiempo un calendario tematizado de la Ley de Murphy. Fue un regalo muy acertado para un penas como yo y, aunque hace ya tiempo que el almanaque quedó caduco, lo mantengo por encima del escritorio para usar como taco de notas. Así que cada vez que voy a apuntar un teléfono o una receta me encuentro con alguna de esas divertidas leyes catastrofistas (hay una coronando cada día del año).

Antes de apuntar aquí algunas de las que me parecen más graciosas (o veraces), recordemos la Ley del ínclito Murphy: Si algo puede ir mal, irá mal.

Y este es el Comentario de Nagler sobre la Ley de Murphy: La ley de Murphy no fue postulada por Murphy, sino por alguien del mismo nombre.

Teorema de Ginsberg: 1.- No se puede ganar. 2.- No se puede empatar. 3.- Ni siquiera se puede dejar el juego.

Observación de Etorre: La otra cola es más rápida.

Ley de Osborn: Las variables no varían, pero las constantes, sí.

Ley de Sandiland: El tiempo libre imprevisto se malgastara inevitablemente.

Ley de O’Brien: Nunca se hace nada por los motivos adecuados.

Ley de Young: Todos los grandes descubrimientos se hacen por error.
Y su Corolario: Cuanto mayor es la subvención, más tiempo se tarda en cometer el error.

Ley de Fett del laboratorio: No repitas nunca un experimento que haya salido bien.

Ley de la fiabilidad: Errar es humano, pero para confundirlo todo se necesita un ordenador.

Ley de vida: En cuanto te pongas a hacer lo que siempre has querido, te apetecerá hacer otra cosa.

Sermón de Hampton: El problema de hacer algo bien a la primera es que nadie se dará cuenta de lo difícil que era.

Axioma de Ameringer: La política es el arte sutil de obtener votos de los pobres y recaudar fondos de los ricos para la campaña electoral, con la promesa de proteger a cada uno de ellos de las presiones de los otros.

Ley de Evan: Una vez que renuncias a la integridad, el resto es fácil.

Apéndice de Einstein a la ley de Parkinson: Un proyecto de trabajo se expande hasta llenar todo el espacio disponible.

Ley de Gannon de la relatividad: Los nietos crecen más rápido que los hijos.

Ley de Capp: Lo máximo que puedes hacer para recuperar la juventud es repetir las locuras.

Ley de Strano: Cuando falle todo lo demás, prueba con la sugerencia del jefe.

Axioma de Wingfield: La precisión es la suma total de tus errores compensatorios.

Regla de Brown: Una de las claves de la felicidad es la mala memoria.

Cometario de Bette Davis acerca de la edad: La tercera edad no es para maricas.

Ley de Connor: Sólo hay una primera vez.

Principio de Porter: Si un trabajo no sale mal, entonces: 1.- habrá que deshacerlo; 2.- habrá que rehacerlo; ó 3.- no era el trabajo que había que hacer.

Ley de Gluck: Mires hacia donde mires al entrar en un ascensor, los botones siempre estarán a tu espalda.

Segunda Ley de Connor: Si algo es confidencial, alguien se lo dejará en la fotocopiadora.

Ley de Kranske: Guárdate del día en que no tengas nada que lamentar.

Observación de Hayden: El trabajo duro compensa a largo plazo; la pereza compensa ahora.

Manual de arte de Schmidt: La escultura es aquello con que tropiezas cuando te vuelves para mirar un cuadro. [Ésta me hace especial gracia porque me pasó exactamente eso esta misma semana en una exposición].

Ley de Cameron: Si no haces nada, no te puedes equivocar.

Ley de la herencia de Erma Bombeck: La locura es hereditaria; se hereda de los hijos.

Ley de Sloan: Los cambios de los nuevos modelos deben ser suficientemente atractivos como para producir descontento con los modelos pasados.

Regla de Robbins: Una de las razones por las que los ordenadores realizan más tareas que los humanos es que no paran para contestar al teléfono.

Regla de Burke: La edad es algo que no importa, salvo si eres un queso.

Y lo dejo aquí, que ya vale, aunque quedan cientos más. Si acaso más adelante ya pongo alguna otra. Y, por cierto, ya que he fusilado todo esto por la cara, qué menos que citar la fuente: Granica. Su web es www.granica.es aunque ya digo que esto tiene un lustro de antigüedad, así que lo mismo ni existen ya, porque desconozco la incidencia de la crisis económica en el sector editorial de los calendarios tematizados.