miércoles, enero 20, 2010

Diario de los cuescos

Vale, puedo entender que la realidad cada vez pone el listón más alto a los que se ganan la vida con la ficción. Sólo hay que dejarse horrorizar por las noticias (especialmente estos días) para alcanzar que el demiurgo puede llegar a ser un guionista de lo más retorcido.

La realidad siempre superará a la ficción, más que nada por ésta no es más que un destilado de aquélla. Nuestras fantasías, por muy imaginativas que las creamos, no son más que la recombinación y superlación de elementos previamente informados a nuestro cerebro. No se puede imaginar nada que no sea una suma, más o menos ingeniosa, de información ya percibida. Somos como ordenadores, procesamos y barajamos datos (inputs), exacerbando tal o cual aspecto del cuadro, lo que resulta en creaciones de mucha fantasía y colorido, pero que nunca dejarán de ser pastiches compuestos con los elementos que previamente hemos introducido en nuestra mente a través de nuestros sentidos.

Pensad en la cosa más imaginativa o fantasiosa que se os ocurra y, a nada que lo analicéis un poquito, encontraréis enseguida la traza de sus materias primas. Sin ir más lejos, últimamente no dejan de asediar mis oídos alabanzas sobre la desbordante imaginación desplegada en la película Avatar. Ejem, ejem… No hay nada en todo el diseño de esa película, desde las inefables criaturas (de vergüenza ajena) hasta su lengua (de vergüenza propia), que no apeste a refrito de refrito de congelado. Quizás su máxima originalidad sea el tener como protagonista a un héroe discapacitado (y me juego lo que sea a que, si escarbo un poco en la red, cosa que no voy a hacer porque no me apetece, encontraría precedentes a porrillo. Así, a bote pronto, no recuerdo ninguno, pero eso no garantiza nada, porque mi cultura cinéfila es tan cortita como la otra, la general).

Pero no estoy aquí para despotricar de panteras azules que chamullan raro, sino de otra película que tuve la mala ocurrencia de visionar ayer. Se trata de la última vuelta de tuerca al tema zombi, dada por su creador original. Me quedé tan patidifuso cuando llegaron los créditos finales que no tengo más remedio que enviarle la siguiente carta abierta al responsable de semejante dislate:

Muy apreciado Sr. Romero,

si bien es cierto que tal vez nunca ponderaremos suficientemente su impagable aportación al cine de terror con la creación de la criatura zombi tal cual la conocemos a día de hoy (lo que nos devuelve a lo que comentaba arriba sobre la originalidad: ya existía un film titulado Yo caminé con un zombi; basada a su vez en la leyenda de los zombis… pero mejor dejémoslo estar, porque hablar en estos momentos de muertos vivientes y su origen en el folclore de cierta isla caribeña asolada en estos momentos por la desgracia más dolorosa, sería de muy mal gusto). Vd. nos legó el arquetipo zombi, y lo mantuvo durante la mítica trilogía que lo aupó al santoral de todo buen aficionado al género.

Pero debo reprocharle que, no hace mucho tiempo, ya tuve la desgracia de picar en una revisitación suya al tema de los vivibundos (en aquella ocasión era El día de los cuescos), y ya me pareció una puta tomadura de pelo; pero se la perdoné porque a los grandes siempre se les perdona un desliz, aunque sea de tan insultantes proporciones.

Pero, ay, George, lo que vi ayer no te lo perdonaría ni el dios de la serie Z hasta las patas de X. ¿Qué te ha pasado, hijo mío? ¿Qué ocurre detrás de esas gafotas? ¿A qué viene tanto disparate? Por favor, aclárame una cosa: tengo entendido que el cine estadounidense, a diferencia del europeo y del resto del mundo, donde se le supone un arte y se deja por tanto en manos de artesanos, allí lo consideráis una industria y por esa razón queda en manos de industriales y mercachifles. Según cuentan las crónicas allí todo está muy profesionalizado. Hay sindicatos hasta para los del catering, y cada bien o servicio que se presta a la cinematografía está debidamente tasado (todo tiene un precio). Nada escapa al férreo control de Don Dinero y sus profesionales.

Los extras llegan al plató, o a los exteriores, y hacen lo que se les ordena, probablemente no ordene el propio director del film, sino que seguro existe una figura que sea el director de extras, al igual que hay un director de segunda unidad que dirige las escenas de acción y efectos especiales. Según este desarrollo de mi argumento, en teoría nada queda abandonado a la improvisación; al menos en las grandes superproducciones con tantos millones de petroeuros en juego.

Por aquí se piensa igual sobre el asunto de los guiones, a los que cuentan las leyendas (por ejemplo las que cuentan jóvenes realizadores españoles que vuelven de allí deslumbrados por el oropel, tras rodar su primera producción yanqui) que se les da una y mil vueltas, en agotadores brainstormings en talleres de guionistas o reuniones en los despachos de los estudios, donde se recortan, reescriben, mutilan y simplifican para adaptarlos al gusto (alcance) del espectador medio de los territorios de la unión (el mínimo común divisor). Perdón, he escrito espectador, y aquí quizás convendría más hablar de clientes. Se busca que desembolses tus eurodólares en la taquilla; el regusto que te lleves a casa después ya es otra cosa. ¿Servicio postventa lo llaman?

También, tras el rodaje todo el metraje (supongo que ahora con las cámaras digitales habrá que buscarle un sustituto a lo de metraje, porque al no haber rollos de película que revelar…) sufre sus buenas sesiones de montaje y postproducción.

E incluso, antes de distribuirse la cinta (a los cines sí que van unos rollos, ¿no? Uf, qué follón, tanto rodar en digital para después tener que enlatarlo de todas maneras) se hacen pases previos a un muestreo de público, que al final valorará lo que acaba de ver, para que los que se juegan los cuartos tomen buena nota de sus opiniones.

Bien, llegados a este punto, convendremos entonces que los fotogramas no se caen por descuido dentro de la marmita, mucho menos secuencias enteras, o ya puestos todo un largometraje como el tuyo. Dime pues, querido George, ¿cómo cojones explicas tú esos diálogos que sonrojarían a mi sobrino de tres años? ¿Cómo justificas que ni una sola de las acciones, reacciones o iniciativas de todos y cada uno de los personajes que pululan por la película, se sostengan en el mundo real de las personas humanas? ¿Cómo se come que personajes hechos de la misma pasta que los que en vuestros telefilmes se cogen unos traumas de espanto ante cualquier contratiempo de la vida, en tu película se enfrenten a una zombificación planetaria sin despeinarse? ¿Qué desayunabas cuando escribías esas cosas tan risibles?

Te propongo un ejercicio de empatía muy sencillo: ponte en la piel de uno de esos personajes que descubre que los muertos, sin más aclaración, vuelven a la vida con muy mala leche y se dedican a devorar a todo el que se cruzan, incluyendo a tu familia y amigos; que tú mismo has tenido que sacrificar con un disparo en la frente al amor de tu vida, a quien colmabas de besitos y carantoñas apenas unos fotogramas antes de que lo zombificaran en uno de vuestros constantes e imperdonables descuidos (¿de verdad darías la espalda a un muerto cuando sabes que se levantan y muerden?!! ¿Verdad que no? ¿Entonces por qué cojones lo haces constantemente en tu infumable peliculita?), decía antes del paréntesis que ya sabes que el mundo, urbi et orbi, está condenado a la ruina cataclísmica y el indescriptible caos reptante (gracias a esos insertos que has metido tan sutilmente con un calzador), ¿te haces ya la composición de lugar? Sí, claro, porque la has compuesto tú solito. Pues entonces, ahora dime, querido, ¿de verdad crees que tú, en semejante situación, harías o dirías algo -cualquier cosa- de lo que les haces hacer y decir a tus pobres marionetas durante más de una hora? ¿Sinceramente crees que te sentirías con ánimos de soltar esas vergonzantes parrafadas de filosofía aprendida en los sobres de los azucarillos?

En serio, lo digo por tu bien y el de tu carrera cinematográfica, ¿no hay nadie que te quiera bien en todo el equipo, que te lleve a un lado en algún descanso y te sugiera educadamente que todo eso que filmáis no hay por donde cogerlo? ¿No hay por ahí nunca algún meritorio, o maquillador, o gruero lo suficientemente valiente y sincero para decirle al genio intocable que nada de lo que se está desarrollando ante esas cámaras tiene el más mínimo sentido, que todo es una bazofia infecta?

¿Y los del estudio? ¿Y los del pase previo? ¿Qué pasó ahí?

Y que no me venga ahora el típico crítico cinematográfico, de esos raritos a posta con fijación por desentonar, tratando de defender lo indefendible con enrevesados argumentos y reivindicando filiaciones.

Por si no se ha notado, lo que más me ha dolió de todo lo relativo a esta película, es que pagué por alquilarla (y mira que hacía...). ¡Tú, George, tú!, ¡me has devuelto al mal camino...!

4 comentarios:

Gilito dijo...

Eh, eh !!! Lavate la boca para hablar de "Avatar" !!! jajaja

Gilito dijo...

Qué pelicula es la de Romero? "Survival of the Dead 2009 , nominada al León de oro en el Festival de Cine de Venecia" ?

El Diario de los Muertos ?

La tierra de los muertos?

Los muertos de los cojones?

Aquí huele a muerto?

Cripema dijo...

Anda, anda... que tu viste Avatar en un screener de mierda con toses y sonidos de tacones lejanos! Gastate el dinero y vete a una sala, con tus palomitas, tus gafas 3D y entonces podras tener una opinion formada. Vale, q no es cine europeo de ensayo, pero es para verla en 3D... Yo que te iba a decir si te venias a Pandora... :(

Dr. Deferiensia dijo...

Si quieres te quieres divertir viendo una de Zombies, te sugiero que dejes las de Romero y veas Bienvenidos a Zombieland o Shaun of dead, dos joyas altamente recomendables, sobre todo la primera.

Si las ves, me lo agradecerás.