lunes, febrero 01, 2010

Deshaciendo memoria

Hay que ver qué jugarretas me gasta la memoria. De sopetón alguien abre la puerta de uno de los muchos desvanes que esa ama de llaves llamada Olvido (como Alaska) mantenía cerrados, y se derraman por mi alma los recuerdos que había arrinconado en ese almacén; al menos aquellos que no hayan sufrido el apolillamiento de la desmemoria.

Pero en otras ocasiones, alguien me enfrenta con cosas que se supone yo debería recordar y, sin embargo, no hay manera; por mucho que remueva los cajones de los sesos, no encuentro el más mínimo eco al que acogerme.

Y eso es lo que me ha pasado no hace mucho, con un caso francamente preocupante.

Resulta que mi querido amigo, el artista Delrieu, ha sufrido unas humedades en su estudio, que lo obligan a repintar sus paredes. Para acometer tal reforma, ha tenido que desalojar buena parte del material que atesora allí dentro (el sueño de cualquier chamarilero). Así que me pidió que recuperara algunas cosas mías, que en un pasado remoto le debí pedir me guardara allí dentro.

Acudí a la cita intrigado por saber qué cosas me iba a encontrar. Me entregó dos grandes bolsas cargadas con cosas raras que asegura me pertenecen. De esas pertenencias, lo único que recuerdo haber poseído y haberle dejado en prenda, era unos fascículos de La enciclopedia del crimen (morboso que fue uno); pero luego hay cosas como cómics del Capitán América en griego (?!), inquietantes recortes de prensa, publicaciones que no es que no recuerde haber comprado ni leído, es que ni siquiera sabía que existían, y una extraña daga (?!!).

Pero lo que más me ha despeinado las neuronas es una extensa colección de la revista sobre cine de terror Fangoria (mira, otra vez Alaska). Esta publicación sí sé que existe, o existió al menos, no sé ahora; pero lo más curioso es que mis ejemplares son de la edición original estadounidense. Lo que quiere decir que: a) debí suscribirme a ella en algún momento (cosa que dudo, porque nunca me he suscrito a ninguna publicación, ya que no me gusta que me echen el lazo; si me gusta una revista ya me la compraré yo en el quiosco, o no); o b) [y más probable], que encargara en algún quiosco que me la trajeran ex profeso; pero eso significaría que mes tras mes, durante muchos meses, a juzgar por lo abultado de la colección, fui religiosamente a retirar mi ración de espantos.

Entonces, ¿cómo es posible que haya olvidado por completo algo así? Un ritual ejecutado puntualmente cada mes durante al menos un par de años. Y lo más grave, ¿cómo puede parecerme tan extraña a mi persona, vista ahora, semejante conducta? ¿Tan enrevesado he sido siempre como para comprar –pagando con creces- la edición americana, habiendo una española? (Si es que la había entonces, porque si no recuerdo haber hecho el canelo durante tantos meses para leer sobre monstruitos, no puedo esperar recordar lo otro).

Uf, me preocupan bastante este género de alaskas. Más que lagunas mentales, son albuferas de desmemoria.

1 comentario:

Cripema dijo...

Tambien debes de tener mi colección de "Ragazzas" de cuando teniamos ..13 años? Pero por mi los puedes destruir..
AH! Yo tengo aquel cartel que hicisteis allá por 1991 para el concurso de Carnavales... te lo llevas tambien?