viernes, febrero 05, 2010

Un lustro de lastre

Como cantaría El Dúo Dinámico:

“Cinco [¡cinco!] años [¡años!] tiene este bloOog,

le gusta [¡gusta!] tanto [¡tanto!] bailar el roOock…”

Sí, queridos amigos, hace ya un lustro que nuestro querido Gilito pusiera en marcha este engendro, a instancias de nuestro añorado camarada cansino Xaturriau. Al poco se incorporó la gran Cripema, y el último en llegar, como siempre, fui yo. Bueno no, nuestra queridísima Aprilia también anduvo por aquí una temporada, pero luego montó su propio chiringuito hasta que se aburrió.

Cinco años dando la tabarra online, porque ya me diréis si no resulta una tabarra las 226.648 palabras que, según un contador de palabras, un servidor ha despotricado por aquí (y eso no incluye las entradas de mis compañeros, ni mis comentarios; y sin contar tampoco las entradas que me han sido censuradas por el Máster del Universo, pero siempre con muy buen criterio [gracias, camarada, ya sabes que soy un inconsciente], ni las que yo me he autocensurado, ni las que sí colgué pero luego eliminé por motivos más prosaicos, ni las docenas que no llegué a publicar por mi precaria conexión a la red y acabaron en el tintero del hastío, ni las del otro blog sobre el vino, que no sé si todavía existirá o me lo habrán dado ya de baja por desuso).

Así, a ojo de buen bloguero, he debido teclear unas 300.000 raciones de murga. Buf, creo que ya es suficiente. Y total para no sumar más que sinsentidos y dislates. Estoy seguro que podría comerme ahora mismo una sopa de letras y cagar en una cartulina algo con mucho más sentido y más bonito que todo esto.

Ahora resulta que nos han retirado los anuncios porque, según Google, nos han detectado prácticas rufianescas. Coño, ¿qué quieren? Si esto lo leen los cuatro colegas, pues normal que se pinchen los anuncios siempre desde las mismas tres o cuatro IPs mal contadas. Total, nos daban cuatro chavos una vez a las mil, pero al menos nos servía para hacernos un picoteo a la salud de Google en el Consejo de Refacción. [Os ahorro el viaje al DRAE: refacción. Alimento moderado que se toma para reparar las fuerzas].

No sé a qué santo me ha venido ahora mismo a la memoria un recuerdo de hace muchos años, de una época turbia (digamos que de mucho Mamar en tiempos revueltos), no sé por qué, ni dónde, veía un programa que presentaba el difunto Jesús Puente, que consistía en que desde un castillo, o un parador, o alguna edificación fortificada así de rancia (no recuerdo bien por los estados alterados de memoria), la pareja concursante, armada únicamente de unas páginas amarillas (sponsor del espacio) y un teléfono, debía convencer en un número restringido de llamadas, y sin confesar que se trataba de una gincana televisiva, a los aldeanos que ya dormitaban a sus faldas, para que se llegaran hasta ellos portando algún artículo absurdo que exigiera la prueba.

Aquel programa era una mierda sin ambages, pero yo me lo tragaba entero únicamente para no perderme el momento para mí cumbre: al finalizar, un monigote animado que hacía las veces de mascota de las páginas amarillas se despedía del Sr. Puente, y éste remataba la faena con un inquietante: “¡Hasta siempre, amigos míos!”.

Ésa era la frase que me tenía enganchado a aquel bodrio. La forma en que el venerable actor reconvertido en bufón, declamaba aquella despedida me producía un efecto desolador. Aquella fórmula, que era la misma grabación siempre, estaba cargada de unos matices tan penosos, al menos para mí, que algunas semanas, supongo que según me hubiera ido la jornada, la sola inflexión en la í de "míos" lograba arrancarme sollozos de desesperación. Y, sin embargo, por algún ignoto mecanismo de masoquismo catódico, la semana siguiente volvía a soportar aquel espantajo sólo por recibir al final mi ración de oscuro eco desde el otro lado del espejo.

Aquel saludo me resultaba más escalofriante que el From hell de Jack el destripador, porque aunque lo pronunciaba un ser humano entrañable, que se suponía nos acababa de citar para recibir más emociones la siguiente semana, en esas cuatro palabras y su forma de verbalizar se traslucía toda la insoportable levedad del ser, del estar y del quedarse.

¿Veis lo que decía arriba de que no escribo más que chorradas?

Pues eso, que: “¡Hasta siempre, amigos míos!”.

4 comentarios:

malaputa dijo...

Ha sonado a despedida. No lo es, ¿verdad?.
¿VERDAD?.

Guile dijo...

Espero que no lo sea, por otro lado ENHORABUENA. lo que tendría que decir ahora ya lo he dicho en varias entradas de mi blog.

Cripema dijo...

Yo la insoportable levedad del ser no me la pude acabar, ya lo sabes.

vainilla dijo...

en serio te despiedes del blog? no serás capaz...