miércoles, mayo 26, 2010

Sarna espiritual

Esta mañana, soltando lastre de cara a una inminente nueva mudanza (¡ay, esta vida nómada!), me he encontrado algo que me ha obligado a parar máquinas y prestar un poco de atención.

Se trata de una fotografía que no había sido detectada en cribas anteriores por hallarse oculta, insertada dentro de un viejo pasaporte. La foto también es vieja, y su calidad es pésima, pero se disculpa por tratarse de un robado de los tiempos en que no había teleobjetivos (no sé si ya se habría inventado, pero en mi mundo te aseguro que no los había).

La contemplación de esta imagen me ha sumido en un bucle melancólico que ya se había iniciado en aquellos tiempos de Maricastaña, como queda patente en la instantánea. Y eso que, por otra parte, y según testigos presenciales, también fui un niño hiperactivo y dionisíaco.

Han pasado ya 30 años desde que un objetivo impregnara en película aquel instante, tiempo más que suficiente subido a la vida para, ahora sí, comprender enteramente aquellas nostalgias anticipatorias, aquella tempranera sarna espiritual, aquella depresión posparto que debió escurrirse de la parturienta al parido.

Aunque, ahora que lo pienso, lo mismo no estaba más que haciéndome el longui, como si oteara la tundra para escaquearme de alguna tarea agropecuaria del gulag.


4 comentarios:

Guile dijo...

Pensaba que era el único al que le pasaban estas cosas, me legro de volver a leerte.

malaputa dijo...

Sí, bienvenido de nuevo...

Gilito dijo...

Es la opción B seguro !!!!

Cripema dijo...

Que peluquín..