domingo, julio 04, 2010

Crepúsculo de un genio e ingenio crepuscular

Ayer terminamos de ver la película Saraband de Ingmar Bergman, que hace un par de viernes obsequió el diario Público a sus lectores. Tres intentonas nos ha llevado la empresa, porque digan lo que digan los críticos sesudos (“excepcional despedida [fue su último film] de un genio, bla, bla, bla…” ), es un tostón plúmbeo. Coge cualquier telefilm estadounidense de esos que ponen (¿ponían?) al mediodía y cambia las boleras y hamburgueserías por casitas en lo profundo de un bosque escandinavo y una coqueta capillita, y deja que los protagonistas comenten parecidos traumas pero puntuando sus intervenciones con música de Bach, libros de Kierkegaard y menciones a Freud. Y ya tienes una película culta que por metonimia acabará siendo de culto.

Me refiero a esta película en concreto, ya que desconozco la filmografía previa de su director. Hace años, en Melrose, alguien puso en el DVD El manantial de la doncella, del mismo autor, y me quedé dormido a los seis minutos de metraje (aunque en aquella época muy probablemente me habría quedado dormido viendo una película snuff). Pero si, según aseguran los entendidos, Saraband es un inmejorable colofón a toda una carrera, casi que paso de profundizar.

Sin embargo un fenómeno que me repelía por definición, el de los vampiros crepusculares, me dio la sorpresa el otro día, cuando emitieron en la antena tercera la primera adaptación cinematográfica de la saga literaria, y pude ver un trozo. También me quedé dormido, y la pillé bien entrada la trama, pero he de reconocer que no me pareció aborrecible, como había barruntado, sino que llegó a gustarme por momentos. Desde luego, me pareció mucho mejor cine que la de Bergman, con una fotografía crepuscular muy lograda, y con momentos concretos de un perdurable impacto visual.

Pero ahora yo me pregunto: si vas a provecharte mercantilmente de la tradición de una criatura mítica a la que otros, antes, han dotado de una serie de ingeniosas peculiaridades que conforman la idiosincrasia del vampiro, y te las vas a pasar por el forro para permitirte más cancha a la hora de urdir tus tramas (en exteriores soleados, por ejemplo); ya puestos, ¿por qué no te estrujas un poquito las meninges y te inventas tú un nuevo personaje, llamémoslo Morlik, al cual los rayos de sol no convierten en ceniza, como a los vampiros, sino que le doran la piel con unos reflejos diamantinos? Ya hay por ahí una individua que, como los vampiros y licántropos se le quedaban ya algo cortitos de originalidad, se ha sacado de la manga los ángeles caídos. Nefilim, o algo así, creo que los llama. Al menos ésta última se lo ha currado un poquito y, como no le cuadraban los portentos, pues ha tirado de otras tradiciones no tan explotadas. De momento.

4 comentarios:

vainilla dijo...

pues que quieres que te diga, a Bergman no lo aguanto, tambien intente ver El manantial... y no pude acabarla. En cuanto a los vampiros, la primera me encanto, la segunda se deja ver y la tercera espero verla esta semana.

Guile dijo...

Yo es que sólo veo porno y en vez de chupar la sangre...

Que veo a Zapatero, me pongo porno, Que si crísis, porno, que si Yo soy españoool españoool españoooll, porno al canto, espero que en poco tiempo se me seque el cerebro y deje de sufrir, por cierto lo de ver pelis en 3D, como el ojo mágico oiga, que no veo na de na, veré a ver si con el porno en 3D...

ines dijo...

Si supieras como he llegado a tu blog...en fin.

Pues no estoy nada de acuerdo, comparar cualquier peli del maestro con un telefilm me parece una blasfemia amén de una paletada.El cine de Bergman no es un paseo,pero desde luego no es una caca con pretensiones a lo Von Trier.Crepúsculo es una cosa facilona y pueril que puede entretener si estás muy aburrido o tienes al lao a alguien un poco tonto pero muy atractivo con el que no te importaria dejar una peli a medias.Y ya.

Gilito dijo...

Inés, el 90% llegan buscando "coprofilia" en google, ¿Cual ha sido tu búsqueda?