jueves, julio 15, 2010

El triunfito

Cuando veo a los integrantes de la selección española de fútbol triunfantes tras su gesta sudafricana, no puedo evitar preguntarme qué se debe sentir cuando uno se sabe incontestablemente el mejor en algo. Cuando veo a Gasol, Nadal, Alonso… y no sólo pienso en actividades deportivas, me vale cualquier actividad humana, pienso envidioso que me gustaría probarlo antes de morirme: ganar algo, lo que sea. Porque, quizás cueste creerlo, pero este que escribe no ha ganado absolutamente nada en su vida. Más bien al contrario.

He sido tan mediocre en todo lo que he emprendido que nunca, insisto, nunca, he conocido las mieles del éxito. Nunca he ganado una medalla de nada, ni un concurso de lo que fuera, ni me ha tocado un triste peluche en una rifa (ya no digamos la lotería…).

El otro día lo comentaba en casa y a mi pareja e hijo les costaba creerlo. Pero es verdad. Triste, pero cierto.

Para ser riguroso, debería consignar los dos únicos conatos de victoria que he rozado en mi deplorable existencia. Y ambos acabaron siendo fiascos; uno por cuenta propia y el otro, ajena.

El primero data de mis tiempos de colegial, cuando durante un breve periodo pertenecí al equipo de ping pong. Al parecer, yo, como mecanismo adaptativo de supervivencia anímica en un mundo tan competitivo, embellecí hasta deformarlos los recuerdos que guardaba de un torneo entre varios colegios, en el que participó mi equipo. Creía y contaba que el mismo día de mi comunión tuve que participar en la final del campeonato y que mi victoria agónica en la última partida, nos había dado la copa. Pero en mi fabulación había aspectos de la puesta en escena, la figuración y el atrezzo que no terminaban de cuadrarme, así pues concluí que no debía tratarse del día de mi comunión, sino la de mi hermano. Pero de lo que no cabía ninguna duda era sobre mi hazaña in extremis (porque mientras yo triunfaba avasalladoramente, mi padre esperaba con el motor en marcha para no cabrear al cura), y mi aclamación como héroe por todo el equipo y parte del profesorado. Pero esa versión de los hechos tampoco aguantaba el análisis más somero, y la falta de una medalla conmemorativa me hizo, pasados los años (muchos) aceptar que tal vez las cosas no fueron como yo las recordaba. Posteriores averiguaciones concluyeron que sí jugué la final, que sí se celebró el mismo día que una comunión (la de mi hermano), pero que el resultado no fue el que yo había archivado en mis neuronas, sino justo el contrario. Ya me extrañaba a mí que después de aquel clamoroso éxito no volviera a pertenecer al equipo, ni se volviera a hablar nunca más de aquella legendaria velada… Prodigios de la memoria selectiva (aunque en este caso habría que hablar más bien de vil manipulación de los hechos para el recuerdo).

El segundo ocurrió en mis tiempos de bachiller. Por motivos ignotos, mi profesora de literatura se empeñó en que me presentara a un concurso literario. Por complacerla escribí una chorrada que pretendía ser de terror, rollo Stephen King, muy pero que muy mala; pero que, contra todo pronóstico, resultó agraciada con el segundo premio. Me dieron 8.000 pesetas (de las de entonces) y una palmadita en la espalda, y con la pasta me compré unos pantalones y una cazadora. Y fin de la historia, y sí que podría anotarme ese éxito en mi palmarés (jajaja) aunque fuera un segundo premio (ya se sabe lo que dicen en sociedades tan competitivas como la estadounidense: que el segundo es el primero de los perdedores; cómo será que allí decir number two es sinónimo de mentar la mierda). Pero también en este lance había gato encerrado, porque resultó que la profesora se empeñó en que concursara y me concedió ese premio de consolación (el jurado estaba compuesto por ella y otra profesora de la materia), porque estaba enamorada de mí. Sí, sí, así de absurdo como suena. Y no es que me lo invente yo con mi ingenioso procedimiento de manipulación de los recuerdos dañinos, no, sino que ella misma se lo confesó a uno de mis hermanos (4 años menor que yo) cuando en su primer día de clase en su asignatura, ella reconoció los apellidos familiares y se lo llevó aparte para comentarle que –y cito textualmente- había estado loquita por mí (?!). Lo que explicaría el inmerecido galardón.

Así que mis únicos acercamientos a la gloria han estado condicionados por sendos estados alterados de conciencia (propio y ajeno), con lo que a estas alturas de la película sigo sin saber de verdad, sin posibles interpretaciones ni tergiversaciones, qué se debe sentir cuando uno se sabe el mejor/el más rápido/el más listo/el que mejor toca el piano/ o lo que sea en cualquier campo.

¿Qué habéis ganado vosotros? Agradecería que me alumbrarais con vuestros triunfos.

4 comentarios:

vainilla dijo...

pues yo tambien quede primera de los perdedores en un concurso de ideas empresariales. Me dieron 1.500 eurazos pero mi proyecto fracaso en lo comercial, que era lo que realmente me interesaba a mi. Otra vez comprando un arbol de navidad en carrefour me regalaron otro pequeñito. absurdo, no?

Gilito dijo...

Hola Micro,

Yo también apenas he ganado nada... Pero últimamente y gracias a internet gané unos pocos premios bajo un aura que yo denomino "suerte de baja intensidad".

Siempre me ha dado pereza enviar cartas con codigos de barras, tapas de yogur y sobres de café, así que los concursos a traves de email vencieron esa pereza postal.

En 1996 en un concurso de una revista llamada "WEB" gane la versión 1.0 del editor FLASH de Macromedia. Nunca llegue a usarla pq como gran visionario que soy, pensé. "Esto del Flash no tiene futuro"...(Actualmente se usa en el 95% de los sitios web, aunque Steve Jobs intenta darme la razón ahora).

Recientemente he ganado un libro sobre el diseñador Claret Serrahima y una camiseta de una productora amateur de cortos.

(Ups, a los 13 años gane una competicion de tiro con arco y un concurso de maquetas militares... pero esto es demasiado freak como para contarlo)

Guile dijo...

En primer lugar decir que en la vida, al final, uno compite sólo contra uno mismo y que el éxito y el fracaso son los mismos impostores. He mezclado frases de mi padrenuestro personal.

Pero respondiendo a tus preguntas:

Creo que gane una competición de Windsurf sin viento.

Fui campeón de la comunidad de madrid de 50 m. libres en la categoría de no federados con 13 añitos.

y este año le he ganado a hacienda unas pelas con eso de la compra de la primera vivienda (es el mayor premio en metálico que he recibido). eso cuenta no???

Cripema dijo...

Cuando cambiamos de oficina y empezamos a frecuentar otro bar a la hora del almuerzo, el dueño me comentó que él no juega loteria más que en Navidad y en algún otro sorteo de loteria nacional que le da "buen rollo". Dice que siempre le ha tocado algo con los numeros que juega, o una pedrea, o el primer premio (me consta que ha llegado a ganar 100 millones de las antiguas pesetas en dos primeros premios) o el quinto premio, algo. Siempre le ha tocado algo. Le pregunté si podría conseguirme un decimo de los mismos numeros que juega él, y me contestó que sí. Llegó navidad, y participé con el mismo numero. Ni la devolución. Extrañado me dijo que era la primera vez que le ocurría.
Fijate, que a mí, no me extraña.

Pd. Una vez en el colegio gané un "concurso de redacción" y me dieron un estuche de rotuladores carioca, pero faltaba el "color carne" que era el más ansiado.