lunes, octubre 25, 2010

Por los aires

Si quieres chequear el estado de tus relaciones sociales y familiares, escribe un libro, o saca un disco, o haz cualquier cosa para cuya distribución se requiera el apoyo de las personas que te aprecian, y sólo entones sabrás cuánto.

Yo no me puedo quejar. De hecho, estoy un poco abrumado por la atención que está recibiendo mi Pudridero. Independientemente del grado de satisfacción o decepción que sus lecturas produzcan, el hecho de cómo se está moviendo todo mi entorno para hacerlo llegar a los destinatarios más insospechados, me resulta emocionante. No hago especial mención de nadie en concreto para evitar injustos olvidos, y porque, en mayor o menor medida, todos están haciendo su pequeño o gran esfuerzo, y eso ya es de agradecer. Miríadas de gracias a todas y todos. Os quiero.

Cómo será la cosa que ya se está gestando una tercera tirada, que causará la tremenda injusticia poética de que estoy a punto de superar los 70 ejemplares que Nietzsche vendió de la primera edición de su Zaratustra. Parecen pocos 70 ejemplares, pero cuando uno echa cuentas, y teniendo en consideración que no hay más distribución ni publicidad que la que tú te guisas y te comes, y descontados esos familiares y amigos acérrimos que te compran un libro como te hubieran comprado una pulsera si te hubiera dado por trenzar esparto, o se hubieran quedado con cuatro papeletas de tu viaje de fin de curso; restados estos infalibles, digo, resulta un número de personas menos conocidas y otro de absolutos desconocidos que han depositado su curiosidad (y algo de su dinero) en tu obra. Cosa que no deja de asombrarme.

Pero no sólo se cuantifica en ejemplares vendidos el cariño de tus camaradas, sino que también te promocionan para cosas como la entrevista que uno de mis colegas moteros me ha conseguido en un programa cultural de una emisora de radio de ámbito comarcal. Esta tarde la graban y no sé cuándo la emitirán, pero voy a ver si me dan una copia y su permiso para que Gilito (yo sigo siendo un inepto) la cuelgue aquí. Siempre, claro está, esto último condicionado a que no haga un ridículo de esos marca de la casa, y prefiera correrme en un tupido velo para olvidar el asunto…

miércoles, octubre 20, 2010

Buscadores de oro

Cuando tengo que hacer una búsqueda en Internet me pregunto a qué esperan las corporaciones para dejar que los usuarios nos instalemos los buscadores que usan los protagonistas de las películas de terror estadounidenses. Déjate de Google Chrome, ni Mozilla, ni pollas en vinagre, los que usan esos tíos para aclarar sus horrores sí que molan. Son mucho más intuitivos, y sólo tienes que teclear uno o dos parámetros de búsqueda, como premonición, catástrofes, posesión diabólica o combustión espontánea, y en un solo clic tienes justamente la información que buscabas para resolver ese misterio que te trae frito.

Ahí no te salen por defecto en primeras posiciones las definiciones de la Wikipedia o diccionarios raros, ni tienes que descartar no pocos enlaces que no tienen ninguna relación con lo que buscas, aparte de una tergiversación binaria del concepto; no, qué va, esta gente con un solo vistazo encuentra inmediatamente un escaneo de la noticia del pequeño periódico local donde se informaba del suceso que te atañe muy a tu pesar (digo escaneo porque las perturbaciones parapsicológicas suelen haber acontecido mucho antes de que se inventaran las ediciones digitales de los diarios), ilustrada con útiles fotografías del incidente y algún retrato del/la causante del disgusto bastante rejuvenecido/a, pero fácilmente reconocible.

Mucho más rápido y efectivo, dónde va a parar.

lunes, octubre 18, 2010

Un año de orfandad

Hace un momento, desparramado sobre la cama leyendo Frankenstein, me encuentro de casualidad con esta preciosa descripción que Mary Shelley pone en boca del protagonista homónimo, rememorando a su difunto amigo Henry Clerval. Y como justo hoy cumplo mi primer año como supérstite (para que no os quejéis de mi léxico pedantorro, os ahorro el viaje al diccionario: supérstite es como se conoce en Derecho a los que sobreviven a un difunto, especialmente referido al cónyuge, pero también aplicable a los hijos), pues me apetece copiar aquí esos dos párrafos de la genial escritora, como humilde homenaje a alguien a quien echo mucho de menos:

“¿Y dónde está ahora? ¿Se ha perdido para siempre este ser amable y delicado? ¿Ha perecido esta mente, tan repleta de ideas, imaginaciones fantasiosas y magníficas, que formaba un mundo cuya existencia dependía de la vida de su creador? ¿Acaso existe sólo en mi recuerdo? No, no es así; tu forma, de traza tan divina y rebosante de belleza, se ha desintegrado, pero tu espíritu sigue visitando y consolando a tu desventurado amigo.

Perdone este arrebato de pena; estas palabras baldías no son más que un parco tributo para la valía sin igual de Henry, pero a mí me calman el corazón, rebosante de la angustia que me produce su recuerdo. Seguiré con mi relato”.

Pues nada, yo también seguiré con mi relato; porque si yo fuera Víctor Frankenstein, iba a estar aquí lamentándome… estaría ahora mismo en mi laboratorio trabajando como un cabrón.

viernes, octubre 08, 2010

Pensar con la polla

Francamente, me gustaría tener una concepción metafísica del mundo, pero mi visión es más bien metastásica. Toda esta aflicción agarrada a la mirada como una conjuntivitis, no propicia más que pensamientos aberrantes.

Sin ir más lejos, hoy, en uno de esos aquelarres de futilidad televisados, he escuchado a toda una sibila acusar airadamente a un picaflor de que los “tíos pensa[mos] con la polla”.

Déjeseme aclararle una cosa a esta señorita (y a quien pueda interesar): de ser eso cierto, es decir, que tuviéramos un pequeño seso en el sexo, alojado en el glande, desde donde se nos ordenaran todos esos comportamientos infrahumanos en pos de la coyunda, y que nos reducen en momentos puntuales a poco más que animales semovientes en celo, la cuestión sería mucho más sencilla. Por lo siguiente:

Al igual que el otro, emparedado a oscuras en su cráneo, ese imaginario cerebro fálico estaría confinado a ciegas dentro del bálano; sólo que, en este caso, no podría contar con unos ojos que le informasen del exterior a través de los nervios ópticos. Es decir, estaríamos gobernados por una polla ciega.

Y por lo que respecta al miembro viril, lo que cuenta es el mete-saca, a efectos de tracción, fricción, humedad y temperatura, en una vagina sana y dúctil, independientemente del resto del conjunto.

Por lo tanto, si no median malformaciones ni averías, a efectos prácticos al pene le daría lo mismo refregarse en el coño de Megan Fox que en el de Susan Boyle (con todos mis respetos hacia las dos, pero necesitaba encarnar el ejemplo).

Por lo tanto matizo: tal vez lo que usted, señorita, quiso decir en aquel contexto, fue: “Ojalá pensarais los tíos con la polla”.

He dicho.

lunes, octubre 04, 2010

El primer niño Emo


(Es que ayer vi Valquiria, que la regalaron con el Público, y se me quedó esta cara a mí también)