sábado, julio 10, 2010
Chupinacitos
Siendo riguroso, lo que me hastía es el mal uso que hacen de ellos algunas personas. Mi caso es simple: desde que tengo memoria etílica, beber chupitos (también conocidos como taponazos por estas latitudes) me ha sentado siempre igual de bien que un punterazo en los huevos. Cada brindis hecho con esos ridículos vasitos resultaba sinónimo de acabar esa noche abrazado a la taza del váter. Cien por ciento de eficacia vomipurgativa.
Y claro, por muy cerril que uno sea, acaba por proscribirlos de su dieta líquida.
Pero, por lo visto y oído a lo largo de todos estos años, hay [mucha] gente que parece hacer de este acto una cuestión personal, pasional. No soportan que ningún comensal se libre del bautismo aguardentoso, y si detectan entre sus filas algún objetor, se abalanzarán sobre su silla e insistirán con grandes aspavientos hasta salirse con la suya. Les traerá sin cuidado que su víctima se excuse con argumentos de peso. Dará lo mismo que les confieses: “Si bebo eso, moriré”. Su réplica invariablemente será: “No puedes hacerme un feo”. Tú si que eres feo y no digo nada. Lo único que quiero es que me dejen en paz, aquí en mi rinconcito, donde inconscientemente he construido con la vajilla una trinchera antichupitos, anticipándome a las hostilidades. ¿Acaso no cuentan los incontables decilitros de cerveza y vino ingeridos durante la comida, o este copazo de pacharán que tengo entre las manos; para que ahora, por resistirme a un ridículo dedal licoroso, se mancille mi expediente alcohólico?
Cómo será la cosa que en el pasado estuve tentado de pedirle a mi médico de cabecera un justificante eximiéndome de su consumo, alegando sus devastadores efectos en mi organismo. Ni en mis –no tan remotos- tiempos de excesos más destructivos (no exclusivamente auto-destructivos) he tolerado la digestión de esas perdigonadas etílicas. Esa forma de consumo, arrojando una palada de espiritosas al coleto, de golpe y porrazo, sin saborearlas, me produce trastornos digestivos incompatibles con el bienestar y la jarana.
Por estas tierras está muy extendida su práctica y raro es el acto social que no culmine con el aterrizaje en la mesa de alguna ronda de esas indeseables vasijas. Y no pasaría nada si no fuera por lo que trato de comentar: si yo pudiera abstenerme y punto. Si no existieran esos agotadores tira-y-aflojas, esas improductivas negociaciones con interlocutores ya achispados que no se avienen a razones, por mucho que trates de explicarte con la mayor elocuencia. Da igual que insistas vehementemente en que no quieres ser aguafiestas, pero que eres incapaz de trasegar en esa modalidad; y que si esa misma bebida te la sirven en vaso alto y con un par de hielos, prometes liquidarla en no más de tres tragos. ¿Contentos así? No. Dará igual, recibirás por toda respuesta caras desilusionadas y comentarios de desaprobación, y no podrás evitar sentir, abriéndose paso a través de tu indignación, el peso de la culpa por ser un pusilánime y un estómago desagradecido, un delicadito que arruinas la fiesta a todo el mundo con tus pejigueras. Por no tragar, y aceptar de una vez su ponzoñoso ofrecimiento.
Venga esa ronda, que no se diga. Sin miserias. Sin mariconadas. Boargfff.
viernes, septiembre 26, 2008
Una gran velada
Debido a los compromisos profesionales de mi pareja, asistimos juntos a menudo a todo tipo de saraos de postín. Al principio me parecía divertido y me dejaba deslumbrar por la pompa y el boato de la mayoría de estos actos, pero una vez que has asistido a cinco o seis se te quitan las ganas de repetir. En cuanto confirmas tu creencia de que detrás del lujo no hay nada, que la pompa es de jabón y que si la rasgas no encuentras más que aire (y un poquito de jabón que irrita bastante tus ojos), pues da bastante pereza comparecer a mucha de esa vida social, y uno sinceramente preferiría quedarse en casa en pijama.
Pero hay excepciones insospechadamente agradables, como la de ayer.
También anoche asistí receloso, después de un duro día de trabajo (con el bote de hastío acumulado durante los días que lo precedieron en la semana), a pesar de tratarse de una cita que a priori debía entusiasmarme: beber y fumar. (Traductor de fino: La escuela de catadores de esta ciudad realizó un encuentro para estudiar el maridaje entre distintas clases de fondillón [RAE: vino rancio de Alicante] y habanos).
Disfrutamos como perras, pero antes de seguir escribiendo, y tratándose de una cata de vinos, lo justo es que la relate donde procede: en el blog del vino (que me acabo de fijar en la columna de la derecha e indica que hace 2 años que no le hago ni puto caso). Por lo tanto, a quien puedan interesar los pormenores de una cata de puros y vino rancio, o contemplar al menos alguna foto de este indigno bufón atragantándose con humo importado del Caribe, pues que haga el favor de pinchar el enlace de Sobre vino, que está el pobrecito ahí muerto de asco, después de un bienio tocándose los webos.
jueves, diciembre 27, 2007
...un circo, que alegraba siempre el corazón
La verdad es que el evento estuvo perfectamente orquestado y resultó una experiencia inolvidable. Puede que el Barón Ashler, la Bruja Avería o Gargamel, pero ningún ser humano de no-ficción podría sacarle alguna pega a aquella fiesta; o al menos debería rebuscar demasiado para poder encontrarla, porque por desgracia nada es perfecto en el mundo real (según mi descabellada concepción del mundo, el mismo acto de realizar conlleva un alto grado de empobrecimiento y putrescencia de las intenciones primarias y los sueños; pues el tratar de hacer real una idea, invariablemente desluce y entenebrece el modelo primigenio. La realidad cuece, no enriquece).
Y allí estábamos todos cociéndonos de lo lindo, cuando empezaron a florecer esos comportamientos humanos aberrantes tan característicos de este tipo de francachelas a partir de ciertas horas, cuando el despiporre etílico y/o psicotrópico empieza a hacer mella en las corazas de la urbanidad y el sentido común.
Pude ser testigo de excepción de uno de los rituales más llamativos de estos saraos, todo un clásico: el deseperado intento de apareamiento de los machos de buitre común y otros carroñeros con hembras de todas las especies presentes. De haber llevado una cámara encima me habría forrado vendiendo a National Geographic el documental de la agresiva rapacidad de mis congéneres. Y digo que fui testigo de primera línea de fuego porque se da el caso de que dos de nuestras compañeras de la oficina de Valencia son mujeres de físico monumental, una de ellas en concreto es espectacular, y ésta última decidió protegerse bajo mi égida de las embestidas de las bestias calenturientas y no se despegaba de mí en toda la noche.
Siempre he pensado que una mujer bella tiene la obligación moral de aprovechar la generosidad que la biología (tan tacaña por lo general en estos menesteres) ha mostrado al agraciarla físicamente, pero reconozco que debe ser un auténtico coñazo ejercer de mujer cañón entre una piara de energúmenos rebosantes de testosterona mal canalizada. Resulta monstruoso contemplar en directo a respetabilísimos miembros de nuestra sociedad, perfectamente integrados como intachables profesionales y felices cabezas de familia, perder los papeles ante una mujer exuberante; y suplicar mientras babean alcohol puro un poco de atención de una superfémina, tratando desesperadamente de no perder la ocasión de arrimarse con cualquier excusa tonta a una de estas hembras, que por una vez (y sin que sirva de precedente) no les mira desde el papel cuché de un póster desplegable. Bien pensado hubiera hecho mejor negocio enviando copias de la grabación no al National Geographic precisamente.
En fin, que todo muy bien y todo muy bonito. El circo no era el del sol, pero era el de la luna, porque iba de ese palo: sin animales pero con llamativas acrobacias y efectos escénicos bastante resultones. Lo peor, como siempre, la metaresaca sabatina.
viernes, diciembre 21, 2007
Había una vez...
Conté no hace mucho la fobia que siento por los circos y cualquier otro espectáculo que transcurra bajo una carpa. Pues bien, en breves minutos partiré con mis compañeros de trabajo (Cripema se libra porque está con Gilito en Londres; luego no queréis que nos llamen pijos bocazas) hacia Barcelona para asistir a uno. Y no es ningún chiste: resulta que nuestra empresa cumplió en Octubre un siglo de historia y lo piensan celebrar por todo lo alto. Y la verdad es que lo han organizado bastante original y, en vez de reunirnos a todos los esclavos en algún salón de banquetes para abochornarnos a discursos y abotargarnos de canapés, nos van a llevar a un circo donde mientras contemplamos el show podremos degustar un exquisito catering entre olor a tigre y bostas de elefante.
Aunque creo que no había necesidad de desplazarse hasta una carpa si lo que querían era ver domadores y payasos. Pero al menos así me escaqueo hoy de lo que queda de curro para ser llevado en régimen de paniaguado a la gran celebración circense.
domingo, noviembre 25, 2007
tengo el corazón contento, el corazón contento, lleno de alegría
http://www.youtube.com/watch?v=6M33UsOUxcw&feature=related
miércoles, septiembre 05, 2007
Fiesta, qué fantástica, fantástica esta fiesta...
El impagable documento gráfico corresponde a una fiesta de disfraces que tuvo lugar hace ya algunas semanas en la humilde morada de mi señora (y, por extensión, de un servidor). Dado que el Zoo de Nairobi ya había dado sobradas muestras en ocasiones previas de poder dar cabida y cobertura logística para fiestas multitudinarias y tumultuosas, cedimos gustosamente el Sambódromo a la querida pareja Aprilia-Delrieu para que montaran ellos un sarao que les venía apeteciendo desde hacía algún tiempo. Finalmente resultó un fiestorro memorable y divertidísmo, con más de 30 personas ataviadas con los más pintorescos disfraces, bebiendo y bailando hasta pasadas las 6 de la madrugada. Pululaban por allí trogloditas, cologialas, gnomos, pandilleros, bañistas, futbolistas, indios… y hasta unas Zipi y Zape y un Dr. Cogollo bien aprovisionado.
En fin, os dejo con la selección de fotos que hizo Aprilia de las muchas que hizo su hermano, el gran Juancho (los comentarios que siguen y los "pies" de foto son también de ella):
viernes, junio 22, 2007
Pasajeros al tren

Dado que para hoy está prevista una buena juerga fogueril, para evitar conducir luego con alguna copa dentro, me he venido a trabajar en un tranvía llamado deseo (llegar vivo). Y la verdad es que la cosa funciona muy bien: puntualidad, refrigeración, gran afluencia de usuarios pero sin amontonamientos ni agobios. Y encima durante estas fiestas ofrecen un servicio especial de 24 h. ininterrumpidas, no sólo en previsión de las razones alcohólicas que comentaba antes, sino también para paliar el caos circulatorio que sufre una ciudad cuyo centro urbano se restringe al tráfico, y que tiene diseminados por todos sus barrios docenas de monumentos de cartón piedra, barracas (recintos vallados que se montan en plena calle, donde se come y bebe, dotados de escenario para las orquestas), puestos de comida y churros, y multitudes viandantes desplazándose espesamente, a causa del calor y la ingesta, convirtiendo las avenidas en sendas de elefantes borrachos.
Caminando hacia aquí, me he cruzado con muchos supervivientes (quién lo diría por sus aspectos) de la noche de ayer, mostrando esos comportamientos tan llamativos que exhiben algunos cuando quieren dejar patente a los que les rodean que están muy borrachos.
Y hablando de comportamientos curiosos, mientras viajaba sobre el ferrocarril (carril de hierro) para evadirme del incesante cotorreo de la pareja de señoras sentadas enfrente (si en crítica artística se emplea peyorativamente la expresión latina horror vacui (miedo al vacío) para definir las obras recargadas en exceso que no dejan ni un espacio libre desaprovechado, creo que le viene al pelo a la señora que llevaba la voz cantante (la otra se limitaba a asentir y matizar con monosílabos) y que no ha dejado ni por un segundo que el silencio flotara entre ellas); decía (que me explayo como el papagayo con cardado) que para abstraerme de la verborrea (qué cantidad de información fútil) observaba el paisaje a través de la cristalera, cuando descubro estacionado en un claro del follaje un BMW tuneado, y a sus ocupantes (una pareja de jóvenes festeros) en el exterior, en pelotas, pegándose un buen revolcón. Y el Neng y la Juani parecían pasarlo muy bien, probablemente por la excitación extra proporcionada por el cóctel del calentón irrefrenable (ay, ese MDMA traicionero) y exhibicionismo, pues era evidente que se les veía desde el tren, que circulaba muy lento ya que se aproximaba aminorando a una estación.
En fin, que mientras unos bajan en transporte público a producir para otros, algunos se retiran a dormir la mona; y mientras unos pegan el que pudiera ser el polvo de sus vidas, otros agonizan en la cama de un hospital.
Como ya dijo el sabio hace miles de años: Nihil sub sole novum ó nada nuevo bajo el sol (Eclesiastés I, 10).
lunes, junio 18, 2007
viernes, junio 15, 2007
Siempre igual
Qué calor pudimos pasar ayer en las pruebas de vestuario: yo con los zaragüells (unos enormes calzones con pliegues), las calzas, espardenyes, faja, etc… pero es que ella tendrá que llevar unos leotardos de encaje bajo un miriñaque almidonado, sobre éste una gruesa enagua, y, por encima, la falda de ese tejido rígido bordado, que al menos la mantendrán a salvo de los francotiradores, porque no creo que una bala de ningún calibre pudiera atravesar semejante cantidad de tela. Si es que parece una menina de Velázquez.
No me extraña que no se separen del abanico, las pobres; porque para combatir el calor de estas fechas no hay nada mejor que sepultarse bajo varias toneladas de hilo, como una cebolla almidonada y rococó. Cómo será la cosa, que mi hermana le aconsejó un truco que usan muchas de ellas para evitar deshidratarse o que les dé una lipotimia a mitad del desfile; y es que venden en las farmacias un producto para aliviar los pies cansados, que lleva algún componente que produce sensación de frescor en la piel, con el que se embadurnan de cintura para abajo, para engañar a la sofocante sensación térmica.
Otra cosa que me pareció curiosa es que este tipo de desfiles están regidos por unas estrictas normas que hay que cumplir a rajatabla, o se arriesgan a ser penalizados por la comisión gestora de las fiestas. No se permite ni la más mínima licencia en el vestuario, cosa que se entiende, ya que si tuvieran manga ancha e hicieran la vista gorda con las pequeñas salidas de tono, la gente acabaría subiéndose a la parra y aquello terminaría siendo un esperpento y el coño de la Bernarda. Dicho lo cual, resulta que el que suscribe será una penalización en potencia con patas. Empezando por el traje que vestiré, porque resulta que hasta en la confección retro (pero retro, retro…) de este tipo, existen sus tendencias y modas, y cada pocos años actualizan los diseños y la gente se ve obligada a renovar su fondo de armario regional. La excusa oficial es que los investigadores de estas cosas, cada cierto tiempo descubren en algún incunable cómo vestía de verdad la gente en aquellos tiempos remotos, y hay que cambiar los patrones para ajustarlos a la veracidad histórica y de paso renovar las pintas, para que el look no se haga muy monótono año tras año. Pero todos sabemos que la realidad es que los talleres textiles que viven de confeccionar estas prendas (y que no son pocos por esta zona), una vez que ya está casi todo el mundo abastecido (a excepción de los relevos generacionales; aunque estas cosas con frecuencia se heredan, regalan y prestan), y que tienen todo el pescado vendido y se les empieza a resentir el negocio; pues, qué casualidad, justo aparece algún documento que pone patas arriba todo lo anteriormente establecido y hay que rehacer casi todos los trapos.
Todo este rollo para decir que yo, con las prisas de haberme apuntado a última hora, desfilaré con uno de los trajes antiguos, de los desdeñados, y no iré a la última moda fogueril. Pero mi hermana ya me ha tranquilizado diciendo que no seré el único, ya que hay no pocos puristas disidentes, que no tragan con el chanchullo antes descrito y defienden a capa y espada el nuestro como el auténtico traje tradicional de los machos de esta tierra, y no se pliegan a caprichosos cambios de estilo en algo cuasi sagrado para ellos. Así que, sin quererlo, el sábado formaré parte de la Resistance Zaragüelles, arriesgando a toda la hoguera de mi hermana, que llevan todo el año preparando con esmero cada acto, a sufrir una penalización o amonestación por parte de la organización, por permitir entre sus filas la presencia de un sedicente, rebelde y demodé. Y ya me estoy viendo las miraditas aviesas de mis compañeros de pasacalles, nada más verme llegar al punto de reunión (la emblemática Plaza de los Luceros, perdón del Estells) vestido como un maquis alacantí y retroactivo ("¿Quién coño es éste? ¿Y a dónde va con esas pintas tan anticuadas? ¡Será cabrón!") .
No sólo me meto en este tipo de embolados, sino que además lo hago por la puerta grande y tocando los cojones por debajo del faldón. Del actual, que es más moderno y más guay.
miércoles, junio 13, 2007
Ya huele a pólvora
Ya comenté una vez que mi querida hermana pertenece a la comisión organizadora de una de las Hogueras de esta ciudad, que celebrarán su fiesta grande la semana que viene. Y ahora anda muy liada con los últimos preparativos, entre los que se cuentan el de haber enredado a buena parte de sus hermanos, a una cuñada y a su sobrino de 6 meses para que se sumen al desfile inaugural del sábado. Y ese desfile han de hacerlo debidamente ataviados con el traje tradicional de esta tierra; y con lo aparatosos que suelen ser estos ropajes ya os podéis imaginar el follón que tenían liado allí de faldones, fajines de húsar, espardenyas huertanas, y un largo etcétera de esas prendas tan modernas, y sobre todo tan fresquitas para el calor levantino de mediados de Junio.
Y allí estaba yo, cachondeándome del espectáculo textil regionalista, cuando uno de mis hermanos, harto ya de mis chanzas, me retó a que no tenía huevos para salir con ellos en el pasacalles. Y como esa maldita frase suele ser la antesala de la mayoría de embolados en los que me acabo metiendo, pues ahora mismo está buscando mi hermana un par de trajes más para mi señora y servidor (a los que no nos lo había propuesto desde el principio porque, conociéndome, daba por hecho que no estaría interesado en absoluto en algo así. Como ya hizo el miembro más joven del clan, que rechazó amablemente la invitación y al final será el único hermano que no pase el trago el sábado, ya que su condición de metrosexual se lo impide y probablemente preferiría que le abrasaran los ojos como a Miguel Strogoff antes que tener que verse desfilando en público disfrazado de esa forma).
Así que si nada se tuerce y las gestiones de mi hermana dan sus frutos (cosa que no dudo), el próximo sábado 16 de Junio a partir de las 20:30 h. mi mujer y yo desfilaremos por las ramblas de esta ciudad, vestidos de esta guisa que luce la pareja de la foto. (Del bailecito no se ha hablado, pero a eso sí que me negaré en rotundo llegado el caso. Y el tipo de abajo no luce el bonito pañuelo pirata que nosotros sí tendremos que portar, aunque algunos ya se han decantado por la aceptada modalidad de anudarlo en torno al cuello).
martes, mayo 29, 2007
Reentrada en la atmósfera

Harley Davidson and the Marlboro Man tomando tierra en la península tras un intenso weekend ibicenco.
Imagen tomada por Cripema desde tierra firme, tras recuperar nuestros queridos borriquitos de acero del estómago de la ballena (también de acero). Nóteseme totalmente metido en mi papel de Motorista Fantasma; pero es que cada vez que me enfundo mi chupa "Perfecto" (mil gracias de nuevo, cariño), es como si me poseyera el espíritu del Melón Blando asalvajado. Y nótese también lo guapísima que luce "La Dolores" tras el desparasitado que le hice: le quité ¡6 águilas, 6! (como si fuera una corrida de toros: yo solo ante tanto pajarraco, que parecía que fuera a salir volando en cualquier momento la pobre Lola), que le había colocado su anterior propietario en un alarde de mal gusto norteamericanizado (con decir que una de ellas consistía en una cabeza sobre el guardabarros delantero, que llevaba una bombillita dentro para que se le iluminaran los ojitos rabiosos...). Cómo será la cosa que Gilito me ha dicho que va a poner en e-Bay el lote de rapaces, anunciándolo como "kit hortera". Así que, ya saben, si alguno se anima a convertir su moto en un espanto volador y mitológico, que nos lo haga saber, que le haremos precio de amigo.
El viaje genial, ligeramente empañado porque nuestra estancia se debía en parte para notificar en persona a "los muchachos" originales, que ya no queríamos seguir siendo sus "muchachitos" peninsulares. Y todo porque hemos comprobado que este tipo de asociaciones se rigen por unas normas internas (y externas) demasiado estrictas para nuestros espíritus indomables. Al final todo bien, tan amigos y que siga la fiesta.
Lo mejor de todo, para mí, la ruta matinal del sábado por toda la isla, con parada y fonda en un paradisíaco chiringuito, y con fin de trayecto en un restaurante al borde del mar (sobre la misma arena de la playa), donde comimos una paella más que aceptable. Ah, y el viaje de ida en el ferry, que -quizás por culpa de la nevera de Teddy- acabó desmadrándose un poco.

Disfruté la ruta dando la vuelta a la isla y disfruté más observando a Micro y su señora a lomos de su borriquito de acero surcando los caminos de la Ibiza rural señalandonos mutuamente flores y casas payesas que relucian con el sol de la isla. Tras llegar al punto mas alto en Sant Josep de Sa Talaia, se abrió el mar ante nosotros, dibujando el horizonte azul, perfecto, tranquilo..
la cual nos reconcilió con unos estomagos ya altamente castigados por los gases de la cebada fermentada.martes, mayo 22, 2007
Sábado motero*
El pasado sábado mi queridísima esposa tuvo el detallazo de organizar una barbacoa en el jardín de su casa, para “los muchachos”, sus “muchachas” y sus “muchachitos”, con la inestimable presencia de destacados miembros de la Mötley Crüe (fue una curiosa combinación, porque más mötley (pintoresca) la crüe (pandilla) no podía ser).
Y entre carnuja a la brasa y cervezas heladas (por cierto, si os ha llegado por e-mail o cualquier otra vía el truquito ése de añadir sal y cubitos de hielo al agua para enfriar más rápidamente las bebidas, por no sé qué rollo de la transferencia térmica de la sal al disolverse, ya podéis olvidarlo porque es un puta mierda. Donde esté un buen congelador que se quite la física, la química y demás zarandajas); decía que entre chorizos criollos, morcillas de cebolla y chuletas de cordero regadas con generosas cantidades de jugos de cebada y uva; y mientras nosotros nos abrasábamos no menos que la carne, bajo un sol que más que tostar, freía (por los aceites bronceadores con los que nos untamos; ellos –algunos- descamisados y ellas –todas- en bikini), se habló de muchas cosas, pero en especial e inevitablemente de motos, motoristas y clubs de lo primero y lo segundo.
Y en un momento dado, yo que no tengo ni puta idea de todo eso, porque soy un recién acoplado al mundillo, y no sabía cómo meter la cuchara en la conversación, suelto: “Yo es que soy un motero de los de antes… de los de antes de ayer, que fue cuando me saqué el carnet”.
Más tarde, algunos de “los muchachos”, con nuestras “muchachas”, acudimos a lomos de nuestros borriquitos de acero al mítico pub Daytona de Benidorm, donde se celebraba una fiesta motera, organizada por un club de moteros, para los moteros; de los de antes…
martes, mayo 15, 2007
El caos no cesa
Estando en la terraza, medio en pelotas y disfrutando de unas cervezas heladas (con sus preceptivas olivas y patatas) entre bromas y conversaciones absurdas de las nuestras, la realidad irrumpió súbitamente en nuestro bonito día, cortándonos el rollo un poco a todos. Y todo porque a una mujer que se hospedaba en el hostal (del que dependen el bar y su terraza) le patinó mucho la cabecita loca y montó un numerito bastante triste; con amenazas de suicidio incluidas. Ni siquiera sus familiares lograban hacerla entrar en razón y al final se hizo necesaria la intervención del SAMUR y una patrulla de la policía nacional. Hasta que lograron llevársela, esta señora se acercó repetidas veces a nuestra mesa para hacernos partícipes de sus delirios, y nos apenó mucho constatar lo fácilmente que te puede jugar una mala pasada algo tan delicado como es el cerebro humano. Era tal la velocidad a la que se le amontonaban los conceptos desordenados en la cabeza, tal la fuga de ideas que aunque disparaba palabras como una ametralladora y sin interrupción, no lograba hilvanar un solo pensamiento coherente y desvariaba de mala manera. Y para más inri y añadir más dramatismo a la situación, la mujer tenía breves destellos de lucidez en los que comprendía que estaba montando un espectáculo lamentable (“circo” lo llamó ella en repetidas ocasiones), pero reconocía no poder evitarlo (para que se entienda, sólo diré que el “circo”, entre otros muchos desmanes, incluyó tirarse vestida a la piscina, mientras gritaba que ya no se drogaba y que sólo quería nadar, mientras sus familiares desde el borde trataban de hacerla salir; o gritar repetidas veces que lo que necesitaba era un hombre que se la follara ya).
Una vez alejado el problema (“resuelto”, por desgracia, no es la palabra), y tras un refrescante bañito en la piscina, procedimos a hincarle el diente a los gazpachos. Y después de deshacernos en elogios hacia el autor, pasamos a las copas, lo que provocó el momento surrealista de la tarde. Y todo porque el mueble-bar de Melrose aglutina la colección de botellas más extravagantes que se pueda imaginar. Quitando una botella de ginebra Gordon’s (adornada con un espantoso lazo con floripondio* (?!)), y una caja vacía de Chivas, el resto de marcas allí presentes son irreconocibles para el borracho patrio más curtido. Unos licores de vivos colores con unas etiquetas en las que aparece el rostro en blanco y negro de una anciana con cara de malas pulgas, y rotuladas con unos nombres ilegibles, que nadie se atrevió a probar (bueno, miento, yo sí probé el amarillo y aún me estoy arrepintiendo); botellas de brebajes en teoría reconocibles por su color u olor, pero cuyas etiquetas más que dar pistas sobre el contenido aumentan la confusión; marcas blancas de Dios sabe qué economatos; y otros horrores líquidos que nos hicieron pasar un buen rato sin necesidad de destaparlos. Imaginad las carcajadas generales cada vez que el barman (éste que suscribe) sacaba del mueble una nueva pieza de la colección, acompañándola del correspondiente comentario jocoso o conjeturas sobre su procedencia, ante un alterado auditorio de gargantas secas.
Pues así, a la risa a la risa, y tras descartar botellas (y cajas) vacías, otras medio acabadas que no daban ni para dos chupitos, y otras llenas (demasiado llenas para el tiempo que llevan allí) a las que no había cojones de meterles mano, nos dimos cuenta de que no teníamos nada potable con lo que remojar la sobremesa. Así que, tras una recolecta de fondos, un comando especial partió urgentemente y resolvimos comprando limón granizado y pipermín para elaborar las traicioneras “lechugas”; que, al igual que todos los combinados dulces, y éste con el agravante de estar fresquito, vas bebiendo, vas bebiendo, y cuando te quieres levantar de la silla para mear llevas ya una caraja de espanto. Ah, y horchata y fartons para los más golosos.
Después, lo típico, liguilla de fútbol virtual, mientras los profanos debatíamos de lo divino y lo humano, hasta que cada mochuelo se iba volviendo a su olivo.
La verdad es que lo pasamos muy bien, y aunque uno se siente como en casa allí, me dio pena pensar que ya no soy habitante oficial de la Mancomunidad desde hoy hace exactamente 15 días. Voy a echar de menos esas habituales reuniones multitudinarias de buena gente. Multitudinarias porque, a pesar de las notables y numerosas ausencias, el domingo, como el que no quiere la cosa, nos juntamos 15 personas allí; y habituales porque sin ir más lejos, anoche (¡lunes!), con la excusa de que dos de los miembros deben retirase una temporada de la vida disipada para hincar los codos de cara a una inminente oposición, se volvió a armar la marimorena allí.
(* Me estuve riendo un buen rato con una ocurrencia del siempre genial Delrieu, a costa del lazo de la ginebra. En un momento dado, se gira hacia Elöy, le extiende el floripondio y le dice muy serio: "Toma, con esto y una persona, ya tienes una novia").
martes, mayo 08, 2007
Vacaciones en el bar
Como es bien sabido, a los que somos de rancio abolengo no nos basta con que se le entregue una placa al museo, aplaudir y todos a dormir, no. Nosotros tenemos que celebrar estas ocasiones por todo lo alto, despilfarrando el dinero como si no saliera de nuestros bolsillos, con una cena desorbitadamente lujosa (pero en absoluto opípara), una barra libre nutrida de esas marcas que no se encuentran en el DIA, servida en una preciosa terraza sobre el mar, y el castillo de fuegos artificiales más impresionante que nunca habían visto estos ojos (o hacía mucho tiempo que no veía este tipo de espectáculos o la pirotécnica ha evolucionado muchísimo, porque quedé estupefacto ante tal despliegue de pólvora empleada por una vez para el bien y el disfrute de los de mi casta, y no para hacernos volar por los aires).
Para evitar hacer esto muy largo, resumiré la intensa velada diciendo que compartimos mesa con dos parejas de ultrapijos, de los que había que ver y escuchar para poder creer (empezaba a pensar que no existía gente así en el mundo real; que eran una leyenda urbana), más una de aspirantes advenedizos que daban casi más asco-pena que los de verdad (aún me duele el tobillo izquierdo por las pataditas que me propinaba mi señora, cada vez que un horror brotaba por alguna de esas seis boquitas colagenadas; ¿no te bastaba con morderte la lengua?); que el protocolo y la seguridad que acompaña a esta ralea resulta sofocante (en uno de mis despistes [y supongo que de los de seguridad también] casi me doy de bruces con la venerable señora coronada, cuando bajaba atarantado unas escaleras, ante la cara de horror de toda la comitiva de lametraserillos); que hoy en día se asocia una cena de postín con comer muy poco y muy mal, pero presentado todo estrafalariamente (mis padres toda la vida riñéndome por jugar con la comida, y resulta que ahora es de lo más in. Menos mal que la selección de vinos fue excelente); y que en definitiva el dinero procedente del erario público se dilapida muy alegremente.
También me chocó bastante que debido al estricto protocolo se sometiera a tan insignes invitados a incongruencias e incomodidades; como tener que hacer uso tanto hombres como mujeres de los aseos de señoras, hasta cierto momento de la gala y por motivos de seguridad (?!); o que a pesar de acudir todo el mundo a la cita al volante de sus flamantes cochazos recién encerados, se nos obligara a dejar los vehículos en una zona del muelle bastante alejada del destino, y nos trasladaran hasta allí en un autobús (los últimos viajes ya deprisa y corriendo, con la gente hacinada y de pie, amontonada en el pasillo como en un tren pakistaní), porque por lo visto una vez llegada la reina no se permitiría a nadie más la entrada al recinto. Y podías contemplar desde el autobús a los impacientes que prefirieron no esperar su turno, recorrer el largo y desolado muelle a oscuras, ataviados con sus mejores galas, en vivo contraste con el decorado típico portuario de silos graneleros, palets mojados y ratas como conejos).
Como recuerdos positivos me quedo con lo bien atendidos que estuvimos por una camarera muy maja a la que, al final de la cena, le comenté que si, al igual que existen hojas de reclamaciones para protestar por un mal servicio, no había algún formulario para exaltar y agradecer su buen servicio (como el que presenté en su día en Terra Mítica para dejar constancia del buen hacer de la camarera que nos atendió en uno de los restaurantes). Me dijo que no, pero que si se lo decía a su jefe me lo agradecería mucho, y me señaló a un tipo trajeado con pinganillo en la oreja que se pasó toda la velada muy tenso y abroncando a todo el mundo mal disimuladamente. Y así lo hice, y el hombre se mostró gratamente sorprendido por mi iniciativa; al parecer muy poco frecuente en esos ambientes, en los que sin embargo no falta ocasión para invertir la misma cantidad de energía en el sentido contrario, y despotricar acaloradamente por cualquier descuido o minucia.
También me quedo con el recuerdo de presenciar el castillo de fuegos de artificio (que, insisto, me pareció impresionante) cómodamente sentado con mi mujer en un sofá de la terraza, que asomaba sobre la superficie del mar, con una copa en la mano y un cigarro en la otra. Y sobre todo, con la actitud con la que afrontamos nosotros dos la velada: tratar de pasarlo bien a pesar de ser un compromiso laboral de mi pareja, no dejarnos avasallar por el engolado ambiente y reírnos de todo y de todos (había por allí unos cardados imposibles que hubieran hecho las delicias de nuestro querido Natxo Lara. En concreto en la mesa del lado había dos señoras que parecían marcianas recién salidas de Mars Attacks).
viernes, abril 20, 2007
La cena de los vampiros
Una vez allí quedamos algo decepcionados ya que esperábamos encontrar algo de decoración vampírica, pero no fue así. Qué sé yo, un poquito de ambiente de lo que a los occidentales nos viene inmediatamente a la mente cuando pensamos en Transilvania o los Cárpatos: que si unos ataúdes, unas capas de terciopelo negro forradas en satén rojo, unos colmillos de pega… Lo único que recordaba lejanamente al conde transilvano era la sangrienta tipografía del letrero, los inquietantes camareros no-muertos, y los muy discretos homenajes aquí y allá, como pequeñas concesiones a la galería (imperdonable el error de incluir pan con allioli en el “Menú Drácula”).
La verdad es que cenamos muy bien y a un precio módico, y pudimos cumplir nuestra intención inicial de degustar exclusivamente productos de la región (la cerveza, el vino y todas las viandas procedían de allí). Pero precisamente este empeño en celebrar un banquete rumano en toda regla casi nos cuesta un disgusto a los cuatro. Y es que resulta que estos tíos raros también toman en sus comidas un licor parecido al orujo nuestro, pero destilado de ciruelas y con una gradación cercana a los 60, que para más inri lo toman de un taponazo y antes de empezar a comer. Así que imaginad cómo se afronta una comida con el gaznate medio anestesiado (quizás sea ésa precisamente la intención: adormecerte el paladar para que no seas capaz de detectar el verdadero mal gusto de sus platos, aunque a ti te estén pareciendo deliciosos por la simple razón de que cualquier cosa sólida que baje por tu garganta te alivia un poco la abrasión).
Lo cierto es que nos reímos un montón bromeando con lo que ya os podéis imaginar y, por supuesto, yo no dejé de hacer gansadas de las mías cuando me tomo dos copas (como preguntarle a un camarero cómo se dice “gracias” en rumano. Me advirtió de que no sería capaz de pronunciarlo, y efectivamente no fui capaz. Y eso que el hombre se esforzó en intentar enseñármelo, pero es que esa pronunciación gutural de palabras amontonadas de consonantes sólo está al alcance de los nativos. Quizás el licor de ciruelas tenga algo que ver con esa forma de hablar suya, como de estar haciendo gárgaras constantemente mientras se expresan).
Nos impuso un poco de respeto quedarnos como los últimos clientes en abandonar el local, allí sentados, bebiendo y riéndonos mientras unos señores muy pálidos y serios nos miraban de reojo con impaciencia (no sé si por cerrar de una puta vez y largarse a casa con su familia, o esperando que nos hiciera efecto el brebaje de ciruela para poder hincarnos el diente y convertirnos en jóvenes ocultos levantinos).
Al final nos fuimos de allí con media melopea y me consta que Vainilla devolvió los alimentos a donde habían salido: a las catacumbas del subsuelo.
miércoles, marzo 21, 2007
¡Votadme, malditos!
Y anoche fue así nuevamente, pues tuvimos que acudir a la gala de entrega de unos premios turísticos que, debido a la proximidad de las elecciones, se ha sacado de la manga el ayuntamiento de esta ciudad, a mayor gloria del autobombo y la megalomanía de nuestro Alcalde Quimby carpetovetónico. Que, por cierto, cada vez está más hermoso, el tío; como en su casa estén todos tan bien alimentados, para el libro de familia les habrán tenido que hacer una fotografía aérea (y me permito hacer esta broma cruel desde mi estatus de ex-obeso traidor; aunque realmente debería decir "obeso anónimo", como los homónimos del drinking, que no se consideran ex-alcohólicos, sino alcohólicos -a secas- por el resto de sus vidas; enfermos en tratamiento perenne que tienen muy presente que la tentación y la recaída acechará siempre a la vuelta de la esquina).
El acto tuvo lugar en un marco idóneo: el Castillo de Santa Bárbara de NeoTokyo (que es lo que acabará pareciendo este pueblo si se cumplen todos los faraónicos proyectos con los que nos atemorizaron los "políticonstructores" a los pobres mortales allí presentes, mediante el vídeo promocional que emitieron a modo de entremés, justo antes de cenar; y entiéndase "entremés" conforme a su 2ª acepción en el diccionario de la R.A.E.*. Como curiosidad comentar que el spot consistorial concluía con un final abierto, bastante intrigante: una niñita virtual se acerca caminando tiernamente hasta la orilla de una playa también virtual (¿el Postigu3D?) y agarrando por la espuma el borde de una ola que se acercaba a sus piececitos, la alza y con un movimiento brusco sacude con fuerza todo el mar como si éste fuera un gigantesco edredón azul, que queda suspendido por un momento, separado del fondo marino, hasta que vuelve a caer rompiendo en una explosión de agua salada que acaba metamorfoseándose en un horrendo logotipo institucional, subrayado por un no menos horrísono eslogan. Y este extraño final para mi entendimiento sólo admite dos lecturas, y ambas coinciden en que el estudio de animación le ha debido colar una ingeniosa butifarra envenenada al Excelentísimo:
1.- La niña sería una Jueza Garzón en ciernes, que ha de llegar a modo de supermagistrada mediática y vedette a interrumpir las futuras TecnOlimpiadas de NeoTokyo 2025, tirando de la manta de todo este sindiós urbanístico de la Marbella levantina; la Isla Tortuga mediterránea.
O 2.- De tanto socavar el quebradizo subsuelo calizo y permeable sobre el que se aposenta nuestra querida Lucentum, en pos de construir bajo tierra al precio que sea (como no se pudo hacer un metro, por lo inviable de construir un tren subterráneo en una ciudad a ras del mar, pues han soterrado gran parte del recorrido del tranvía) la Pacha Mama (astutamente alegorizada en la niñita poligonal) se rebelará, harta de ser vejada, y nos enviará un mortífero cataclismo en forma de tsunami vengador, que borrará del mapa todas esas construcciones mastodónticas erigidas sin tino sobre su delicada piel, y sin las cuales -pretenden convencernos- no tenemos futuro como ciudad turística y de servicios).
Decía, que me enrollo demasiado, que el marco fue perfecto porque el banquete tuvo lugar en el salón Felipe II del mentado castillo; que fue construido por los moros durante su estancia por estas tierras; conquistado por Alfonso X el Sabio un 4 de Diciembre, de ahí que lleve el nombre de la mártir católica (ver santoral); y tres siglos después remodelado por el segundo de los felipitos coronados; que en vez de irse a Ikea a por unas lamparitas chachipirulis, se hizo una obra monumental, como procede en estos próceres. Y como de actuales próceres estaba lleno el acto que nos ocupa, pues qué mejor que ese salón para correrse una buena francachela a cargo de los contribuyentes del reino.
Después de ser presentado durante la recepción a toda una legión de prebostes del mundo de la empresa, del periodismo y de la política (con concejales, consellers y hasta con un diputado, estuve departiendo alegremente), nos sentamos a la mesa a degustar la cena, que, a decir verdad, fue exquisita. Regada con excelentes vinos (en concreto un blanco delicioso que me impactó bastante) y ambientada por la delicada música de un combo de jazz en directo. Por cierto, no sé a qué santo, nos recibió a la entrada del castillo una panda de zancudos, tragafuegos y malabaristas, ataviados todos ellos con ropas y pelucas dieciochescas (?!), que ponían en serio riesgo la integridad física de los que se ganan la vida jugando con fuego.
Y tras la entrega de premios llegó una actuación que a primera vista me pareció totalmente fuera de lugar, pero que después resultó tener su "puntito". Nada menos que el show del humorista Jordi LP (?!). Aún recuerdo que hace años, cuando lo observaba disparatar en Tele Circo, era tal mi grado de vergüenza ajena y asco-pena que era incapaz de mirar directamente a la pantalla y tenía que verlo como veía de pequeño las películas de terror: tapándome la cara a medias con un cojín o cubriéndome los ojos con la mano, mirando a través de los dedos entreabiertos. Pero como allí no tenía un cojín a mano, pues me armé de valor y afronté su intervención con cierto recelo inicial. Pero a los dos minutos de actuación ya me tenía ganado, por la simple razón de que demostró tener cojones dando tanta caña a la clase política que lo había contratado. Entre autoparodias a sus raíces catalanas y chistes de sal gruesa, muy gruesa en algunos casos (mis favoritos, para qué negarlo), repartió bastante estopa a la broma, a la broma, ante las heladas sonrisas de quirófano del politiqueo presente. Y haciendo un hincapié socarrón en asuntos de la actualidad local, lo que me llevo a pensar que estaba ante un gran profesional, que se documenta profusamente antes de cada actuación, o que de veras los conocía de primera mano (¿alguien sabe si veranea por el reino de Valencia este bufón?). Además, demostró tener muchas tablas cuando a su petición de un médico en la sala, pues en la mesa contigua a la nuestra un señor sufrió una lipotimia acompañada de vómitos semiinconscientes sobre el mantel, y la gente respondió con carcajadas (lo que prueba que el público, una vez entregado, ya se ríe con cualquier cosa), pero supo capear la situación con bastante garbo (quizás no estaba improvisando y era una artimaña preparada de antemano para estos casos). Lo único que no le perdonaré nunca es que no contara ningún chiste de náufragos.
En fin, que me asusta un poco lo fácil que se acostumbra uno a la buena vida, y me sorprendí a mí mismo maldiciendo a los electores por no tener mi propio coche blindado con chófer y lunas tintadas, cuando la veintena de vehículos oficiales abandonaba presto el lugar, desde sus estacionamientos privilegiados; mientras mi buena amiga y yo teníamos que caminar 100 malditos metros con un frío siberiano, hasta nuestro humilde turismo de tristes proletarios honrados.
Así que ya sabéis: en los próximos comicios votadme, que quiero un coche blindado, y escoltas, y chalecos antibalas, para que me sienten tan bien bajo el traje como a Garzón; o maldeciré vuestra prole hasta el séptimo hijo de vuestro séptimo hijo.
¿Dónde hay que presentarse para estas cosas? ¿Hay que tener algún programa? ¿O proyectos? ¿O alguna idea de algo? ¿Verdad que no? A las pruebas me remito...
Lo digo porque me parece que se acercan elecciones.
*entremés. 2. m. Pieza dramática jocosa y de un solo acto, que solía representarse entre una y otra jornada de la comedia […].
jueves, marzo 15, 2007
Despedida (y III. ¡Y menudo III! Pero acabemos con esto de una vez)
Yo compartía habitación con Kelly, primo del Karras y alemán para más señas; pero de estos alemanes que llevan toda la vida aquí y, a pesar de ser rubio y con ojos azules (qué bueno está el tío, mari), es más español que la tortilla de patatas, el tricornio o una capea. De hecho, habla un castellano impecable, sin pizca de acento, mucho más correcto que el que hablamos cualquiera de los otros diez; que sin embargo cuando queremos cabrearlo, solemos hacerle burlas del tipo: “Marrcharrr ya. Kelly no gustarrrr Fingo!”. Que, de hecho, no le gustó nada y pasaba muy mucho de comprobar que los números cantados estuvieran en su cartón, con la mirada perdida, cagándose en la puta entre dientes, por no estar viendo a su amado Barcelona F.C. (éste era uno de los de las carreritas frenéticas en el restaurante, cada vez que escuchaba algarabía en la sala contigua). Entre partida y partida, en los monitores de las mesas del Bingo emitían, sin sonido, unos segundos del partido que a él le debían parecer preciosos, pero que le boicoteábamos constantemente tapándole la pantalla de nuestra mesa con montones de cartones no premiados (o sea, todos). No hay nada como tener buenos amigos.
Ya de vuelta en el hotel, tuvieron que subir varias veces a llamarnos la atención por el escándalo. Y finalmente, a las tantas de la mañana fuimos cayendo dormidos como angelitos guarros.
Por la mañana todos de vuelta a Alicante excepto yo, que tenía dos citas ese domingo en el mismo Alcoi. La primera, pasar por el local que estamos reformando como futura sede social para reunirnos “los muchachos” (y de momento, hasta aquí puedo leer; tarjetita para el público. ¿Verdad, Gilito?). Pero como no tenía el cuerpo como para ponerme a obrar, me fui a traición con Cripema a tomar unas cervezas y charrar (mil disculpas a “los muchachos” por mi deserción).
De allí nos fuimos Cripema, Gilito y servidor a casa de Don Jesús Lara para comer. Pero creo que el sustantivo “casa” no hace justicia a la morada de Don Jesús (yo a la gente que me demuestra que sabe vivir bien, la trato de Vd.). Como buena estrella del rock que es, Don Jesús (y su familia, claro) vive en una mansión impresionante. Y al emplear la palabra “mansión”, inevitablemente lo primero que os habrá venido a la mente es la de los Plaff, la del Kane (Xanadú), la de Drácula o la Cthulhu; pero que va..., ésta es una vivienda ultramoderna e hipertecnificada, obra de no recuerdo qué arquitecto reconocido (al menos entre los presentes). Y sobre todo, preciosa. Es la típica casa que (como ya dijo Gilito en su día, refiriéndose a otra) la ves en una revista de ésas de decoración y piensas con envidia resentida (la sana no existe, que no os engañen): “¿Quién será el cabrón que vivirá ahí?”. Bueno, pues ya conocemos a uno… Yo creo que en toda la historia del rock, sólo la mansión de Jimmy Page (guitarrista de Led Zeppelin) en el Lago Ness, la Graceland de Elvis, o el rancho Nevermore de Estupro Jackson, podrían competir en lujo asiático con la chabola del Jésus.
Allí estaba todo el entorno de la banda (la Compañía de Jesús) con sus respectivas esposas, novias o groupies, y pasamos una velada realmente memorable. Sentados a una mesa al borde de la piscina, salió un día tan espléndido que “El artista antes conocido por Jesús” (a partir de ahora, Don Jesús) tuvo que repartir su nutrida colección de sombreros bizarros para protegernos a todos los comensales del castigo del sol, que brillaba con una furia altamente incompatible con mi metaresaca.
A los mandos de la paella estaba el genial Natxo Lara (hermano prior de la Compañía), que demostró cocinar tan bien como escribe. Nos faltaban sombreros allí para descubrirnos con un afrancesado “Chapeau!” a la altura de su obra. (Por cierto, gracias Natxo por los inmerecidos elogios en tu blog. Si yo fuera Gilito, aquí mismo pondría ahora un enlace hasta allí, pero como soy un analfabeto informático, pues si tienen curiosidad pinchen por favor en “Borraska” en la columna de la derecha y busquen por allí. Ha puesto hasta un foto mía, tomada el día de autos. Nótense los lamentables estragos de la metaresaca. Gracias).
Y así, entre cervecitas frescas (Don Jesús es un incomparable anfitrión y maestro de ceremonias, y no dejó un cabo suelto: hasta las cervezas tenían su cubo con hielo para mantenerlas frescas; cubo que terminó encomendándome su custodia y gestión, vaya usted a saber por qué…), buenos alimentos (hombre, faltaba más, en la casa del Señor (Jesús) y en domingo santificado…) y conversación muy interesante, cuajada de jugosas anécdotas sobre el mundo de la música profesional, pues llegamos a la sobremesa. Decía un escritor francés que los ingleses se habían inventado la sobremesa para poder olvidar lo horrible que era su comida; pero éste no era el caso. Aterrizó en la mesa el temible plis-play alcoyano (para los lectores de fuera de l’Alcoià, decir que es una mortífera mezcla de café licor (alcoyano también, por supuesto) y Coca-cola (ésta ya no sé si también la elaboran allí, en alguna pequeña bodega…); bebida energética donde las haya y perfecto acompañamiento para tertulias vigorosas. Permítanme que, abusando del elemento compositivo (y empleándolo incorrectamente, porque no significa exactamente lo que sugiere a simple vista), bautice el plis-play como “metacafé”; y así todos lo entenderán.
Pues bien, generosamente regada con metacafé discurría la amena tertulia, cuando llegó el momento fatídico de los chistes. Gracias a la providencia, había allí presentes dos titanes del humor (un titán y una titana) que entablaron un magnífico tour de force, que nos hizo reír sobremanera. Aunque el que suscribe, ya alterado por el metacafé, no dejaba de interrumpir el desopilante duelo de titanes con sus humildes aportaciones. Hasta me hicieron contar mi patético hit-parade de humor náufrago…
Pero como no tengo autocontrol con las bebidas espiritosas, empecé a desbaratarme más de la cuenta y Cripema, que me conoce como si me hubiera parido ella, estuvo al quite y con una sutil estratagema de las suyas me cerró el grifo y me recordó que por la noche tenía otra cita en Alicante (yo sé que la mamá lo hace por mi bien). Así que abandoné el lugar eternamente agradecido por la hospitalidad recibida y por el buen rato vivido, y me dirigí a prepararme para el acto que cerraba un fin de semana realmente ajetreado.
Como broche final a tanta hiperactividad, tenía que asistir acompañando a mi buena amiga a una gala por todo lo alto que ofrecía la asociación de hostelería a sus afiliados (que no son pocos en una provincia eminentemente turística como Alicante). Así que me enfundé mis mejores galas (pues si ésas son las mejores…) y disfruté de una velada especial en muy grata compañía. Estoy empezando a cogerle el gusto a esto de alternar con las altas esferas y ya empiezo a moverme como piraña en el agua dulce entre empresarios y políticos, tocando los huevos un poco a unos y a otros. De hecho, pensaba ilustrar el final de este interminable post con una foto de servidor posando con la Consellera de Turismo de ésta nuestra comunidad (que se prestó muy solícita a mi petición de: "Por favor, Consellera, una foto para el "Cansado Tribune"), pero la calidad de la foto no es muy digna, quizás porque mi amiga en el momento de hacerla se vio envuelta en algún rifirrafe entre los escoltas de la Consellera y los míos. Por FIN.
miércoles, marzo 14, 2007
Despedida de soltero (II)
La cuestión es que nos emocionamos más de la cuenta, hasta que alguien de casualidad reparó que se nos habían hecho las dos y que teníamos la mesa para comer reservada a las dos y media, pero a 60 kms. de distancia. Así que una llamada retrasando la cita y cagando leches para arriba. ¿Para arriba? Sí, porque de todas las ciudades de la geografía mundial, la empresa que nos organizó la despedida (la intervención de una empresa de este tipo no era necesaria, pero como el dueño es íntimo amigo de uno de los participantes, pues nos la montó de modo desinteresado), tras descartar emplazamientos como Granada, e incluso Ibiza, decidió que el lugar que mejor se adaptaba a nuestras necesidades y presupuesto era allí donde sólo se atreven las águilas: la incomparable Alcoi, el San Francisco de l’Alcoià. Juro que no tuve nada que ver en esa decisión, y que el primer sorprendido fui yo al conocer el dato.
Después de una comida magnífica a un precio irrisorio, al hotel a registrarnos y echar una buena siesta, ya que la mitad de los presentes no habían tenido idea mejor que iniciar los fastos el día anterior; y se liaron, se liaron tanto, que decidieron no dormir y empalmar. Así que se presentaron en el Paint ball sin haberse acostado aún, resultando un blanco fácil para el resto. El propio homenajeado entre ellos; y, claro, recorrer las indomables chicanes del Barranco de La Batalla con metaresaca y bajón apocalíptico no es la mejor de las experiencias, la verdad; y, ya a la entrada de Alcoi, hubo que parar a la altura del Lidl para que el pobre echara la papa entre estertores, pálido y destemplado como pocas veces lo había visto.
Una vez duchados y arreglados (los que tenían arreglo, claro), once mecánicos jóvenes, borrachos, juerguistas y puteros como pocos, empiezan la que pretende ser la juerga de su vida. Y ¿dónde se van?, pues a un bingo, claro. Es de lógica, joder. Y todo porque al pasar por la puerta, mi querido Karras tuvo el pálpito de que nos iba a tocar; aunque lo que realmente nos convenció fue su argumento de que la bebida en esos locales es relativamente barata (ya te sacan la pasta por el otro lado). Así que todos para dentro y, francamente, no creo que nos olviden allí en una temporadita. Nos tuvieron que llamar al orden en varias ocasiones y tuvimos varios enganchones con el camarero y la chica que nos traía los cartones. Al parecer nos caló que no teníamos ni puta idea y que estábamos de coña y trató de liarnos con el cambio en más de una ocasión, pero no se salió con la suya.
Tras unas cuantas partidas en ese ambiente tan rancio y deprimente que se respira en estos locales, decidimos marcharnos. Especialmente tras la observación que les hice de lo absurdo de nuestra "inversión": si éramos once personas y pusimos un fondo común de 10 euros por cabeza (excepto el novio, que, como es preceptivo, no pagaba nada), y el premio máximo que se repartió mientras estuvimos allí fue de 98 euros, de haberlo ganado nosotros no hubiera dado ni para recuperar la apuesta inicial. Pero, en fin, el buen rato que pasamos valió la pena con creces.
Y de ahí a la cena, tras la cual se nos había prometido la presencia de unas drag-queens y de un enano animador, pero que se quedó en los tradicionales strip-teases de toda la vida. Tres para ser exactos, dos femeninos y uno masculino, porque en la misma sala concurríamos tres despedidas de soltero y una de soltera, con todo lo que ello implica: comportamientos aberrantes, interactuación cómplice entre las mesas (especialmente desde las tres con presencia masculina hacia la de mujeres), todas la modalidades de food-fight y lanzamiento de objetos, cánticos incorrectos y berridos animalescos; en resumidas cuentas, la potenciación extrema de los rasgos más ignominiosos del carácter humano a la hora de relacionarse con el otro sexo. Todo ello adereazdo con constantes carreritas frenéticas a otra sala del local, donde se estaba emitiendo el partido Madrid-Barelona en una pantalla gigante de plasma, cada vez que nos llegaban los alaridos de los parroquianos de uno y otro equipo, celebrando alguno de los muchos goles marcados en el encuentro.
Convendría aclarar que la mesa más desquiciada, con diferencia, fue la nuestra, y que de no ser por la aparición providencial de la primera stripper, que, paradójicamente, apaciguó los ánimos, no sé cómo podía haber acabado aquello. Como curiosidad, decir que la mesa de mujeres presenció la actuación de las dos strippers femeninas, que se emplearon a fondo con los 3 novios (uno de ellos vestido de torero, y el nuestro de Vikingo (?!); que parecía Braveheart, el pobre, con media cara blanca después de habérsela estampado repetidas veces contra la tarta de nata, con la saña típica de los que te quieren bien); pero a nosotros se nos privó con unos biombos de la oportunidad de verter quizás algún respetuoso comentario, o alguna somera apreciación sobre las dotes del performer masculino; por supuesto, observaciones todas ellas realizadas desde el talante, y exentas de cualquier atisbo de vituperio o crueldad. Ignoro la razón de esta discriminación positiva, pero quizás habría que buscarla en la negativa del artista a exponer sus habilidades ante una piara de salvajes, borrachos como cubas y crispados como los ultras del derby futbolístico. Casi mejor así…
Viendo que los drag-queens y el enano no iban a aparecer definitivamente; quizás fruto de un malentendido, quizás directamente de un engaño, o –más probable- nuevamente debido a la negativa de los artistas a representar su obra en aquellas condiciones (casi mejor así…), salimos del restaurante en un estado ya muy lamentable a quemar Alcoi. Y lo de "quemar" es casi literal, ya que si la del bingo ya fue absurda, la idea del Karras de llevarse 3 cajas de petardos que algún cliente se dejó olvidadas en su taller, nos pudo costar un disgusto. No se me olvidará nunca nuestra apoteósica llegada al parking del hotel, haciendo estallar unas decenas de "masclets", aprovechando la excelente acústica que ofrece un sótano de hormigón. No me miréis así, joder, que estamos en fallas...
Pero ya seguiré mañana que esto se está alargando demasiado (me había hecho el propósito de no volver a hacer más Sagas Nórdicas, pero está visto que no hay manera).
martes, marzo 13, 2007
Paint ball = pain in the balls?
Aún no he olvidado la cara que puso la chica cuando me pasa a la sala, se va a por sus cachivaches y cuando vuelve me encuentra en calzoncillos. Me mira muy raro y me dice: "¿Es que te vas a depilar también las piernas?". Yo qué sé… ni que hiciera esto todos los días. Así que me volví a poner los pantalones, humillado, y procedimos al desbrozo. Y estoy empezando a preocuparme por si no tendré los sensores del dolor algo atrofiados, porque no hace mucho me quedé dormido (pero dormido de soñar y todo) mientras la dentista me mataba un nervio (la odontóloga no salía de su asombro, y me despertaba cada dos por tres con un: "Pero, chico, abre la boca, que si te duermes no puedo hacerte nada". De hecho, no pudo hacérmelo y tengo cita para el martes que viene. No sé si llevarme el orinal y el antifaz, porque con ese foco tan deslumbrante no hay quien pegue ojo, coño…); y durante la depilación me quedé transpuesto en un par de ocasiones, mientras la muchacha tiraba con saña de unas bandas adhesivas que iban abriendo irritados cortafuegos en los tupidos bosques de mi lomo.
De allí, corriendo nuevamente, a recoger a una buena amiga para ir de "cena-más-copa" con Gilito y Cripema. Y no cualquier copa, porque en Alicante tenemos el inmenso honor de contar con el campeón de Europa de preparación de gin-tonics; y no es una forma de hablar: al parecer también hay competiciones internacionales de esto y el vigente campeón trabaja para una cadena de pubs de ésta nuestra ciudad. No tuve el honor de que me lo sirviera él personalmente pero era una de sus recetas y tiene subalternos de lujo que no le van a la zaga. Aturdido por mi síndrome de Stendhal ante la carta de gin-tonics (sí, un apartado entero de la carta incluye no menos de doce originales formas de prepararlo, con una detallada descripción del palmarés de cada receta), así que lo resolví diciendo: "Sorpréndeme". Y vaya si lo hizo: un delicioso gin-tonic con un toque de… ¡pepino!
Tras deshacerme en halagos al artista, nos dirigimos al pub Coyote Ugly del puerto de Alicante para asistir al concierto de nuestro querido Jesús Lara y la D-Generación Band. Sé que las condiciones subjetivas en las que se vive una experiencia artística influyen enormemente en la percepción de la misma, y mis "condiciones subjetivas" de aquella noche eran inmejorables; pero a mí me pareció el mejor concierto de Jesús & Co. al que he tenido el placer de asistir. Disfruté como un cabrón. Coño, si hasta bailé… Enorme concierto, compadres. Y además, siempre es un placer reencontrarse con todo el entorno de la banda; con la Compañía de Jesús, que no es que sean jesuitas devotos de San Ignacio de Loyola, sino la buena gente que siempre se desplaza arropando al músico que nos ocupa. Por allí estaba el genial Natxo Lara, hermano prior de la Orden y, como siempre, en muy buena Compañía.
Después de haber sentido en mis carnes a qué sabe el cielo (a pepino), los brebajes preparados con desgana por una camarera caucásica me sabían a poco, y en vez de degustarlos reposadamente, tenía que beberlos con furia para pasar el mal trago. Y a lo tonto a lo tonto… a la furia, a la furia… pues me desbaraté como casi siempre.
El sábado tenía despedida de soltero. Creo que ya comenté por aquí que hace años estudié mecánica en un módulo de formación profesional. Allí hice muy buenas migas (quizás demasiadas para lo que sería saludable para ambas partes implicadas) con algunos de ellos, y todavía conservamos una gran amistad después de tantos años. Pues bien, de aquí a nada uno de ellos se casa y, cómo no, había que celebrarlo a lo grande.
Así que el sábado a las once de la mañana ya estábamos enfundados en unos uniformes muy raros, dispuestos a acribillarnos unos a otros con unas bolas de pintura que parecen inofensivas y muy simpáticas, pero que resulta que salen propulsadas por el aire comprimido a 300 km/h. y pican como pedradas las jodías. Después de que el monitor de Paint-Ball nos diera todas las instrucciones de seguridad; después de firmar un documento eximiendo a la empresa de responsabilidad ante daños sufridos por incumplimiento de las normas; después de las advertencias bienintencionadas de los amigos que ya lo habían probado; etc…, etc… y a pesar de todo ello, pues uno piensa: "no será para tanto…" y ya en la primera escaramuza suelta un: "Dejáos de estrategias chorras y cubridme, chiquilicuatres" y se lanza en plan Rambo a por la puta banderita que había que alcanzar; recibiendo el primer impacto de una paint ball de su vida, y que nunca jamás olvidará. El proyectil me peinó lo alto de la cabeza, justo por encima de lo que cubre la máscara de protección, rozando lo justito el cuero cabelludo para dejarme rabiando de escozor un buen ratito, la muy hija de puta. Estaba claro que debía replantear mi estrategia; cosa que quedó reconfirmada cuando, una vez medio restablecido del disgusto, alcé el brazo (como nos habían indicado que había que hacer cuando se recibe un impacto y quedas eliminado, para retirarse momentáneamente del juego sin ser blanco del ensañamiento de los desalmados), para salir de la trinchera en la que me tendí amargado de dolor, y recibo un nuevo impacto en el dedo, que al quedar entre el arma y la bola sufrió una pequeña herida, con una gota de sangre como advertencia de lo que sólo acababa de empezar.
He de decir que el equipo contrario jugaba con un ventaja nada despreciable, pues contaban con Rafa, alias Dragón (y esto ya debería dar alguna pista sobre el personaje), experto en artes marciales ultraviolentas y ex-boina verde, que ahora se dedica profesionalmente a todo esto, pero en una unidad especial de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, y con bolas de plomo en vez de pintura. Y, claro, mi querido Dragón nos frió a bolazos a todos los aficionados; mis testículos incluidos (de ahí el poco ingenioso título del post).
De la experiencia saco las siguientes conclusiones: que las guerras de verdad deben ser un horror y un acojone (no sé por qué me vino a la cabeza ese comienzo normando de "Salvar al soldado Ryan"), pues si verte venir una lluvia de bolitas de colores, que lo máximo que pueden hacerte es un daño semejante a un buen pellizco y dejarte un morado de su idéntico calibre durante unos días, ya impone bastante; no quiero ni pensar lo que se debe sentir bajo un fuego de mortero, intentando zafarse de francotiradores o corriendo hasta perder el culo para no recibir la infame "Death from above" que los helicópteros estadounidenses repartían a mansalva por las junglas vietnamitas. Un espanto indigno de seres supuestamente pensantes.
Así pues, lo recomiendo encarecidamente como terapia para expulsar los excedentes de testosterona mal canalizada, y de paso comprobar el sin sentido de acribillar a tus semejantes (aunque sólo sea a base de bolitas pellizcadoras). Y eso que el que suscribe, que tanto pontifica y se hace el santo ahora, pero que se fundió más de 500 proyectiles, y Dios sabe cuántas recargas de aire, en apenas dos horas de juego (salimos con un cargador de 200 bolas, y si te quedabas sin munición salías del recinto acotado con tela de rafia a por recargas de 100 bolas más (a razón de 5 euros la broma). Y aquí el animalico tuvo que salir 3 veces a recargar, ansioso por si se le escapaba su presa; y eso sin contar el medio cargador que me prestó un amigo, cuando fuera de mí me fundí el mío recién recargado (insisto: ¡100 proyectiles!) intentando expulsar al cabrón de Javi de la torreta en la que se había parapetado. ¡Qué furia, señor mío! ¡Cuánta adrenalina llegó a correr esa matinal sabatina por mis venas de soldadito dominguero! Ya en pleno paroxismo me escuchaba a mí mismo berrear consignas delirantes como: "¡A mi señal: sangre y fuego!" (ver "Gladiator"), "Hay que morir matando, como los escorpiones" (ver "National Geographic") y tonterías por el estilo. Ahora, eso sí, después de una sesión de esto te quedas suaaaaaave para el resto de la jornada...
Y, como debido a mi incontenible facundia esto se hace muy largo, mañana continuaré, porque en este punto de la historia el fin de semana no había hecho más que comenzar. ¡¡Otra recarga!! ¡¡Más madera, esto es la guerra!!
lunes, marzo 05, 2007
Highway to hell
Un servidor mareando la perdiz, que es lo que mejor se le da en esta vida. La foto ha sido recortada, aberrando las leyes mínimas del enfoque fotográfico, para preservar la identidad y el buen nombre de la 4ª persona en discordia.


