lunes, julio 23, 2007

Fa vint anys que tinc vint anys

23.07.1967 Sanatorio San Jorge (Alcoi). Indoor.
A.A.A. daba a luz tras tres días de parto a su primogénito; un niño grande y cabezón.

El niño grande ya adulto, se convirtió en una "persona grande" aunque sigue siendo muy cabezón.

Feliz cumpleaños Gilito



Per molt anys!


"El mundo a veces merece la pena de ser vivido cuando se está con gente así." (F. Arrabal)

sábado, julio 21, 2007

¿Megalómano yo? Y un millón de toneladas métricas de mierda que te comas

Ayer despotricaba aquí abajo mismo sobre el género humano en conjunto, y su lucha a codazos por la supervivencia (lo que Darwin denominó Struggle for life); aunque en el estado del bienestar la supervivencia, más o menos confortable, está garantizada y lo que ese ente que entendemos por la gente batalla sin cuartel es por la preeminencia de sus intereses.

Pero aunque mi concepción global del ser humano es bastante decepcionada, siempre hay esas honorables excepciones que me reconcilian un poquito con la especie. Y uno de ellos es mi querido amigo Juanma Agulles, que ayer estuvo en casa cenando con nosotros.

Juanma es un escritor de enorme talento, impulsor del Colectivo El Tábano, el cual, entre otras muchas iniciativas culturales, edita trimestralmente los Cuadernos del Tábano, revista de opinión (no crítica, aunque pueden ser muy críticos) sobre literatura y arte; amén de la cita semanal de los viernes en la sede social de la asociación (sita en un altillo de la mágica Tetería El Tábano), que es un foro abierto a todo el público, en el que se debate sobre lo divino y lo humano, y donde cualquier creador de todas las ramas del arte puede exponer libremente sus obras. También han montado en la tetería una biblioteca popular que es una maravilla, por el buen criterio con que se seleccionan las obras que van enriqueciéndola.

Juanma está dotado de una fecunda imaginación para fabular (como bien lo atestiguan sus dos libros autopublicados de relatos) y una profunda perspicacia para la observación y la especulación abstracta (buena fe de ello la dan sus escritos ensayísticos), pero además es una de las personas más cultas que conozco, y resulta un enorme placer entablar tertulia con él. Que es lo que hicimos anoche al calor de unas velas y un buen vino.

Pero es que anoche Juanma venía con dos interesantísimas propuestas bajo el brazo; dos proyectos (uno que ya colea desde hace algún tiempo; el otro nuevo) para los que cuenta con la colaboración de un humilde servidor. Por supuesto acepté muy agradecido la ilusionante proposición, pero como mi megalomanía wagneriana no conoce límites, contraataqué con la propuesta de un proyecto que viene rondándome la cabeza desde hace días (pocos, para ser sincero). Y como mi pretenciosidad es ciclópea, la misión proyectada (de una ambición intelectual colosal) resultaba una tarea titánica para un solo mortal; así que, tras hacer una acalorada exposición del asunto valiéndome de un abigarrado batiburrillo que mezclaba al tuntún la mitología nórdica con Truman Capote, los nazis con la sífilis de Nietzsche, Poncio Pilatos con el Ku Klux Klan, Mozart y los masones con la doctora Ochoa, y el culo con las témporas; para mi grata sorpresa, y contra todo pronóstico, Juanma no sólo no me arrojó encima su copa y se marchó de allí airado por mis desmedidos aires de grandeza, sino que pareció hasta entusiasmado con la idea y me brindó su cooperación en tamaña monstruosidad.

Lo que se me pasó comentarle a Juanma, y que supone el principal (que no único) obstáculo para la realización de esa obra faraónica, es mi carácter veleta, de intereses tan cambientes e inestables que hoy me da por algo de lo que pasado mañana probablemente abomine. Por no hablar de esa montaña rusa emocional en la que se alternan la prepotencia mesiánica con las más insufribles inseguridades y flaquezas. Así que es más que seguro que un trabajo mastodóntico de tal envergadura acabe en agua de borrajas o, como mucho, en una paparrucha petulante y pretenciosa; pero por intentarlo que no quede (Muñecolate, Muñecolate… ¿llegarás a Navidad?…). Y todo porque esta iniciativa nace espoleada por una frase que leí hace mucho tiempo de un escritor, de cuyo nombre no quiero acordarme, que venía a decir que si vas a ponerte a escribir, si vas a hacer ese considerable sacrificio de tiempo y energías, que sea con vocación de trascender, de crear algo grande, aspirando a dejar hecha una obra maestra; porque de las mediocres ya hay en las estanterías demasiados millares.

Así que, tan pronto quede patente el abismal desfase entre mi monumental egolatría y mi esmirriado ingenio, podré dar por zanjada la opus magna que pretendía hacer tambalear los cimientos del Establishment, y todo quedará en una chuminada escuálida, una batallita que contar –tambaleándome yo- en alguna sobremesa etílica con amigos. O aquí mismo, sin ir más lejos.

En otro orden de cosas, dentro de unas horas me voy de vacaciones. Mi santa esposa y esto que suscribe cruzarán la semana que viene el pellejo de toro para visitar a la familia, y podré reencontrarme de nuevo con mi querida alma gemela (ya puedo escuchar sus carcajadas, cuando le cuente los pormenores de mi descabellado plan). Pasearemos por Lisboa, hermosa ciudad que vio nacer a una aún más hermosa mujer, de la que años después nació un -nada hermoso- servidor; y donde mi venerado tocayo Pessoa parió sus inconmensurables obras.

jueves, julio 19, 2007

Estoy tannn transido*

(*Diccionario de la R.A.E.: Transido: 1. adj. Fatigado, acongojado o consumido de alguna penalidad, angustia o necesidad).

Una de las razones de que a estas alturas de la semana ya esté transido y asqueado, es que mi naturaleza mutante me ha dotado de un don que, debiendo ser una virtud, se ha terminado convirtiendo en una condena. Y es que poseo en mis retinas una especie de rayos X que me permiten atravesar la fachada de buenas intenciones de todo el que me rodea, y ver muy claramente sus verdaderos propósitos; que por desgracia, y demasiado frecuentemente, son aviesas e interesadas.

Es como si las personas fueran transparentes vasos de cristal de Bohemia, que se creen a mis ojos opacas vasijas de grueso barro, y me invitan a beber sus pretendidos contenidos de leche fresca y dulce miel, ignorando que yo estoy viendo nítidamente (y en algunos casos, hasta oliendo) la auténtica naturaleza de sus amargos zumos de cítricos y sus venenosos brebajes de cicuta.

Y uno va poniendo al mal tiempo buena cara, porque se hace muy duro ir haciendo añicos tanto escaparate, y porque, además, vas poniendo el suelo perdido de cristales, que más tarde o más temprano acabarán cortándote.

Ay, Señor, cómo necesito ya esas vacaciones…

miércoles, julio 18, 2007

Mens insana in corpore fofo

Uno de mis muchos hermanos, además de trabajar como coordinador para un grupo propietario de numerosos locales nocturnos, es monitor de spinning. Suele ejercer esta actividad (aparte de en otros gimnasios que lo soliciten) en un centro polideportivo propiedad del mismo grupo de los pubs y restaurantes.

Ayer nos invitó a mi mujer y a mí a que fuéramos allí a probar una clase de Indoor Walking, que no es una marca de whisky escocés, sino una nueva modalidad deportiva de ésas que se inventan ahora, tan aparatosas y de nombres rimbombantes. En concreto ésta, que en castizo significa “caminar en interior”, vendría a ser poco más o menos lo que hacen los tigres de Ángel Cristo dentro de sus agobiantes jaulas: dar vueltas ansiosamente sin moverse del sitio. Es como el spinning pero, en vez de sobre bicicletas estáticas, sobre unas máquinas -también estáticas- que llaman elípticas. La elíptica viene a ser un armatoste infernal de Tele Tienda, ingeniado únicamente para hacerte pasar un mal rato indoor; lleno de palancas y agarraderas, que cuando coges cierta velocidad de giro elíptico en las piernas te parece que en cualquier momento vayas a viajar en el tiempo (llegó un momento en que yo, con la vista nublada por el sudor y las lágrimas, a punto de echar el bofe y desnortado por el golpe de calor, ya no reconocía si lo que me rodeaban eran elois o morlocks).


El polideportivo, que se ubica en una de las zonas residenciales más exclusivas de por aquí, es megapijo, y la gente va allí a hacer deporte arreglada como si fuera a desfilar con las mancuernas por la pasarela Cibeles, con unos modelitos conjuntados hasta el último detalle, y de unas marcas que a mí ni me suenan. Así que allí estábamos nosotros con nuestros chándales de mercadillo (el mío, un Adadoras (sic), en horrible combinación de naranja y negro) y nuestras toallas de Ikea, calentando motores para la master class de mi querido hermano.

Se nos hizo muy raro verlo subido en el pedestal del monitor, con su imponente aspecto de guaperas metrosexual, en una apabullante buena forma física, impartiendo la clase con una profesionalidad impecable y pegando berridos, mezcla de órdenes y jaleos de aliento para sus pobres víctimas.

Pero es que para superar este potro de torturas bajo palio, aparte de un buen fondo se necesita un gran sentido del equilibrio, cosa de la que yo no ando muy sobrado, y cuando llegó el fatídico momento de soltar las manos de los mandos del cachivache, casi doy con mis michelines en el suelo. Y cuando por fin logré coordinar lo suficiente mis desorganizados miembros y ya pude erguir un poco el pescuezo, me horroricé al ver en el enorme espejo que teníamos situado justo enfrente de nosotros, un impersonator mío interpretando el robot epiléptico.

Aunque derrengados y boqueando como carpas fuera del agua, logramos completar la sesión y nos fuimos a las duchas dejando un reguero de sudores fríos. Y por fin, después de unos cuantos malentendidos con la sofisticada taquilla y el torno de salida (para que os hagáis una idea, sólo diré que allí se accede mediante un sensor que reconoce las huellas dactilares de los socios), alcanzamos el aire libre, donde ya pude practicar el preceptivo Smoking Outdoor (que nunca me acuerdo de lo mal que me sienta ese cigarrillo justo después de hacer deporte, y que con todos los bronquios bien abiertos me sabe igual que si inhalara Zyklon-B).

Casi prefiero los paseos por la orilla de la playa.

jueves, julio 12, 2007

Cirque du Cendre

Hoy ha llegado a esta oficina el grandioso Circo de la Ceniza, trayendo efluvios de clorofila, la sangre verde de la hiedra trepadora, y haciendo piafar de nervios a muchos potros de la yeguada. Lo llenan todo de preguntas malintencionadas, de planes y proyectos construidos con humo y ansias, y lo fiscalizan todo con sus miradas taimadas tratando de quebrar nuestra paz consuetudinaria.

Anoche cené con la troupe cenicienta en uno de esos sitios a los que sólo puedo acceder bajo su égida, y escuché relatar viajes a los que no puedo ni aspirar, curiosamente sin envidiarlos.

Ya andarán volando, mediando triples mortales y volteretas, los saltimbanquis de vuelta a su nube de guarismos y competitividad; dejando tras de sí tan sólo la gris ceniza y el humo de sus refinados puritos de puta. Y una llamativa urticaria a la becaria, que curiosamente y a pesar de ser fumadora voraz de cigarrillos, sufre desde los 12 añitos alergia al humo de los cigarros marrones.

miércoles, julio 11, 2007

Mensaje tranquilizador

para Cripema. Para que disfrute tranquila de sus vacaciones en Ibiza con Gilito. Que ya me quedo yo aquí al mando de la nave nodriza, resolviéndole las cuatro mierdas que me ha dejado de trabajo pendiente. Por si este mensaje le llega hasta la isla en alguna botella wi-fi, y para que no se le atragante el pacharán ése que se estaba tomando en la foto que me envió por el móvil desde el chiringuito playero, para que yo hirviera de envidia mientras me marchitaba como una planta de interior; le diré que se relaje, que no hay moros en la costa. Hostias, sí, sí que hay; me acabo de asomar a la ventana y la playa del Postiguet está llena. Bueno, pues que sin novedad en el Alcázar.

martes, julio 10, 2007

Neguentropía

Ayer por la tarde estaba leyendo ¿Qué es la vida?, libro del físico vienés y cuántico Erwin Schrödinger, que aunque está escrito a mediados del pasado siglo XX (realmente es la publicación, previamente revisadas, de unas conferencias suyas), ya hacía grandes aportaciones a una rama de la ciencia que no era la de su especialidad: la Biología. Y todo porque aplicó las leyes físicas de la termodinámica a la vida, ya que consideraba que ésta no escapaba a su influencia. Especialmente a la de su segunda ley, la de la entropía, o la tendencia de los sistemas aislados a desordenarse aleatoriamente sin la intervención del exterior.

Y refería algo aún más curioso, la neguentropía, o entropía negativa, que es la capacidad de autorregulación de un sistema para restablecer su orden interno, robando orden de sistemas colindantes (o más bien regalándoles sus excedentes de entropía).

Pues un claro ejemplo de neguentropía es mi vida en los últimos meses, desde que me fui a vivir con mi pareja y su hijo a su preciosa casa. Yo me he tranquilizado mucho y he reorganizado bastante mi alocado ritmo de vida (el merecido descanso del guerrero), pero a costa de desorganizarles un poco su sistema, de alterarles bastante su tempo vital y de llevar a casa cada tarde buenas raciones de entropía sobrante en mi sistema.

Muchas gracias a los dos por soportarme.

lunes, julio 09, 2007

La palmera asesina

Ya no es ninguna sorpresa que la vida te da sorpresas. Pero hay que ver de qué manera éstas acechan a la vuelta de la esquina; y al cabo, lo que sí resulta sorprendente es descubrir con qué facilidad uno puede, tan sólo en cuestión de segundos, llevarse una alegría enorme o el susto de su vida.

Y esto viene porque el viernes estaba discutiendo con alguien por teléfono por asuntos de trabajo, y como quiera que cuando me acaloro inevitablemente me pongo de pie (como si mi voz o mis argumentos fueran a sonar desde esta postura más disuasivos o amedrentadores a quien se supone que me escucha desde el otro lado del cable), paseaba la vista perdida sobre el discurrir ajetreado de la vida entre las palmeras de la explanada alicantina; cuando de repente, una de ellas se tronchó y cayó todo lo larga que era sobre una mesa de una de las muchas terrazas que hay diseminadas a lo largo del paseo. No contemplé directamente el momento exacto del derrumbe; simplemente escuché un ruido muy fuerte como de alguien arrugando con furia papel de estraza y cuando miré ya había pasado todo. Afortunadamente, las personas que no hacía mucho acababa de ver con mis propios ojos allí sentadas, en mi ronda de stand-up mirón furibundo, se habían marchado escasos segundos (literalmente) antes de la caída del árbol frutal (pues era datilera), librándose por los pelos de sufrir serias heridas; porque un mamotreto de éstos debe pesar lo suyo.

Y aunque esta palmera no era de las más altas de la explanada, al tumbarse a la bartola su copa vino a caer más o menos al punto donde nuestra becaria francesa baja a fumarse un cigarrito de vez en cuando a la sombra (cosa que acababa de hacer y justo volvía a entrar por la puerta cuando sucedió lo imprevisto).

No hacía demasiado viento y la teoría de los expertos (entiéndase Enrique, el portero del edificio donde se aloja nuestra empresa) es que no había sido podada debidamente y un exceso de dátiles, aún verdes, provocó el desplome por sobrepeso. Yo me inclino más por una campaña veraniega (al estilo terrorista) de venganzas de la madre Naturaleza por todos los abusos cometidos contra ella; o de un simple suicidio botánico, como protesta aislada por las mismas razones. Pero eso es lo de menos, y lo que me dejó trastornado es con qué ligereza irrumpe la desgracia (en este caso sólo su fantasma) en nuestras biografías.

Así que no me parece exagerado ese dicho de que hay que vivir cada segundo como si fuera el último, porque no sabemos lo cerca que estamos constantemente de que sí lo sea.

viernes, julio 06, 2007

Slowly we rot

Tengo la inmensa suerte de trabajar a escasa manzanas de mi mujer, por lo que todas las mañanas (a excepción de las que nos lo impide los compromisos laborales) quedamos a tomar café. A menudo sustituimos el café por una excursión al Mercado Central de esta ciudad, que no queda lejos, a abastecernos de fruta para el almuerzo, en aras de purgarme de mis excesos alimenticios (que últimamente estoy desatado, y el anillo de Saturno está ganando unas proporciones que me hace parecer un coche de choque. Sólo me falta ponerme el mechero en la cabeza e ir haciendo chispas al moverme).

No hace mucho me colaron entre mi ración de manzanas Fuji, una que, aunque el aspecto de su pellejo era lozano, su carne estaba pocha y blanduzca. Pero por una de esas tonterías mías, decidí en vez de tirarla directamente a la papelera, dejarla sobre mi mesa para observar su progresivo deterioro con el paso de los días, gracias a la oxidación del cálido aire estival. Y es un proceso muy ilustrativo y enriquecedor, que alecciona muy gráficamente sobre lo que nos espera a todos los organismos vivos más tarde o más temprano.

Conforme observaba emocionado el lento pero seguro avance de la descomposición de la materia orgánica, me hacía algunas preguntas tontas, que prefiero no transcribir aquí. Y digo “observaba” porque la mujer de la limpieza no entendió mi experimento filosófico-químico sobre la putrefacción, y decidió unilateralmente darlo por terminado con un lacónico “trae aquí ya esa cochinada”.

Así que ya no puedo repetir mi saludo matinal a la fruta moribunda, que me venía a la cabeza cada vez que veía su empeoramiento, y que corresponde al título de un disco (el primero, creo) de la banda de Death Metal Obituary: “Slowly we rot” (Lentamente nos pudrimos).

Aunque, visto lo visto, algunos organismos no tan lentamente…

jueves, julio 05, 2007

Impresiones desde el interregno

Aunque según la R.A.E. el “interregno” es el “espacio de tiempo en que un Estado no tiene soberano”, poéticamente se emplea para describir ese estado casi mágico en el que uno se encuentra entre el sueño y la vigilia. Vamos, el acarajotamiento que tienes encima cuando tras sonar el despertador (la banda sonora de los fracasados de todo el planeta) te levantas mecánicamente a comenzar tus rutinas diarias, pero sin estar despierto completamente.

Sólo que hoy, mi habitual interregno se ha prolongado mucho más de lo deseable y he pasado buena parte del comienzo del día con un espesor bastante pegajoso que no lograba quitarme de encima; seguramente debido a que ayer trasnochamos un poco, por culpa de un sarao de intensidad moderada, tirando a marejadilla. Así que venía viviendo la realidad como muy irreal, y encima el tiempo atmosférico ha contribuido bastante, colgando un cielo plúmbeo y ceniciento como decorado sobre mis desvaríos semi-oníricos.

Y encontrándome en ese estado alterado de consciencia, he llegado casi sin darme cuenta al punto crucial de mis jornadas, que (como ya comenté no hace mucho) es el tener que soportar todos los días el acoso policial portuario, cuando pretendo acceder al recinto donde mi vehículo y yo tenemos formalmente autorizados el aparcamiento y la libre circulación. Pero al parecer hay algunos a los que no les entra en la testuz, después de tres años de ver pasar esta triste figura y su corcel con ruedas por delante de sus narizotas fenicias. Y me parece a mí que mi desplante del otro día no ha hecho más que recrudecer las hostilidades, porque después de varios días viniendo a lomos de mi borriquito cromado (que lo aparco justo al lado del trabajo y así me ahorro la caminata y las pamplinas de los uniformados), no me podía esperar semejante diálogo para besugos, que reproduzco a continuación, mantenido con otro idiota con porra (por favor, nótese como la obstinación del agente provocador por tocarme los cojones se va convirtiendo en desesperación, al ver que su flagrante falta de argumentos le obligaba a dejar escapar a su presa sin poder complicarle la vida un poquito más):

(Exterior. Día. En honor a la verdad, debo comentar que ahora mismo en ese muelle se está realizando una regata internacional de grandes veleros y se han agravado las medias de seguridad):

- (Idiota atrabiliario): “Perdone, caballero, ¿a dónde se dirige?”. (¿De qué me sonará a mí esa preguntita?).

- (Víctima vejada): “A aparcar en la blah, blah, blah…”.

- (I.A.; que no son las siglas, ni mucho menos, de Inteligencia Artificial, y que ha salido de un respingo de la garita y se ha situado junto a mi ventanilla, para escanearme con la mirada): “¿Y dice Vd. que está autorizado?” (mientras lee perfectamente la autorización expedida por la autoridad portuaria, que hay que situar bien visible en el salpicadero).

- (V.V.): “Sí, ¿es que no lo está viendo?”.

- (I.A.): “Sí, ya veo. Y ¿dónde trabaja Vd?”.

- (V.V. respirando profundamente y contando hasta cinco antes de responder): “En X”.

(Y aquí ya se vuelve la situación realmente absurda, y me hubiera resultado hasta cómico, sino fuera porque lo hubiera podrido a hostias allí mismo).

- (I.A. mirándome cada vez más con aire inquisitorial): “Y eso ¿qué es? ¿Alguna empresa del sector?”.

- (V.V.): “¿Y Vd. qué cree; que si trabajara en una mantequería me dejarían aparcar aquí por mi cara bonita?”.

- (I.A.): “¿Y hoy trabaja Vd.?”.

- (V.V.): “¿Cómo?”

- (I.A.): “¿Que si hoy trabaja Vd.? ¿Qué si ha venido a trabajar?”.

- (V.V. ya no tiene ánimos para más ironías y sólo desea dejar lo antes posible de relacionarse con el simio de la gorra, que cada vez hace preguntas más extrañas e inquietantes): “Sí, a trabajar”.

- (I.A.): “Entonces hoy trabaja Vd…”.

- (V.V. empezando a preocuparse por la salud mental de su atacante): “Sí, claro que hoy trabajo”.

- (I.A. ya fuera de control): “¿Entonces hoy es día laborable para Vd.?”. (?!!!).

- (V.V. aquí ya llega a dudar, y se pone a pensar que a ver si por culpa del interregno ése de los cojones se ha venido a currar en domingo, ó 28 semanas después, o algo): “Claro que es laborable, para mí y para todo el mundo. Porque hoy es jueves, ¿no?”.

(Y justo en ese delirante momento le interrumpe otro miembro de la piara, por no sé qué follón, y entonces no le queda otra que perdonarme la vida, mirándome como diciendo “Te has salvado por la campana”, y levanta con desprecio y desgana la barrera. Pero aún le queda tiempo para decir): “¿Y dónde piensa aparcar?”.

- (V.V.): “Pues donde siempre”.

- (I.A.): “¿Y puedes saberse dónde es “donde siempre”?

(Aquí V.V. deduce que I.A. está intentando ponerle a prueba con alguna técnica de interrogatorio que ha debido ver anoche en alguna película de Steven Seagal, o alguno de ésos, para ver si su víctima acaba derrumbándose y confesando que realmente no ha venido a trabajar, sino a torpedear todos los veleros, y así poder ponerse la medallita del mérito policial por desbaratar el solito una catástrofe terrorista de proporciones internacionales. Pero como no hay nada más lamentable que un contrincante sin talento, ni nada más satisfactorio que dejar a un gusano con la palabra -que no se merece- en la boca; he decidido aprovechar que la barrera estaba alzada para alejarme de allí acelerando como si me persiguiera Jeepers Creepers).


Una vez dejado estacionado el Micromobil, caminaba aún consternado, preguntándome si no estaría todavía dormido y todo eso no sería más que una pesadilla, cuando me doy de bruces con una especie de comité de bienvenida a uno de los veleros (el barco más rococó y ridículo que recuerde haber visto jamás), acompañados por una banda de músicos vestidos como de gala, interpretando toda una pieza clásica de la música naval: Paquito el chocolatero. Y cuando ya esperaba inminentemente despertarme sudado y alterado; pues resulta que no, que no era un sueño…

(Un abrazo a Vainilla, que ayer nos dio un alegrón a todos los que la queremos. ¡Bravo, campeona!).

miércoles, julio 04, 2007

Hidrargirismo

El hidrargirismo, también conocido como frío perpetuo, es una enfermedad crónica causada por intoxicación de mercurio (hydrargyrus en latín), y la sufren no pocos ex-trabajadores de las minas de ese metal. Metal del que, por cierto, se abastece gran parte de este planeta gracias a los yacimientos de Almadén (Ciudad Real), pues se estima que de todo el mercurio empleado en la historia de la humanidad, un tercio ha sido extraído de ese subsuelo castellano manchego.

Los mineros afectados y que no fueron tratados a tiempo para eliminar de sus organismos el mercurio venenoso, mediante saunas severas para sudarlo y otros remedios, se ven condenados de por vida a sufrir frío constante, independientemente de las condiciones meteorológicas, y se dan casos extremos de estar en pleno Agosto encerrados a cal y canto, con la calefacción a todo trapo, abrigados con varios jerséis, y aún así sentir helor.

Pues, salvando las distancias, algo de hidrargirismo debo padecer yo porque siempre tengo frío. En pleno verano duermo con pijama (o camiseta y calzoncillos, en su defecto), calcetines gruesos y tapado al menos con una sábana; pero, a poder ser, mejor con una colcha (y porque ya me han escondido los edredones). Cada vez que mi pareja logra convencerme para poner el aire acondicionado “un ratito, para quitarle el calor a la estancia”, me sepulto bajo todo lo que encuentro, como si me hubiera amenazado con volar el edificio.

Cuando vamos a la piscina, es toda una epopeya lograr que me meta en el agua; total para, una vez dentro, pasarme los escasos minutos que resisto, aterido y encogido, cuando no tiritando como si me bañara en un glacial. Y a la menor excusa me escapo a tierra firme para taparme con la toalla y extenderme al sol como un dragón de Komodo. Si en pleno verano aún me ducho con agua caliente (y no me refiero a templada).

Y de los preparativos para cualquier desplazamiento en moto, mejor ni hablar; que parece que en vez de ir a trabajar, me vaya al centro de la tierra.

Y es que, definitivamente, me estoy haciendo viejo, y ya me veo dentro de poco bebiendo agua caliente, como Nietzsche, y yendo a la playa vestido como un tuareg.

martes, julio 03, 2007

Viaje a la Alcarria

Aquí van unas afoticos del fin de semana en la concentración motera. Como me enrollo siempre mucho y estoy tannn cansado, me limitaré a unos escuetos y estúpidos pies de afotos.

La hormiga atómica y Sra. tomando tierra. Nótese la poca pericia del Sr. Atómico maniobrando su borriquito acerado.


Como estamos demasiado viejos y cansados para acampar (qué coño y porque, como dijo el sabio, somos unos pijos bocazas) nos agenciamos una casita rural dentro del complejo campista donde tenía lugar la concentración. Esta imagen ilustra la sobremesa etílica del sábado, de cháchara con algunos de los ex-Muchachos, y sin soltar el vasito a pesar de los estragos de la metaresaca de la noche anterior.



Foto de familia posando junto a Juggernaut, justo antes de partir de vuelta el domingo. Como en toda buena familia, en esta no podía faltar su tonto, y aquí se le puede apreciar besando un nogal, por no sé qué idiotez de comunión mística con la Madre Naturaleza, o de transferencia energética con la Pacha Mama, o de intoxicación alcohólica...