miércoles, diciembre 31, 2008

¡BUEN AÑO!

A lo tonto a lo tonto, ya nos hemos cargado un añito más... ¿Os acordais cuando eramos pequeños y creiamos que en el año 2000 iriamos todos en naves espaciales? Pues ya han pasado 8 años desde el 2000 y a mi con esto de la crisis no me da para ni para un coche nuevo (claro que con mi cafetera me apaño a las mil maravillas)


Que razón tenían los mayores cuando te decían aquello de "en cuanto cumples los treinta, los años pasan volando"


Empezamos un año en blanco, llenadlo de buenos momentos!


No os atraganteis con las uvas y que los Reyes os traigan mucha SALUD!


Y por si os aburris durante estos días de vacaciones, aquí os dejo un dibujo para colorear.



martes, diciembre 16, 2008

El día del zapato final


Me ha gustado mucho esta bonita foto de Karim Kadim (ganador de un Pulitzer en 2005 por otra foto no tan estética) que ha seleccionado hoy el diario Público para ilustrar el asunto del zapatazo a Bush. Tambien reseña la reacción de internet sobre el tema y aquí podeis ver las ocurrencias instantáneas del cibergraderío.

La foto me ha recordado a una de mis películas favoritas: Cortina de Humo de Barry Levinson, con Dustin Hoffman y Robert De Niro, en las que la realidad supera la ficción. Los que la habéis visto ya sabéis a qué me refiero. Los que no, bajaros la película o bajaros al videoclub.

martes, diciembre 09, 2008

Marisco crítico

Esto es lo más parecido a una langosta que voy a catar estás críticas Navidades.
Y aquí, las nécoras:


Cine, cine, cine, cine... menos cine, por favor...

Todos llevamos un director de cine dentro. Sentado en nuestro cerebro con su sillita plegable y su megáfono. Bueno, más que un director, unos grandes estudios enteros, construidos en el solar de nuestro inconsciente. Porque, ¿qué son los sueños sino una superproducción jolivudiense?

Bueno, vale, no todos los sueños son Ben-hur; también hay modestas cintas afganas, intimistas dramas lacrimógenos y algún porno gonzo. Pero todos con su correspondiente vestuario, su escenografía, sus castings perfectos... Y qué guiones. Y de todos lo géneros: terror, erótico, negro, fantástico, histórico... Y, salvo en los sueños recurrentes, no se repiten las tramas, los personajes ni los desenlaces sorpresa.

Entonces, como presidente de mis propios estudios onírico-cinematográficos, me permito hacer la siguiente observación: el cine actual es una PUTA MIERDA. ¿Todo? No, pero casi.

¿Qué es eso de hacer remakes (perdón, to make rehechos) de viejas películas? ¿Es que no estaban bien así, en blanco y negro? ¿Y los re-remakes? ¿Es que no te vale Donald Sutherland en technicolor setentero huyendo de las vainas, que hay que poner también a la Kidman?

¿Y por qué coño le hacen rehacer (make to remake) a Michael Haneke sus Funny games, pero con el hermano de Brad Pitt? ¿No estaba bien la original? Porque a mí me gustó mucho. Pero claro, el gran público si no lee en los carteles algún apellido de relumbrón, no compra su entrada. Si la protagoniza algún Jörgenson o Kazantakis, ya no va a gustar a la masa.

¿Y qué pasa con Rec, que la están rehaciendo también? ¿Acaso no acojonaba bastante así? Porque debe ser humillante que te digan: te compro los derechos de tu película, pero ahora voy a hacerla yo bien, y encima con buenos actores. Es decir, con efectos digitales y alguna estrellita del momento.

Y luego están las segundas, terceras, séptimas partes de sagas interminables a las que ya se les exprimió las últimas gotas de jugo hace mucho tiempo. O esas decepcionantes últimas producciones de realizadores que admiras, de trayectoria intachable hasta el momento; que después lees por ahí, de críticos que respetas, que es que no se ha entendido la jugada, que el film está plagado de referencias autoparódicas a sus primeras creaciones, que si patatín , que si patatán... Y yo me pregunto: ¿esos pequeños guiños para iniciados compensan que el resultado global sea un pestiño insoportable?

Conclusión: se gastan millones de dólares en darle mil vueltas a lo mismo, cuando seguro que hay guiones excelentes cerrados con llave en algunos cajones.

Lo que resulta del misérrimo estado actual del séptimo arte es que cuando descubres alguna cosa medio aceptable, mínimamente original, te acaba pareciendo poco menos que una obra de arte, por puro mecanismo de compensación. Aunque sólo sea por quitarte el regusto a dejà-vú.

viernes, diciembre 05, 2008

Hígado grande, ande o no ande

En mi entorno se hacen oír algunas hipótesis que apuntan a que mi penoso estado de salud actual es efecto de los excesos pasados. No es descabellado inferir que cuando vivía de kermés heroica en kermés heroica, mi cuerpo sufriera algún estado anestésico generalizado que me impidiera escuchar las alarmas de mi organismo. Que es lo único que escucho ahora que la música ha cesado.

Esta mañana me han dado cita para hacerme una ecografía del hígado, porque por lo visto lo tengo “grande”. A eso en mi pueblo lo llaman cirrosis. [Joder, ahora que había aprendido a decir “candelario”, van y lo llaman “almenaque”].

También me van a hacer una radiografía de los riñones, para ver por dónde va la piedra nefrítica. Hay que esperar a que se autoexpulse con la orina, como si estuviera en un parque acuático, tirándose por un tobogán de meados y sangre, la jodía. Pues si tiene que salir por el pene, sí que le está costando para lo poquito que tiene que recorrer...

El photoshop de dios


Con esta definición me sorprendió una tarde el sr. Micropene, en un viaje en coche a nosedónde. Él lo aplica a esos espectaculares atardeceres, con nubes y brillantes colores.

Como sabéis, y él no se cansa de predicar, Micro no es aficionado ni a dioses ni al fotochops, pero me parece que he encontrado su photoshop home edition ideal:


Esto es un pantallazo real del photoshop:

martes, diciembre 02, 2008

Esta vida me va a matar

Joder, cada mañana, mientras engullo mis rondas de medicamentos, me acuerdo más del Elvis versión Las Vegas. Yo creo que, a excepción del Vicodín, nos podríamos intercambiar los pastilleros sin que acusáramos efectos secundarios.

Empiezo mis días con los antiespasmódicos y los regeneradores de cartílago, luego una ronda de painkillers y de postre, si la noche ha sido propicia, unos miorrelajantes. Tras eso, y previa desconexión de la manta eléctrica, desenchufado del respirador (también eléctrico), colocación de prótesis ortopédicas, y meter barriga, ya puedo mínimamente enfrentarme al mundo y sus ocupantes.

Es inconcebible que mi abuela tomara en toda su vida menos medicamentos que yo en un solo mes. Vivió sana hasta los 93 años, edad en que la aquejaron los grandes males, penó y murió.

Quizás este hecho esté relacionado con que se crió y vivió en el campo y yo nací en -y aún no he logrado escapar de- una mediana ciudad. Mientras yo sufro el acoso y derribo de las mafias farmacéuticas que, en connivencia con los matasanos, a la mínima oportunidad me atiborran de naturaleza procesada químicamente, mi abuela tenía remedios caseros para casi todo. No en vano, estas viejas prácticas naturópatas las conocemos ahora como “Los remedios de la abuela”, como algo exótico de una vida pasada que nos estuviera contando el guía de un museo, o Bender en Futurama.

Mientras yo me hincho de paracetamol o ácidos de apellidos muy largos, ella se ponía una cataplasma de aceite de ricino, o del ungüento que fuera, y solucionado. Para los nervios tila, o valeriana, pero no ansiolíticos, diazepam, Valium, lobotomías. En vez de fluoxetina, Prozac, Xanax... paseos por el monte y siestas del borrego.

Y sólo nos separa la generación de mi padre/su hijo.

Con 90 años lavaba a mano y se asustaba al viajar en coche, y yo apenas llego al final de las jornadas aunque viajo a lomos de caballos de vapor, ADSL, y suplementos químicos.

Tengo 37 y años y confieso que estoy hecho una piltrafa, física y espiritualmente. Desecho de tienta. Me siento vapuleado como un luchador de wrestling que se enfrentara en el ring a la mismísima Vida, por hacerse con el cinturón de vencedor. La Vida me está pegando un palizón de muerte y yo, maltrecho, miro a todos lados buscando desesperadamente a mi relevo en la lucha, pero no lo hay. Y mira que miro por los seis lados del cuadrilátero (los 4 laterales cordados; el suelo, por si hubiera una trampilla por la que escapar; y al cielo por si alguien escuchara), pero al único luchador que diviso esperando su turno es El Enterrador.

viernes, noviembre 28, 2008

¡Eureka!

Esto de las computadoras no dejará nunca de sorprenderme. Hace tiempo quise ensayar un experimento internáutico: una ouija virtual para invocar a un escritor al que admiro.

Pues bien, el milagro se ha abierto paso a través de la enredadera de fibra óptica y hoy he amanecido con esta enorme sorpresa: http://hkkmr.blogspot.com/2008_11_27_archive.html
[por los clavos de Bill Gates, Gilito, apiádate de mi inoperancia tecnológica y pon ahí un enlace como Intel manda].

Domo arigato, Hikikomori.

jueves, noviembre 27, 2008

Heliogábalo

No atravieso mi mejor momento en lo personal. Y como, debido a mi fijación oral, suelo matar las ansias llevándome algo sólido, líquido o gaseoso a la boca, pues ahora mismo ando hecho un heliogábalo.
[RAE: heliogábalo. (Por alus. a Heliogábalo, emperador romano, que fue voraz). 1. m. Persona dominada por la gula].

Así que, para evitar seguir recuperando a marchas forzadas aquella fisonomía más propia de un obús que de un ser humano, he tomado medidas de excepción porque no quiero volver a vivir lo de ir a cagar al campo y cagarme fuera. Resultado: ahora además de apesadumbrado, también estoy lampado y débil. Y flébil.
[RAE: lampar.1. tr. Afectar la boca con una sensación de ardor o picor. U. t. c. intr. 2. prnl. Tener ansiedad por el logro de algo].
[RAE: flébil. 1. Digno de ser llorado].
[RAE: R.A.E. Real Academia Española].
[RAE: academia. 1. f. Sociedad científica, literaria o artística establecida con autoridad pública].
Basta ya de corchetes....
[RAE: corchete. 4. m. Signo de estas figuras ([ {) que puesto, ya vertical, ya horizontalmente, abraza dos o más guarismos, palabras o renglones en lo manuscrito o impreso, o dos o más pentagramas en la música].
¡Basta!.
[RAE: basta. 2.f. Cada una de las puntadas o ataduras que suele tener a trechos el colchón de lana para mantener esta en su lugar].
Eso necesito yo, un colchón.
[RAE; colchón...

martes, noviembre 25, 2008

Espacio basura


He incorporado un nuevo blog a la lista de Blogs Chulos. Se trata de ESPACIO BASURA, un espacio que recopila perlas de diseño gráfico internacional para poder copiar cuando no tienes ideas frescas.

jueves, noviembre 13, 2008

PATA DE GANSO


Hoy hemos ido a la revisión médica que nos ofrece la empresa (bueno, ofrecer, ofrecer, ofrecen poco, porque se callan como ratas para ver si se nos olvida, no vamos, y así no les facturan el coste...-esta crisis nos matará a todos...-)

Ayer, me comentaba Micro que a él -como buen paranoico- estas cosas de las revisiones no le dejan indiferente, porque en cuanto menos te lo esperas en una de estas rutinarias visitas médicas te pueden "sacar" lo que menos te esperabas...

Yo disentí, por supuesto. No solo porque no comparta su opinión, si no porque además, llevarle la contraria a Micro es uno de mis hobbies favoritos y secretos (bueno, desde este momento, deja de ser lo segundo)

Pues bien, esta mañana en la sala de espera de la Mútua de turno, pensaba en qué probabilidades tenía de salir de aquella consulta con el diagnostico de alguna enfermad, y de qué enfermedad.. (es lo que tienen las salas de espera que a uno le da por pensar cosas poco productivas -y de Micro, que malmete...-) Uno siempre piensa en bultos, manchas y cosas de esas que hoy dia están tan de moda por desgracia.

Ha habido suerte, no diagnosticaron nada eso.

En la casilla de enfermedades diganosticadas tras el reconocimiento el médico ha escrito:

"Pata de Ganso"

Por un momento, no he sabido si se referia a mi poco garbo o me estaba haciendo un chiste del tipo: -"Tiene Vd la enfermedad de "Wanfrunghen", -y eso es grave doctor? -Aún no lo sabemos Sr. Wanfrunghen"

Pero no, era un diagnostico en toda regla.

Qué cosas! No solo Micro tenía ayer toda la razón, si no que además empiezo a entender el porqué de los graznidos espontaneos de días pasados...


Como está el patio...

miércoles, noviembre 12, 2008

Enrique Dans en Alcoy, imprescindible


El próximo 20 de noviembre a las 20 h, en el Hotel AC y de la mano de la Cámara de Comercio de Alcoy, podremos asistir a una conferencia de Enrique Dans, sobre las tendencias y los negocios en internet. Una cita indispensable para todos los que trabajan o se divierten con internet.

Enrique Dans es todo un fenómeno en la blogosfera y, en mi caso, es una referencia de consulta diaria. Su manera sensata, didáctica, cercana, y no por ello menos exhaustiva, de explicar las cosas que pasan en el mundo digital lo ha convertido en un referente y opinión autorizadisima.

domingo, noviembre 09, 2008

viernes, noviembre 07, 2008

La Balada del Cojico Nefrítico

¡Aaaayyyy!, que hoy mi amiga Vainilla
Se casa
¿Que qué pasa?
Pues que estoy hecho papilla.

Hoy me he levantado como el pirata patapalo del chiste, que tras un abordaje con fuego cruzado de cañones, queda atrapado bajo un mástil desarbolado y se queja: “Mi pierna, ay, mi pierna”. Y los que intentan rescatarlo preguntan: “¿Qué pierna tienes atrapada?”. Y él responde: “La buena, ay, la buena... ¡la de caoba!”.

miércoles, noviembre 05, 2008

Temp-Jockey

Viendo el por culo que doy con el aire acondicionado en casa, con cuyo mando a distancia no me aclaro ni en verano ni en invierno (¿otoño?, pues tócame el coño); he decidido sacar ventaja de este handicap y ya estoy confeccionando el currículum que enviaré a todas las discotecas ibicencas de cara a la temporada estival 2009-2010.

Como esa gentuza ya no sabe qué inventar y en las discotecas más moderniquis ya tienen, aparte del inevitable pinchadiscos, su Light-Jockey (ésos que van churruscando córneas con sus vistosos láseres y que acompasan los juegos de luces con la música que va sonando) y su Video-Jockey (los que proyectan chuminadas por las paredes); pues ahora quiero imponer la moda del Temp-Jockey.

Seré el nuevo amo de las noches ibicencas, adecuando la temperatura de las salas a los golpes de calor del MDMA. Me haré llamar TJ Fahrenheit, o TJ Freeze, o alguna chorrada por el estilo, y estaré en mi cabina termoaislada, armado con media docena de mandos a distancia (ya sabéis que soy un garrulo tecnológico, así que queda descartado un cuadro de mando informatizado), cada uno de una marca distinta: Carrier, Fujitsu, LG... con los que iré combinando temperaturas extremas y humedades relativas sofocantes, para que no se me duerma la peña o evitar lipotimias.

Ya me estoy viendo en plena fiesta de la espuma, lanzando mi terrible Siroco para que no se resfríen las guiris: ventiladores a todo trapo estufando una flama bochornosa. O cuando los otros Jockeys hayan caldeado lo suficiente el ambiente me desmarcaré con un Kamikaze (viento divino), o una Escarcha, o un Frío del copón.

Además, al paso que voy, para el verano ya estaré cojo, y ya se sabe que un tullido siempre da un toque exótico en estos ambientes canallas. O si no, me pongo un parche en el ojo, como Falconetti. O ya se me ocurrirá algo extravagante.

Reíos, reíos, pero ya os acordaréis de mí cuando estéis en la sofocante pista de Pachá, sudando el exceso de alcaloides y echéis de menos a vuestro Temp-Jockey para que os refresque la pájara.

Fíjate tú, que patentaría la idea si no fuera porque es una solemne gilipollez.

martes, noviembre 04, 2008

Infiltrado

Acabo de volver del traumatólogo y vengo infiltrado. Infiltrado no como los espías, sino como Ronaldo, Ronaldinho, Ronaldinha, Cristiano-Ronaldo, Ronald-Reagan, Orlando-Florida y la madre que los parió a todos.

En vista de que no mejora la cosa, y para dejar como último recurso la cirugía (injerto de cartílago), van a ir infiltrándome en la rodilla izquierda ácido hialurónico, porque yo lo valgo. Y espero que sí lo valga porque le ha faltado tiempo al médico para dejarme caer que cada inyección cuesta 200 euros. Mirad, mirad en qué se gasta el gobierno vuestros impuestos: en anestesiar discapacitados que luego ni os lo agradecen ni ná. Con la de granadas de fragmentación que se pueden comprar con 200 euros, Dios mío, en vez de andar aliviando miembros amojamados.

Dice que mi rodilla es 20 años más vieja que yo. Y eso me ha recordado el chiste: “Que le duela la rodilla es debido a la edad”. “Qué buro es Vd., doctor, la otra rodilla tiene la misma edad y no me duele”. Pues eso.

Y si hoy me siento como desecho de tienta no es sólo por la osteocondritis disecante (menudo nombrecito), sino porque este fin de semana también he sufrido un cólico nefrítico que me ha postrado en cama, agonizante. Semejante parte de lesiones me hace sentir muy viejo, ¿prematuro? Yo qué sé... Lo que sé es que el sábado tenía programada la despedida de soltero de un viejo amigo y el presupuesto de esa fiesta acabó invertido en una manta eléctrica y drogas legales. El horror... el horror...

Por cierto [ojo, que ya se sabe que los cojos tienen muy mala leche, y seguro que ahora se vengará echando su mierda resentida sobre algún otro colectivo], había pululando por allí, por el ministerio del dolor, un joven bebiendo mate, cargando con todo el kit preceptivo. Fenómeno que vengo observando últimamente muy a menudo y por doquier.

Bien, me parece muy bien. No dudo que sea una bebida muy rica, y toda una tradición milenaria, incluso una forma de identificarse públicamente para hacer amigos; pero ¿todo eso compensa el ir cargado todo el puto día por la calle con el termo y los demás trastos? Porque a mí no se me ocurriría ir por las calles de Buenos Aires o Montevideo, por poner dos ejemplos, cargado con una palangana de sangría y dándole buchitos con un cazo. ¿A que resultaría ridículo?

viernes, octubre 24, 2008

De buena mañana

Llego hoy livianamente indignado tras haberme cruzado en el portal con una pareja mixta de hermanos púberes. Ellos salían hacia la cercana parada del autobús escolar, y yo entraba a seguir cumpliendo con mi galera perpetua. Ella me devuelve el saludo, muy cortés, y él no. Pero no es algo que me sorprenda a estas alturas de la historia de Occidente; la de la educación -y no hablo exclusivamente entre los jóvenes- es una batalla que yo ya he dado por perdida hace mucho tiempo.

Lo que me ha sorprendido desagradablemente han sido las pintas que se gastaba el niñato. Un pimpollo de apenas 12 años portando el uniforme de su colegio de pago ultrapijo, pero de manera estratégicamente desastrada y con unas greñas impecablemente descuidadas (“... mejor despeinada que nunca...”, que diría Dalí de Gala). Y se desplazaba sobre el mármol del portal con una indolencia y una languidez preocupantes en un chavalillo tan joven. Imaginad a un Bob Dylan o un Serge Gainsbourg (en sus etapas blanquinegras), pero con la vida recién estrenada y muy buenas perspectivas futuras en lo económico (dice su horroróscopo de hoy).

Este mequetrefe pijín quiere usurpar la mirada de unos ojos que ya hayan visto demasiado (y no todo bueno), el caminar errático del que se siente aplastado por el mundo o incluso el universo todo, y una estética que en su momento significó salir de la sociedad y ahora no es más que un auparse al carro de la moda del minuto.

Quizás no esté siendo justo con el chaval y sean los padres los que, contra su voluntad, lo disfrazan a rajatabla de los dictados de lo chic; lo que explicaría esa nausea existencialista que se gasta de buena mañana y tan precozmente. Pero, aún así, está justificada mi indignación: no pueden apropiarse y subsumir impunemente una estética chabacana que es de lo poco que les queda ya a los rebeldes con causa. En un sistema de valores que no acepta descarríos del espíritu, pues coño, que al menos dejen a los parias el subterfugio de desvariar con las pintas, joder, como seña de identidad y de no pertenencia al statu quo, o algo... Pero que no se disfracen de bohemios los que detentan el poder, ni que disfracen a sus chiquillos, porque al final uno se hace un cacaolat mental y ya no sabe a quién arrojarle los cócteles molotov.

En fin, que estoy hecho un abuelo cascarrabias y toda esta perorata es porque el señorito no se ha dignado a saludar al lacayo.

Como prueba de mi defensa y para que esta pataleta resentida se enmarque en su contexto espacial, os cuelgo estas fotitos del edificio en cuyo zaguán ha tenido lugar la lucha de clases de buena mañana. Se trata de la emblemática Casa Carbonell, al interior de cuya espectacular arquitectura modernista puede acudir cualquier pelagatos a prostituir su tiempo productivo, pero donde solo se pueden permitir vivir unos pocos, muy pocos, y muy escogidos. Por mucho que se disfracen.




Ay, si Edgar Allan Poe hubiera currado en *****, qué de relatos escalofriantes nos hubiera podido legar para la posteridad.


jueves, octubre 23, 2008

Mi propuesta

Este fin de semana cambian la hora. La atrasarán, si no me equivoco. Cuando sean las 3, por decir una hora, volverán a ser las 2, con lo que ganamos una horita de sueño (o de juerga, y los que vayan de after-hours se encontrarán una before-hour por la cara).

Pues yo hago la siguiente propuesta para superar esta crisis apocalíptica que nos azuzan desde los púlpitos:

Mañana, cuando sea viernes, atrasemos el calendario para que sea jueves otra vez, y así tenemos un día más para producir bienes y servicios que nadie consumirá.

No resolvería nada, pero tocaría tanto los cojones al personal, que a ver si de una vez por todas espabila y se planta y pone en su sitio a todos los hijos de puta que saben sacar tajada incluso cuando las cosas están mal.

¿No querían 65 horas semanales? Pues ahí las tienen.

miércoles, octubre 22, 2008

Cazafantasmas

Definitivamente hay gente que tiene el entendimiento muy cortito. Para emplear un símil cinegético, lo tienen de cañones recortados (como mi polla). Y claro, con eso se puede hacer mucho daño en las distancias cortas, pero no sirve para la caza mayor, para la comprensión de largo alcance, para cazar cosas al vuelo y abatir grandes piezas. Así, a lo sumo, te cobras algún pichón, y tirando desde muy cerca, a quemarropa.

Otros son del tipo francotirador: necesitan apostarse en lugar tranquilo y con buena visibilidad, tomándose su tiempo para apuntar con su mira telescópica, sin la cual no acertarían al blanco porque no les alcanza la vista.

Luego están los del escopetón de precisión. Infalible a cualquier distancia pero muy aparatoso y pesado de cargar a todas partes. Estos no lo sueltan ni se desabrochan la canana, ni siquiera cuando van de juerga, por lo que resultan intimidatorios e incómodos; vaya, un plomo en casi cualquier situación.

Así pues, ahí los tienes a muchos, escopeteando a bocajarro a todas horas y llenándonos al resto de molestas perdigonadas. Daños colaterales lo llaman ahora.

[¡Eh, que hemos subido la cotización! ¿Al final ha funcionado lo de las palabrotas? Caca, culo, pedo, pis. Caca, culo, pedo, pis. Caca, culo, pedo, pis...]

lunes, octubre 20, 2008

Radio noctámbula

En mi pasado cumpleaños me regalaron un reproductor Mp4 (muchas gracias, Raquel/Bienve). Aún no doy crédito a que un aparato tan ligero y minúsculo ofrezca tantas posibilidades técnicas. De hecho, me asusta un poco el cacharrito éste.

Muchas noches lo utilizo para escuchar cualquier sonido que mantenga alejados de mi mente los pensamientos nocturnos, que -al menos dentro de mi cráneo- no suelen ser muy halagüeños. La oscuridad es mala consejera. Y darle al coco con nocturnidad y alevosía es la puerta grande al insomnio.

Así que me pongo mi Mp4 y suelo escuchar archivos musicales (que tuvieron a bien cargarme antes de entregármelo, porque sigo siendo una nulidad tecnológica), pero alguna que otra vez sintonizo la radio.

Pues no sé qué emisora dejaría anoche sonando cuando caí rendido, pero al rato me despertó sobresaltado una algarabía gritando cosas como: “¿le chupaste el coño?”; “le comí la polla”; “enhorabuena por el programa, sois la puta hostia”; “tócate el potorro”; “follamos toda la noche”; y muchas más delicadezas por el estilo.

Pensé que seguía soñando, porque no me cuadraba algo así flotando en la ondas hertzianas que se dispersan sobre esta península, pero luego escuché una cuña en la que se vanagloriaban de ser “el programa que no se atreven a hacer las otras cadenas”. El nombre no lo recuerdo, pero la emisora era Europa, o algo así, y lo presentaban una señorita y un gañán.

No creo que repita esta noche porque ya he dicho que es sosiego lo que busco a esas horas, y con tanto coño y mamada no hay quien se relaje.

¿Qué habrá sido de aquel mítico Hablar por hablar, donde los insomnes y los del turno de noche descargaban sus miserias a un auditorio de noctívagos morbosos? ¿Acaso corren malos tiempos para la lírica?

[Veo aquí arriba que ha bajado nuestra cotización. ¿Cómo va esa mierda? ¿Cuando baja la bolsa nos sube el escroto? ¿O cuantos más tacos escriba, mejor, como en la radio, hostias ya, copón...?]

jueves, octubre 16, 2008

Se vende

Gilito, querido, ¿qué quiere decir esta ventanita que has puesto aquí arriba? ¿Nos piensas vender al Capital?

Espera, ¿qué dice ahí...? ¡¿10.000 dólares?! ¡¡VENDE!! ¡¡YA!! No te lo pienses, que ya sabes que está la cosa económica muy tensa por estos bolsillos. Total, luego montamos otro chiringuito de éstos y podremos seguir despotricando on-line de nuestras paparruchas.

¿O se trata de una burda broma? Mira que no está el horno para bolleras, y ya sabes que donde otros sólo ven verdosos rostros de ex presidentes de la Unión, yo creo contemplar el retrato robot de mi tan ansiada libertad.

Véndenos, vende mi alma a Google o a Bill Gates, o a quién coño esté detrás de todo esto, pero por el amor de Dios, no tardes...

miércoles, octubre 15, 2008

Progreso

Ya no respetan las tradiciones patrias. Resulta que hoy nos desayunamos en esta ciudad con la indignante noticia de que han suplantado un bingo histórico del centro urbano por un antro de libros.

Aquel templo del azar remunerado fue testigo de algunos escarceos ludópatas del Trío de los Azotes (Cripema, servidor y el todavía jefe de ambos), cuando su anterior sede laboral quedaba cercana al bingo, después de alguna comida de empresa que degeneraba en cubatas y cartones. Y van y lo tiran abajo para montar una librería… ¡anda ya! Si libros es lo que menos falta hace en estos tiempos críticos. Si al menos hubieran montado en su lugar un peep-show, un lavadero de tunnings o un fumadero de opio…

Ahora en serio, me ha alegrado enormemente saber que la cadena de librerías La casa del libro, ha celebrado el 85º aniversario de la fundación de su primer establecimiento en Madrid, inaugurando una nueva tienda en Alicante (y ya van 20 en toda España, creo). Falta nos hacía un sitio así desde que F-nac Alicante acometió su replanteamiento comercial, a resultas del cual se ha convertido, al parecer del que esto escribe, en un expendedor laberíntico y mal planificado de cultura multimedia.

Yo ya he estado por allí, por La Casa de Putas (Joyas), picoteando esta mañana, alargando más de la cuenta mi media hora de manumisión para el café.

La pregunta obligada es: ¿por qué en una extensión urbanística considerable, con centenas de miles de ciudadanos clamando al cielo por una alfabetización evangelizadora, se apelotonan en un área topográfica de apenas 600 metros las tres grandes (casi únicas) librerías de este bendito Neo-Toquio preapocalíptico?

Sé que los puristas me echarán en cara que la mentada no deja de ser una cadena empresarial, al estilo de la multinacional francesa también nombrada; es decir, despersonalizada, piramidal y con un poder comercial que apabulla cualquier intento de competencia del pequeño comercio tradiconal. Lo sé, y lo siento, pero no puedo evitar celebrar noticias como ésta. Mejor que un bingo, vamos, digo yo...

martes, octubre 14, 2008

Dialéctica pugilística

Hace unos días, asistí con mi pareja a una reunión de vecinos de ésta nuestra comunidad. Una comunidad de vecinos, como muchas otras por estos lares, con gran presencia de propietarios extranjeros, lo que convierte en un fárrago la discusión de cualquier asunto, por sencillo que aparezca en los titulares de la fotocopia del orden del día (hay un belga que ha de ir traduciendo al francés e inglés cada intervención; habilidad ésta que lo llevó a presidir la comunidad hasta hace bien poco).

Las asambleas de este tipo son la demostración empírica de la teoría expuesta por Schopenhauer en El arte de tener razón. [Nótese que últimamente recurro al vil ardid de citar muchas lumbreras, que lleven más de un siglo con tierra encima (como si eso inavalidara los derechos de autor de estos cadáveres exquisitos), para intentar dar algo de empaque a estas cagarrutas insulsas que escribo]. Obra, acabada pero que decidió no publicar en vida, en la que venía a defender que en una discusión los contendientes no pretenden dilucidar la razón objetiva, sino imponer su razón subjetiva y particular (“… generalmente quien discute no combate en pro de la verdad, sino de su tesis,…”), y en la que aporta 38 estratagemas para salir victoriosos, téngase o no la razón de parte de uno. Dialéctica erística lo bautizó él en su jerigonza filosófica.

Pues en aquella reunión vecinal, inopinadamente schopenhaueriana, mientras se deliberara sobre un enemigo común e identificado (la promotora, el robo con escalo, el antenista,…), sí parecía haber quórum, y todo apuntaba a un buen término; pero por lo visto la gente se reservó su erística más exasperante para el turno de las escaramuzas privadas. Ahí, la cosa ya se convirtió en un patio de cotolengo, y el sector más hooligan de la colonia británica no llegó a las manos con un señoritingo patrio, por un quítame allí esos dálmatas, porque Dios y la administradora de fincas no quisieron.

Se escucharon propuestas incongruentes del tipo: poner una cámara de vigilancia en la piscina (?!), extirpar quirúrgicamente las cuerdas vocales de los perros poco mordedores (?!!), amenazar de muerte al responsable de la promotora (esta ya no me sorprende tanto), y otros espantos de los que no quiero acordarme. Sin embargo, de los asuntos que verdaderamente necesitaban un debate serio y una pronta resolución (defectos estructurales en la construcción, humedades, plagas bíblicas…) no se aclaró nada de nada. Eso sí, a los morosos se determinó llevarlos a juicio, al no prosperar tampoco lo de las amenazas de muerte.

Nosotros alucinábamos con el espectáculo (y eso que hemos asistido a reuniones comunitarias mucho peores que ésta, no en este vecindario, donde el término más técnico que se podía escuchar era hijo de puta o ladrón), y le rogué a mi pareja que no se le ocurriera participar, a la vista del vapuleo cruel que recibía todo aquel que osaba interceder en la contienda ("Pues yo creo que fulanita tiene razón...", se atrevía alguien a romper tímidamente su silencio. "Pues tú calla, porque si empezamos a hablar del escándalo que montas con la moto y bla, bla, bla...", "Pues anda que tu bebé no da por culo por las noches...", "¿Me vas acomparar un bebé con un chucho?", y vuelta a empezar el fuego cruzado, con un blanco más y algún francotirador espontáneo) .

La razón de nuestro silencio, la misma por la que Arturo (no me apetece escribir otra vez ese apellido tan largo; y para eso escribo este paréntesis que septuplica su extensión) decidió no publicar su opúsculo, y que él explicó mejor que nadie en otra obra posterior (Parerga y paralipómena), donde sí incluyó una decena de sus técnicas de discusión:

“He recopilado y desarrollado, pues, unas cuarenta estratagemas semejantes. Pero ahora me repugna la iluminación de todos esos escondrijos de la insuficiencia y la incapacidad, hermanadas con la obstinación, la vanidad y la mala fe; por tanto, me doy por satisfecho con este ensayo y con tanta mayor seriedad remito a las razones arriba expuestas para evitar discutir con el tipo de gente que suele ser la mayoría”.

Para despedirme, y ya que me ha dado últimamente por suplir mi carencia creativa transcribiendo párrafos enteros de pensadores rimbombantes, aprovecho para añadir este genial epigrama, que viene que ni pintado a lo que acabo de narrar, de Voltaire. Arrevoire.

"Una única cosa le he pedido a Dios, una nimiedad: "Oh, Señor haz ridículos a mis enemigos." Y Dios me la concedió."

jueves, octubre 09, 2008

Conectado

Por primera vez escribo esto desde mi casa (hoy, 9 de octubre, es festivo en la Comunidad Valenciana). Gracias a las gestiones de mi pareja, por fin sé lo que es tener conexión internáutica en casa. Se acabó eso de navegar como los contrabandistas de Tarifa, a oscuras, de extranjis, evitando ser descubierto por la autoridad.

Ahora no hay excusa, ¡a por los 500!

Bueno, no tan deprisa, listillo, y aprende de los mayores:

“Este librito es un experimento. Aparte de cualquier otra cosa que pueda lograr, servirá para ejemplificar, al menos en el caso del autor, qué efecto se produce en la mente cuando uno se obliga a tener por lo menos un pensamiento cada día, que merezca ponerse por escrito. Para este propósito no puede contar como pensamiento el mero espacialismo, ya sea de ciencia o de práctica. Tiene que estar referido a la vida, al sentimiento o la alta especulación metafísica. Probablemente, lo primero que descubriré en el intento será que, en vez de uno por día, sólo tenga un pensamiento así una vez al mes; y que sean sólo repeticiones de pensamientos tan conocidos de todos, que ponerlos por escrito sólo serviría para revelar la pobreza de la tierra”.

(Primera anotación, 8 de enero de 1854, en el Diario de John Stuart Mill, una de las mentes más prodigiosas que ha dado la historia mundial del pensamiento. Según sus biógrafos, su superdotación intelectual desbancaría cualquier ranking de coeficientes actual. Abandonó el diario el 15 de Abril…).

viernes, octubre 03, 2008

Tatami de Alberto Olmos

Con este post pretendo hacer un experimento. Usar el blog como una ouija virtual. La Real Academia Española (que, por ser la decana de las academias, no es necesario especificar que nos referimos a la de la Lengua) acaba de incorporar en su diccionario el término güija, pero me parece tan RAE, tan güisqui, que no pienso añadirlo a mi vocabulario. Además, ni güija ni ouija son apropiadas para este caso porque, afortunadamente, el invocado no está muerto; de momento.

Doy por sentado que, Google mediante y espoleado por esa pizca de vanidad que le presupongo a todo escritor, el invocado rastreará esporádicamente la red para comprobar qué opinan de su obra los que estamos del otro lado de su piel.

Por ello, quizás pudiera llegar a interesarle mínimamente la opinión de este lector poco avezado y nada autorizado en la materia. Dicho esto último, vaya por delante que no voy a intentar, ni mucho menos, una crítica literaria, sino simplemente contarle a un escritor cómo es el proceso que convierte a un desconocido en lector de casi todas sus creaciones. Y esta es una de las cosas buenas que tiene este invento del demonio que es internet: que, mediando una afortunada combinación de ceros y unos, podemos llegar a ponernos en contacto con “el más allá”. Pues allá va:

Tiempo ha, en una de mis tórpidas derivas por la red en busca de información sobre ahora no recuerdo qué autor (¿Thomas Bernhard, Pérez Subirana, Fernando Vallejo...?), rebotando aquí y allá, fui a dar con los huesos del ratón en un blog de crítica literaria muy sui géneris. El responsable (disculpad que no dé el nick ni la dirección, pero si él no ha querido asociar ambos nombres, no lo voy a destapar yo aquí) perpetraba (y sigue haciéndolo, pero ahora me estoy remontando a mis sensaciones en aquel pasado concreto) un estilo de crítica muy personal, sin tapujos, divertidísimo y cuajado de constantes destellos de genialidad, tanto en el contenido como en el continente.

Contenido: por muy renombrado que sea el títere a colación, no le tiembla el pulso que sostiene la cachiporra y ya se ha cagado en la puta madre –literal, no literariamente- de Borges, Dostoyevski, Hemingway, Saramago y un etcétera que no puede ser largo (Lázaro Carreter lo oprobia), pero que lo es. Tras tanto palitroque despiadado, que no gratuito, se percibía enseguida una inteligencia penetrante y dotada de un sentido del humor muy particular, fácilmente malentendible pero con el que yo me entendí muy bien desde el primer párrafo.

Continente (bueno, ahora lo llaman Carrefour): un sobrado dominio del idioma de Gabriel Cervantes, un taxista de Almendralejo, le permite tensar la lengua hasta pasársela por los cojones, consiguiendo así inspiradísimos alumbramientos y hallazgos antológicos. Pirotecnia verbal que le viene que ni pintada para el desempeño de su vitriólica misión.

La cuestión es que me enganché a este tipo, y le seguí la pista dentro de lo que mi limitado acceso a la red me permitía (ya me he cansado de lloriquear por aquí que mi única conexión es desde mi puesto de trabajo, por lo que no puedo explayarme como me gustaría, teniéndome que conformar con breves escaqueos furtivos que convierten mi navegación en una actividad intermitente y ocultadora, y en un coñazo de marca mayor). Pero, mal que bien, me mantuve infiel seguidor de su discurso.

Siempre alegra leer de otra mano lo que uno ha pensado en algún momento, pero si encima está mejor expresado, y con las palabras exactas que quizás uno no le supo adjudicar a su pensamiento, pues mierda sobre ojetes. Y más si lo que uno piensa le hacía sentir poco menos que un bicho raro por disentir del criterio generalizado. Si un libro es una mierda, es una mierda lo firme quien lo firme, y eso por sí mismo invalida coartadas artísticas, biográficas, geopolíticas, y de cualquier tipo. Pero eso, por supuesto, no se va a atrever a ponerlo por escrito ningún paniaguado de revista literaria o folletín cultural. Ni a decirlo de palabra cualquiera que tema quedar como un inculto y un berzotas que no tiene ni puta idea de na’.

Allí sí encontré esa disidencia lenguaraz tan necesaria, subjetiva hasta decir basta pero, por encima de todo, sincera. Y tuve que reconocerle razón incluso cuando vapuleaba a escritores que respeto (Zweig, Carver, Palahniuk, Eco, Migoya...), o ponía los puntos sobre las íes a otros que venero, y cuyos apellidos causalmente no contienen ninguna i (Pessoa, Houellebecq, Chéjov, Vonnegut, Conrad, Camus...). Para rematar la oferta, descubro que este señor también admira a Sloterdijk, que bien podría ser un dios de la mitología germana pero que se trata de uno de los filósofos (germano, sí) más interesantes que haya surgido en décadas, y que, con su coleguita Safranski, están poniendo patas arriba la herrumbrosa atalaya europea de las ideas.

Entonces, ¿qué más se podía pedir? Pues lo que pedía yo en silencio, cada vez que acababa de leerlo: ¿por qué no escribirá este hombre un libro? Podría ser muy interesante ver todo este talento vertido en una novela. Esa forma de narrar y todo ese asedio de chascarrillos muy inspirados, pero convertidos en literatura (y no es que desdeñe los blogs como escenario más que digno para la literatura, pero me vais a perdonar, y me podéis llamar obsoleto, pero donde esté un libro de carne y hueso, que se quiten todas estas lumínicas pajas mentales; tan efímeras como las otras, las manuales).

La cuestión, que por qué no escribirá este cabrón un libro, eh, ¿por qué no? Y llega un día, no hace demasiado, tras leer su crítica al libro y autor que titulan este rollo macabeo, sospecho, indago (sin salir de allí) y finalmente confirmo (saliendo de allí, pero no muy lejos) que sí, que este señor es Alberto Olmos, y que Tatami es nada menos que su quinta novela. Y que gestiona otro blog, éste sin ocultarse tras una máscara, desde hace años, llamado Hikikomori.

Y lo quiero leer todo, pero no puedo [ver arriba], y leyendo a hurtadillas descubro por Belén Gopegui, que ese Hikikomori desciende de otro anterior, de no sé qué Coctelera, y me entra ansiedad y pánico y asco. E, impelido por mi impotencia tecnológica, decido centrarme en los libros. Corro como una fan a comprar su último libro, Tatami, pero “aún no ha salido”, así que lo pido como posible regalo para mi inminente cumpleaños. Cripema y Gilito me lo regalan, pero mientras ya me he leído los dos anteriores, Trenes hacia Tokio y El talento de los demás (los dos primeros son inencontrables en esta aldea).

Y así fue.

Alberto/Hikikomori/****, si estás ahí, manifiéstate.

O esfúmate para siempre en la otra dimensión, la de los fantasmas...

EDITADO 28/11/208 Hikikomori se manifestó

martes, septiembre 30, 2008

Hibernación

[RAE: hibernación.1. f. Estado fisiológico que se presenta en ciertos mamíferos como adaptación a condiciones invernales extremas, con descenso de la temperatura corporal hasta cerca de 0° y disminución general de las funciones metabólicas.

3. f. Estado semejante que se produce en las personas artificialmente por medio de drogas apropiadas con fines anestésicos o curativos.]

Sábado. Interior. Tarde. Por carambolas de agenda me he quedado como Macaulay Jackson (Culkin era su apellido de soltera), o sea sé: solo en casa. Arrastro el sillón relax hasta encararlo a la ventana. Me sirvo un gin-tonic preparado (con todo lo que el adjetivo “preparado” conlleva en estos caos, y que en el mío en concreto es todo un ritual que puede llevarme minutos; por ejemplo, tratando de encontrar la puta botellita de angostura...). Arrastro la mesita hasta situarla como auxiliar del sillón y dispongo maniáticamente en ella todo el utillaje del confort al alcance de mi mano: el copazo con su posavasos, tabaco y cenicero, el mando del equipo musical y la lectura (prensa y libro).

Estos últimos elementos de placer (los de celulosa) acabaron intactos, ya que ninguna ficción ni realidad impresa podía competir en aquel momento con el espectáculo visual del cambio de estación incidiendo en las plantas del jardín. Así como el mando sólo sirvió para acallar a distancia a la mezzosoprano Cecilia Bartoli, pues sus hermosos gorgoritos interpretando a Scarlatti (Senior) fueron menos preferibles que el simple ulular del viento hostigando los hibiscos.

A día de hoy, ésa es toda la acción que le pido a un fin de semana.

viernes, septiembre 26, 2008

Una gran velada

Debido a los compromisos profesionales de mi pareja, asistimos juntos a menudo a todo tipo de saraos de postín. Al principio me parecía divertido y me dejaba deslumbrar por la pompa y el boato de la mayoría de estos actos, pero una vez que has asistido a cinco o seis se te quitan las ganas de repetir. En cuanto confirmas tu creencia de que detrás del lujo no hay nada, que la pompa es de jabón y que si la rasgas no encuentras más que aire (y un poquito de jabón que irrita bastante tus ojos), pues da bastante pereza comparecer a mucha de esa vida social, y uno sinceramente preferiría quedarse en casa en pijama.

Pero hay excepciones insospechadamente agradables, como la de ayer.

También anoche asistí receloso, después de un duro día de trabajo (con el bote de hastío acumulado durante los días que lo precedieron en la semana), a pesar de tratarse de una cita que a priori debía entusiasmarme: beber y fumar. (Traductor de fino: La escuela de catadores de esta ciudad realizó un encuentro para estudiar el maridaje entre distintas clases de fondillón [RAE: vino rancio de Alicante] y habanos).

Disfrutamos como perras, pero antes de seguir escribiendo, y tratándose de una cata de vinos, lo justo es que la relate donde procede: en el blog del vino (que me acabo de fijar en la columna de la derecha e indica que hace 2 años que no le hago ni puto caso). Por lo tanto, a quien puedan interesar los pormenores de una cata de puros y vino rancio, o contemplar al menos alguna foto de este indigno bufón atragantándose con humo importado del Caribe, pues que haga el favor de pinchar el enlace de Sobre vino, que está el pobrecito ahí muerto de asco, después de un bienio tocándose los webos.

miércoles, septiembre 24, 2008

Resonando

A las 07:30 h. de esta mañana le he dado por el culo al mismísimo Philips. Pero no es que le haya metido la polla en el culo, no, es que he estado yo enterito alojado en su enorme ano durante media hora de eternidad.

En el marco de las pruebas que me llevarán de nuevo a quirófano a no mucho tardar, esta madrugada, con los ojos todavía soldados con legañas, unas solícitas enfermeras me embutían un condón azul, me tumbaban en una camilla, y sin vaselina ni nada, me introducían en un enorme culo, propiedad de Philips. En concreto, el modelo Gyroscan Powertrack, que no dejaba de hacer unos ruiditos sospechosos. Sonidos que, proviniendo de un gigantesco recto metálico, resultaban muy poco reconfortantes.


A pesar de que me insistieron en una absoluta inmovilidad, no podía cesar de mirarme los pies, que, enfundados en unas puntiagudas calzas azules como de papel, remataban la impresión de condón bicéfalo (que sería el nombre del caballo del Cid, de haber tenido un par de... cojones, como el de Espartero).

Antes me trajo una enfermera una placa del tamaño de un cromo de fútbol, para que me cubriera, en caso de tener, algún tatuaje, porque resulta que no sé qué componente de la tinta se puede calentar con la resonancia. Cuando me he quitado el forro polar, ha guardado el cromo y, sin más comentarios, en su lugar me ha dado una perilla de alarma, para que la pulsara en caso de necesidad.

Me maravillan los avances tecnológicos, pero algunas veces aquello sonaba como si estuvieran picando el tabique de los vecinos.

viernes, septiembre 19, 2008

Ensombrecimiento pudibundo

Es una lástima –o no- que este chiringuito se marchite por nuestra dejadez de haraganes desmotivados. La verdad es que, en mi caso, mi único acceso a la redecilla de fibra óptica es desde mi centro de trabajo, y por aquí anda la cosa movidita con lo de la crisis uniformemente desacelerada. Pero tampoco es excusa porque cuando uno quiere saca tiempo de donde parecía no haberlo. [Estuve contemplando la posibilidad de poner internet en casa, pero no va a poder ser. Lo impiden razones desacelerativas y de innecesidad, puesto que es altamente improbable que, después de 8 horas aquí enchufado a un monitor, al llegar a casa encienda otro cacharro de estos, para que me escupa luz a los ojos durante más horas].

La verdad es que las proclividades depresivas de mi personalidad fomentan que hoy por hoy me tenga bastante aborrecido a mí mismo. Por lo que, teniendo en cuenta que para poder escribir chuminadas aquí, a la vez (rara vez antes) tenga que pensarlas, escuchando esa vocecita cojonera dentro de mi cráneo, pues se convierte en un pequeño calvario trasladar a esta pantalla cualquier batallita, reflexión o fantasía que se me ocurra. Además, lo hago todo tan farragoso que resulta cansino.

Pensaba proponer a los camaradas del politburó cansino el reto de llegar a las 500 entradas antes de que finalice este hórrido 2.008, pero eso supondría tal cantidad de palabrería fatua, que da pereza sólo pensarlo (rondamos las 450 y pico). ¿Total pá qué?

jueves, septiembre 11, 2008

Pensamiento divergente

Viendo el otro día en DVD cierta película en la que Frodo se ve envuelto en una serie de crímenes universitarios (veredicto del crítico: pues eso, un crimen), creí ver reflejado en el film algo que ya leí hace muchos años, seguramente en la revista Muy Interesante, y que me parece, pues eso también: muy interesante...

Analizándolo ahora, me temo que lo que vi en la película no tiene mucha relación con lo que leí en la revista, pero como mi torre de control es así de inoperante, pues aceptaremos pulpo como animal acuático, y sigo escribiendo (que cualquier excusa es buena para seguir llenando este espacio con chorradas).

La cuestión es que recordé un artículo sobre los pros de la educación divergente. [“Torre de control a piloto... torre de control a piloto: para que luego me llames inoperante; pero qué bien te viene a ti, criatura fallida, tener un cerebro autístico, con memoria fotográfica incorporada, para que cuando al señor le da por recordar cualquier gilipollez del año del coño, luego le toca a uno, que ya no está para estos trotes, correr por los pasillos del archivo a buscarla. Porque al señor no le vale un recuerdo somero, no... él lo quiere con todos los detalles y a todo color, y luego me tienes a mí, cargado de dosieres y cartapacios, corriendo de una celdilla a otra... Ay, esa jubilación que no llega, con lo bien que nos va a venir a los dos...”].

Venga, no te des tanto pisto que no eres más que un vulgar cúmulo de circunvoluciones y anfractuosidades. A lo que íbamos, recuerdo (por 3ª vez) que se calificaba de convergente al sistema educativo imperante (resumiendo mucho: los problemas tienen una única solución correcta, consensuada, inamovible, granítica. Las cosas son así porque así nos las han contado. Y punto). Y lo contrastaban con un revolucionario método que ya se estaba imponiendo en algunos países (sí, en ésos que ya estáis pensando. Esas naciones septentrionales que, supongo que por el frío perpetuo, siempre andan como inquietos e innovando). Se trata de la educación divergente: en lugar de domeñar la imaginación de los niños y hacerla converger hacia los lugares comunes de la enseñanza maquinal, la espolean a volar libre y proponer nuevas soluciones a los mismos problemas. A usar la imaginación y ser creativo en vez de un papagayo que repite como un eco las fórmulas que han pensado otros antes.

Y ponían un ejemplo muy ilustrativo [“Aquí torre de control a kamikaze: no me harás ir ahora corriendo a buscar el barómetro y todo aquello, ¿verdad? Porque paso...”]. Venga tira para allá, y no me seas maganto, que, si no, no me como el plátano y hoy te quedas sin tu papelina de potasio. [“Uf, qué ganitas tengo de librarme de ti, hijo mío... El día menos pensado, me derramo y acabo con todo”]. Ya estás tardando... así me gusta.

Bien, le planteaban a los alumnos divergentes el siguiente problema: “Estás en lo alto de un rascacielos y necesitas conocer su altura. A mano sólo dispones de una báscula y un barómetro”. El rebaño responde mayoritariamente: “Peso el barómetro en la báscula y lo dejo caer al vacío, cuento los segundos que tarda en reventar contra la acera, y aplicando a la inversa la fórmula de la aceleración de los cuerpos por la fuerza de la gravedad, puedo calcular la distancia que ha recorrido”. Pero en estos colegios vikingos al que buscan, para que les invente otro Ikea, es al que respondió: “Bajo a recepción, averiguo quién es el arquitecto que lo construyó, me persono en su estudio y le digo: 'Le regalo esta báscula y este barómetro si me dice la altura exacta del rascacielos'". Jajaja...

Éste es el tipo de razonamiento divergente, alternativo, fresco, original, en el que reside la esperanza futura de auténtica evolución del pensamiento humano. Lo demás es una cadena de montaje de cerebros predispuestos a un tipo de pensamiento preestablecido, el común denominador.

Hace algún tiempo me pasaron una parida por correo electrónico, para reírse con supuestas respuestas descabelladas en exámenes matemáticos. Eran muy graciosas, sí, pero puede que ahí precisamente resida el verdadero genio. O, si no, mirad esto:

No me digáis que no es una respuesta mucho más "lógica" que cualquiera a la que puedas llegar recombinando todos esos esos símbolos abstractos.

jueves, septiembre 04, 2008

Regresión postvacacional

Acabo de hacer mi regresión, que no regreso, de la segunda dosis de mis vacaciones estivales [RAE: regresión 3. f. Psicol. Retroceso a estados psicológicos o formas de conducta propios de etapas anteriores, a causa de tensiones o conflictos no resueltos].

Entre otras muchas, y placenteras, cosas, este descanso de cuerpo y alma me ha servido para descubrir un extraño mecanismo de mi cerebro: el salpicón de recuerdos. Información que creía olvidada, pero que realmente debía estar sepultada bajo avalanchas de nuevos datos, pero no perdida del todo. Lo mejor para rescatar estos recuerdos sepultados por el alud suele ser un buen sabueso San Bernardo, con su barrilito de ron colgado al cuello para ayudar a entrar en calor a la memoria congelada. Pero no es imprescindible, como estoy descubriendo recientemente.

Últimamente el tiroteo de recuerdos me asalta en los momentos más insospechados, dejándome en la puerta del consciente curiosos souvenires del pasado, como el que abandona un bebé en el portal de la inclusa.

Acontecimientos inconexos, anécdotas olvidables (está visto que no), personajes que creía desterrados de mi mente, se presentan a cenar sin avisar, y me incomodan las más de las veces, cuando no me dan unos sustos de muerte. Otras, las menos, he de reconocer que disfruto rememorando vivencias que no recordaba conscientemente (y por lo tanto no podía recuperar a voluntad en el videoclub de la memoria).

De todas formas resulta un poco desasosegante estar tan tranquilo paseando o leyendo, o viendo la tele, y que, repentinamente, se descuelgue el telón y Subconsciente Films proyecte, sin permiso de la autoridad mental, sin venir a cuento y sin que nadie se lo haya pedido, películas peregrinas que nunca guardan la menor relación con el curso que llevaba el pensamiento hasta el momento del asalto traicionero.

Todo este rollo para decir que esta mañana, viniendo al trabajo a lomos de mi borriquito de acero, mientras cavilaba si al final me llovería encima o no, me ha interrumpido una historia antiquísima, a la que no logro encontrarle ninguna conexión con la meteorología, pero que, como me ha tenido entretenido un ratillo, pues ahora la casco aquí:

Hace la tira de años, trabajé para un individuo de dudosa reputación. Aquel espantajo tenía un pasado poco tranquilizador y había escapado de las cloacas reconvertido en infra-yuppie trepador, ansioso por encaramarse al éxito empresarial propulsado por su ambición arrabalera.

En su entonces presente (ahora mi pasado) tampoco hacía gala de demasiados escrúpulos, pero era en las escasas ocasiones en que lo visitaba algún emisario de sus raíces podridas, cuando verdaderamente se mostraba en su elemento. ¡Y menudo elemento!

Un día le vino a ver uno de sus viejos amigos del infierno. Un personaje hosco, que más que miradas disparaba salvas de malas vibraciones. Se fueron de parranda para rememorar barrabasadas pretéritas, y, al día siguiente, mi jefe, que por lo general abjuraba de su inconsciencia juvenil, llegó como deslumbrado de nuevo por el glamour rateril de su antiguo compinche.

Y aunque no nos unía ninguna amistad, más que el lazo patrón-esbirro, pero como él no era precisamente una lumbrera (estaba “al otro lado de la inteligencia”, que escribiría Céline), con la emoción de la velada recién vivida, pues se le calentó el bocado y no pudo evitar largarme algunas jugosas intimidades sobre la ilegalidad de su amigo.

Resulta que éste lo llevó a su mansión de sub-lujo marginal, cuyos abominables detalles me describía mi jefe admirado. Allí le permitió conducir su flamante Ferrari. Pero sólo unas vueltecitas por la urbanización porque no podía exhibirlo demasiado por ahí, debido a su procedencia poco, o nada, clara. O sea, que tenía un súperdeportivo robado con el que no podía circular porque daría el cante y lo trincarían de inmediato, y lo empleaba únicamente para impresionar a sus visitas con unas vueltas a la manzana (como niños en los cochecitos de la feria).

“Jajaja... menuda pieza está hecho, el cabrón”, me decía con una llamita de envidia en sus ojitos ratoniles. Y entonces, ya en el fragor de la cháchara, me cuenta el plato fuerte, que debía quemarle lo suyo en la conciencia, por muy trapacero que fuera él también.

Estando los dos en lo mejor de la noche, después de tsunamis de cubata y haber cerrado algunas barras americanas, al regresar a las tantas a la guarida de mármol se encuentran con un tío en la puerta. Cosa sospechosa, por no ser horas ni sitio de tránsito. Se ponen un poco en guardia, pero resulta que el amigo de mi jefe reconoce en seguida a este individuo como un viejo buen amigo del lumpen. El aparecido -que mi jefe no tenía el gusto de conocer, a pesar de sus raíces comunes, y que definió como “superchungo”- se queda algo desconcertado y en un principio parece no alegrarse nada de encontrarse allí al viejo camarada de rapiña.

Lo invitan a entrar en casa y unirse a la juerga criminostálgica, y tras algunas rondas etílicas, el recién incorporado parece relajarse ya un poco y disfrutar de la compañía, abandonando –pero sólo un poco- su actitud de tipo duro (tan duro que se había revenido, como el pan). Unas cuantas rondas y dosis más, evocando turbulencias añejas, la camaradería se impone y el “superchungo” confiesa, a instancias de su colega, a qué se dedica últimamente: a liquidar gente previo pago de la tarifa pay per kill. Ese comentario, así, a vuelapluma, hecho en el entorno de cualquiera de los que estéis leyendo esto (al igual que en el de quien lo escribe) caería como una bomba de racimo, y jodería el ambiente en un nanosegundo; se nos congelarían las sonrisas de quirófano en la cara y estaríamos deseando que el interesado abandonara la sala para abalanzarnos sobre el móvil e informar al F.B.I. Pero en aquella velada que trato de describir, no, qué va... a su amigo no le extrañó lo más mínimo porque ya sabía de qué pie cojeaba el pájaro (y sus propios asuntos no debían ser tampoco mucho menos oscuros); y a mi jefe, tampoco, porque, según me repitió, el tipo era “superchungo de verdad” (los sinónimos descriptivos no eran su fuerte).

La cuestión es que, cuando el amigo de mi jefe pensaba tomar su turno para tratar de igualar eso con todas las maldades de su cosecha que se le ocurrieran, por pura competitividad entre la canalla, el amigo le interrumpió y le dijo que prefería no saber nada de sus asuntos, pero que se anduviera con mucho ojito de a quién le tocaba los huevos, porque el encuentro de aquella noche no había sido fortuito. Tachánnnnn!!!

La historia, de ser del todo verídica (mi jefe también era un poco fantasma, la verdad, pero tampoco es que anduviera muy sobrado de imaginación, y me dio tantos detalles, y tan minuciosos, que, de ser inventados, quizás debía haberse replanteado su vocación y haber reconducido toda esa energía resentida hacia la ficción artística. No sé... un corto o una novelita...); decía, que de ser totalmente cierta (a 2 de los 3 protagonistas principales los conocí en carne y hueso y daban el perfil perfectamente), nos debería hacer reflexionar sobre el tipo de pirañas que tenemos sueltas en este acuario de peces de colores que llamamos sociedad.

martes, agosto 26, 2008

Fabra: "Qué hijo de puta"

Cosas que pasan en Castellón. Durante el pleno ordinario de la diputación, el portavoz del PSOE y alcalde de Benicàssim, Francesc Colomer, pregunta a Carlos Fabra por los numerosos casos de corrupción que le esperan en el juzgado. Fabra se niega a responder y al final de la sesión, cuando pensaba que el micrófono estaba cerrado, insulta a Colomer.

Así es el caciquismo. A mí lo que más me impresiona del vídeo es las risas del resto de los políticos del PP que arropan a
Fabra, el metabarón de Castellón, mientras se mofa del portavoz socialista y le responde con actitud chulesca que no piensa responder a sus preguntas, que se las ponga por escrito (a partir del min 4:12 del vídeo). Ya saben: contra la corrupción, tolerancia cero.

Fuente: ESCOLAR.NET http://www.escolar.net/MT/archives/2008/08/que-hijo-de-puta.html

sábado, agosto 16, 2008

Antoni Miró: 60 Anys , 1944-2004

Un clip que hice algunos años sobre el pintor alcoyano Antoni Miró para su fiesta sorpresa con motivo de su 60 cumpleaños.

miércoles, agosto 13, 2008

¿Alcohólicos anónimos?

[RAE: anónimo, ma. (Del gr. ἀνώνυμος, sin nombre).

1. adj. Dicho de una obra o de un escrito: Que no lleva el nombre de su autor. U. t. c. s.

2. adj. Dicho de un autor: Cuyo nombre se desconoce. U. t. c. s. m.

5. m. Secreto del autor que oculta su nombre. Conservar el anónimo.]


Alcohólico en secano (o, de momento, en barbecho): “Hola soy Rigoberto, y soy alcohólico”.

Todas/os: “Hola, Rigoberto, bienvenido”.

¿Por qué se autodenominan AA.AA., si lo primero que hacen es decir su nombre estando sobrios?

jueves, julio 24, 2008

Mejor que espanglish, ingleñol riguroso


Ahora, en verano, cuando los informativos de todas las pantallas enemigas se quedan sin noticias jugosas, y, teniendo a media plantilla de vacaciones, los becarios medio analfabetos que los suplen volverán a tirar de archivo para poder rellenar todas esas medias horas en prime time que tienen por delante, con las clásicas noticias de sus terrores favoritos estivales. A saber: que si las motos de agua decapitadoras, las medusas del abismo, los surtidores de combustible autoexplosivos, etc... Este año, la tendencia parece apuntar a un revival de las piscinas infanticidas, del robo con escalo, los neonazis y puede que hasta se atrevan con la chica de la curva.

Pero hay un clásico imperecedero, que no hace falta resucitar porque nunca nos ha abandonado, verano tras verano, que es el de los perros asesinos. Volverán las oscuras golondrinas a comentar lo de las razas peligrosas y destripadoras, por lo que sugiero, en un intento de homogeneizar el lenguaje televisivo (tan depauperado por estos lares), que las redacciones de todos los noticiarios incorporen en sus manuales de estilo mi siguiente propuesta:

Cuando hablen de una hembra de dóberman, deberán llamarla dóberwoman; y a la del bulldog, cowbith.

¡He dicho!, que diga... que escriba: ¡he escrito!

miércoles, julio 23, 2008

Yo voté a Virginia

Pues si. Lo reconozco. Me gasté 1 euro y pico votando por sms a la niña azul.
No tanto por la fascinación que ejerce la chiquita sino por verles la carota a sus "compañeros" de promoción.

lunes, julio 14, 2008

Jubilación escalonada ¡ya!

El mes que viene cumpliré la edad de Cristo si hubiera vivido hasta los 37. Me siento viejo y muy cansado; tannn cansado... Veo tan lejana mi jubilación, que, mientras espero sentado algún golpe de suerte remunerada (“Oh, Fortuna, dominatrix mundi”, vocea un coro desesperado al inicio de Carmina Burana, y yo me uno a ellos desde la cola de la administración de lotería), en mi desesperación se me ocurren idioteces como la siguiente; que puede que no lo sea tanto y realmente se trate de una reforma necesaria en el sistema laboral imperante:

¿Por qué?, a ver, ¿por qué tenemos que trabajar como acémilas durante toda nuestra vida productiva, y llegados a los 65 años (o los que sean según el convenio colectivo o expediente de regulación correspondientes) parar en seco?

Desde hace años vengo manejando la siguiente teoría: dado el ritmo de vida desaforado que llevamos, apenas tenemos tiempo para ponernos enfermos. Caemos y recaemos, porque es inevitable, pero seguimos adelante como los jabalíes. Pero, ¿qué pasa cuando el jabalí ya ha llegado a la meta, ya ha cumplido consigo mismo, con la sociedad y con el estado, y dispone de todo su tiempo libre para escuchar atentamente la maquinaria de su cuerpo? Que nos sobrevienen todos los dolores imaginables; que lo mismo son eso: “imaginados”, o que lo mismo han estado acechándonos desde hace años pero no hemos podido atenderlos, porque para que un urbanita estresado del siglo XXI te dedique un segundo hay que pedir audiencia, como para ver al Papa.

La cuestión es que está mal montada la cosa. Que no se entiende que uno tenga que pasar sus mejores años pringando en la galera, para que le obliguen a parar en seco cuando ya no es necesario obligarle porque ya no le quedan fuerzas más que para empezar la ronda de ambulatorios y hospitales de campaña, tratando de averiguar qué demonios son esas molestias que se han hecho sentir de un día para otro.

Por ello propongo, a esas misas autoridades europeas que pretenden ampliar la jornada laboral a 65 horas semanales, que se dejen de tonterías e impongan ya mi proposición (no de ley): la jubilación escalonada. Al igual que cuando se van cumpliendo trienios, las empresas los gratifican económicamente, pues conforme vayamos cumpliendo decenios, que nos vayan reduciendo la jornada laboral y nos vayan exonerando progresivamente de las tareas más pesadas o mortificantes; que recaerían claro está en los más jóvenes, que aún no se han quemado [tanto] y pueden soportar mejor esas gravosas cargas. Y ya en el 6º decenio (de vida biológica; de vida laboral correspondería al 4º o 3º, según lo tarde que se incorporase el interesado a su puesto) pues que te vayan predisponiendo para la jubilación; que apenas trabajes dos o tres horas, a lo sumo, para que te vayas enfrentando poco a poco a tanto tiempo libre. Y que te amplíen la media hora del café a una, o dos horas, para que puedas acercarte a las obras civiles cercanas, y así vayas aprendiendo la técnica del “Men-at-work watching”, que tanto predicamento tiene entre nuestros mayores .

No me parece tan descabellada idea el reivindicar que no se le puede exigir la misma entrega y energía a un/a joven pimpante de veinte y pico añitos, que a un señor de cincuenta que tiene los cojones ya negros del humo de las batallas. Y que nadie va a llegar vivo a los 65 años, trabajando esa misma cantidad de horas cada seman, como pretendena. A no ser que sea eso precisamente lo que pretenden, para ahorrarse más de una pensión...

martes, julio 08, 2008

Más superfetación estival

Y yo me pregunto: toda la vida los matemáticos con el rollo de que la cuadratura del círculo es un problema geométrico irresoluble; pero, ¿acaso cada vez que alguno nos vacila con los centímetros cúbicos del motor de su coche, no está ejercitando (sin saberlo, seguramente) una aplicación práctica de la cubatura del cilindro?

Ahora que vivimos inmersos en la era 3-D, ¿qué nos importan las imperfecciones y limitaciones de las aburridas dos dimensiones? Y ya no digamos de las (y los) figuras unidimensionales...


viernes, julio 04, 2008

Superfetatorio

[RAE: superfetación. 2. f. En una exposición oral o escrita, multiplicación de elementos innecesarios].

Recién vuelto (revuelto) de unas cortas (duración objetiva), cortísimas (percepción subjetiva) vacaciones me encuentro esto, el blog, desamparado. Después de tres años rajando por aquí de lo divino y de lo humano, quizás ya no nos quede mucho que decir; o lo que nos queda no merezca ser contado. Así que voy a hacer un ejercicio de pura y dura superfetación (ver arriba), o sea, de relleno, por poner algo y que no decaiga la cosa.

Por ejemplo contaré que durante un visionado serial y vacacional de los DVDs que componen la serie de películas gore Saw (vete tú a saber por qué; cuando me da por algo...), para ser exactos durante el visionado de la cuarta entrega, se nos fue la luz en casa por tres veces. Iberdrola no fue capaz de darnos telefónicamente una explicación convincente del incidente, pero nos regaló, sin venir a cuento, una accidentada velada de cine casero (expresión mucho más castiza que home cinema), que nos tenía en ascuas más ardientes por cuándo se nos volvería a joder el invento, que por la macabra acción que se mostraba en el filme (Serrucho, ya que nos ponemos castizos). Tantos sustos y apagones precipitaron mi mente a la siguiente conclusión:

Aún partiendo de la premisa de que lo que estábamos contemplando (intermitentemente) era pura ficción cinematográfica (la forma castiza para hollywoodiense resulta demasiado ridícula: bosque-de-acebos-ense) podemos estar todos muy tranquilos porque aquí, en Murphylandia (en castizo: España) un asesino así no podría existir nunca; jamás de los jamases.

Porque si a mí se me cruzara el cable (aún más) mañana y me diera por asesinar personas físicas mediante complicadísimos automatismos, mareando en el proceso a la policía con un goteo de crípticas pistas proporcionadas mediante sofisticados medios técnicos, que los agentes custodios deberán seguir atropelladamente, como si de una gymkana sangrienta se tratara; pues me comería dos mierdas como puños, porque a la primera de cambio se me desbaratarían los planes gracias a los excelentes estándares de calidad que nos brindan los oligopolios de este bendito país.

Imaginad (los que hayáis visto algunas de las pelis, supongo) que yo he dejado dispuesto en la escena del crimen que cuando la víctima/policía/puteado-a-secas abra una puerta, un sistema de argollas y poleas debe poner en marcha un televisor donde se emitirá en video mi mensaje para darle nuevas instrucciones o simplemente para angustiarlo aún más.

Bien, imaginad ahora que esa misma tarde-noche en que mi presa debe encontrarse todo el mantecao y pasarlo mal, Iberdrola, sin dar más explicaciones, ha cortado la luz tres veces en toda la manzana donde tengo oculta mi mazmorra de los horrores, y a resultas de su inoperancia se me ha desprogramado el canal del vídeo, o se me ha reiniciado la cuenta atrás que conecta la taladradora, o se me ha desconfigurado el chiringuito en general. ¿Qué pasaría? Pues que en vez de como un psicópata retorcido y sofisticado, quedaría como un chalado patoso y garbancero. Es decir, el psycokiller cañí, el depredador made in Spain.

Podemos dormir tranquilos, que aquí no nos despertaremos nunca encadenados en una lúgubre mazmorra, donde se nos hará pasar las de Caín high-tech (que le den por culo ya al casticismo), mediante móviles con cobertura hasta en el infierno, que no fallan en los momentos clave; cámaras con visión nocturna todavía en garantía; sensores de movimiento que no se averían por tenerlos en lugar húmedo y frío; etc...). No, amigos, aquí no despertaréis nunca en la suntuosa mansión de un caníbal refinado que os alimentará con finas porciones fritas de vuestro propio cerebro, regadas con carísimo Chianti, mientras resuenan en la estancia las Variaciones Goldberg de J.S. Bach Jr.Sr. (Johann Sebastian Bach, Junior porque descendía de músicos prestigiosos, y Senior porque engendró a su vez una piara de músicos prestigiosos).

No, aquí lo máximo que os puede pasar es que os pegue un navajazo el Jarabo o que os metan cuatro tiros traicioneros dos mostrencos de Puerto Hurraco.

Y ojo, que a lo mejor todos estos despojos iban para asesinos legendarios y con caché (en EE.UU. habría hostias entre ciertas mujeres por desposarse con ellos en el corredor de la muerte), pero los medios a su alcance no acompañaron para poder refinar su arte para la muerte de los demás.

viernes, junio 20, 2008

A la llum de les fogueres...

Hoy 20.06 a las 00.00 horas comienzan en mi pueblo las fiestas mayores, mundialmente conocidas como Fogueres de Sant Joan, o como explica micropene a nuestros clientes y proveedores : “lo mismo que las Fallas de Valencia, pero con menos presupuesto y 200 km mas abajo”.
Tengo que decir que a mí, la comparación, me molesta levemente, y no porque no sea verdad, que lo es, ni porque no sean igual de divertidas unas fiestas y otras, que lo son, (de hecho en las fallas de Valencia me lo he pasado siempre muy bien); creo que me molesta porque las comparaciones son oidosas (dicen) y las fiestas del pueblo de uno, llevan inherentes muchas cosas emocionales dificiles de explicar (por ser sentidas).

Uno los actos mas caracteristico de “les fogueres de sant joan” son las “mascletás” de medio dia. Durante los 5 días de fiestas, y con una puntualidad mas propia de tierras ingleses que de “nostra terreta” al marcar el reloj las 14.00 comienzan a tirar una serie de “terremotos”, “baterias aereas” y “disparos digitales” en la plaza de los luceros delante de una multitud que aclamará (la mayoria de las veces) o silbará (a modo de decepción) dependiendo de si la mascletá ha sido o no del gusto del pueblo.

Desde un tiempo a esta parte (y me refiero a años) nosotros hemos pasado de disfrutar las juergas nocturnas de pachanga y borracheras a los mediosdias de cervezas, polvora y borrachera.
Hay quien dice que es porque nos hacemos viejos y preferimos el dia a la noche –que también, no lo voy a negar-, pero en gran parte se trata de que hace años, nos dimos cuenta, que cuando antes empiezas la juerga, más tiempo tienes por delante para disfrutarla.
Atrás quedaron aquellos años en los que de te levantabas el día 24 a medio día despues de 5 dias de juerga diciendo: ¿¿¿Ya se acaban hoy??? . Aquellos días en los que te entristecias porque seguías aún fresco tras 5 noches de juerga y querias más…

En los ultimos años, siempre hemos salido un día, y hemos estado enfermos los cuatro restantes.

Este año, sin embargo, no me pregunteis porqué, pero noto más ganas.
Noto ganas en el ambiente, me da la impresión que mis amigos tienen cuerpo de jota (en mi caso es cuerpo de ocho todo el año, pero tambien vale) por lo que me reafirmo en mi teoria de que por mucho que uno se quiera mentalizar, que no le apetecen las fiestas, o hacerse el raro o incluso decir que no le gustan las aglomeraciones o simplemente tener el día tonto, hay un sentimiento, “un” algo flotando en el ambiente durante las fiestas del pueblo de cada uno, que hace que las fiestas del pueblo de cada uno, sean, las fiestas de uno mismo.

Feliç plantá i Bacores Fresques!

Pd. No olvideis la coca amb tonyina i les bacores

miércoles, junio 18, 2008

A mí, poco hecho

Los depravados del mundo están de enhorabuena en estas fechas, porque pronto será puesto en libertad el camarada Armin Meiwes, más conocido como el caníbal de Rotenburgo. No sé si recordáis el caso, pero resultaba tan enfermizo todo lo implicado e implicados, que a mí me causó honda impresión. Y aún me dura.

Corría el año de desgracia de 2001, recién descorchado este extraño siglo XXI, que de seguir así no sé adónde coño nos llevará, y gracias a la magia de internet se ponen en contacto un roto y un descosido. El sueño de toda la vida del roto mental era ser asesino y caníbal, y el mayor deseo del descosido cerebral: ser su víctima voluntariosa.

No estamos hablando de seres primordiales salidos de una caverna, no; el comedor era (y sigue siéndolo aunque ahora no ejerza, o sólo lo haga en la prisión) técnico informático y el manjar humano era (éste sí que dejó de serlo en cuanto dejó de llegarle riego al disco duro) ingeniero. Yo no sé qué les darán en las facultades técnicas del eje austro-alemán pero parece que salen de allí todos medio tarados y lo primero que hacen es construirse un búnker debajo de su casa, por si tienen que encerrar durante décadas alguna niña secuestrada o a sus propios hijos/nietos. ¿O serán simples vestigios de un pasado belicoso no tan lejano, y se construyen estas cosas para resistir a los futuros aliados, que como de momento no llegan, pues le buscan al agujero una utilidad alternativa a su uso militar y le dan un toque más lúdico?

La cuestión es que estos dos enamorados (así se definían ellos en su correspondencia electrónica) deciden llevar a cabo su fantasía mutua y se citan el 9 de Marzo. Cator (nick con el que el comestible se anunciaba en chats canibalescos –sí, sí, yo también flipo- como Gourmet o Caníbal-café, ofreciéndose para ser comido vivo) se desplaza desde su Berlín natal hasta la casa de los horrores de Rotenburgo, e insiste ser devorado en esa primera cita, y para ello ha acudido a la cita con el estómago vacío (no sé, serán manías de caníbales...).

Y entonces empieza la que probablemente haya sido una de las primeras citas más ridículas (que ya es decir...) de la historia del amor, en este caso carnal (ji ji...). Se conocen al dedillo los detalles porque estos tortolitos se tomaron la molestia de registrar absolutamente todo en 3 cintas de video de 4 horas cada una, que la policía estudió cuando las tuvo en su poder. Cintas que, aunque estaban encerradas bajo siete llaves en la caja fuerte del juzgado, acabaron filtrándose al público; achacándolo, eso sí, a unas misteriosas copias piratas que circulaban por ahí.

El ritual del cortejo entre caníbales, bueno, entre antropófago y antropofagocitado, parece ser así: primero toman café (hasta aquí todo normal, si no fuera por el pequeño detalle de que el invitado al banquete, y plato principal del mismo, está desnudo y sentado encima de la mesa); pero en vez de comentar la horrible climatología alemana o el partido del domingo, aquí se comenta el deseo de la víctima de ser devorada mientras practican sexo salvaje. Y se ponen a ello, pero el caníbal que tanto se hacía el gallito en el chat, se arredra un poco y no muerde con la furia que Cator esperaba. Éste empieza a temer que la cosa no va a salir como él lleva fantaseando desde su infancia, y para facilitar las cosas un poco, decide ingerir un bote de pastillas para dormir. Pero ni así parece que se anime la fiesta y decide unilateralmente dejarlo estar, pero el aspirante a caníbal suplica otra oportunidad.

Deciden tranquilizarse y se tumban relajadamente (cómo para no estarlo con un bote de barbitúricos dentro) en la cama mientras suena música suave en el transistor que la víctima ha hecho traer para crear ambiente. Durante hora y media se acarician y besan acarameladamente, haciendo pausas para fumarse algún cigarrito tranquilizador (con lo peligroso que es fumar en la cama; ah, bueno, vale, se me olvidaba cómo se las gastan estos dos pájaros...), pero ni por esas se duerme el condenado, tal sería su estado de excitación. Y eso que ha ido sumando en su estómago a las pastillas dos frascos de jarabe (?!) y media botella de licor (¿orujen?).

Al final, desesperado y aprovechando que su amante le está acariciando el pene, le pide que se lo corte, así por las bravas. Pero parece que el informático nos ha salido un caníbal chapucero donde los haya y elige un cuchillo poco afilado con el que, a pesar de intentarlo con brío, no logra seccionar la pilila del otro (que ya estaría hasta un poco más abajo del cuchillo -los huevos- del partenaire tan cutre que se había agenciado para un momento tan decisivo en su vida: su muerte).

Le ordena que busque otro cuchillo, a poder ser de Albaceten, y por fin entre gritos (¿de dolor o de alegría?) consiguen la primera sangre de la tarde, y al matador le conceden el rabo. Se van juntitos y felices a la cocina a freírlo y se lo comen, compartiéndolo como buenos caníbales (uno de ellos autocaníbal, que ya tiene cojones la cosa). Pero entre la sangre que abandona su cuerpo a borbotones y el cóctel de fármacos, Cator respira con dificultad y empieza a boquear por lo que su amante, ya más lanzando tras este primer logro, decide apuñalarlo. Pero no con la saña esperada, por lo que el eunuco, harto de la impericia de su asesino, lo deja allí plantado y se marcha a la bañera a desangrarse tranquilo, disfrutando de ver por fin cumplido su anhelo de toda una vida: ser asesinado sangrientamente para ser devorado. Pasan horas (muchas) hasta que pierde la consciencia (¡lo que puede obrar un estado alterado de la ídem!) y otras (muchas) hasta que por fin muere (téngase en cuenta que la experiencia completa ocupa casi 12 horas de grabación magnetoscópica).

Resumiendo mucho, lo primero que hace es cumplir el pacto de decapitar el cadáver y colocar la cabeza sobre la mesa para que Cator pueda contemplar toda la acción desde el cielo de las víctimas de canibalismo (que está justo al lado del cielo de los gatos, y un poco más allá del de los perros). Descuartiza el cuerpo y debe quedar agotado porque, como ya ha quedado patente, nuestro caníbal no es muy previsor, y ha tenido que emplear para tan ardua misión la cubertería doméstica, que si ya se resiste muchas veces a trinchar un bistec que no esté tierno, imaginad el esfuerzo necesario para tronchar una columna vertebral o una cerviz humanas con unos cuchillos Ginzu desafilados.

Así que tuvieron que pasar aún dos días hasta que empiece a jalarse al colega (si exceptuamos la tapita de polla frita que se metieron ambos el día de autos), y no lo hace a lo salvaje, desgarrando como un zombi tiras de pellejo con manos y dientes, no; se lo curra mucho: fríe los trozos más tiernos con aceite de oliva, que se sirve con salsa de pimienta y una guarnición de patatas, acompañado todo ello del mejor vino tinto que su bolsillo de modesto caníbal le permite. Hasta decora el comedor para tan solemnes ocasiones y pone velas en la mesa. Pues así, a lo tonto a lo tonto, se zampa 20 kilos de chicha del amigo, en distintas sesiones, y el resto (que a juzgar por las fotos de Cator, no debía ser poco) lo guarda en la nevera.

Pero parece que le aburre repetir todos los días el mismo menú, y de visionar hasta la saciedad los vídeos (su favorita, confiesa, es la parte del destripamiento); así que empieza a tontear otra vez en los chats canibalescos en busca de nueva manduca humana. Para impresionar a la concuerrencia se va de la lengua más de lo necesario, hasta el punto de que un caníbal aficionado de Innsbruck (¿de qué me suena esta ciudad?) se raja y lo denuncia a la policía. Y ahí se acaba –de momento- la aventura de nuestro personaje y empieza el problema legal: ¿cómo condenas a alguien por un crimen en el que la víctima no sólo lo era voluntariamente, sino que encima participaba activa y exigentemente en su propio homicidio? Y todo perfectamente probado documentalmente. El abogado defensor solicitaba una pena leve por una modalidad de eutanasia ilegal (y chapucera, añado yo), y el fiscal iba a por la perpetua por homicidio con motivación sexual y perturbación del descanso de los muertos (?!). Al final, ni tú ni yo y lo dejan en 8 añitos y medio por homicidio con atenuantes, que, descontando las previsibles rebajas penitenciarias por buen comportamiento (se trata de una persona cabal y educada), se cumplen este verano, y lo mismo nuestro amigo decide venirse a pasar unos días en Mallorca para olvidar el talego. Lo digo por si alguien se anima a probar.

No os parezca tan raro, porque este señor confesaba haber compartido puntos de vista por internet con al menos 280 personas, de las cuales unas 200 se habían ofrecido como víctimas (que al final por hache o por be se echaban atrás; excepto 4 que llegaron a ir a su casa dispuestos a todo, pero la cosa acabó no cuajando, lo que no me extraña conociendo lo torpe que era el verdugo [por cierto, ese hecho también sirvió de atenuante en el juicio, ya que pudo probar (que útiles son las putas cámaras) que tuvo a cuatro posibles víctimas –también voluntarias- colgadas de los pies en su casa y los dejó marchar sin rematar la faena]); otros 30 estaban dispuestos a matar por/con/a él; y unos 20 se conformaban con ser espectadores en directo del crimen/suicidio.

Esta terrible historia me sumió en su día, y sigue haciéndolo, en tristísimas reflexiones sobre la naturaleza humana.

Como decía aquel sargento al principio de cada episodio de Canción triste de Hill Street: "Tengan cuidado ahí fuera".

[Los detalles del caso están extraídos del informe exhaustivo que en su día dedicó al caso el mítico fanzine madrileño Sickfun].