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martes, mayo 15, 2007

El caos no cesa

El domingo hubo jolgorio del bueno en Melrose Place. Se celebró el cumpleaños de nuestro querido camarada Elöy (así lo escribe él). Como salió un magnífico día primaveral, calentamos motores en la terraza de la piscina, mientras Pablito, consumado chef, preparaba en la cocina los mejores gazpachos manchegos que recuerdo haber comido, aderezados con las serranas que había recogido hace unos domingos en el campo un comando caótico, tras un sábado intensamente pluvioso (las serranas son las delicatessen entre los aficionados a comer caracoles, y cuentan las leyendas que en los restaurantes se cobran estas tapas a 1 petroeuro por unidad de gasterópodo serrano).

Estando en la terraza, medio en pelotas y disfrutando de unas cervezas heladas (con sus preceptivas olivas y patatas) entre bromas y conversaciones absurdas de las nuestras, la realidad irrumpió súbitamente en nuestro bonito día, cortándonos el rollo un poco a todos. Y todo porque a una mujer que se hospedaba en el hostal (del que dependen el bar y su terraza) le patinó mucho la cabecita loca y montó un numerito bastante triste; con amenazas de suicidio incluidas. Ni siquiera sus familiares lograban hacerla entrar en razón y al final se hizo necesaria la intervención del SAMUR y una patrulla de la policía nacional. Hasta que lograron llevársela, esta señora se acercó repetidas veces a nuestra mesa para hacernos partícipes de sus delirios, y nos apenó mucho constatar lo fácilmente que te puede jugar una mala pasada algo tan delicado como es el cerebro humano. Era tal la velocidad a la que se le amontonaban los conceptos desordenados en la cabeza, tal la fuga de ideas que aunque disparaba palabras como una ametralladora y sin interrupción, no lograba hilvanar un solo pensamiento coherente y desvariaba de mala manera. Y para más inri y añadir más dramatismo a la situación, la mujer tenía breves destellos de lucidez en los que comprendía que estaba montando un espectáculo lamentable (“circo” lo llamó ella en repetidas ocasiones), pero reconocía no poder evitarlo (para que se entienda, sólo diré que el “circo”, entre otros muchos desmanes, incluyó tirarse vestida a la piscina, mientras gritaba que ya no se drogaba y que sólo quería nadar, mientras sus familiares desde el borde trataban de hacerla salir; o gritar repetidas veces que lo que necesitaba era un hombre que se la follara ya).

Una vez alejado el problema (“resuelto”, por desgracia, no es la palabra), y tras un refrescante bañito en la piscina, procedimos a hincarle el diente a los gazpachos. Y después de deshacernos en elogios hacia el autor, pasamos a las copas, lo que provocó el momento surrealista de la tarde. Y todo porque el mueble-bar de Melrose aglutina la colección de botellas más extravagantes que se pueda imaginar. Quitando una botella de ginebra Gordon’s (adornada con un espantoso lazo con floripondio* (?!)), y una caja vacía de Chivas, el resto de marcas allí presentes son irreconocibles para el borracho patrio más curtido. Unos licores de vivos colores con unas etiquetas en las que aparece el rostro en blanco y negro de una anciana con cara de malas pulgas, y rotuladas con unos nombres ilegibles, que nadie se atrevió a probar (bueno, miento, yo sí probé el amarillo y aún me estoy arrepintiendo); botellas de brebajes en teoría reconocibles por su color u olor, pero cuyas etiquetas más que dar pistas sobre el contenido aumentan la confusión; marcas blancas de Dios sabe qué economatos; y otros horrores líquidos que nos hicieron pasar un buen rato sin necesidad de destaparlos. Imaginad las carcajadas generales cada vez que el barman (éste que suscribe) sacaba del mueble una nueva pieza de la colección, acompañándola del correspondiente comentario jocoso o conjeturas sobre su procedencia, ante un alterado auditorio de gargantas secas.

Pues así, a la risa a la risa, y tras descartar botellas (y cajas) vacías, otras medio acabadas que no daban ni para dos chupitos, y otras llenas (demasiado llenas para el tiempo que llevan allí) a las que no había cojones de meterles mano, nos dimos cuenta de que no teníamos nada potable con lo que remojar la sobremesa. Así que, tras una recolecta de fondos, un comando especial partió urgentemente y resolvimos comprando limón granizado y pipermín para elaborar las traicioneras “lechugas”; que, al igual que todos los combinados dulces, y éste con el agravante de estar fresquito, vas bebiendo, vas bebiendo, y cuando te quieres levantar de la silla para mear llevas ya una caraja de espanto. Ah, y horchata y fartons para los más golosos.

Después, lo típico, liguilla de fútbol virtual, mientras los profanos debatíamos de lo divino y lo humano, hasta que cada mochuelo se iba volviendo a su olivo.

La verdad es que lo pasamos muy bien, y aunque uno se siente como en casa allí, me dio pena pensar que ya no soy habitante oficial de la Mancomunidad desde hoy hace exactamente 15 días. Voy a echar de menos esas habituales reuniones multitudinarias de buena gente. Multitudinarias porque, a pesar de las notables y numerosas ausencias, el domingo, como el que no quiere la cosa, nos juntamos 15 personas allí; y habituales porque sin ir más lejos, anoche (¡lunes!), con la excusa de que dos de los miembros deben retirase una temporada de la vida disipada para hincar los codos de cara a una inminente oposición, se volvió a armar la marimorena allí.

(* Me estuve riendo un buen rato con una ocurrencia del siempre genial Delrieu, a costa del lazo de la ginebra. En un momento dado, se gira hacia Elöy, le extiende el floripondio y le dice muy serio: "Toma, con esto y una persona, ya tienes una novia").

miércoles, abril 18, 2007

Leaving Melrose

La única parte triste de toda la historia de la moto, es que este mes debo abandonar Melrose Place para poder costearla. La verdad es que últimamente apenas pasaba por allí, ya que ahora vivo prácticamente en casa de mi "amiga" del alma, con incursiones puntuales al hogar paterno para dar cobertura logística.

Me da mucha lástima porque allí he vivido momentos inolvidables, y voy a echar muchísimo de menos a mis queridos camaradas caóticos. Ya he empezado el traslado, y cada vez que voy a llevarme trastos se me cae el alma a los pies. Y encima ahora que llega el buen tiempo y volverán las fiestas en la piscina y esas barbacoas multitudinarias y escandalosas que tantas simpatías nos granjearon en el vecindario. En fin, es la vida... (Sr. Lara: debemos apresurarnos en organizar lo de la pallea balcánica en el bar de la piscina. Aunque bien pensado, el hecho de que yo abandone la casa el día 30 de abril no significa que no pueda ir por allí cuando me apetezca).

Cambiando de tema, ¿por qué la palabra sinónimo no tiene ningún sinónimo, y sin embargo antónimo sí tiene un antónimo (sinónimo)?

jueves, diciembre 07, 2006

Los hay que no escarmientan

El miércoles estuve cenando con la mujer maravillosa y, como seres civilizados y dialogantes que somos, estuvimos hablando abiertamente de nuestro asunto. Lo que ocurrió desde que me despedí de ella, da buena prueba de que nuestros estilos de vida son altamente incompatibles. Digamos que su rutina diaria es una dulce melodía de Vivaldi, con su tempo reposado, su delicada cadencia y su estructura armoniosa y sin estridencias; mientras que mi día a día se parece más a alguna aberración de Cannibal Corpse, acelerada, chrirriante y caótica.

El contraste fue muy vivo. Volvía de estar charlando sosegadamente con ella en su casa (que siempre me ha parecido especialmente acogedora y entrañable), en un clima distendido (luz tenue, música relajante, y una copita, claro) y llegué a Melrose Place y tenían montada la de Dios es Cristo. Ciento y la madre allí jugando una multitudinaria timba de cartas, generosamente regada con todos los licores imaginables, con la música a todo trapo y un escándalo estrepitoso. La casa llena de humos de todos lo olores y sabores, y tendremos que limpiar porque también vi mucho polvo, y gente colocada por todas partes. Se había congregado la élite del desparrame, el núcleo duro de la Mancomunidad del Caos: Elo, Maite, Pablito, Delrieu, etc… y Juancho con su amiga vasca, que está conviviendo con nosotros una temporadita.

Y, claro, ¿qué va a hacer uno? Pues unirse a la fiesta. Fiesta que acabó al mediodía de ayer, al menos para mí porque tenía una comida familiar, porque me consta que otros siguieron hasta las 6 de la tarde. Y claro, así no vamos… así no vamos…

Tiene cojones la cosa: conozco a alguien excepcional, que podría ser la mujer de mi vida y yo sin dejar de hacer el ganso.

jueves, noviembre 16, 2006

Se acabó lo bueno

Llevo unas semanitas bastante extrañas.

No hace mucho que me acabo de reincorporar de unas merecidas vacaciones que se prometían muy tranquilas, pues la razón era instalarme en casa de mis padres para dar cobertura logística, pero que se fueron liando, se fueron liando y al final acabaron muy, pero que muy moviditas.

Y resulta que en este lapsus he conocido a una mujer maravillosa que me ha roto todos los esquemas y que me tiene bastante descolocado. Bueno, realmente la conocía ya, pero no habíamos podido intimar lo suficiente, y una vez intimados pues resultó que saltaron chispas (espero que al final nadie salga quemado). El único "pero" que le veo a esta historia es que no tengo muy claro que yo pueda darle esa paz que ella tanto necesita. Se supone que he madurado, y mis noches ya no son en blanco o negro, pero la verdad es que sigo sin ser ningún angelito y la mala vida es muy contagiosa. Pero en fin, vivamos el momento y disfrutemos lo que tenga que venir sin adelantar acontecimientos.

Dada esa tendencia mía a enrollarme como una persiana, esa espantosa verborrea cada vez que cuento cualquier mierda, si tratara de narrar aquí todo lo que me ha pasado durante estos 11 intensos días (de supuesto monacato reflexivo y retiro espiritual), nos podrían dar las uvas; pero sí que destacaría que disfruté mucho en la presentación "oficial" del disco de Jesús Lara en la Casa de Cultura de Alcoi, con un set de canciones que -como mis vacaciones- pretendía ser íntimo y delicado pero que se fue animando hasta acabar con un Jesús que no se podía quedar sentado en el piano y que, al más puro estilo Jerry Lee Lewis, mandaba a tomar por culo la banqueta y tocaba de pie y desmadrado (sólo le faltó pegarle fuego al piano). Para más información sobre aquel acto os remito a su web http://www.jesuslara.net



También disfruté mucho viendo a Leo Bassi actuar en la Universidad de Alicante; espectáculo que me reconcilió un poco con el payaso italiano, al que tenía un poco atragantado de verlo en Crónicas Marcianas haciendo el cafre. En esta ocasión nos brindó un show más contenido en el que primó la inteligencia y la provocación sutil sobre el simple escándalo sofocante.

También lo pasé de puta madre en la concentración motera de Alcoi (joder, me voy a tener que mirar un piso allí, porque últimamente paso más tiempo "donde sólo se atreven las águilas" que en mi casa), donde Cripema y Gilito pudieron conocer a mi nueva musa. Como manda la tradición de estos saraos, no podía faltar rock en directo y, por supuesto, un strip-tease; y entre centenares de moteros ¿a quién creéis que sacó la muchacha a hacer el ridículo ante tan rudo público? La respuesta está en esta foto:


Coño, últimamente salgo con un careto de gilipollas en las fotos... deberé ir haciéndome a la idea de que es el que tengo, y punto. Y además me veo bastante recio; menos mal que he retomado mi dieta draconiana y mi cita diaria con el acero. (Para los más despistados aclararé que el de la boca de chocho soy yo y la del ídem a secas, la stripper, que estaba como un tren la gachí (como se puede apreciar en la siguiente imagen)

By Micropene

miércoles, noviembre 01, 2006

Visita a la Casa de los Horrores

Dentro de poco hará un año ya que habito en Melrose Place. Y resulta que hoy he caído en la cuenta que en todo este tiempo ningún miembro de mi familia se había dignado a poner el pie allí. La razón es esa infundada mezcla de miedo y repulsión que les produce mi casa, a la que mordazmente han dado en llamar “la Cochiquera”. Y todo esto de oídas, porque, como digo, ningún familiar se había atrevido a penetrar en ella; pero resulta que mi querida hermana de vez en cuando se pasa por este blog, y luego va contando en las reuniones familiares lo que aquí ha leído. Y, claro, se habían hecho una idea un tanto especial de mi hogar, dulce hogar.

Pero hoy he decido acallar los rumores llevando de visita a Melrose Place a mis padres. Así que tras una preventiva llamadita avisando de que iba con esta compañía, nos hemos presentado allí a tomar una cervecita y así conocer la casa. Juancho a tenido la precaución de limpiar un poco y recoger cualquier cosa que pudiera ofender la vista de unos progenitores. No sé, alguna publicación erótica, o esa caja metálica, como las de galletas, proveniente de una edición Deluxe del film “El gran azul” (?!) que ejerce las veces de botiquín alegal).

Hemos llegado y allí con Juancho estaban Elöy y Pablito; los tres con un extraño brillo en la mirada, causado por la temprana ingesta de una absenta que Elöy, como buen druida que es, elabora dejándola macerar con no sé qué hierba cannabácea. Por suerte todo ha quedado en unas simples miradas vidriosas y la conversación ha fluido a muy buen ritmo. Después de enseñarles la casa y parte de la urbanización, Juanito ha preparado un aperitivo muy apañado. Conviene aclarar que entre las muchas habilidades de Juancho, se encuentra su maestría en la cocina de supervivencia. El tío es capaz de sacar una opípara cena de lo que a simple vista a mí me parece más un solar que una nevera o una despensa. Es un fiera improvisando con los fogones y las microondas, y con cuatro latas de lo que sea y un par de tetra-bricks al límite de la caducidad es capaz de preparar unos banquetes ricos, ricos.

Al poco ha llegado Aprilia y, después de un rato más de charla, nos hemos ido a comer a un bar cercano que frecuentamos bastante por su excelente relación calidad-precio. Aprovechando que estaba mi padre, hemos pedido un vino bastante decente, que ha regado a la perfección una muy buena comida. Cafés, tertulia y paseíto de vuelta para bajar la pitanza; y fin de la visita con un balance muy positivo: les ha encantado la casa, y sobre todo sus moradores (aunque a la mayoría ya los conocían), incluida la reina de la casa, Miniyó, que con sus cucamonas enseguida se ha ganado sus corazoncitos. Lo que no quita que, aunque no me lo hayan dicho, yo sé que algunos detalles de la visita por fuerza les han tenido que escandalizar; como, por ejemplo, esa lista que cuelga de la puerta de mi habitación, detallando el nombre y procedencia de todas las personas que han pernoctado en ella, y que desde mi llegada se ha visto ampliada con un segundo folio (ya va por la 67ª entrada, y eso que no todo el mundo se acuerda de firmar. Pero no os llevéis a engaño: desde que vivo allí, por mi cama han pasado muchas mujeres, pero por desgracia cuando no estaba yo entre las sábanas). También, a buen seguro nuestra interpretación del concepto de limpieza y orden dista bastante de la de cualquier madre al uso, y le agradezco enormemente a la mía que se haya dignado de no hacer comentario alguno sobre la materia (sobre la materia fecal, quiero decir; la que había a modo de frenazo en uno de los inodoros).

En fin, que se han ido muy contentos de comprobar que esa depravada comuna hippie donde dicen las malas lenguas que vive su hijo del alma, no es tan fiera como la pintan. Porque ni esto es la Casa de los Horrores, ni nos comemos a nadie; bueno, sólo a las que se dejan.

Pasen y vean...

viernes, octubre 20, 2006

El día más largo

Últimamente mi vida se está volviendo realmente extraña. Estoy alcanzando unas cotas de absurdidad muy preocupantes.

Digamos que hoy he llegado pronto al trabajo. Pero no diez minutos antes, o media hora, no. Digamos que he llegado 3 horas antes a mi puesto de trabajo. Y digamos que he "dormido" en el suelo de la oficina donde trabajo; debajo de mi mesa, para ser exactos. Digamos que me ha despertado el hilo musical y que he aparecido como un zombie resacoso, pegándole un susto de muerte a la compañera que ha llegado primera. Bueno, segunda.

Y todo porque anoche se congregó el entorno caótico para arropar a Juancho y Rafa, que ofrecían un concierto en un entrañable pub del casco antiguo de Alicante. Y ya está visto como acaban estas reuniones.

La cuestión es que en algún momento de la noche, en el fragor de la batalla, me pidieron mi coche para ir a descargar a Melrose Place parte del equipo de sonido empleado en la actuación; y ya después me perdí por ahí, o no sé qué follón, pero cuando me quise dar cuenta no tenía ni coche, ni llaves de casa, ni dinero para un taxi. Y como no era plan de despertar a nadie a esas horas de la madrugada para que me sacara del apuro, y buscando en los bolsillos aparecieron las llaves del curro, pues aquí que he puesto el huevo. He tirado cuatro expedientes al suelo a modo de colchón, y a roncar.

Yo no sé a estas alturas qué pensarán de mí el jefe y mis compañeros (Cripema ya está curada de espanto), porque no es la primera vez que lo hago, y lo curioso es que siempre olvido que hay unos cómodos sillones en la recepción (estragos del alcohol: se me olvidan los sillones pero tengo la precaución de dejarle una nota escrita en rúnico a Cripema, que una vez descifrada viene a decir que no se asuste si ve unos pies bajo mi mesa. Aún se está descojonando la cabrona).

El concierto estuvo cojonudo, y la fiesta posterior tampoco fue manca. Acabé a las tantas con mi querida amiga Elo, de pub en pub, bebiendo y basculando. Y cuando me retiré a dormir entre cartones (ayer estuve home-less, literalmente) el huracán Elo seguía la traca.

Así que ahora, que son las 11 y media y ya he bajado tres veces a tomar café, cada vez que me muevo parezco el botafumeiro, desprendiendo humo del tabaco impregnado en mi apestada ropa. Y cada vez que le hablo de cerca a algún compañero lo dejo rubio al instante. El agua me sabe a gin-tonic y el café a agua, y he pedido que si muero a lo largo del día, que no me incineren bajo ningún concepto porque podría estar 6 días ardiendo.

Mal de muchos, consuelo de tontos, pero acabo de colgar con Aprilia y la pobre también está penando en su trabajo. Me parece que hoy va a ser un día muuuuy largo.

Cripema, querida, hoy haré uso de otro comodín. ¿Qué? ¿Que no me quedan comodines ya? Pues estaba por acercarme al gimnasio a darme una duchita...

martes, agosto 08, 2006

Regreso a Itaca

Capítulo Primero

Tensión, rechazo, desconfianza, excitación, ilusión, curiosidad…¡¡¡PuNzAdA eN eL eStÓmAgO!!! despertar del letargo, desoxidar las articulaciones, sueños, MIEDO!!!

Todas estas sensaciones experimenté aquella noche de Noviembre cuando desplegué aquel maldecido mapamundi sobre el piso del salón de mi casa…al explorar sobre el papel cualquier diminuto rincón perdido de este nuestro malquerido planeta, mi espectro se tele-trasportaba “inso-facto”, imaginando su geografía, paisaje e imágenes, a través de mi insatisfecha cabeza… Aunque ocho letras se quedaron impresas en mi mirada por encima de cualquier otras: LIBERTAD.

Seis meses empleé en la reconfortante labor de preparar un viaje que me conduciría a través de los 5 continentes de nuestra Pacha Mama. Mi amigo Ricard respondió afirmativamente a la proposición indecente que le lancé…el viaje daría comienzo en verano, aquella supondría una presentación formal, pues ni yo conocía el Mundo, ni el Mundo sabía nada de mí.

Era la oportunidad de dedicar tiempo de verdad a las pequeñas cosas que llenan mi vida…escuchar a los grandes de la música, escribir, componer, viajar, tratar de leer mas, aprender idiomas, vivir…
Esas pequeñas aficiones y placeres que todos poseemos y relegamos a un rincón cada vez mas pequeño de nuestra agenda, a una menor medida de dedicación en nuestro tiempo; hasta el punto en el que olvidamos nuestras habilidades, nuestras destrezas, hasta que nos rendimos exclusivamente al hoby universal del trabajo, la televisión , la pereza…¿cuantos campos de fútbol se podrían llenar? con los versos, acordes, ideas, cartas...; creaciones originales que hemos abandonado en la papelera por desconfianza a nuestro talento y a nuestro impulso natural por escapar de la monotonía. Huir de todo aquello me tentaba, incluso la idea de dar una gira mundial como músico, o es que acaso solo pueden hacerlo las pseudo-estrellas adulteradas de la MTV.

Mi tradicional compañero de aventuras se vio obligado a confirmar su baja de la expedición dos meses después; y ante la solitaria candidatura de mi “sombra” para suplantar a Ricard, me ví en la obligación de emprender la marcha en solitario.

Las horas quemadas trabajando en el bar fueron liviano pago por la osadía de intentar aquella Odisea…; los días pasaron raudos, el viernes 21 de Julio partía rumbo al FIB con mi compadre Fernando (uno de los grandes donde los hayan)…aquellos días que se sucedieron fugaces y traviesos, supusieron una coctelera de emociones: miedo, amistad, diversión, ansiedad…un océano de sentimientos que naufragaban a la deriva en aquella eterna despedida que me sobrevino; hasta que llegó el Martes 25, y partió aquel tren desde Barcelona con rumbo a Turín.


Una muchacha llamada “Italia” me recibió en la estación… hermosa, singular, elegante en el vestir, engreída y prepotente, de tez y cabello moreno, mirada de serpiente y una eterna sonrisa enredada entre la comisura de los labios..

CONTINUARÁ

lunes, junio 19, 2006

Unos días muy moviditos

De verdad que lo siento, pero no puedo evitarlo. Cada vez que me pongo a escribir sobre alguna vivencia me salen unos tochos interminables. Y eso que procuro abreviar al máximo, dejándome muchísimas cosas en el tintero. Pero es que últimamente mi vida se está volviendo muy, pero que muy, caótica: se solapan los compromisos y las movidas; cualquier sencilla quedada tranquilita con amigos acaba en disparate; constantemente entra y sale gente de mi vida, como de un vagón de metro; y he llegado a un punto de saturación de situaciones extrañas y a un complicado cóctel de emociones buenas y malas.

Así que lamento comunicarles que para poder relatar un mínimo esbozo de todo lo que he vivido este fin de semana tendré que recurrir por enésima vez a mis plúmbeas "Sagas Nórdicas". Antes de entrar en detalles, mientras recompongo mi cabeza y me aclaro con las fotos nuevas, sólo adelantar que ha sido un fin de semana en el que se me olvidó dormir; que empezó el viernes con el concierto de Jesús Lara y su banda; que siguió con una noche muy extraña; a la que siguió una mañana del sábado desplazándome a Lorca (Murcia) con "La Cuadrilla de la Muerte" al festival "Lorcarock" para disfrutar de bandas tan legendarias como Hanoi Rocks, Whitesnake o Twisted Sister; y que terminó la mañana del domingo con 600 euros de multa y un mes de retirada del carnet de conducir del que suscribe. El mismo domingo por la tarde, aún no recuperado del disgusto, tocaba limpieza general en Melrose Place, a la que hubo que añadir el acondicionamiento de mi cuarto para recibir a mi amigo el "Francés" y su hermano, que vienen a pasar con nosotros las inminentes fiestas de Hogueras de San Juan de Alicante (¡ya se huele la pólvora!). El "Francés" conoció estas fiestas el año pasado y se cagó por la pata abajo, y prometió repetir; así que como buen hombre de palabra que es, hoy lunes sobrevuelan los Pirineos.

A continuación copio y pego el último e-mail que recibí de él. (Resulta admirable la entereza con que afronta la funesta noticia que acababa de recibir sobre las "walkirias okupas". Nótese que los franceses tienen algunas dificultades para captar el irónico humor cañí):

"hola hombre !!!
que me dices ? una "mala" noticia ? que pasa en tu cabeza ?! es una muy BUENA noticia !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! hey 2 SUECAS GUAPAS y ademas en periodo de hogueras ..... pero que viva España, que viva Alicante, que viva San Juan, que viva [Micropene]....!!!! para mi es una alegria, .... que digo ???, es... no hay palabras para demostrar lo que vivo....!!!! ayayayayayayaya [Microooopeeeeennnnneeeeeeeeeeeeeeeeeee] !!!!!!!!!!!!!!!!!!!
pues te digo hasta lunes y que venga muy pronto este dia
un enorme abrazo [Micropene] mon pote
(y en la piscina tambien las suecas? no ?).........!!!!!!".

Pues no. Porque las suecas ya han abandonado la casa de Gran Hermano. Y diría que fue bonito mientras duró si no fuera porque (debido a la caótica hiperactividad que comentaba antes), en todo este tiempo sólo he coincido en la casa 10 minutos con una de ellas. Llegué una noche y estaba tirada en uno de los sofás, vestida solamente con la camiseta de la selección de fútbol de su país. Ignoro si debajo llevaba unos shorts, unas bragas o pelo directamente, pero la zamarreta cubría apenas sus interminables piernas. Estaba embelesada escuchando las habilidades guitarrísticas y vocales de Juancho (¿habrá algo que se le dé mal a este hombre?). Dado que estaban solos en un inconfundible "escenario Juancho" (es un maestro en crear ambientes íntimos y acogedores: con cuatro velas, dos cojines y un edredón hace sentir a sus damas como si estuvieran en una auténtica jaima viendo amanecer en un oasis tunecino; y si encima saca la guitarra pues ya se derriten en las bragas, si es que las llevan puestas), para no romper el clima de depredación intersexual me volví por donde había venido, tras la inevitable cortesía de un breve intercambio de majaderías en "neo-spanglish".

La otra sueca no estaba, y aún tardaría en llegar. Y ésta es precisamente la razón de que hayan tenido que abandonar la casa. Como ya comenté, la del parrús al aire trabaja con Juancho en el mismo pub y más o menos en los mismos horarios, por lo que iban y venían a casa juntos en el Juanchomóvil. Pero la otra trabaja también de camarera, pero en otro pub y con otros horarios; por lo que terminaba muchas noches a las tantas de la madrugada y le tocaba irse en autobús nocturno o taxi hasta Melrose. Y, claro, una espectacular sueca andando sola a esas horas por esos mundos de Dios no se sentía muy segura. (Y esto debería hacernos reflexionar sobre la sociedad que hemos creado, en la que ya hemos asimilado el hecho de que una mujer sola no pueda transitar tranquila a partir de ciertas horas o por según qué lugares; hablando en plata: que nos creemos libres pero resulta que una chica no tiene la absoluta libertad de ir por donde quiera y a la hora que le salga del coño. Realmente lamentable).

Así que desgraciadamente terminaron volviéndose al piso que ocupaban, donde -¡oh! milagrosa coincidencia- también volvió la luz. La que yo he conocido le comentó a Juancho que le jodía mucho tener que irse porque estaba muy a gusto, pero que es su amiga del alma y se han venido juntas a su aventura española y no podía dejarla sola; y que aunque no duerman allí no quiere decir que no vayan a pasarse a menudo (o sea, que el "Francés" no iba muy desencaminado con lo de la piscina).

(Continuará… Pero quiero aprovechar este espacio para poner un anuncio: Cambio dos franceses de 20 por una sueca de 40).

lunes, mayo 22, 2006

Mi "novio" Elöy

Este fin de semana lo he pasado casi entero con "mi novio" Elöy. Lo de "novios" le cabrea muchísimo, pero es lo que le digo yo: hacemos exactamente lo mismo que cualquier pareja, sólo nos falta follar. Y encima, para encabronarlo aún más, remato la frase añadiendo que cuando llegue ese momento me pido soplar nuca (ya sabéis que cuando dos hombres follan, uno sopla nuca y el otro muerde almohada).
El hecho de que hayamos acabado penando juntos por esos mundos de Dios se debe a nuestras peculiares idiosincrasias, que nos convierten en firmes candidatos para vestir santos.

Resulta que el bueno de Elöy es una persona muy inteligente que sin embargo (o puede que precisamente por eso) no es excesivamente feliz. Es una persona hiper-analítica que es incapaz de dejarse llevar por el entorno, por que sí; él siempre necesita encontrarle una razón a todo lo que hace. Y claro, en los tiempos que corren, que se lleva tan poquito eso de pensar, pues lo tiene un poco crudo el hombre, dándole todo el día a la cabecita.

Así que nos hemos juntado las dos alegrías de la huerta de Melrose Place y vamos de aquí para allá como cualquier pareja de hecho. Si a todo lo dicho sumamos que Elöy es peluquero, con la tradicional asociación de ideas que hace el vulgo entre los profesionales masculinos de tan venerable oficio y cierta opción sexual concreta; y que, sin ir más lejos, el otro día íbamos en mi coche, camino de la playa, cantando a voz en cuello los "greatest hits" del divino Raphael como dos locazas, pues ya tenemos el cuadro completo, y nos podemos hacer una idea aproximada del cachondeo que se trae todo nuestro entorno de machotes meridionales de probada hombría.

Una cosa buena que constaté en la playa es que, haciendo honor al proverbial talante "gay friendly" del sexo femenino, el aparentar una pareja de mariquitas amargadas nos granjeó las simpatías de algunas de las muchachas circundantes; pero, claro, el hechizo que ejerce sobre las damas el aura homo se hacía añicos en cuanto desplegábamos nuestro peor plumaje de heterosexuados buitres leonados, y se esfumaba todo el supuesto glamour que nos otorgaba la ambigüedad. Pasábamos súbitamente de ser Victorio y Lucchino a ser Pajares y Esteso (pero los de ahora, los del come-back, que dan aún más grima).

Pero definitivamente el mayor handicap para que Elöy y yo llegáramos a ser algún día una pareja de maricones otoñales, es que para salir del armario primero tendríamos que entrar en él, y como los dos estamos fondones, para no pasar agobios ni estrecheces necesitaríamos el vestidor de Mariah Carey más que un armario empotrado del pisito V.P.O. al uso.

martes, diciembre 27, 2005

La Torre de Babel

Una cosa que me sorprendió mucho cuando me instalé en "Melrose Place" era la enorme cantidad de productos cosméticos que hay en los aseos, teniendo en cuenta que entre los moradores permanentes no hay mujeres ni metrosexuales confesos. La explicación es sencilla: son los productos que los y las (más las que los) residentes temporales se han ido dejando olvidados al partir, o donan generosamente a la comunidad para su uso, cuando abandonan la casa.

Pero la mayoría de estos productos tienen la peculiaridad de provenir de países muy variopintos y exóticos. [Dos detalles que demuestran que no exagero al comparar aquello con la sede de Naciones Unidas: la última cuchipanda que se armó allí hace pocos días era con suecas y franceses. Sobre una mesa se amontonan las felicitaciones navideñas procedentes de todas partes del planeta: la última –recibida ayer- procede de Indonesia, y acompañando al típico chritmas (que supongo que costaría lo suyo de encontrar en un país musulmán) venía un CD conteniendo una única canción: el último hit de un grupo indonesio de nombre impronunciable, que por lo visto arrasa en las listas de aquel país. Una canción espantosa, que me he descubierto a mí mismo –horrorizado- tarareando esta mañana cuando venía a trabajar (la escuchamos varias veces para poder dar crédito a nuestros oídos, y al parecer la pegadiza melodía se ha vengado de mis chuflas instalándose en mi cerebro)].

La cuestión es que las indicaciones de muchos de los envases de estos productos están escritas en unas lenguas muy raras; y ya me han advertido que me ande con ojo, y que sólo use los que sepa a ciencia cierta lo que contienen porque ya se han llevado alguna sorpresa desagradable cuando, al levantarse legañosos por la mañana, han tirado de lo primero que había a mano.

Y claro, como a uno le encantan las sorpresas desagradables, esta mañana ha decidido experimentar un poco con esa "media melenita desgreñada" que no le acaba de convencer. Así que tras desechar un bote con la foto de un perro (supongo que será el champú de "Miniyo", la mascota canina de la casa) he echado un vistazo a la droguería internacional. Tras muchas dudas me he decidido por un intrigante bote que en alguna lengua nórdica decía algo así como: Tommekpa (pero con letras muy raras y esa "o" atravesada por un rayo que le ponían en los tebeos de Astérix a los vikingos). Pero como venía avalado por el anagrama de Pantene, he deducido que sería algo para enguarrinarse el pelo; así que me he echado mi ración de Tommekpa y ha resultado ser una espuma color ocre que no presagiaba nada bueno. Efectivamente: he llegado al trabajo con un peinado a medio camino entre el presidente del Betis y el protagonista de "Cabeza Borradora" (si tuviera de verdad la cabeza borradora, lo primero que haría sería borrar la dichosa cancioncita indonesia de mi disco duro antes de que me empiece a gustar de verdad).

Este indomable peinado (que bien podría lucir el propietario del televisivo pub "Cheers") no ha habido forma de hacerlo bajar de su nube ni con la intervención de peine y agua (parece que estos nórdicos nos llevan ventaja en esto de la arquitectura capilar) y aunque luce un sol cegador, he tenido que incrustarme las gafas de sol en la cabeza (como el bakala que sale en Buenafuente) para amortiguar un poco el impacto estético.

Y como no escarmiento, para mañana ya le tengo echado el ojo a otra misteriosa botellita rotulada en crípticos caracteres balcánicos.

viernes, diciembre 23, 2005

Menudo panorama...

Ayer regresaba de pasar unos días en Barcelona con mi ex, V, cuando recibo una llamada de Melrose Place advirtiendo que esa noche iba a haber "ambientazo" en la casa. "Ambientazo" era un eufemismo de fiestón de mil pares de cojones. Resultado: aquí estoy en el trabajo sin haber dormido, con un resacón apocalíptico (bueno, resaca no, porque no he dormido, osea que debe ser todavía la intoxicación) y con la comida de empresa a las 2.

"Señor, perdónales, que no saben lo que hacen".