jueves, febrero 28, 2008

Grafiti

Mi queridísima hermana Rishark me contó ayer una anécdota de ésas que sabe que me encantan:

Volviendo en moto a su casa desde el trabajo, pasó por un barrio habitado mayoritariamente por cierta etnia cuyo folclore enciende pasiones allí por donde va, y observó que en la pared de una de las viviendas algún intrépido pintamonas había estampado su firma con un pequeño grafiti. Y el propietario (bueno, al menos el que allí mora…) lo había tapado con una discretísima pintura plateada, que seguramente hacía el borrón mucho más llamativo que el birrioso churro que pretendía disimular, ya que resultaba cegador incluso a través de las lentes ahumadas.

Pero no conforme con eso, decidió dejar al lado un mensaje, quizás aprovechando que ya había destapado el bote de Titanlux; una velada amenaza, en una fuente y tamaño de letra que septuplicaba el del manchurrón invasor y que cubría casi toda la fachada. Con una deficiente ortografía grafitera y una caprichosa maquetación, decía:

ME CAGO EN LOS MUERTOS DEL DIBUJANTE

¿Evolucionamos? ¿Involucionamos? Hace 15.000 años ya pintábamos en las paredes de las casas-cuevas en Altamira, pero -a falta de serigrafías enmarcadas de Los girasoles de Van Gogh y esperando a que se inventara la alcayata- se decoraban las paredes con escenas cotidianas con un verismo más que aceptable para los medios al alcance de aquellas mano peludas, y teniendo en cuenta que aún no se había iniciado el curso en la facultad de Bellas Artes (y mira que por vivir en una caverna te daban un montón de créditos de libre configuración).

150 siglos después, se pintan muros como deporte de riesgo y para denunciar que te los han pintado.

martes, febrero 26, 2008

Perro mundo

La gran familia de Asís acaba de aumentar en un nuevo miembro. La historia, como corresponde al que esto teclea, ha sido carambolera desde el principio. Ya conté aquí la historia de la perra que se nos presentó un buen día de visita y sin avisar, y ha terminado viviendo con nosotros. La cosa, dicha así, parece simple, pero que va… porque, aunque soy una portera, no lo conté todo, pero por supuesto a mí las cosas se me tienen que complicar bastante, y esta vez no iba a ser menos.

Después de llevarla a la veterinaria, vacunarla, ponerle el chip a mi nombre, etc… y cuando el animalito ya formaba parte integrada de nuestra gran familia cuadrúpeda (entre los que me incluyo porque yo también me tiro los pedos de 4 en 4), habíamos organizado un sábado en casa una comida con los amigotes para presentar en sociedad a nuestra nueva amiguita peluda (cualquier excusa es buena para juntarse y montar una fiesta); pues justo el día antes, el viernes por la noche, después de varias semanas de intentar, sin lograrlo, no encariñarse demasiado con ella, por si pasaba exactamente eso: aparecieron los dueños.


Se presentó en casa una pareja joven, con el cartel que habían estado distribuyendo (por nuestra zona no, obviamente) en una mano y en la otra una correa de cuyo extremo tiraba la hermana de nuestra Lola. Nos contaron que se les habían escapado las dos juntas saltando la valla de su casa (que habían tenido subir tras aquello), que la otra (que sorprendentemente ellos habían bautizado precisamente Lola) volvió a casa al poco tiempo, pero nuestra Lola no. Y habían estado buscándola desesperadamente desde aquel día, y lo estaban pasando muy mal. Habían distribuido copias del cartel que llevaban en la mano por todos los alrededores, menos el nuestro (tiempo después descubriríamos de chiripa uno por nuestra zona, pegado en un contenedor de reciclaje de vidrio), y hacían batidas todos los días desde su huida, como la que esa noche los había llevado hasta nuestra puerta.


Obviamente, no había discusión posible en devolverles la mascota, pero nos la dejaron esa noche para que nos despidiéramos de ella debidamente.

Con gran disgusto se suspende el bautizo (que no la fiesta; siempre viene bien un trago para ahogar las penas, que son muy buenas nadadoras), pero esa misma noche (unas cuantas horas penosas después) nos telefonean diciendo que lo han meditado bien y que, como ven que está en muy buenas manos, han tomado una decisión salmónica (de salmón, que es un pez que toma muy sabias determinaciones; como la de surcar los ríos en dirección contraria, como los kamikazes de la autopista) y nos dejaban que nos la quedáramos nosotros, acordando que podrían venir a verla y para que jugaran las dos hermanitas siempre que quisieran (eso fue con la emoción del momento; poco después ya se estableció un horario de visitas, y ahora apenas vienen por allí).

Al final todos felices y todos contentos, y la perra tuvo su puesta de largo; pero, como siempre, y usando una expresión futbolística, sufriendo hasta el último minuto de partido.

La historia acabaría aquí si no fuera porque hace apenas unos días mi querido Ángel Ario me envía un correo electrónico con el enlace de una asociación protectora de animales, en cuya sección de animales perdidos y en búsqueda se encontraba nuestra Lola (una de las acciones que emprendieron los anteriores dueños, que me consta que se tomaron su localización muy en serio, fue dar parte a todas las “protectoras”).

Así pues, me pongo en contacto con ellos para explicar la historia, pedirles que retiren la foto (o, como han hecho, la marquen como encontrada), y agradecerles su labor. Y de paso les menciono mis sospechas de que algún cazador de la zona se esté deshaciendo de algunas camadas, porque es demasiada coincidencia que además de las dos Lolas (que los otros dueños encontraron abandonadas), entre los animales adoptables que ofrecen se hallaba un macho de la misma edad e idéntico físico y estampado del pelaje (que en el caso de este caprichoso cruce de múltiples razas, es más que una casualidad). Y eso deriva en la nueva criatura recién llegada al refugio: un cachorro, de idénticas trazas y pelaje que los mencionados. Como una imagen vale más que mil palabras y, si no me corto ya, me enrollo otras dos mil, pues mejor pongo dos imágenes del bichito:




















Pues nada... que ya está en casa también, en el Zoo de Nairobi.

lunes, febrero 25, 2008

Vuelapluma

Dos impresiones muy tontas, pero muy vivas, recibidas esta mañana en un corto paseo desde la parada fin de trayecto (qué bonito concepto) del tranvía hasta la mazmorra del androide; narradas igual que fueron captadas, a vuelapluma:

- Una ciega cantando los cupones que tiene a la venta. No sé si en todas partes será igual, pero por estos lares hace ya muchos años que el populacho le puso a los números que van del 00 al 99 su nombrecito rumboso para estas cuestiones del azar remunerado. Por poner algunos ejemplos: al 88 lo llamaron -obviamente- Les Mamelles; al 86 -no tan obviamente- La Merda; el 72 es La Figa; La Bacora, el 49; el 90, L’Agüelo; el 91, El Borratxo; el 41, El Negre (a La Negra la relegaron al 48; y ambos hay que evitar cantarlos justo antes del 86); el 99 es L’Agonia y el 00 La Mort. Y así hasta 100, y por supuesto todos los nombres seleccionados con ese buen gusto que muestra el vulgo en todas sus iniciativas. Pues ahí estaba la buena señora berreando sus boletos: “La Paeeellaaaa... L’Esplanaaadaaa... La Safanoooriaaa…” Y chico, justo cuando paso por delante de ella, cambia repentinamente el registro y parece decidida a ensordecerme ahora de este modo: “El Marraaanoooo... El Marraaaanooooo... El Cóoooleraaaa…”. Joder, tenía entendido que cuando a una persona le merma un sentido, los otros cuatro se agudizan. Pues que Dios le conserve el olfato... o el sentido del humor, porque si lo que anunciaba eran cupones terminados en 79, lo que procedía vociferar era El Porc, y no El Marrano, a menos que se tratase de una negligencia idiomática.

- La otra impresión la he recibido al doblar una esquina y encontrarme de bruces con una ración de gente, un grupo de unas 11 o 12 personas, de todos los sexos aceptados por la conferencia episcopal, elegantemente vestidos, y algunos de ellos arrastrando maletitas rodantes (quizás provenientes del hotel que hay en esa misma acera). ¡Todos fumaban! Absolutamente todos caminaban con un cigarrillo en la boca o en la mano en ese preciso momento, como pude comprobar conforme me iban pasando por ambos lados (que parecía que me hubiera adentrado en una lluvia de meteoritos). Mi cerebro enfermo, que aplica infatigablemente el daliniano método paranóico-crítico a todo lo que se le pone por delante, decide que es demasiada casualidad: 100% de fumadores en un grupo humano, en los tiempos que corren del cólera (como bien me recordó unos segundos antes la ciega; perdón, invidente, o avisual, o minuscapaz óptico... ¿qué eufemismo están empleando ahora?). ¿Sería una secta? ¿Sería una performance? ¿O un simple atajo de ejecutivas/os estresadas/os recién salidos de algún salón del hotel, tras recibir una charla de motivación que lo único que les ha incentivado ha sido el ansia de fumar?

viernes, febrero 22, 2008

Me buscan la ruina

Esta mañana el cajero automático me escupe otro disgusto en la jeta de la tarjeta: un nuevo embargo (y van…) de 80 y pico euros; del que, por supuesto, no tenía la más mínima información (no digamos ya: notificación formal). Y nueva peregrinación por todos los estamentos del Ministerio de la Usura, cagándome en todo menos en un váter.

Me da a mí, que el gorrino que tenemos por alcalde se ha empeñado en que yo contribuya a pagarle las putas y la farlopa de los pasados carnavales.

Que miren si enterraron bien la sardina, que ya huele demasiado a corrupto por aquí.

jueves, febrero 21, 2008

Homo sapiens

Anoche me reuní con mi querido amigo Juanma Agulles, talentoso escritor alicantino que el viernes presentará a lo grande su tercer libro publicado (si alguien de por aquí lee esto, si es que alguien de por aquí o de por allá todavía lee esto, y le apetece ir, que sepa que será mañana viernes 22.02.2008 a las 22:30 h. en la entrañable Tetería del Tábano, en la calle del Pozo de Alicante).

Aunque nos veremos en la presentación, nos citamos ayer para poder charlar con calma de nuestro proyecto conjunto. Nos pusimos al día mutuamente con nuestras respectivas investigaciones (se tronchaba de risa cuando le narraba cómo había logrado entrar en [y mantener] contacto con toda una eminencia internacional en la materia y cómo había terminado la cosa en desastre; como ya conté por aquí), me regaló un ejemplar de su nuevo libro y estuvimos charlando animadamente de una y mil cosas durante un par de placenteras horas, bien caldeadas por unos chatos de morapio y solo Philip Morris sabe cuántos cigarrillos.


Horas después, mientras leía en la cama esperando que me asaltara el sueño, me encuentro con este párrafo del libro que llevo entre manos estas noches:

“…, y nada había que yo ansiara con mayor intensidad que nuestro primer encuentro después de tantos meses en los que había tenido que prescindir de la cabeza de Paul y en los que, entre cientos de otras cabezas, en líneas generales y por desgracia totalmente estériles, casi me había asfixiado, porque no nos engañemos, las cabezas que tenemos a nuestro alcance la mayor parte del tiempo carecen de interés, no sacamos mayor provecho de ellas que si estuviéramos con patatas desarrolladas que llevasen una existencia miserable, por desgracia en absoluto digna de compasión, sobre unos cuerpos quejumbrosos con vestidos más o menos de mal gusto." Thomas Bernhard El sobrino de Wittgenstein

lunes, febrero 18, 2008

Homo ludens

Como buen homo ludens que soy, juego. Y entre otros muchos juegos inocuos, pues también hago mis apuestas. Nada serio: una columna semanal con mi pareja y otra de la oficina de eso que llamamos comúnmente “loto”, cuando en realidad nos queremos referir a “lotería primitiva”, “bonoloto”, “el gordo del domingo”, “euromillones”, o la que anuncie el bote más tentador en el momento de realizar nuestra apuesta. Y muy excepcionalmente, cuando el bote acumulado es una cantidad absurda (como las estrafalarias sumas que se han repartido recientemente), hacemos algún extra con la familia o los colegas. Pero al final de cuentas la cantidad global apostada sigue siendo despreciable estadísticamente y no supone ningún indicio de ludopatía; simplemente se trata de mantener un minimum de ilusión semanal, como la llamita de los calentadores.

Habitualmente, los boletos los compruebo en la administración en el mismo momento que renovamos los votos de fe (que suele ser a mediados o final de la semana, dependiendo de cuándo me acuerde del vicio), pero este lunes, o sea hoy, me ha dado un arrebato y nada más llegar aquí, lo primero que he hecho ha sido entrar, papeletas en mano, en la web de la organizadora nacional de estas timbas legalizadas. Así que ahí me tienes impaciente por descorchar mi mejor cava francés, cuando me sale un mensaje informando que la página está colapsada por la concurrencia de demasiados usuarios, que por favor lo intente más tarde (Too many concurrent users. Please try it again later, dice literalmente en la lengua de Oscar Wilde, un albañil de Suffolk).

Asqueado he descubierto que los albores del lunes se concitan allí todos los ilusos patrios, en una hora punta de miseria y desesperación, en la que la implacable e insobornable trituradora de sueños nos confirma una vez más que no; que mañana, de madrugada, tampoco te escaparás de escuchar de nuevo la banda sonora del fracaso: el ring, ring, ring de un despertador.

Enhorabuena a los agraciados, pero desconsuela saber que no estamos solos.

jueves, febrero 14, 2008

3 años ya...

...que llevamos dando la murga desde este púlpito virtual.

Un aciago día de principios de febrero de 2005, el gran Gilito decidía montar este chiringuito: simple engarce de unos y ceros.

Y 3 años después, seguimos tannnnnnnn cansados como el primer día.