La noche del sábado estaba invitado a una fiesta en la mansión de un amigo y excompañero de trabajo. Lo de mansión no es ninguna exageración; este hombre es muy emprendedor y hace algunos años pegó un buen pelotazo con un negocio de importación de motos de gran cilindrada, y se forró. Se construyó un enorme chalet a todo lujo, y tuvo el detalle de incorporarle la zona que más me gusta de la casa con diferencia: el chiringuito. Sí, sí, ni corto ni perezoso se construyó en el jardín del chalet un chiringuito como los que hay en las piscinas de los hoteles caribeños de lujo, con su barra de madera, su techo de brezo, sus banquetas, su barbacoa, sus neveras como las de los pubs (esas que se abren por arriba y están repletas de apetecibles tercios de cerveza helada). El chiringuito incluye equipo de sonido y todo lo necesario para montar una fiesta con todas las de la ley, que es para lo que fue construido.
Cuando llegué allí había ya bastante gente pero no conocía a casi nadie. Por suerte enseguida llegaron algunos conocidos: mi hermano con su mujer inglesa y algún que otro excompañero de trabajo y amigo más. La concurrencia era muy variada y pintoresca; había gente de todo pelaje: desde los típicos ricos engominados que aprietan muy fuerte cuando te estrechan la mano (no sé en qué maldito libro de autoayuda para ejecutivos dice que hay que hacer eso para aparentar seguridad en uno mismo, pero no falla con esta gente, cada vez que te presentan a alguno empieza a temer por tus metacarpos), hasta los moteros canallas de la peña de mi amigo; y sobre todo había mucha mujer lozana.
Contra todo pronóstico, ya que en estas fiestas la gente tiende a juntarse con los de su ralea y a formar pequeños grupos estancos y autónomos, compuestos de gente ya conocida entre sí, en este sarao la gente interactuaba y se mezclaba con mucha naturalidad, y había en el ambiente muy buen rollo y mejores vibraciones. Debe ser la primavera que nos tiene a todos alterados, pero después de la opípara cena, empezaron a correr las copas a un ritmo frenético y la fiesta derivó en un auténtico despiporre. Todos bailando con todos, los últimos éxitos abisales del inminente verano, que atronaban por los altavoces, en una locura hipervitaminada y catártica. Yo que no soy precisamente Fred Astaire, me vi a mismo bailando como un loco con unas y con otras, los últimos hits de Bisbal, de grupos de gritones gays austrohúngaros, e incluso bailando un caliente "perreo" con una morenaza de infarto. Estaba tan a gusto que incluso me permití hacer una cosa que justamente odio que me hagan a mí, que es: cuando estás en alguna boda horrible o en cualquier sarao y llega la hora del baile, y la gente te ve tranquilamente sentado con tu copita, charlando animadamente con alguien, automáticamente piensan que por estar sentado y no bailando, te estás aburriendo. (Es una ecuación sencilla pero inflexible: persona bailando = persona divirtiéndose, aunque baile mal, de compromiso y sin ganas, con movimientos robóticos y con cara de estar pasando un mal trago. Persona sentada = persona aburrida, aunque sus carcajadas se escuchen hasta en la cocina del restaurante). Y entonces viene hacia ti ese familiar encharcado en alcohol, con los brazos extendidos y sin dejar de llevar el ritmo con las caderas o la cabeza, como un zombie del clip "Thriller", diciéndote: "Venga, a bailar, joder, que estáis muy aburridos". Y entonces sólo te quedan dos opciones, y ninguna de ellas buena: o claudicas y bailas obligado, y desganado, lo cual acentúa mucho más el ridículo de la escena; o te resistes (cosa que parece encabronar aún más a tu acosador, que se empecina en hacerte mover el esqueleto y tira de ti con todas sus fuerzas) y encima quedas como un mumo y un aguafiestas. Pues bien, el sábado estaba tan marchosito y tan mimetizado con el ambiente general, que, como si estuviera poseído por el espíritu del negro epiléptico de Boney M, me permití incluso hacerle esta agobiante putada a mi cuñada y a una amiga francesa ("Venga, ésta sí que la bailas conmigo, ¿no?. ¿Qué no?. Vale, pero la próxima no te escapas". Y así toda la noche. Virgen Santa, me dan escalofríos sólo de recordarlo).
La cuestión es que lo que parecía que iba a ser un simple guateque estirado, aburrido y de compromiso, gracias a la alteración sanguínea primaveral, o a algo que echaron en la bebida, degeneró en un fiestón desbocado y asalvajado, con una onda generalizada de complicidad en la que constantemente volaban las sonrisas y las miradas de complicidad, y había un buen rollo mágico y sobrenatural entre personas de tan distinta condición, muy raro de ver en los fríos tiempos que corren. Recuerdo que mantuve una entrañable conversación de casi una hora con una mujer muy bella e interesante, sentados cómodamente en unas tumbonas del jardín. Recuerdo también que estaba sentado en una silla de la cocina, esperando mi turno para entrar en el aseo, cuando llegó una rubia muy guapa (parecida a Julia Otero) que me pidió comprobara si el enorme perro de la casa le había roto la falda cuando se la enganchó con la pata. Me puso el culo en la cara; le dije que sí, que le había rasgado un poco el tejido, y ni corta ni perezosa me dijo "Vigila que no venga nadie" y se quitó la falda allí mismo, se quedó en tanga, comprobó por sí misma que efectivamente el chucho le había roto la falda; se cagó en toda la familia del animal y se volvió a poner la falda rota y salió otra vez al jardín. Recuerdo que conocí a una chica muy maja, que llevaba una especie de poncho con la que estuve hablando un buen rato de todo tipo de gilipolleces, a la que seguí diciéndole insensateces mientras la veía mear, porque acabamos entrando juntos al aseo (vaya usted a saber por qué). Y que conste que yo no soy el típico borracho plasta que le da la brasa a todo el que se le pone a tiro, ni mucho menos el ligoncete patético que le habla a cualquier cosa con falda que se le arrime. Más bien todo lo contrario. Pero es esto precisamente lo que me sorprendió aquella noche, que por alguna extraña alineación de los astros, o simplemente porque coincidimos unas cuantas docenas de personas con ganas de pasarlo bien, sin más complicaciones, en aquella fiesta la gente se relacionaba de una forma muy espontánea y natural, se bailaba con soltura y desenfado, y se bromeaba con campechanía y camaradería. Y esto es algo que creo se está perdiendo un poco en nuestra sociedad de las prisas y el miedo. La gente desconfía de su prójimo y las relaciones interpersonales son frías y distantes. Los jóvenes se sienten más seguros chateando en el ciberespácio, protegidos de cualquier decepción por el anonimato de sus rimbombantes nicks, que en vez de hablar cara a cara con otros seres humanos, con una cervecita en la mano, en un cálido y entrañable guateque primaveral. Pero con fiestas como la del sábado aún queda algo de esperanza.
11 comentarios:
Me has devuelto a los veranos de hace 5 años...grandes fiestas las del Manzanares...
Y pensar que ni le respondí al email de invitación a la fiesta que me envió...
Joder, cuando es la próxima? Voy a llamarle a ver si monta otra pronto y acabamos en la piscina, como aquella vez en que borrachos me perseguias por la piscina de Manzanares como un hipopotamo (con el agua por la boca)diciendome: cripeeeeeeeemaaaaaaa con voz de ultratumba, mientras tu hermano se bañaba como dios lo trajo al mundo en otra esquina de la piscina...
Sí que monta buenas fiestas nuestro amigo Manzanares.
Pero ésta fue especialmente loca y caótica, o al menos yo la viví así.
Mira que teneis vicio!!! (puedo ir yo un año de estos?) :-)
Me vienen imágenes de El Guateque de Peter Sellers...pero con Cripema rodeada de espuma junto un elefante multicolor (Que por cierto creo q es el que vive con J.)
Xe quin destabalat mirant pixant a les dones, xe. Coneiximent en la beguda... Como el creador de este blog me dijo el viernes por la noche antes de que tocaran los zorrones criminales que "ja no mos ascrius coses, xe" aquí vuelvo tras leer la "crónica" del que basculaba hacia adelante y hacia atrás porque le daba vergëunza reconocer que estaba bailando. Sí que había algunas personas a la caza, empezando por alguna que otra mujer, sí pero no terminó en orgía, no... Lástima que se estén perdiendo las costumbres buenas.
Hombre, Feiulle Morte, hermano. Cuánto tiempo sin leerte por aquí.
Lo de bascular pegado al bordillo ya te dije que es porque tengo genes de rata y me deplazo siempre pegado a las paredes y esquinas, lo que resulta un handicap a la hora de efectuar mi célebre remolino Bisbal. Pero en fin...
Y aquello no terminó en orgía porque Marquitos y tú no quisitéis, porque te recuerdo que había un trío calavera pidiendo guerra desde el principio, que lo podían haber dicho más alto pero no más claro, ignorando la preséncia de vuestras respectivas esposas.
Microbiano, el guateque acabó con una sentada en un taburete mirando descorazonada la "pista" donde se bailaban canciones lentas. Al igual que existe la soledad del corredor de fondo o del ciclista ascendiendo el Alpe d'Huez está la de los desechados tras la criba proceacional, si es que al final hubo alguna. Y además se encontraría tan cansadaaaa...
Feiulle, Feiulle...
esto de llevar a las fiestas observadores internacionales, imparciales y empiristas, le quita la magia a las cosas. Gracias a la madre Naturaleza, mi cerebro dispone de un resorte de auto-defensa que se activa con el acohol, y que me permite recordar con cierto detalle los buenos ratos pasados, y a la vez abstraer de mi memoria los ratos menos buenos, los malos y los directamente espantosos.
Lo de recordarme ahora la sentada de corazones solitarios mientras veíamos bailar a los tortolitos, es un golpe bajo a mi resorte. Prefiero quedarme con las risas y el despiporre (como la bizarra conversación que tuve con la chica de gafas del trío calavera, que como ya te he dicho lo pudo decir más alto pero no más claro).
Sí , sí, Si todo esto está muy bien,Micro, muy bucolico, muy bonito, y muy espiritual...pero pillaste cacho o te conformaste a un "pasenvenles" al mas puro estilo fundado por gilito&xaturriau en N.Y.?
Queremos carne!
"Pasenvenles", Cripema, mucho tanga y mucho ver mear, pero al final "pasenvenles".
En honor a la verdad el concepto "Passenverlens" (que se escribe así) es una palabra holandesa inventada por Xaturriau en Amsterdam, no en NY (donde tambien lo practicamos pero sin saber como se llamaba). "Passenverlens" (Etimolog. del valenciano: vore-les passar) a quiere decir "Verlas pasar sentados en un bordillo"
Es cierto, a veces es por lo que se bebe, o por el de la fiesta que es un maestro conjuntando gente para sus fiestas.
A veces el diablo se pone de tu parte.
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