El jueves hizo buen día y decidí volver a casa caminando desde la oficina. Era medio día y un sol radiante lo iluminaba todo con esa luz especial que tiene el Mediterráneo en los días de invierno.
El trayecto debe ser de aproximadamente cuatro kilómetros, pero pensé que el paseo me sentaría bien.
Enfilé Rambla arriba, el reloj-termómetro digital de la “Torre Provincial” marcaba las 45.02 p.m... y 35 grados de temperatura..... (Para Febrero no está nada mal, pensé.) Aún no considerándome una de esas personas que se pasan el día quejándose de lo mal que funciona todo, me sorprenden hechos como el de tener encendido un reloj-termómetro digital que en los últimos 8 meses no ha dejado de marcar las 45.02 PM y 35º…

En definitiva, andaba yo pensando en “mis cosas” cuando apareció “el 05” adelantándome por el carril bus y deteniéndose en la parada que estaba casualmente, justo a mi izquierda. Estuve tentada a subirme en él y dejarme transportar como tantos otros días, arropada por un montón de almas que vuelven de su trabajo o que se yo de dónde, pero recordé esas adiposidades que se han instalado últimamente en mis caderas y deseché esa inicial idea.
La mitad del camino la hice absorta en mis pensamientos, sin darme cuenta por dónde pasaba, qué calles recorría o qué escaparates miraba. No me pregunten en qué pensaba porque tampoco podría decírselo, seguramente, en algo totalmente intrascendente. Ahora comprendo a un tío mío, muy mayor ya, que sin ser ni ciego ni sordo, hay que zarandear vigorosamente cuando lo encuentras por la calle para conseguir que te salude…
Lo que sí recuerdo de todo el paseo fue que llamó mi atención la cantidad de bares y restaurantes que, escrito con tiza sobre una pizarra infantil en la entrada a sus locales, ofrecían menús completos a medio día por precios económicos: 6.90 Eur., 7.90 Eur.,… etc.….el pico, eso si, siempre eran noventa céntimos.
Quedaban ya pocos metros para llegar a casa cuando parada en un semáforo esperando que el hombrecillo rojo deviniera en verde, observé a un adolescente con mochila incluida, de pie, parado en la otra acera, enfrente de mí, observándome.
Me percaté que no había nadie más en toda la avenida.
Yo, que desde hace algún tiempo, fruto de algún que otro robo sufrido, desconfío de todo aquel que esté en plena calle en actitud para mi sospechosa, no dejé de mirarle fijamente para controlar sus movimientos y estar prevenida ante cualquier..”incidencia”.
El semáforo se puso en verde para los peatones, y yo, seguía siendo el único peatón. Proseguí mi marcha desconfiando, sin quitarle ojo. Pasé justo por su lado y él me miró con un gesto entre miedo e ilusión. Esto me desconcertó aún más. ¿Qué quería, qué se traía entre manos aquel chaval?
Pude observar que junto a él había de nuevo una de aquellas pizarras en la que escrito en mayúsculas y con tiza blanca, un bar cercano proponía para comer uno de esos menús a 7.90 Eur.
En la pizarra se podía leer:
1º SOPA CON PELOTA,
2º FILETES DE CERDO con guarnición,
3º POSTRE o CAFE, a elegir.
AGUA o VINO,
El chico no me quitaba ojo, me observaba, permanecía allí de pie, inmóvil, junto a dicho cartel, durante todo el tiempo que tarde en cruzar, hasta que doblé doblar la esquina y desaparecí para él.
Mi desconfianza se tornó curiosidad... así que volví sobre mis pasos y me asomé por la esquina para ver si seguía allí…
Efectivamente, allí estaba, él sólo, con cara de niño travieso borrando con la manga de su cazadora algo de aquella pizarra que promocionaba aquel menú del día.
Pude leer:
1º SOPA CON PELO (….)
Terminó su hazaña, levanto su inocente mirada deseando que nadie le hubiera visto, pero allí estaba yo. No pude evitar una sonrisa de complicidad.
El también sonrió, no sin sonrojarse. Se marchó a toda prisa, como si hubiera cometido el peor de los delitos .Y yo..… yo, me alegré de no haber cogido ese día el autobús.
El trayecto debe ser de aproximadamente cuatro kilómetros, pero pensé que el paseo me sentaría bien.
Enfilé Rambla arriba, el reloj-termómetro digital de la “Torre Provincial” marcaba las 45.02 p.m... y 35 grados de temperatura..... (Para Febrero no está nada mal, pensé.) Aún no considerándome una de esas personas que se pasan el día quejándose de lo mal que funciona todo, me sorprenden hechos como el de tener encendido un reloj-termómetro digital que en los últimos 8 meses no ha dejado de marcar las 45.02 PM y 35º…
En definitiva, andaba yo pensando en “mis cosas” cuando apareció “el 05” adelantándome por el carril bus y deteniéndose en la parada que estaba casualmente, justo a mi izquierda. Estuve tentada a subirme en él y dejarme transportar como tantos otros días, arropada por un montón de almas que vuelven de su trabajo o que se yo de dónde, pero recordé esas adiposidades que se han instalado últimamente en mis caderas y deseché esa inicial idea.
La mitad del camino la hice absorta en mis pensamientos, sin darme cuenta por dónde pasaba, qué calles recorría o qué escaparates miraba. No me pregunten en qué pensaba porque tampoco podría decírselo, seguramente, en algo totalmente intrascendente. Ahora comprendo a un tío mío, muy mayor ya, que sin ser ni ciego ni sordo, hay que zarandear vigorosamente cuando lo encuentras por la calle para conseguir que te salude…
Lo que sí recuerdo de todo el paseo fue que llamó mi atención la cantidad de bares y restaurantes que, escrito con tiza sobre una pizarra infantil en la entrada a sus locales, ofrecían menús completos a medio día por precios económicos: 6.90 Eur., 7.90 Eur.,… etc.….el pico, eso si, siempre eran noventa céntimos.
Quedaban ya pocos metros para llegar a casa cuando parada en un semáforo esperando que el hombrecillo rojo deviniera en verde, observé a un adolescente con mochila incluida, de pie, parado en la otra acera, enfrente de mí, observándome.
Me percaté que no había nadie más en toda la avenida.
Yo, que desde hace algún tiempo, fruto de algún que otro robo sufrido, desconfío de todo aquel que esté en plena calle en actitud para mi sospechosa, no dejé de mirarle fijamente para controlar sus movimientos y estar prevenida ante cualquier..”incidencia”.
El semáforo se puso en verde para los peatones, y yo, seguía siendo el único peatón. Proseguí mi marcha desconfiando, sin quitarle ojo. Pasé justo por su lado y él me miró con un gesto entre miedo e ilusión. Esto me desconcertó aún más. ¿Qué quería, qué se traía entre manos aquel chaval?
Pude observar que junto a él había de nuevo una de aquellas pizarras en la que escrito en mayúsculas y con tiza blanca, un bar cercano proponía para comer uno de esos menús a 7.90 Eur.
En la pizarra se podía leer:
1º SOPA CON PELOTA,
2º FILETES DE CERDO con guarnición,
3º POSTRE o CAFE, a elegir.
AGUA o VINO,
El chico no me quitaba ojo, me observaba, permanecía allí de pie, inmóvil, junto a dicho cartel, durante todo el tiempo que tarde en cruzar, hasta que doblé doblar la esquina y desaparecí para él.
Mi desconfianza se tornó curiosidad... así que volví sobre mis pasos y me asomé por la esquina para ver si seguía allí…
Efectivamente, allí estaba, él sólo, con cara de niño travieso borrando con la manga de su cazadora algo de aquella pizarra que promocionaba aquel menú del día.
Pude leer:
1º SOPA CON PELO (….)
Terminó su hazaña, levanto su inocente mirada deseando que nadie le hubiera visto, pero allí estaba yo. No pude evitar una sonrisa de complicidad.
El también sonrió, no sin sonrojarse. Se marchó a toda prisa, como si hubiera cometido el peor de los delitos .Y yo..… yo, me alegré de no haber cogido ese día el autobús.
3 comentarios:
ufff, qué recuerdos crip. Cuando era pequeño, lo de los carteles de menú era mi especialidad. Siempre llevaba una tiza en la cartera, porque eso daba más juego que simplemente borrar.
Lo más divertido era luego pararse en la esquina para ver las caras que ponían los clientes cuando leian el menú antes de entrar.
Con un poco de maña, este podría haber quedado así:
1º SOPA CON PELO,
2º FILETES DE LERDO con guarnición,
3º MOS CA , a elegir
GUA NO,
Creo que me voy a comprar una tiza y hoy me vuelvo andando a casa :)
Lo de las torres con relojes marcando horas y temperaturas extrañas tiene una explicación muy sencilla. Los emplean la NASA y la Agencia Espacial Europea para intercambiar mensajes subliminales con los extraterrestres.
Dado que en uno de los últimos intercambios, un portavoz de los seres de otras galaxias contestó con muy malas maneras a una de las preguntas de los astrónomos, el mensaje que tu viste (45:02 PM 35º) es claro: "Cuando la 45ª luna del segundo anillo de Saturno se encuentre a 35º del plano, nos cagamos en vuestra Puta Madre y no juramos".
Ok Micropene, gracias por la aclaración, ahora lo entiendo todo. De hecho éste no es el único reloj digital que he visto "con extraña numeración".
En mi querida Alcoi, en un reloj del paseo Cervantes (tal cual vas con el coche a tu izquierda antes de llegar a la Plaza de las Moscas) hay un reloj que durante los 5 ultimos años ha marcado constantemente las 35:75 h. Me encanta esta hora!!! Decidme que no es poético!! Las 35:75 tiene mucho mas sentido, que las 45:02, eso no me lo podeis discutir! (como decía mi padre, en Alcoi hay mucho talento! fijate que inventarse las aceitunas rellenas!, un beso papá)
Eso si, desde que ganó el PP las ultimas elecciones locales cada vez que paso por delante del reloj, éste muestra una numeración distinta: las 84.05 h, las 28.48 h, etc...no se si será una coincidencia...pero te agradeceria querido Micropene, echaras mano de tus ya conocidos contactos en la NASA, a ver si con su ayuda puedes ayudarme a entender estas raras coordenadas....
Siempre tuya.
Cripema
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