La enfermedad de un familiar muy cercano, con todo el dolor que me está causando, a la vez me tiene admirado: ¡Que capacidad de destrucción!
Es increíble que unos organismos microscópicos que no levantan una micra del suelo arrasen a un hombre sano de la noche a la mañana.
Las orgías de sangre y destrucción de los vándalos, de los míticos vikingos berserker o del mismísmo Gengis Khan son juegos de niños comparadas con las andanzas de nuestros minúsculos enemigos. Su consigna parece ser: "Hecha la ley, hecha la trampa", ya que por mucho que avance la ciencia (que no lo dudo), los pequeños diablillos mutan, se metamorfosean y se hacen mejores y más fuertes. "Se adaptan y vencen" que diría Rambo. Esta horda de supervirus, supergérmenes y superbacterias serían la envidia del mediocre superhombre nietzscheano.
Decía uno de los once (sí, once) "mandamientos" de la Biblia Satánica: "No matarás animales inhumanos, a menos que te ataquen o para alimentarte". Pues eso...
2 comentarios:
Pues a mi, el mal me espanta, me horroriza, ni tengo biobrafias de asesinos en serie, ni me recreo mirando imagenes del holocausto ni me fascina el mal...
Yo, biografias, tengo la de los Rolling y la de Janis Joplin...y la verdad, prefiero las imagenes relajantes del Canal Odisea..
Hombre! Hay que reconocer que las microbacterias, los microorganismos infecciosos se empeñan en su trabajo como si de zanganos en una colmena se tratara...Son eficientes, sí, las cosas como son...
...Hijos de puta siempre ha habido en todos los sitios...
Pero yo, soy de esas que si por ejemplo, entro en un hospital, ese dolor ajeno que se respira en el aire, me impregna, me traspasa y se me queda dentro...Me duele el dolor y la miseria...
A veces me siento Powder....pero con pelo..
(...)
Había sucedido lo que yo y muchos otros podríamos haber previsto si no nos hubiera cegado el terror. Los gérmenes de las enfermedades han atacado a la humanidad desde el comienzo del mundo, exterminaron a muchos de nuestros antecesores prehumanos desde que se inició la vida en la Tierra. Pero en virtud de la selección natural de nuestra especie, la raza humana desarrolló las defensas necesarias para resistirlos. No sucumbimos sin lucha ante el ataque de los microbios, y muchas de las bacterias —las que causan la putrefacción en la materia muerta, por ejemplo— no logran arraigo alguno en nuestros cuerpos vivientes.
Pero no existen las bacterias en Marte, y no bien llegaron los invasores, no bien bebieron y se alimentaron, nuestros aliados microscópicos iniciaron su obra destructora. Ya cuando los observé yo estaban irrevocablemente condenados, muriendo y pudriéndose mientras andaban de un lado para otro. Era inevitable. Con un billón de muertes ha adquirido el hombre su derecho a vivir en la Tierra y nadie puede disputárselo; no lo habría perdido aunque los marcianos hubieran sido diez veces más poderosos de lo que eran, pues no en vano viven y mueren los hombres.
(...)
La guerra de los mundos
H. G. Wells
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